EL DÉJA-VU DE 2026: CUANDO BOLIVIA VUELVE A DECIR «BASTA» Y LA DERECHA REGIONAL SE ORGANIZA

HAY MOMENTOS EN QUE LA HISTORIA NO SE REPITE, PERO RIMA. LO QUE OCURRE HOY, 19 DE MAYO DE 2026 EN LAS CALLES DE BOLIVIA -MOVILIZACIONES MASIVAS, UNA HUELGA GENERAL INDEFINIDA, ENFRENTAMIENTOS CON LAS FUERZAS DE SEGURIDAD Y UN SALDO QUE YA INCLUYE VÍCTIMAS FATALES- RESUENA CON UNA FRECUENCIA INCONFUNDIBLE. ES EL ECO DE LA GUERRA DEL AGUA DE 2000, PERO TAMBIÉN ES ALGO RADICALMENTE NUEVO. ES UN «DÉJA-VU» CON CARACTERÍSTICAS MODERNAS, Y LO QUE ESTÁ EN JUEGO NO ES SÓLO EL FUTURO DE BOLIVIA, SINO EL DE TODA AMÉRICA LATINA.

POR RAMIRO CARLOS H. CAGGIANO BLANCO (*)

EL MISMO PATRÓN, 26 AÑOS DESPUÉS

En el Año 2000, Cochabamba se convirtió en el epicentro de una Rebelión que marcaría un antes y después en la historia de las luchas antineoliberales. El gobierno de Hugo Banzer, siguiendo las recetas del Banco Mundial, había privatizado el servicio de agua potable y entregado su gestión por 40 años a Aguas del Tunari, un consorcio liderado por la multinacional estadounidense Bechtel. La Ley Nº 2029 otorgaba a esta empresa el Monopolio sobre todos los Recursos Hídricos de la Región —incluyendo los sistemas comunitarios y de riego tradicionales— y, como corolario, las tarifas se dispararon entre un 35% y un 200%. En un país donde el salario mínimo apenas alcanzaba los 70 Dólares Mensuales, pagar 20 Dólares por el servicio era sencillamente imposible.

La respuesta popular fue la formación de la «Coordinadora en Defensa del Agua y la Vida», una coalición inédita que unió a Campesinos, Obreros Fabriles, Vecinos y Gremialistas bajo el liderazgo de Óscar Olivera y Omar Fernández. Tras meses de protestas, paros y una feroz represión que dejó un joven de 17 años, Víctor Hugo Daza, como única víctima fatal, el Gobierno se rindió el 10 de Abril de 2000. El contrato con Bechtel fue rescindido, la Ley Nº 2029 Derogada, y el Mundo vio que el Neoliberalismo podía ser derrotado desde abajo.

Hoy, el Presidente Rodrigo Paz —nieto del mítico Víctor Paz Estenssoro, arquitecto de la Revolución Nacional de 1952— aplica la misma receta con otro ropaje. En apenas seis meses de gestión (asumió en Diciembre de 2025), logró lo que parecía improbable: unificar en su contra a la Central Obrera Boliviana (C.O.B.), los Mineros, los Maestros, los Campesinos y los Movimientos Indígenas. Su fórmula: copiar el «Modelo Milei» de ajuste de shock. Eliminación de subsidios a los combustibles (con aumentos de hasta el 160%), reformas que mercantilizan la tierra, privatización de empresas estatales y eliminación del impuesto a la riqueza. El resultado es el mismo que en 2000: el Pueblo en las calles, la C.O.B. con una Huelga General Indefinida, y un Gobierno que responde con el «Corredor Humanitario» —3.500 efectivos militares desplegados—, cuatro muertos y decenas de heridos.

LA PARADOJA ARGENTINA: LA ADMIRACIÓN QUE DUELE

Mientras tanto, en Argentina, una sensación incómoda recorre las Redes Sociales. «Hay que seguir el ejemplo de los Bolivianos», se lee en miles de publicaciones. La frase condensa una frustración que crece: ante la «MOTOSIERRA» de Javier Milei —que licuó salarios, recortó el gasto social, entregó empresas públicas a amigos y aliados a precios subvaluados y profundizó la Destrucción Social y Económica— la Respuesta Social Argentina parece fragmentada, desarticulada, apática.

No es que no haya resistencia. Los Jubilados marchan todos los Miércoles desde hace meses, las Universidades se han movilizado, los Trabajadores han realizado algunos Paros Sectoriales. Pero la comparación con Bolivia es ineludible: allá, una Huelga General Indefinida, Unidad de todos los Sectores Populares, el Gobierno tambaleando a los seis meses de asumir. Aquí, una oposición desgastada, una C.G.T. prudente, y un Milei que, pese al ajuste brutal, mantiene un piso electoral de un 30%, inexplicable.

Esa comparación genera en muchos argentinos una mezcla de admiración y vergüenza: «Ellos sí, Nosotros no». Y también una pregunta incómoda: ¿qué falta para que el «Argentinazo 2.0» finalmente estalle?

EL GRAN MATIZ GEOPOLÍTICO: EL «PATIO TRASERO» DESCUIDADO (2000) VS. EL «PATIO TRASERO» AFERRADO (2026)

Para entender por qué el ciclo de 2000-2003 pudo prosperar y por qué el de 2026 enfrenta una ofensiva mucho más coordinada, hay que mirar qué estaba haciendo Estados Unidos en cada momento. El «déjà-vu» tiene un matiz geopolítico que lo cambia todo.

Entonces, a principios de milenio, Estados Unidos estaba distraído. Muy distraído.

El 11 de Septiembre de 2001 cambió el tablero Mundial. La administración de George W. Bush lanzó su «Guerra contra el Terrorismo» y puso su mirada —y sus recursos militares, financieros e ideológicos— en Medio Oriente. En Octubre de 2001 invadió Afganistán. En 2003, con la infame presentación de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de la O.N.U. mostrando un tubito con polvo blanco que él aseguraba era la prueba de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, invadió Irak.

América Latina, en ese contexto, quedó en un segundo plano. Era el «Patio Trasero», sí, pero un patio trasero descuidado, atendido con recetas automáticas del F.M.I. y el Banco Mundial, pero sin una intervención activa y coordinada. Eso permitió que los procesos de rebelión popular que estallaron en Bolivia (2000 y 2003), Argentina (2001), Venezuela (2002) y Brasil (2003) tuvieran un margen de maniobra inusual. La Casa Blanca estaba ocupada construyendo lo que algunos analistas llamaron el «7 en 5»: la idea —documentada en planes estratégicos de la época— de transformar siete países de Medio Oriente en cinco años, bajo el supuesto de que la «Primavera Árabe» (que finalmente estallaría en 2011) era un instrumento controlable de expansión democrática aliada a los intereses Norteamericanos. La historia demostró que ese plan se les fue de las manos, pero el hecho central es que, mientras todo eso ocurría, América Latina pudo dar su giro a la izquierda sin una contraofensiva imperial masiva.

AHORA, EN 2026, LA SITUACIÓN ES LA INVERSA

Estados Unidos ya no está «distraído». Salió de Afganistán en 2021 con una derrota humillante. Irak sigue siendo un hervidero ingobernable. La «Primavera Árabe» derivó en guerras civiles, dictaduras restauradas y un Medio Oriente que ya no es el centro exclusivo de su atención. China se ha convertido en su principal rival estratégico global, y la semana pasada, según las informaciones que circulan, Donald Trump habría sufrido una importante derrota comercial y diplomática frente al gigante asiático.

¿Qué le queda al Imperio Decadente? Aferrarse a lo que siempre consideró suyo: América Latina.

LA NOVEDAD: UNA INTERNACIONAL DE DERECHA

Pero lo realmente nuevo de 2026, lo que diferencia este ciclo de aquel de 2000-2003, es lo que ocurre detrás de escena. La rebelión boliviana no ocurre en el vacío. Enfrente tiene a un gobierno que no está solo, lo acompaña una “troika” llamada  por Jorge Aleman, entre otros, de «internacional de derecha».

Este matiz cambia todo el análisis. El «déjà-vu» de 2026 no es una repetición mecánica de 2000. Los pueblos de América Latina ya no luchan solo contra las élites locales y el F.M.I. Luchan contra toda la artillería de un Imperio que ve en esta región su última chance de seguir siendo relevante.

El presidente Paz aplica el «modelo Milei» y recibe apoyo explícito del argentino. Los aviones Hércules C-130 que Argentina envió a Bolivia —oficialmente con «ayuda alimentaria» (pollos, según el gobierno)— son vistos con profunda sospecha por la oposición boliviana. El expresidente Evo Morales denunció que esos aviones trasladaban «gases lacrimógenos y balines». La oposición argentina (Unión por la Patria) ya presentó un pedido de informes para determinar la verdad. El hecho es que, al menos, el gesto de apoyo político de Milei al gobierno de Paz es inequívoco.

Pero esto es solo la punta del iceberg. A la alianza Paz-Milei se suma Daniel Noboa en Ecuador, que ha militarizado su propio país para reprimir protestas, y habría enviado otro avión Hércules con contenido “misterioso”. Y José Antonio Kast en Chile, permanente vocero de una mano dura que mira con simpatía el giro boliviano. La «Doctrina Trump» para la región —intervencionismo, apoyo a gobiernos afines, desestabilización de los que no lo son— parece estar en plena ejecución.

