
ESCRIBE ALBERTO CORTES
Generalmente se piensa en Africa, desde Latinoamérica, como una tierra asolada por la pobreza, las enfermedades y la guerra, y estancada en ese estadio desde que se tenga memoria y quien sabe hasta cuándo, además de casi intrascendente en términos de la Política y la Economía Mundiales.
Sin embargo, el continente ha vivido cambios importantes en las últimas dos o tres décadas, después de haber sido protagonista (y también víctima) de muchos procesos históricos relevantes, incluido el florecimiento de importantísimas civilizaciones antiguas y medievales que -con la única excepción del antiguo Egipto-, son olímpicamente ignoradas por nuestro sistema educativo, que desde mediados del milenio anterior a Cristo, considera que lo único importante sobre el planeta aconteció en Europa, ninguneando no solo a culturas africanas, sino también a otras asiáticas, americanas y de Oceanía, que en muchos momentos y aspectos superaban a las europeas. Un ejemplo apenas de ello, en el terreno de las matemáticas, es la utilización del número cero, importantísimo adelanto científico, creado independientemente en la India y por los mayas americanos, y que los romanos – tan estudiados y admirados en nuestro medio– no llegaron siquiera a vislumbrar.
Africa es además la verdadera “Madre Patria”, no sólo de Argentina, sino de toda la Humanidad, dado que allí apareció por vez primera el Homo Sapiens, para luego extenderse al resto del planeta.
El crecimiento de los P.B.I. de muchos países africanos en las últimas décadas superó considerablemente a la media de los países de América Latina. Para este año se espera un aumento un tercio por encima del mundial. Los países con mayores y más persistentes conflictos como Congo y Chad son la excepción.
Etiopía, por ejemplo, venía creciendo a ritmo sostenido e importante, y culminó además -con financiamiento chino y participación italiana- la concreción de una monumental obra de infraestructura: La Gran Presa del Renacimiento Etíope, sobre el Nilo Azul, que permitirá no sólo obras de riego agrícola, sino la generación de una cantidad de energía eléctrica que se prevé abastecerá completamente al país, y lo convertirá en exportador de electricidad. La restricción temporal del flujo del río sobre el que se encuentra y aguas abajo del cual se hallan Sudán y Egipto, generó tensiones en especial con este último, más cercano a las políticas norteamericanas, en especial desde el golpe de Estado de 2013 que derrocó a los Hermanos Musulmanes y colocó en el poder al Gral. El-Sisi, que aún es presidente del país.
Probablemente no sea casual que en el momento cúlmine de este despunte económico y su acercamiento a China,le haya estallado a Etiopía un conflicto en su provincia de Tigray, conflicto hoy en pausa y negociación.
Una cantidad muy importante de personas han salido de la pobreza y de la indigencia en estas décadas, aunque también es cierto que sigue siendo el continente con peores indicadores al respecto, y también con una gran inequidad. Sigue habiendo conflictos bélicos. Pero mientras hace 3 décadas eran unas 30, hoy son alrededor de 6 y hay en promedio mucha mayor estabilidad política que entonces.
Persiste y es uno de los principales problemas el terrorismo – en especial del islamismo radical. Muchos analistas sospechan de la mano de los servicios de inteligencia occidentales en la creación, financiamiento e instrumentación de muchos de estos grupos, que luego, esos mismos países occidentales se ofrecen, ai través de la “ayuda militar”, tropas incluidas en muchos casos, como la solución para combatir ese terrorismo. Esas “ayudas” han terminado en el fracaso más rotundo para la solución del problema invocado, y varios países, como Mali, por ejemplo, han pedido la retirada de las tropas francesas de su territorio. En cambio, entre 5 y 8 países son escenario de la presencia de militares rusos, de la empresa privada Wagner. Sudáfrica, miembro de los BRICS, realiza ejercicios militares con Rusia y China, que también integran ese organismo.
No está todavía rotundamente demostrada la connivencia de los países occidentales con el terrorismo islámico, aunque hay indicios. Lo que no cabe duda es que mismo nació del financiamiento norteamericano a los mujahidines afganos contra la U.R.S.S. en la década de 1980 y que grupos aún más extremistas fueron el resultado de la invasión estadounidense a Irak. En Siria Al Qaeda ha peleado del mismo lado que los EE.UU., como lo expuso el propio asesor de Hillary Clinton, Jake Sullivan.