EL «HONDURASGATE»: LA PIEZA QUE CONFIRMA LA TRAMA

El 29 de Abril de 2026, una investigación periodística difundida por Canal Red y el portal Hondurasgate publicó 37 audios atribuidos al ex Presidente Hondureño Juan Orlando Hernández —condenado por narcotráfico a 45 años, indultado por Donald Trump el 2 de Diciembre de 2025, y liberado— en los que se revela la existencia de una Red coordinada de desinformación y ataque a los Gobiernos de Izquierda de la Región.

En un audio fechado el 30 de Enero de 2026, dirigido a la Vicepresidenta hondureña, la voz atribuida a Hernández afirma: «Le contaba al Presidente Asfura que pudimos hablar con Javier Milei, y él está apoyando con 350 Mil Dólares también. Estamos bastante listos». En otro audio, dirigido al Presidente Hondureño Nasry Asfura, Hernández detalla: «Estuve en una llamada con el Presidente Javier Milei y fue exitosa. (…) Se vienen unos expedientes contra México, se vienen unos expedientes contra Colombia y, lo más importante, contra Honduras».

El objetivo, explicita Hernández en conversación con la vicepresidenta Mejía, es «atacar y extirpar el cáncer de la izquierda de ahí de Honduras y de toda Latinoamérica». Para ello, planea montar «una célula informativa» desde Estados Unidos, «para que no nos rastreen ahí en Honduras. Va a ser como un sitio de noticias latinoamericanas». Los blancos: Claudia Sheinbaum en México, Gustavo Petro en Colombia, y Xiomara Castro junto a Manuel Zelaya en Honduras. Con la inefable participación de Fernando Cerimedo, de la  Derecha Diario, impresentable que trabaja con los Bolsonaro en Brasil, con Milei y con el actual Presidente Boliviano Rodrigo Paz.

Así, el «Hondurasgate» cumple una función clave: es la corroboración documental de que existe una Coordinación Regional de las Derechas, con financiamiento, estructura de medios y un objetivo estratégico explícito. Bolivia, hoy, es el campo de batalla visible de esa ofensiva.

2000-2003 Y 2026: DOS CICLOS, UN MISMO PULSO

Para comprender la magnitud de lo que ocurre, conviene establecer un paralelo sistemático entre ambos momentos:

En 2000-2003, el ciclo comenzó con la Guerra del Agua en Bolivia (2000), continuó con el Estallido Argentino (2001) que derribó a De la Rúa y proclamó el «Que se vayan todos», se extendió con la resistencia al Golpe contra Chávez en Venezuela (2002), y culminó con la Guerra del Gas en Bolivia (2003) que expulsó a Gonzalo Sánchez de Lozada y allanó el camino para la llegada de Evo Morales (2006). En paralelo, Lula llegaba al poder en Brasil (2003) y Tabaré Vázquez en Uruguay (2005). Fue la primera «Marea Rosa» Sudamericana, el gran ciclo de Gobiernos Progresistas que puso fin a la hegemonía Neoliberal.

En 2026, el ciclo parece estar reiniciándose con características propias: la Rebelión en Bolivia contra el ajuste de Paz es el primer Gran Estallido; la frustración contenida en Argentina y la comparación con Bolivia indican que el «Basta» Argentino podría estar gestándose; las disputas electorales en Brasil, Chile y Uruguay definirán si la marea vuelve a teñirse de rosa; y enfrentamos una novedad inédita: una Internacional de Derecha Coordinada (Milei, Noboa, Kast, Trump, Vox (España), Chega (Portugal), etc.) que opera explícitamente para «Extirpar el Cáncer de la Izquierda», como revelan los Audios del Hondurasgate.

¿UN NUEVO CICLO O UNA GUERRA PROLONGADA?

La pregunta es inquietante y no tiene respuesta unívoca. ¿Estamos ante el inicio de un nuevo ciclo de Rebeliones Populares que, como entre 2000 y 2003, termine con un giro a la izquierda en la Región? ¿O ante una profundización de una guerra civil de baja intensidad entre dos Proyectos Antagónicos que ya no se toleran —una «Guerra Fría Latinoamericana» en caliente— y que podría extenderse por años?

La respuesta dependerá de varios factores: de lo que ocurra en las próximas semanas en Bolivia, donde la C.O.B. ha declarado la Huelga General Indefinida y el Gobierno se aferra al poder con ayuda externa; de lo que ocurra en Argentina, donde la apatía que denuncian las Redes Sociales podría convertirse en Estallido si la situación económica sigue degradándose; de lo que ocurra en las urnas en Brasil, Chile y Uruguay; y de la capacidad de los Movimientos populares de la región para articular una respuesta coordinada a la altura de este desafío.

Porque si algo enseñó la Guerra del Agua de 2000 es que el Neoliberalismo se derrota en las calles, pero también en las urnas y en las conciencias. Y que ninguna «MOTOSIERRA», ningún ajuste, ninguna alianza de Gobiernos de derecha y ninguna red de desinformación son más poderosos que un Pueblo Organizado.

Hoy, 19 de Mayo de 2026, los Bolivianos están dando esa lección otra vez. La policía reprime en La Paz, El Alto y Cochabamba. Los muertos empiezan a contarse. La C.O.B. resiste. Y el Mundo mira. La pregunta es si el resto de la región está dispuesta a aprenderla, y a actuar en consecuencia.

El «déjà-vu» de 2026 no es una Repetición Fantasma. Es una oportunidad. Ojalá no la dejemos pasar.

(*) Abogado, Doctor por la Universidad de San Pablo y Comunicador Social.

LAS REVOLUCIONES Y CONTRAREVOLUCIONES QUE CONFIGURAN LA SOCIEDAD CAPITALISTA

TOMA DEL PALACIO DE LAS TULLERIAS -10 DE AGOSTO DE 1792-

POR JORGE RENDÓN VÁSQUEZ

La Sociedad Capitalista, o por mejor decirlo la Sociedad cuyo régimen de producción es el Capitalismo, se caracteriza por la producción por trabajadores contratados de los bienes y servicios que se venden en el mercado para satisfacer las necesidades de la población. Este trabajo se efectúa en empresas que crean y financian ciertas personas poseedoras de los recursos monetarios para adquirir los medios de producción y contratar la fuerza de trabajo. Por consiguiente, en este régimen intervienen, por una parte, un grupo o una clase social poseedora de los recursos necesarios para acometer la producción y obtener una ganancia y, por otra, un grupo o una clase social de trabajadores que solo poseen su fuerza de trabajo y deben alquilarla para obtener los recursos que les permitan satisfacer sus necesidades y las de su familia. Como el trabajo es la fuente del valor de los bienes creados, transformados o producidos en general, la relación entre ambas clases sociales y entre las personas que las integran es necesaria, y, al mismo tiempo, contradictoria; es necesaria porque sin ese trabajo no habría producción, y es contradictoria porque el interés de los capitalistas de extraer de los trabajadores la máxima cantidad de valor, pagándoles lo menos posible se contrapone al interés de estos de que su labor no sea tan extenuante y sus remuneraciones sean más elevadas.

El Régimen Capitalista surgió en los siglos XV al XVII en varias ciudades europeas por la expansión del comercio de ciertos bienes de consumo creciente y se estableció con los caracteres que ahora presenta con la manufactura que consistió en la producción manual por trabajadores contratados por un salario en locales utilizados para ello. Muchos de estos trabajadores fueron operarios que habían sido formados en los talleres artesanales a los cuales ya no podían pertenecer o de los que se retiraban.

Desde entonces, la sociedad capitalista ha experimentado tres grandes cambios fundamentales a los que se puede considerar revoluciones cuyo efecto ha sido darle la configuración que ahora tiene. Esos cambios son la Revolución Industrial, la Revolución Política y la Revolución de los Derechos Sociales. Su característica fundamental es que fueron promovidos por ciertos intelectuales que elaboraron las bases y la ideología que describía y analizaba cada situación a la que se referían, señalaban sus causas y efectos y proponían las medidas para modificarla o sustituirla o hacer intervenir otros elementos y características que surgían de la evolución de la sociedad y sus maneras de comportarse. Cuando tales ideologías fueron asumidas por una parte importante de las clases sociales a las cuales se dirigían se convirtieron en grandes Movimientos que impulsaron los cambios propuestos en los planos de la estructura económica y las superestructuras política, jurídica y cultural.

Examinemos someramente estos cambios.

1.– LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

El primero de esos cambios fue la Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XVIII acaecida en Inglaterra. Consistió en la invención de máquinas, la utilización del hierro y del acero en la elaboración de máquinas y herramientas y el empleo del vapor de agua como fuente de energía para el funcionamiento de las máquinas y los mecanismos de transporte por vías de rieles que se inventaron. Esta revolución transformó totalmente las maneras de producir y potenció enormemente la productividad del trabajo, pero los capitalistas siguieron pagándoles a los trabajadores remuneraciones que apenas les alcanzaban para mantenerse con vida y continuar trabajando.

Durante el siglo XIX se hicieron nuevos descubrimientos en los campos de la ciencia y de la técnica que dieron lugar a nuevas invenciones incorporadas a la producción y al transporte. Hacia fines de ese siglo se comenzó a utilizar la energía procedente de los combustibles fósiles descubiertos: el petróleo y sus derivados y el gas que dieron lugar a la invención de los automotores movidos con esas fuentes de energía, los que requirieron pistas pavimentadas, carreteras y locales. A ese cambio se añadió la energía eléctrica, producida en un primer momento por las caídas de agua, con lo cual cambiaron las maneras de producir y de vivir en los centros urbanos.

En la segunda mitad del siglo XX se desarrolló la electrónica y la informática que dieron lugar a las computadoras y teléfonos móviles de uso común por la población y a la automatización de la producción en las fábricas, talleres y oficinas, abriendo un panorama de desarrollo científico y técnico de proyecciones aún desconocidas.

2.– LA REVOLUCIÓN POLÍTICA

A fines del siglo XVIII advino la Revolución Política que trasladó el poder de mandar en la sociedad de los reyes, príncipes y la nobleza a los ciudadanos a los que se consideró iguales ante la ley. Los centros de esta revolución fueron Europa y Estados Unidos. Pero donde alcanzó mayor significación fue en Francia que, con más de 25 millones de habitantes, era por entonces el país más poblado y de mayor cultura de Europa. Inglaterra tenía en ese tiempo unos 9 millones de habitantes y Estados Unidos, que se formaba recién por la reunión de sus trece colonias de inmigrantes, unos 2.5 millones de habitantes. La Revolución Francesa, que comenzó en julio de 1789, plasmó la ideología de los Iluministas que la habían promovido en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea General del 26 agosto de ese año. En este documento se consigna los derechos fundamentales de los ciudadanos como personas iguales ante la ley y la delegación de su voluntad para constituir los poderes del Estado a los cuales se inviste de las funciónes de dar las leyes, gobernar y resolver los conflictos jurídicos, puntos inherentes al pacto social que los ciudadanos aprobaban. Por su importancia, los  derechos señalados en este documento han sido reproducidos en las constituciones de la mayor parte de países del mundo.

21 DE ENERO DE 1793, EJECUCIÓN DE LUIS XVI -GRABADO DE GEORG HEINRICH SIEVEKING-

Una vez en el poder, sin embargo, la burguesía, unida con los señores feudales que aún quedaban, desencadenó una contrarevolución cuyo propósito fue apartar del poder de gobernar a los ciudadanos pertenecientes a las clases populares y principalmente a los trabajadores. Esta contrarevolución tuvo dos expresiones sucesivas: el voto censitario y la alienación.

El voto censitario consistió en la imposición del requisito de pagar al Estado cierta cantidad como impuestos para participar en las elecciones, con lo cual se excluyó del derecho de votar a casi todos los trabajadores, cuyos ingresos no alcanzaban a las sumas fijadas para pagar impuestos. Además se negó el voto a las mujeres. En muchos otros países se prohibió votar a los ciudadanos analfabetos que eran la mayoría de obreros y campesinos. Recién, a partir de la segunda mitad del siglo XIX se fue concediendo el voto a todos los ciudadanos. A las mujeres solo se les habilitó para votar en varios países europeos desde la segunda mitad del siglo XX. En el Perú se declaró el derecho de votar de todos los ciudadanos mayores de 18 años por la Constitución de 1979 (art. 65º).

Reconquistado el sufragio universal, la burguesía emprendió otra contrarevolución destinada a colocar a sus representantes en el ejercicio del poder, utilizando la alienación de los votantes, en su mayor parte trabajadores, mediante campañas de propaganda, psicológicas y sociales muy costosas. El sujeto se aliena, porque llega a identificarse con personajes y propósitos ajenos a su situación e intereses y los prefiere al momento de votar. Este procedimiento se ha generalizado en los países con economía capitalista y otros, puesto que en la democracia es el único que permite a los representantes de los partidos del capitalismo acceder al manejo de los órganos del Estado, y, por lo tanto, los medios para lograrlo han sido perfeccionados correlativamente con el mayor nivel educativo y cultural de los ciudadanos. Ello explica la prevalencia de los partidos representantes de los diversos grupos capitalistas y populistas, una variante de aquellos, y la debilidad o inexistencia de partidos con ideologías favorables a los trabajadores que no pueden solventar el costo de esas campañas. Si, sobreponiéndose a la alienación, las mayorías populares prefirieran electoralmente otras opciones de reivindicación económica y social, los grupos capitalistas y sus ideólogos podrían tentar la ruptura de la democracia y asumir el control del Estado por un golpe de estado, un procedimiento practicado ya en diferentes partes del mundo y en muchos momentos, y que solo podría evitarse si las mayorías populares defienden la democracia.

3.– LA REVOLUCIÓN DE LOS DERECHOS SOCIALES

Este cambio trascendental fue preparado en el Siglo XIX por los ideólogos socialistas y anarquistas que aspiraban a un cambio radical de la manera de producir y distribuir la riqueza creada por el trabajo y se solidarizaron con los trabajadores a quienes los capitalistas explotaban sin medida. Su primer momento fue la postulación de la jornada de ocho horas.

A fines del siglo XIX, los ideólogos socialistas se dividieron en un grupo que optó por la posibilidad de obtener ciertos Derechos Sociales para los trabajadores y otros cambios progresivos en la sociedad, negociandolos con los representantes del Capitalismo en el Parlamento, y en otro grupo que se pronunció por una Revolución que abatiese al Gobierno Feudal y Capitalista.

CONSEJO DE OBREROS DE LA FÁBRICA PUTILOV, QUE EMPLEABA A MÁS DE 35.000 PERSONAS Y QUE CONSTITUYÓ UNO DE LOS PRINCIPALES NÚCLEOS REVOLUCIONARIOS DE PETROGRADO (ACTUAL SAN PETERSBURGO).

En noviembre de 1917, este grupo, denominado bolchevique, tras una Revolución de algunos partidos del Capitalismo que derrocó al Zar en Rusia, los desplazó del Gobierno por otra Revolución y, poco después, abolió la propiedad privada de los medios de producción y estableció una economía socialista.

En Alemania, en Noviembre de 1918, los socialistas de una y otra tendencia y ciertos grupos de la burguesía impulsaron otra Revolución que depuso al Kaiser y colocó en el poder del Estado al partido Socialdemócrata el que ya contaba con la mayoría en el parlamento. De inmediato las organizaciones sindicales de este partido promovieron un acuerdo con los dirigentes empresariales por el cual, a cambio del cese de las huelgas, estos reconocieron la jornada de ocho horas y otros derechos sociales, la negociación de las remuneraciones y condiciones de trabajo y el arbitraje y el establecimiento de comisiones de control de la aplicación de la legislación laboral en las empresas con cincuenta o más trabajadores. Simultaneamente se convocó a elecciones para la conformación de una asamblea constituyente. El otro partido socialista no admitió esta manera de actuar del partido Socialdemócrata y, en diciembre de ese año, inició una revolución que el gobierno y el Ejército reprimieron duramente. La asamblea constituyente, elegida el 19 de enero de 1919, se reunió en la ciudad de Weimar y, en ella, la Socialdemocracia, que contaba con el 34% de los votos, en acuerdo con los representantes de varios partidos de la burguesía, logró la aprobación de una constitución que admitía como bases de la organización de la sociedad y del Estado el contrato social, la intervención del Estado en la economía en beneficio de la Nación y para la protección de la fuerza laboral, la libertad sindical, los seguros sociales y la reglamentación internacional de los derechos laborales. Este modelo de Constitución fue luego reproducido por las Constituciones de otros países al que se ha denominado el espíritu de Weimar.

Simultáneamente, por el tratado de paz en Versalles, a petición de los representantes de los partidos socialdemócratas, varios de ellos dirigentes sindicales, se creó la Organización Internacional del Trabajo, que estaría conformada por dos delegados del gobierno, uno de las organizaciones de empleadores y otro de las organizaciones sindicales de cada Estado miembro. La función principal atribuida a esta organización fue la aprobación de convenios internacionales de trabajo que podrían ser incorporados por los Estados en su legislación interna. Acto seguido, en el primer convenio aprobado por esta organización, en octubre de 1919, se estableció la jornada de ocho horas, que muchos estados ratificaron.

Por lo tanto, la adopción de esta jornada fue el primer momento de un cambio fundamental en la realización del trabajo, porque, por una parte, dio comienzo a la admisión de otros derechos sociales relativos a los descansos semanal, en días feriados y anual, a ciertas sumas de dinero que el empleador debe pagar complementando la remuneración ordinaria, a la remuneración mínima, a la protección contra los riesgos sociales, a la libertad sindical, la negociación y la convención colectivas y la huelga, y, por otra, por la intervención del Estado para controlar la vigencia de esos derechos. En adelante, por consiguiente, el mercado de fuerza de trabajo debía sujetarse a la normativa protectora de los trabajadores, con lo cual se creó un área de mercado regulada por el Estado y la voluntad de las partes.

Esta regulación de la contratación de la fuerza de trabajo fue en realidad una revolución económica a la cual tuvo que avenirse el capitalismo o la mayor parte de este para que los trabajadores abandonasen la idea de un cambio revolucionario que habría podido llevar a la abolición de la propiedad privada de los medios de producción.

Luego de la segunda Guerra Mundial en el siglo XX, la Declaración de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas en Diciembre de 1948 en París, consolidó aquella revolución y en lo sucesivo en casi todos los Estados del mundo se reconoció los derechos sociales con ciertos mínimos como un activo de los trabajadores semejante a la propiedad. En los treinta o cuarenta años siguientes aumentó la producción de bienes y servicios de cuyo beneficio los trabajadores participaron, elevando su nivel de vida. A esta nueva situación económica y social, expresión de los nuevos términos del pacto social, se le denominó Estado Social de Derecho.