La gran mayoría de los países africanos se ha negado al seguidismo que les demandaban los países de la OTAN a sus posiciones frente al conflicto de Ucrania. Así, una reunión virtual que el presidente ucraniano Zelenski –cabeza de un régimen claramente dictatorial– pretendió tener con los jefes de Estado de los 55 países de la Unión Africana –como las que venía haciendo con otras regiones– sólo asistieron 4 y algunos cancilleres. El Presidente Ugandés refiriéndose a Rusia y a Europa Occidental dijo “algunas personas quieren que adoptemos posturas contra Rusia, … esta gente ha estado con nosotros durante los últimos 100 años, ¿cómo podemos estar automáticamente en contra de ellos?” “Incluso hemos perdonado a nuestros antiguos enemigos, los colonialistas, los que nos han colonizado, los que se llevaron esclavos de aquí y que hicieron cosas malas”. Cuando le preguntaron si era pro-Occidente o pro-Oriente, rechazó la pregunta por considerarla una idiotez. “Estoy a favor de mí mismo. Y trato con otras personas en función de cómo se relacionan con mis propios intereses”. En estos momentos una delegación africana visita Kiev y Moscú, con un plan de paz bajo el brazo.
No contribuye a mejorar la visión de los africanos sobre Europa el tratamiento dado por ésta a los inmigrantes de ese origen, que por millares se ahogan en el Mediterráneo tratando de escapar de los frutos de la herencia colonial europea y de conflictos que la propia Europa ha contribuido decisivamente a generar, como los de Libia. Tampoco el contraste entre ese tratamiento y el dado a los que huyen de Ucrania.
Israel logró colarse durante un tiempo como observadora en la Unión Africana. Fue expulsada recientemente de allí. Sudáfrica en especial no olvida el apoyo dado por ese país al régimen racista del Apartheid hasta último momento, incluso cuando otros ex aliados del mismo, como EE.UU., le habían retirado su sustento ante la presión Internacional por sus tremendas violaciones de los DD.HH. Tampoco Sudáfrica olvidó el rol decisivo de las tropas cubanas que en la batalla de Cuito Cuanavale, en 1987/88, junto a las angoleñas, expulsaron a las sudafricanas de Angola y Namibia y determinaron el comienzo del fin de criminal régimen de Pretoria. El histórico abrazo de Nelson Mandela con Fidel Castro lo certifica.
La mayoría de los países africanos han profundizado en las últimas décadas sus lazos económicos, y en muchos casos también políticos y militares, no sólo con Rusia y China, sino también con otras potencias emergentes como la India y Turquía. Al mismo tiempo le han hecho saber a sus antiguas metrópolis coloniales, en especial a Francia, que están cansados del tratamiento neocolonial que éstas pretenden perpetuar con nuevas fachadas.
El continente africano es uno de los más interesantes en cuanto a sus perspectivas posibles en los años por venir. Es uno de los más ricos del planeta en varios aspectos: Alberga cuantiosísimas y muy diversas reservas minerales. También petrolíferas. Tiene un muy importante potencial agrícola, a pesar de la tragedia de una gran sequía que lleva varios años en la subregión nororiental del Cuerno de África. Es el continente con la población más joven, lo cual lo hace muy prometedor en una cantidad de posibilidades, a condición de superar aceptablemente el desafío de conseguir niveles de educación suficientes para esos jóvenes. Contiene además una de las mayores biodiversidades del planeta, incluidos grandes recursos forestales.
América Latina y el Caribe, por su cercanía relativa, pero también por su complementariedad en muchos aspectos y su pasado colonial compartido, tiene necesarias e importantes posibilidades de incrementar notoriamente sus intercambios con este continente.
Así lo entendió por ejemplo Lula, en su primer viaje oficial a nuestro país, tras asumir su actual presidencia, cuando al ennumerar las regiones del planeta con las que Latinoamérica debía acrecentar sus vínculos dijo “y especialmente la Unión Africana”.
También lo asume el actual gobierno colombiano, víctima en las últimas semanas del acoso de la derecha de los golpes blandos, contra el que convocó a gigantescas movilizaciones en Bogotá y otras ciudades, en defensa de las reformas que el pueblo votó al elegir a Gustavo Petro.
Su vice, la abogada afrodescendiente Francia Márquez acaba de concluir una interesante gira por tres países africanos para intensificar lazos de varios tipos. El tour fue muy criticada por la derecha vernácula en pleno, colonizada en sus mentes desde principios del Siglo XIX, para mirar exclusivamente hacia el norte y que no entiende qué fue a hacer una importante funcionaria del gobierno nacional –negra para mayor horror– al continente africano. Aunque algunas de las críticas se centraban en detalles de la comitiva con la que fue, no alcanzaban en absoluto a ocultar el trasfondo racista y antiafricano que las movía.
Está claro que lo que más molesta a este tipo de “críticos” es el desarrollo de relaciones igualitarias Sur-Sur con países como los del continente madre, dado que ellos son en cambio partidarios de relaciones de sumisión Norte-Sur.