1º DE ENERO DE 1959, EN LAS PRIMERAS HORAS EL DICTADOR FULGENSIO BATISTA AL VERSE ABATIDO HUYE DE CUBA A LA REPÚBLICA DOMINICANA.

Algún tiempo depués, sin embargo, en la clase capitalista muchos de los más grandes empresarios comenzaron a mirar codiciosamente los recursos obtenidos por los trabajadores con su trabajo, y decidieron apropiarse de una parte de ellos. Para lograr este propósito, encargaron a sus ideólogos la elaboración de una teoría cuya práctica les transfiriera esos recursos. En otros términos, se lanzaron a preparar una contrarevolución contra el Estado Social de Derecho. Hacia 1980 esa teoría estuvo lista y la lanzaron en varios encuentros de grandes empresarios, sus políticos de mayor confianza y algunos profesores univesitarios. Fue el neoliberalismo que consistía básicamente en la reducción del valor de los derechos sociales o lo que llamaron la desregulación de la legislación protectora de los trabajadores o también flexibilidad del Derecho del Trabajo. Para convencer a los juristas dedicados a las relaciones laborales sobre la necesidad de reducir los derechos sociales la Sociedad Internacional de Derecho del Trabajo y Seguridad Social organizó una reunión mundial en Caracas, en julio de 1985. Del plano ideológico este neoliberalismo precarizador de los derechos sociales pasó al plano político y, en seguida, los parlamentos y los gobiernos comenzaron a modificar las normas favorables a los trabajadores reduciéndoles sus alcances y cambiándoles de sentido para lograr un trabajo inestable, más largo, intermediado y con menores derechos económicos. El resultado fue una transferencia de recursos de los trabajadores a los capitalistas que era lo que estos querían. En Estados Unidos y Europa esa transferencia elevó sus ganancias en más de un 20% y fue a invertirse en el aparato productivo de sus países y los países en vías de desarrollo del Asia y en la adquisición de valores en las bolsas y, entre ellos, bonos de la deuda pública de los Estados. En América Latina se desarrolló la construcción de edificios para viviendas y oficinas que adquirieron los dueños de empresas de todo tamaño y sus ejecutivos.

Esta contrarevolución contra los derechos sociales no hubiera podido tener éxito de no haberse apoyado en la contrarevolución política.

¿Cuál fue la actitud de los trabajadores ante ella? No la resistieron como se hubiera debido y a muchos no les importó lo que sucedía. De haberla combatido energicamente es posible que la hubieran impedido. Algunas de sus organizaciones se limitaron a emitir comunicados de denuncia que no lograron, sin embargo, convencer a la mayor parte de trabajadores de que debían luchar para defender los derechos que les arrebataban, y se dejaron estar. Las causas de esta actitud fueron: 1) el mejoramiento del nivel de vida de las clases trabajadoras en los países más desarrollados y con desarrollo medio por el crecimiento del PBI que, aunque reducido, compenza la disminución de los ingresos de los trabajadores por la flexibilidad o la desregulación; 2) la ausencia de apoyo de la mayor parte de intelectuales los que desde la segunda mitad del siglo XX abandonaron su solidaridad con ellos y se abstuvieron de producir ideologías de cambio y progreso social; 3) la conformidad de la mayor parte de trabajadores con el goce de los derechos sociales subsistentes y con su pertenencia a una sociedad dominada por la alienacion política; y 4) la inexistencia casi total en los trabajadores de la idea de un cambio radical en la sociedad por la renuncia a la revolución de los partidos comunistas y otros grupos afines que redujeron su influencia, se disgregaron o desaparecieron.

A pesar de estas ventajas, sin embargo, en Estados Unidos, los países europeos y otros, para aplacar la protesta de ciertos grupos de trabajadores y los pensionistas, cuyos derechos de Seguridad Social no alcanzaban a financiarse totalmente con las cotizaciones aportadas por el aparato productivo debido a la resistencia de los empresarios, el Estado ha tenido que cubrir la diferencia con aportes del presupuesto público procedentes del endeudamiento. Por esta causa y por otros gastos del Estado, en las cuatro décadas siguientes a 1980, la deuda pública en esos Estados creció año tras año hasta sobrepasar las sumas de sus PBI y se hizo impagable. La solución para algunos Estados europeos ha sido reducir drásticamente algunos derechos de Seguridad Social y hacer que la diferencia la cubran los asegurados.

En el plano sindical el conformismo de los trabajadores se manifestó como la inmersión de la mayor parte de sus dirigentes sindicales en el juego negocial con los empresarios a pesar de la reticencia de estos y en la abstención de considerar los intereses de los trabajadores en el panorama económico y político. Fue por ello normal que casi todas las organizaciones sindicales nacionales que habían formado parte de la Federación Sindical Mundial, animada por los partidos comunistas, la abandonaran desde 2006 para pasarse a la Confederación Sindical Internacional que resultó de la fusión de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres y la Confederación Mundial del Trabajo. En el Perú, esa conducta de la dirigencia sindical a favor de la contrarevolución contra los derechos sociales se expresó como la campaña de las centrales sindicales para incorporar la legislación laboral en un código o una ley general del trabajo cuyo articulado reproducía las normas con menores derechos para los trabajadores que se dieron desde 1991 y como su apoyo a una ley procesal del trabajo que llevaría la duración de los reclamaciones en la vía judicial a más de diez años. Esta amenaza para los trabajadores no llegó a plasmarse en normas por la acción ideológica de algunos profesores de Derecho del Trabajo y por la resistencia de un grupo de dirigentes sindicales de base que la combatieron radicalmente.

El conocimiento a fondo del comportamiento de las clases trabajadoras por los ideólogos del capitalismo ha contribuido a asegurar la contrarevolución contra los derechos sociales.

4.– LA CLASE OBRERA

En las obras de Carlos Marx y en el Manifesto Comunista de 1848 que él escribiera con Federico Engels se considera a la clase obrera como el grupo antagónico fundamental del capitalismo al cual abatiría para crear una sociedad socialista. Fue esta una aseveración ideológica resultante del examen de la evolución dialéctica de la sociedad en la primera mitad del siglo XIX. En los años siguientes, gracias a la acción de numerosos intelectuales que adhirieron a esa teoría, un número creciente de obreros se incorporó a las organizaciones sindicales creadas en el siglo XIX y, a fines de este, a los partidos socialistas. Cuando estos partidos se escindieron entre un grupo que propugnaba la revolución como el camino hacia el poder político y otro que prefería una evolución pacífica basada en la transacción con el capitalismo, la mayor parte de obreros motivados sindical y políticamente prefirió la adhesión a este segundo grupo. Las posibilidades de acometer una revolución en otros países, como había acontecido en Rusia en noviembre de 1917, se alejaron por esa inclinación mayoritaria de los intelectuales y obreros y, después de la Segunda Guerra Mundial, por la inserción de los partidos comunistas en el juego político de elecciones periódicas. Correlativamente, numerosos intelectuales que habían simpatizado con los partidos comunistas y con la clase obrera se alejaron de ambos. Luego, la mayor parte de la clase obrera prefirió a los partidos socialistas y a otros y se adhirió incluso a ciertos partidos clasificados como de derecha o les dio su voto. Por lo tanto, la idea de ser la clase obrera una clase revolucionaria se desvaneció. Tampoco la clase obrera por sí ha podido crear una ideología que defina sus intereses y trace para ella un curso de acción, ni podría hacerlo, puesto que no está capacitada para ello ni es su función hacerlo. La elaboración ideológica es el resultado de lecturas, investigación y reflexión constantes para lo cual se requiere una formación del más alto nivel universitario y mucho tiempo.

GEORGE WHASHINGTON CRUZANDO EL DELAWARE -OLEO SOBRE LIENZO DE EMANUEL GOTTLIEB LEUTZE-

5.– LA CLASE PROFESIONAL

La evolución del capitalismo ha dado lugar a la expansión de otro grupo social que también trabaja por una remuneración. Es la clase profesional formada en universidades para las actividades de planeación, dirección, control y otras tareas especializadas en las empresas, el Estado y ciertos aspectos de la sociedad sin cuyo concurso serían irrealizables. Es este un cambio generado por el aparato productivo o la estructura económica que ha dado lugar a los cambios correlativos en las superestructuras política, jurídica y cultural. Ocupando cargos de dirección en el Estado, a los que accede por concurso público, designación por los grupos con poder político o recomendación, la clase profesional ejerce ya una parte del poder de mandar en la sociedad.

El capitalismo no ha creado aún un nuevo tipo de relaciones de producción que lo sustituya en el futuro.

6.– HACIA UNA NUEVA TIPIFICACIÓN JURÍDICA DE LA RELACIÓN LABORAL

Se advierte sí la evolución del contrato de trabajo, desde su naturaleza de relación de dependencia jurídica por una remuneración y los derechos sociales consiguientes, hacia una relación de asociación en la que el capitalismo suministra la voluntad y los recursos para producir que los trabajadores no tienen, y estos ponen su fuerza de trabajo, que el capitalismo no tiene y sin la cual la producción es imposible. En esta relación, el valor creado, que se reparte entre ambos grupos, deberá tender a una distribución más equitativa a condición del ejercicio de la presión necesaria por las clases trabajadoras.

7.– UNA NUEVA CORRIENTE IDEOLÓGICA

Como es evidente que la evolución de la sociedad no puede detenerse es posible que, como parte de ella, la clase profesional cree e impulse una nueva corriente ideológica que postule los cambios exigidos por el desarrollo de la ciencia, la técnica y la producción, la formación profesional y cultural y una distribución más racional y equitativa del producto social. Esto requerirá, en lo inmediato, parar la contrarevolución política y la contrarevolución contra los derechos sociales.

AÑO 1974, LA REVOLUCIÓN DE LOS CLAVELES, LISBOA, PORTUGAL -FOTOGRAFÍA ALFREDO CUHNA-

LA REVOLUCIÓN FINANCIERA

POR SERGIO RUBÉN ROSSI [*] 

El Gobierno Nacional está llegando a los 2 años y 5 meses de gestión, esto quiere decir que ya ha superado la mitad del mandato, y hasta ahora lo que puede mostrar como logro es muy poco (su caballito de batalla, la Inflación Cero Mensual, nunca la ha logrado).

Tiene en su haber un 290% de aumento en el costo de vida de los Argentinos (29 meses), si hasta casi ha alcanzado en promedio, a la gestión del Ministro de Economía de Alberto Fernández, Sergio Massa, que desde Agosto de 2022 a Noviembre de 2023 acumuló un 148,2% (15 meses de gestión).

Este Presidente, sin dudas apostó sólo al endeudamiento del país, a la extranjerización de las Tierras y los Recursos Naturales (reforma a la Ley de Glaciares), y a la timba Financiera.

Pero, en lo que cada día se supera a sí mismo es en los escándalos que salen a la luz por doquier. Por mencionar sólo algunos, la Estafa con la Criptomoneda Libra, el sistema de recaudación para la Zarina y otros, a través de las compras de medicamentos con sobreprecios, en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), y cuyo titular Diego Spagnuolo, fuera amigo personal y Abogado de confianza del actual Presidente.

Como si esto fuera poco, se le agrega el Capitulo “Fin”, con el cuestionado Jefe de Gabinete de Ministros, Manuel Adorni que está siendo investigado por Enriquecimiento Ilícito debido al notable crecimiento de su patrimonio personal y los elevados gastos personales y familiares que no concuerdan con sus ingresos como Funcionario Público.

Y ahora, tras el Informe Anual en la Cámara de Diputados de la Nación, surgen nuevos datos económicos sobre el despilfarro de Recursos Públicos, por parte de distintos Organismos del Estado Nacional, cuando el Discurso Oficial es NO HAY PLATA para los Jubilados, las Universidades, la Salud Pública.

[*] NOTA EDITORIAL DE LA REVISTA IMPRESA N° 30 – MAYO DE 2026

MAYO DE 2026, ALGO MÁS QUE UN CABILDO ABIERTO…

PERIODISMO + SHOW + REDES SOCIALES= EL CAMBIO DE PARADIGMA TOTAL…
«LA POST VERDAD»

Todo esto y mucho más en la Revista Impresa de éste mes, con la Nota realizada por Ramiro Caggiano Blanco. Conseguíla en Kioscos de Diarios y Revistas, Librerias, Bares y Comercios de la ciudad de Rosario.

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JUAN B. JUSTO Y LA DEMOCRACIA OBRERA

POR GUSTAVO BATTISTONI

Para Juan B. Justo, la democracia obrera era el amanecer de una nueva esperanza para los trabajadores, una visión que va mucho más allá de simplemente ir a votar. El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como definió la democracia, Abraham Lincoln, solo podía ser posible en el Socialismo. En su alocución  en el Congreso Socialista de 1910, realizado en Copenhague, expresó: “Comprendemos el socialismo como el método de acción histórica que eleva al pueblo trabajador, sobre todo por el esfuerzo del pueblo trabajador mismo, método capaz de adaptarse a condiciones cualesquiera”.

La democracia obrera significa, antes que nada, la organización metódica y valiente de los trabajadores. El pueblo, que hasta entonces solo conocía la fatiga de las jornadas largas y el dolor de los hospitales, descubre de pronto que lleva en sí mismo una gran fuerza transformadora. Esa fuerza no debe desperdiciarse en estallidos inútiles, sino canalizarse a través de un movimiento orgánico de tres pilares: el sindicato para defender el salario en la lucha diaria, la cooperativa para que el obrero aprenda a administrar la riqueza sin amos, y el partido político para cambiar las leyes de la nación.

El penúltimo de los trece capítulos de su obra más importante, Teoría y Práctica de la Historia, de 1909, titulado La Democracia Obrera, resume su pensamiento sobre el tema. Juan B. Justo reflejaba en su concepción, el pensamiento predominante sobre la cuestión  en el Socialismo Internacional de su época. A partir de la crítica de Karl Kautsky a la Revolución Rusa plasmada en su folleto La Dictadura del Proletariado, y la posterior respuesta de Lenin, se abrirá una nueva etapa en cuanto a la discusión sobre el concepto de la Democracia Obrera.

A diferencia de la democracia burguesa, que derribó a los reyes y las prerrogativas feudales, pero coronó al Capital y a la Propiedad Privada como derechos intocables y eternos, la Nueva Democracia Obrera denuncia esa acumulación de riqueza como una fuente de opresión. Plantea el fundador del Partido Socialista: “Congregase, pues, los trabajadores en la Democracia Obrera, distinta de la Democracia Burguesa, que, al proclamar los Derechos del Hombre sobre las ruinas del castillo, del trono, y del altar, afirmó como un Derecho Absoluto y Eterno el Derecho Capitalista de la Propiedad. La nueva democracia lo denuncia como fuente de privilegio y de opresión, quiere también para el taller, para la tienda y para el campo, el Régimen Constitucional”.

La verdadera democracia es el uso inteligente del Sufragio Universal. El obrero es invitado a dejar de ser un testigo silencioso, para ir a las urnas y convertir su voto en un arma pacífica. Juan B. Justo rechazaba la política del fraude, manejada por una Oligarquía que solo buscaba proteger sus estancias y sus privilegios. La Clase Trabajadora estaba llamada a dar el ejemplo, llevando al Gobierno a sus propios representantes para que la política deje de ser un juego oscuro, y se convierta en una ciencia al servicio del bienestar común.

La Democracia Obrera no quiere que los Derechos del Hombre existan solo en los papeles del Gobierno; exige que el Régimen Constitucional, sea una expresión de la sociedad civil. Su meta es que las fábricas y las obras públicas ofrezcan condiciones ejemplares y dignas para todo aquel que trabaja con sus manos. 

Afirma en el capítulo La Democracia Obrera: “Los partidos obreros tienen una doctrina común, cuyos grandes rasgos son los siguientes: Organización internacional del proletariado en partido de clase para la conquista del poder político y la Socialización de los medios de producción”.                                                                           

Para este nuevo mundo, no hay arma más noble ni función estatal más sagrada que la Educación Pública. Entiende nuestro biografiado, que la técnica y la economía cambian constantemente, y solo a través de la instrucción el trabajador puede prepararse, elevar su mente y ser verdaderamente libre frente a la máquina y al patrón.

Esta nueva democracia busca aliviar los hombros del pueblo. Por eso, se negaba a aceptar los impuestos indirectos -aquellos que encarecían el pan, el abrigo y el consumo diario- con los que el Estado burgués asfixiaba, y abrumaba al trabajador. En su lugar, levantaba la voz contra los monopolios y los grandes latifundios, exigiendo impuestos progresivos sobre la tierra para que esta deje de ser un privilegio estéril.

Al mismo tiempo que rechazaba los impuestos injustos, le exigía al Estado que construyera instrumentos de protección social. Pedía e impulsaba la creación de instituciones públicas dedicadas a la asistencia, los seguros contra la desocupación y los accidentes, la higiene y la salud pública.

El sueño de la política obrera es abandonar los tiempos oscuros de la obediencia ciega y el garrote. Su anhelo más profundo es forjar una sociedad de hombres que quieran vivir libremente. Busca que las Leyes no se impongan por la fuerza, sino que nazcan del entendimiento común, para que el Ser Humano trabaje y conviva unido por los lazos luminosos de la Cooperación Voluntaria y la Solidaridad.

En 1911, llegó el gran socialista francés Jean Jaurès a la Argentina. Su visita parece ser motivada, esencialmente, para la refutación de la tesis de Enrico Ferri sobre la imposibilidad del socialismo en la Argentina, y da una serie de conferencias entre septiembre y octubre de ese año. En la línea de Juan B. Justo, agrega interesantes aportes para entender la concepción socialista de la democracia.  La democracia, para él, no es simplemente un sistema de leyes o una palabra escrita en un documento frío, se expresa como un cuerpo vivo que tiene que ser despertado por la lucha de clases.

La clase obrera es el nervio de la democracia. Así como el nervio es el impulso que da movimiento y sensibilidad al cuerpo, son los trabajadores quienes le han inyectado vida a esas ideas de papel, obligándolas a convertirse en una realidad palpable y eficaz. Gracias a la lucha incansable de los asalariados, la democracia dejó de ser un club privado para intentar abrazar a todos a través del sufragio universal, alcanzando así su verdadera fuerza y extensión.

Esta democracia necesita un corazón que lata con fuerza para no morir de apatía. Los trabajadores le prestan un segundo gran servicio: sacuden el espíritu público y obligan a la democracia a mantenerse despierta, organizándose en grupos y partidos impulsados por ideas. Fue un gran aporte al socialismo argentino la visita, en 1911, de uno de los mártires de la clase obrera.

En este momento histórico, con el Gobierno de los Estados Unidos en manos de un desembozado imperialista, y Gobiernos reaccionarios como el del Pinochetista José Antonio Kast en Chile, o el de Javier Milei, la noción de Democracia Obrera de Juan B. Justo, vuelve a tener una enorme relevancia para poder vislumbrar con esperanza, un Mundo donde la Justicia Social impere definitivamente. 

EL CORAJE DE APOSTAR AL FUTURO: CUANDO BRASIL DIJO «NOSOTROS PODEMOS»

DEL PRÉ-SAL A LAS TIERRAS RARAS, LA POLÍTICA AUTÓNOMA COMO HILO CONDUCTOR DE LA SOBERANÍA BRASILEÑA.

POR RAMIRO CAGGIANO BLANCO

15 de Mayo de 2026 – En un mundo sacudido por guerras comerciales, aranceles unilaterales y la militarización de las cadenas de suministro, Brasil ofrece una lección que trasciende fronteras: la soberanía no se decreta, se construye con coraje, inversión y visión de largo plazo. Dos episodios separados por dos décadas -el descubrimiento del pré-sal y la reciente regulación de las tierras raras- revelan un patrón que otros países del Sur global harían bien en estudiar y, sobre todo, imitar.

PRIMERA LECCIÓN (2003-2010): EL PRÉ-SAL Y LA APUESTA CONTRA TODO PRONOSTICO

Cuando Luiz Inácio Lula da Silva asumió la Presidencia en 2003, Petrobras era una empresa mixta con mayoría estatal que venía de una década de gestión neoliberal. La vieja guardia de la compañía tenía una prioridad clara: Estabilidad. No querían arriesgarse en nuevas prospecciones. El mantra era «no gastar, no arriesgar».

Lula y su equipo del Partido de los Trabajadores tenían otra idea: sin inversión no hay ganancias, y Brasil llevaba décadas buscando romper su dependencia del petróleo importado -una obsesión que se remontaba a la dictadura militar y que dio origen al programa Proálcohol-.

La decisión fue tomada a contramano del «sentido común» de la época: perforar a 7.000 metros de profundidad (2.000 metros de agua, 2.000 de roca, 2.000 de sal). Los técnicos más ortodoxos lo llamaban «Suicidio Técnico». Nadie en el mundo había logrado algo así a esa escala.

El coraje tuvo recompensa. A fines de 2006, Petrobras encontró petróleo ligero de altísima calidad en el Campo de Tupi (hoy Campo de Lula), bajo una gruesa capa de sal que se movía y era corrosiva. El hallazgo convirtió a Brasil en potencia petrolera.

Pero ahí no terminó la política autónoma. Lula enfrentó una segunda disyuntiva: comprar plataformas petrolíferas coreanas más baratas o construirlas en Brasil. La opción coreana ahorraba aproximadamente US$ 100 millones por plataforma. La decisión de Lula fue contundente:

«O nós tomamos a decisão de fazê-las aqui, gerando tecnologia, emprego, renda e desenvolvimento, ou a Petrobras vai economizar US$ 100 milhões e comprar todas em Cingapura

Construir en Brasil. El resultado: la industria naval brasileña, que empleaba 7.000 trabajadores en 2002, llegó a emplear 80.000 en 2014. Se crearon institutos técnicos, centros de formación y una Universidad Corporativa de Petrobras. Brasil no solo extrajo petróleo: aprendió a hacerlo con tecnología propia.

 SEGUNDA LECCIÓN (2024-2026): LAS TIERRAS RARAS Y EL NUEVO TABLERO GEOPOLÍTICO

Veinte años después, la historia se repite con otros actores pero el mismo espíritu. En 2024, el gobierno de Lula (ahora en su Tercera Presidencia) asistió a un hecho que encendió todas las alarmas nacionalistas: una empresa privada brasileña que explota tierras raras en Goiás recibió un gigantesco aporte de capital —aproximadamente US$ 465 Millones— de una agencia del gobierno de Estados Unidos.

El gobernador de Goiás, Ronaldo Caiado (Unión Brasil), salió a acusar al
Gobierno Federal de «entregar» las Riquezas Brasileñas a los «gringos». El tono subió rápidamente.

Pero los hechos son tozudos: la empresa era privada. El Gobierno Federal no había tenido ninguna participación en la operación. Y su producción era marginal, pues Brasil aún no domina el eslabón más valioso de la cadena: el refinamiento de tierras raras.

Sin embargo, la crítica nacionalista tenía un núcleo de verdad incómodo: Brasil carecía de un marco regulatorio para sus minerales estratégicos. Mientras el país posee la segunda mayor reserva de tierras raras del mundo, China domina el 90% del mercado de refino y ha reducido sus exportaciones como arma diplomática en la guerra comercial con Estados Unidos.

La respuesta de Lula fue rápida, quirúrgica y profundamente soberana:

1. Envió al Congreso un proyecto de ley que declara las tierras raras minerales estratégicos bajo jurisdicción federal.

2. El Congreso aprobó la iniciativa del Poder Ejecutivo.

3. Creó una comisión especial para mapear todos los minerales críticos (tierras raras, nióbio, lítio, titanio).

4. Estableció que ninguna empresa podrá ser vendida a inversores extranjeros sin autorización previa del gobierno federal.

El presidente fue explícito: «A hora que a gente der autorização para uma empresa e que ela achar, ela não pode ser vendida sem conversar com o governo e muito menos ela vai poder vender a área que tem o minério. Porque aquilo é nosso. Aquilo é de uma pessoa chamada ‘povo brasileiro’.»

EL MARCO REGULATORIO DE LA SOBERANÍA (MAYO DE 2026)

En la exacta víspera del viaje a Washington, Lula y el Congreso Nacional aprobaron un nuevo marco legal para el sector. Esta fue la materialización de la promesa de no repetir los errores del pasado mineral brasileño.

La nueva Política Nacional de Minerales Críticos establece un Trípode de Soberanía:

PilarDetalle
Fondo GarantizadorR$ 5 mil millones para fomentar la cadena productiva local
Créditos Tributarios       R$ 50 mil millones en incentivos fiscales para empresas que procesen minerales en territorio nacional
Jurisdicción Federal       Refuerzo de que el subsuelo pertenece a la Unión, blindando acuerdos estaduales aislados  

Este movimiento legislativo fue la «carta en la manga» de Lula en la reunión con Trump. El presidente pudo garantizar a los estadounidenses: «Hay seguridad jurídica nueva, pero exige que la industrialización ocurra aquí dentro.»

LO QUE EL MUNDO PUEDE IMITAR: TRES PILARES DE UNA POLÍTICA AUTÓNOMA EXITOSA

Estos dos episodios -separados por veinte años pero unidos por el mismo espíritu- permiten extraer lecciones valiosas para cualquier país que aspire a una verdadera Soberanía:

a. Coraje para invertir contra el «sentido común»

En el pré-sal, Brasil perforó donde nadie se atrevía. En las tierras raras, Brasil se negó a ser mero exportador de materia prima y exige valor agregado local. La Soberanía no es gratis: requiere inversión inicial y tolerancia al riesgo.

b. Marco regulatorio que antecede a la explotación

El pré-sal se benefició de décadas de desarrollo tecnológico en Petrobras. Las tierras raras están recibiendo ahora su marco legal. La lección es clara: no se puede esperar a que aparezca el inversor extranjero para pensar la soberanía.

c. Diplomacia de igual a igual

Ni sumisión a los «gringos» ni aislamiento autárquico. Lula le dijo a Trump en mayo de 2026: «inviertan en Brasil, pero dejen tecnología». A China le dice: «somos socios, no colonia». La política autónoma es eso: negociar desde la fuerza de los propios recursos.

LA CONSOLIDACIÓN DE LA ESTRATEGIA DE SOBERANÍA

Con la reunión de Mayo de 2026, queda claro que la política autónoma diseñada en el pré-sal ha madurado. Brasil no está más solo reaccionando a oportunidades o amenazas; está protagonizando la articulación de su propio desarrollo.

Para Estados Unidos: Brasil se presenta como el socio estratégico para romper el Monopolio Chino, pero con la condición innegociable de la transferencia de tecnología y la industrialización local.

Para China: Las palabras de Lula sirven como un recordatorio de que la Asociación Económica (China es el mayor socio comercial de Brasil desde 2008) es valorada, pero no será exclusiva ni subordinada.

EL DESAFÍO QUE PERSISTE

Brasil aún tiene cuentas pendientes. Si bien logró dominar la extracción en aguas ultraprofundas para el petróleo, en tierras raras el país todavía no domina el refinamiento —el eslabón donde más valor se agrega. Hoy, el mineral sale de Goiás como materia prima y vuelve como producto manufacturado de China o Estados Unidos.

Ese es precisamente el próximo paso. Así como la decisión de construir plataformas en Brasil creó 80.000 puestos de trabajo y una Universidad Corporativa, la regulación de los minerales críticos deberá venir acompañada de inversión en tecnología de refinamiento.

Pero al menos ahora hay un camino trazado. Y ese camino se llama: coraje, política autónoma y Soberanía.

CONCLUSIÓN

En un Mundo donde la Geopolítica talla cada ver con más fuerza, Brasil ha demostrado que es posible una tercera vía: ni alineamiento servil ni hostilidad sistemática, sino negociación dura con los propios recursos como carta de triunfo. El coraje político de no tener miedo de sentarse a la mesa con todas las potencias, aliado a un marco regulatorio propio aprobado en la víspera de la reunión, consagra la política de Soberanía Brasileña. Esta vez, el «Norte» no es Washington ni Pekín, es la industria y el empleo dentro del territorio Brasileño. Este es el modelo a ser imitado: AUTONOMÍA PARA NEGOCIAR DE IGUAL A IGUAL.

LA PARTIDA SE JUEGA EN OTRO TABLERO

MIENTRAS LA ARGENTINA CONSUME ENERGÍA POLÍTICA EN DISPUTAS IDEOLÓGICAS QUE MIRAN HACIA ATRÁS, EL ORDEN GLOBAL SE REORGANIZA A UNA VELOCIDAD SIN PRECEDENTES: LA MANUFACTURA AVANZA CON AUTOMATIZACIÓN E INTELIGENCIA ARTIFICIAL, LAS CADENAS DE VALOR SE FRAGMENTAN Y RELOCALIZAN, Y LAS POTENCIAS EMERGENTES CONSTRUYEN BLOQUES QUE NO ESPERAN CONSENSO DE NADIE. EL DEBATE DOMÉSTICO SOBRE EL PASADO NO ES INOCENTE: TIENE UN COSTO DE OPORTUNIDAD QUE SE PAGA EN PRESENTE Y SE COBRA EN FUTURO.

POR ANTONIO MUÑIZ

En 1978, cuando China inició su apertura económica bajo las reformas de Deng Xiaoping, producía menos del 3% de la manufactura mundial. Hoy concentra el 30% de ese total —casi el doble de lo que genera la economía estadounidense—. En menos de cincuenta años superó a las naciones más industrializadas en sectores completos: construcción naval, energías renovables, vehículos eléctricos, baterías e inteligencia artificial.

Este ascenso de China a potencia política y económica no es un dato más de la macroeconomía global: es la evidencia más contundente de que el mundo ya no funciona con las reglas que moldearon la segunda mitad del siglo pasado.

Lo que está en marcha es un reequilibrio hegemónico del poder geopolítico con consecuencias directas sobre el margen de maniobra de todos los países. La historia muestra que muchas veces esta lucha por la hegemonía global, empieza con conflictos políticos y comerciales, pero puede terminar, como ocurre hoy, en guerras localizadas, que a su vez, pueden escalar a contiendas globales.

Esto es lo que necesitas saber sobre la extensión de la tregua comercial entre EE.UU. y China

Pero, más allá de los peligros de la situación, para quienes saben leerlo, el nuevo mapa ofrece oportunidades inéditas. Para quienes lo ignoran —o lo niegan— acumula costos que se pagarán durante generaciones.

LA FÁBRICA DEL MUNDO Y LA REVOLUCIÓN VERDE

La construcción naval ilustra el vuelco con precisión quirúrgica: hace apenas diez o quince años, Corea del Sur era el mayor productor de barcos del mundo; hoy China produce el doble. En energías renovables, el liderazgo es aplastante: en 2024 instaló más capacidad fotovoltaica que los nueve países siguientes del ranking combinados, alcanzó 315 gigavatios anuales y cumplió su objetivo de 1.200 gigavatios de energía solar y eólica seis años antes de lo previsto. El impacto sobre los precios mundiales es determinante: los módulos fotovoltaicos cayeron más de un 80% en siete años —de 0,55 a menos de 0,10 euros por vatio-pico entre 2017 y 2024—. La energía solar se convirtió en la fuente de generación eléctrica más barata del mundo. La transición verde dejó de ser un privilegio del Norte Global: China la convirtió en un bien de consumo masivo para economías con recursos moderados.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: LA DISRUPCIÓN DENTRO DE LA DISRUPCIÓN

Sobre ese reordenamiento manufacturero opera una segunda transformación, todavía más profunda en sus consecuencias sociales: la irrupción de la inteligencia artificial como factor productivo de primera magnitud. La IA no es una tecnología más que se suma al arsenal industrial existente; es una tecnología de propósito general —como lo fue la electricidad o el motor a vapor— que está rediseñando la lógica misma de la producción, el trabajo y la organización económica.

La paradoja es brutal. China es el principal socio comercial de Argentina desde hace más de una década. Los ingresos del agro —la base de las reservas del Banco Central— dependen en proporción determinante de la demanda china. El swap con el Banco Popular de China, que Milei renovó a pesar de su retórica, financia parte de las reservas internacionales.

La política exterior privilegió el gesto ideológico por sobre cualquier evaluación objetiva del interés nacional. Y alinearse sin condiciones tampoco garantiza previsibilidad: los intereses estratégicos de Estados Unidos bajo el trumpismo se colocan por encima de cualquier compromiso previo, sin excluir el uso directo de la fuerza. Hasta el momento, las políticas de Donald Trump, han mostrado un carácter errático, que van llevando a EEUU a una pérdida de poder y prestigio.


Argentina rechazó los BRICS cuando ese bloque representaba el 39% del PBI mundial y cuando China era ya su principal socio comercial. La ideología se impuso sobre cualquier cálculo de interés nacional.


LA OPORTUNIDAD QUE NADIE APROVECHA

El problema estructural no es sólo el gobierno actual: ningún sector con capacidad de gobernar ofrece una visión estratégica sobre la inserción del país en el nuevo orden.

No hay debate serio sobre política industrial, sobre integración regional, sobre cadenas de valor en la transición energética ni sobre cómo capturar parte de la carrera global en inteligencia artificial. El país tiene los recursos para insertarse en el nuevo orden, minerales en el NOA, capacidades técnico – científicas en sectores claves, una base agroindustrial con potencial de valor agregado, energía en la Patagonia y una geografía que lo conecta con el Atlántico Sur y los corredores bioceánicos.

Brasil, India y Turquía, por ejemplo, ejecutan políticas de inserción autónoma que diversifican alianzas sin subordinarse a ningún bloque. Argentina, en cambio, se alinea acríticamente con EEUU e Israel, aislándose cada vez más del mundo, enfrascado en la batalla ideológica marginal.


China concentra el 30% de la manufactura global, la energía solar es hoy la más barata de la historia, la inteligencia artificial remodela la faz productiva y laboral de todas las economías y los BRICS superan al G7 en peso económico.


El mundo que viene estará dominado por la política industrial de la transición energética, el control de las rutas logísticas, la carrera en inteligencia artificial, las nuevas tecnologías y la restructuración de cadenas de valor en torno a quienes controlen los recursos estratégicos, los datos, los algoritmos y la infraestructura de cómputo.

Ninguno de esos ejes aparece como prioridad central en el debate político argentino. Esa ausencia no es inocente. Es la marca más precisa del fracaso de toda una clase dirigente — política, empresaria, gremial, social, intelectual, etc – que sigue disputando sobre los paradigmas del siglo XX mientras el XXI avanza aceleradamente. Esta orfandad intelectual tiene costos: costos que no paga la dirigencia, sino la sociedad entera y sobre todo las generaciones futuras.

FUENTES:
OIT / NASK, ‘Generative AI and Jobs: A Refined Global Index of Occupational Exposure’ (mayo 2025). UNCTAD, Informe sobre Tecnología e Innovación 2025. Oficina Nacional de Estadísticas de China (enero 2025). SolarEurope / Infobae (mayo 2025). IEA-PVPS / Autosolar (abril 2026). Studia Politicae, Laporte & Corigliano (2025). Friedrich Ebert Stiftung / Esteban Actis (septiembre 2025). Council on Foreign Relations (2025). Radio Gráfica / Treber (octubre 2025). CEBRI-Revista. El Cronista (enero 2026). Ha-Joon Chang, University of Cambridge.


LA NUEVA CUESTIÓN COLONIAL DEL SIGLO XXI

POR ARIEL ROLFO

Durante mucho tiempo, la Soberanía Nacional fue pensada a partir de categorías clásicas: territorio, fronteras, recursos naturales, moneda, defensa, leyes e instituciones propias. Un País era considerado Soberano si podía controlar su espacio físico, administrar sus riquezas, dictar sus normas y decidir su destino político sin subordinación directa a una potencia extranjera.

Sin embargo, en el Siglo XXI esa definición resulta insuficiente ya que una parte decisiva del poder se organiza en un espacio menos visible pero profundamente estratégico: el Espacio Digital. Contemporáneamente una parte creciente del poder ya no se ejerce solamente sobre territorios visibles, sino sobre infraestructuras invisibles: redes, plataformas, datos, algoritmos, nubes digitales, sistemas de inteligencia artificial, cables submarinos, centros de cómputo, software, estándares técnicos y dispositivos de vigilancia. Allí circulan los datos de la población, se forman opiniones, se entrenan sistemas de inteligencia artificial, y se define una parte creciente de la vida económica, cultural y política de las naciones.

Allí funcionan los servicios públicos, se administran infraestructuras críticas, se procesan pagos, se organiza buena parte de la economía, la comunicación pública, la administración estatal, la seguridad, la educación, la salud, las finanzas y hasta la formación de la opinión política.

Por eso, la pregunta central de nuestra época ya no es únicamente quién controla la tierra, la energía, los alimentos o la moneda. Para un país periférico, dependiente o perteneciente al Sur Global, la digitalización no es una cuestión meramente técnica. Es una cuestión de poder. La pregunta decisiva no es si un país debe incorporar tecnología, sino quién controla esa tecnología, quién controla los datos, las plataformas, los algoritmos y la infraestructura digital que ordenan la vida colectiva. Quién captura su valor, quién define sus reglas y en beneficio de qué proyecto nacional se la utiliza.

Para una nación periférica, dependiente o perteneciente al Sur Global, esta cuestión adquiere una importancia estratégica. La digitalización puede ser una herramienta formidable de desarrollo, inclusión, eficiencia pública y democratización del conocimiento. Pero también puede convertirse en una nueva forma de subordinación, si el país se limita a consumir tecnologías extranjeras, entregar datos, pagar licencias, depender de nubes privadas, usar inteligencia artificial cerrada y aceptar que su esfera pública sea organizada por plataformas que responden a intereses externos.

La alternativa histórica puede formularse con claridad: Soberanía Digital o Colonialismo Digital. Es decir, una digitalización orientada por una estrategia nacional, democrática, productiva y regionalmente articulada; o una digitalización subordinada, donde el país entrega datos, mercado, atención, recursos y talento, pero no controla las infraestructuras, los algoritmos, las plataformas ni las rentas principales del nuevo orden tecnológico.

La disyuntiva, entonces, no es tecnología sí o tecnología no. La verdadera disyuntiva es otra: soberanía digital para ser un pais soberano o colonialismo digital que nos condena a seguir siendo un pais dependiente. Es decir, digitalización gobernada por un proyecto nacional, democrático y productivo o una digitalización subordinada a corporaciones y potencias que capturan datos, rentas, conocimiento y capacidad de decisión.

1º) EL NUEVO ROSTRO DE LA DEPENDENCIA

El colonialismo clásico se basaba en la ocupación territorial, la extracción de recursos naturales, el control de rutas comerciales y la imposición política directa. El colonialismo digital contemporáneo opera de otra manera. No necesita necesariamente ejércitos ni administradores coloniales visibles. Su poder se despliega mediante plataformas, nubes privadas, software cerrado, cables submarinos, centros de datos, sistemas operativos, algoritmos opacos, propiedad intelectual, dependencia de hardware y control de estándares técnicos.

En este esquema, los países periféricos suelen aportar usuarios, datos, mercado, atención, fuerza de trabajo tecnológica barata, recursos naturales críticos e infraestructura territorial. Pero no retienen en igual medida valor económico, propiedad intelectual, capacidad industrial, conocimiento estratégico, soberanía fiscal, autonomía regulatoria ni control algorítmico.

La vieja división centro-periferia se actualiza. Antes, la periferia exportaba materias primas e importaba manufacturas. Hoy entrega datos, comportamiento social, talento y consumo digital, mientras importa plataformas, algoritmos, inteligencia artificial, nube, chips, software y patentes. Y lo más peligroso en esta última alternativa es el control del estado privatizando el manejo informatico digital del mismo a manos de multinacionales extranjeras al servicio del Hegemon Colonial, que en el caso argentino claramente es el Poder Anglosajon. 

Así, un país puede parecer moderno porque usa aplicaciones, inteligencia artificial, fintech, comercio electrónico o plataformas educativas, pero seguir siendo estructuralmente dependiente si no controla las cadenas de valor principales. De allí surge una distinción decisiva: digitalizar no es soberanía. Digitalizar es incorporar tecnología; soberanía es construir capacidad nacional para gobernarla.

2º) QUÉ SIGNIFICA SOBERANÍA DIGITAL

La soberanía digital no debe confundirse con aislamiento tecnológico, autarquía informática o cierre de internet. Tampoco debe usarse como excusa para el control autoritario de la sociedad. Su sentido más sólido es otro: construir autonomía estratégica en un mundo interdependiente.

Un país soberano digitalmente no es aquel que produce todo por sí mismo, sino aquel que puede decidir qué tecnologías adopta, auditar los sistemas que utiliza, proteger sus datos sensibles, regular plataformas y proveedores, evitar dependencias irreversibles, negociar transferencia tecnológica, formar capacidades nacionales y garantizar continuidad operativa ante crisis, sanciones o bloqueos.

La soberanía digital es, por lo tanto, una forma de interdependencia gobernada. No consiste en desconectarse del mundo, sino en participar en él sin quedar capturado por infraestructuras, corporaciones o potencias que condicionen la capacidad nacional de decisión.

En términos políticos, implica que el Estado y la sociedad puedan ejercer control democrático sobre los sistemas digitales críticos que organizan la vida colectiva: identidad, pagos, registros públicos, salud, educación, justicia, seguridad, tributación, comunicaciones, datos, inteligencia artificial y ciberseguridad.

3º) LOS DATOS COMO RECURSO ESTRATÉGICO

Los datos son uno de los recursos centrales del siglo XXI. Tienen valor económico, pero también político, científico, cultural, militar y administrativo. Permiten entrenar modelos de inteligencia artificial, anticipar conductas sociales, segmentar electorados, diseñar políticas públicas, orientar consumos, controlar flujos económicos y producir inteligencia estratégica.

Por eso, el problema no se reduce a la privacidad individual, aunque esta sea indispensable. También existe una dimensión colectiva: los datos producidos por una sociedad son un activo nacional y comunitario.

Cuando los datos sanitarios, fiscales, educativos, biométricos, territoriales o productivos de un país son capturados por plataformas o proveedores extranjeros sin control democrático, sin tributación suficiente y sin transferencia tecnológica, se configura una forma de extractivismo digital. La sociedad produce información; otros la procesan, monetizan y convierten en poder.

Una política soberana debe clasificar los datos según su sensibilidad. Los datos críticos del Estado y de la ciudadanía deben permanecer bajo control nacional estricto. Otros pueden circular internacionalmente, pero bajo reglas claras de interoperabilidad, trazabilidad, consentimiento, auditoría, reciprocidad y protección jurídica.

La pregunta política de fondo es simple: ¿los datos nacionales serán mercancía privada de plataformas globales, recurso cerrado de burocracias estatales o patrimonio estratégico regulado democráticamente?

4º) INFRAESTRUCTURA: LA SOBERANÍA INVISIBLE

La soberanía digital comienza en una base material muchas veces ignorada: cables submarinos, fibra óptica, satélites, redes móviles, centros de datos, puntos de intercambio de internet, energía, hardware, semiconductores y sistemas de nube.

Estas infraestructuras determinan la autonomía real del Estado. Si los datos públicos se alojan en nubes extranjeras, si los sistemas fiscales o sanitarios dependen de proveedores externos, si la conectividad nacional pasa por nodos controlados desde afuera o si las comunicaciones estratégicas carecen de protección soberana, la  independencia política queda parcialmente vaciada.

No todo debe ser estatal pero lo estratégico no puede quedar completamente subordinado. Un país necesita, como mínimo, capacidad propia o control público efectivo sobre nube gubernamental, datos sensibles, identidad digital, ciberseguridad, claves criptográficas, registros maestros, sistemas de pagos, infraestructura de conectividad y continuidad operativa del Estado.

La dependencia más peligrosa es la que no se ve. Cuando una Nación ignora dónde están sus datos, quién administra sus servidores, bajo qué jurisdicción operan sus sistemas y qué empresas controlan sus servicios esenciales, la soberanía se erosiona irremediablemente y sin escrutinio público.

5º) INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y DEPENDENCIA COGNITIVA

La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria para salud, educación, justicia, agricultura, industria, administración pública, seguridad y gestión ambiental. Pero también puede inaugurar una dependencia más profunda: la dependencia cognitiva.

Esto ocurre cuando un país adopta modelos de IA entrenados con datos, lenguas, valores y prioridades del Norte Global, sin capacidad de auditoría ni adaptación local. En ese caso, no solo importa herramientas: importa criterios de clasificación, jerarquías de conocimiento, sesgos culturales y formas externas de interpretar la realidad.

La IA no es neutral. Todo sistema algorítmico responde a datos de entrenamiento, decisiones de diseño, intereses económicos y marcos culturales. Si los modelos usados en áreas públicas no respetan el idioma, la historia, las condiciones sociales y las necesidades nacionales, la tecnología puede terminar reforzando la subordinación.

Una política soberana de inteligencia artificial debe desarrollar datasets (conjunto de datos) nacionales y regionales, modelos adaptados a lenguas y contextos propios, centros públicos o regionales de cómputo, auditoría algorítmica, investigación universitaria, capacidades técnicas estatales y reglas estrictas para proveedores externos.

La pregunta no es si usar o no inteligencia artificial. La pregunta es otra: ¿la IA fortalece capacidades nacionales o tiene sesgos que profundiza la dependencia económica, tecnológica y cognitiva?

6º) PLATAFORMAS DIGITALES Y DEMOCRACIA

Las grandes plataformas digitales no son simples empresas de comunicación. Son infraestructuras privadas de la esfera pública. Definen arbitrariamente qué se ve y qué se oculta, qué se viraliza, qué se monetiza, qué se censura, qué se recomienda y qué se vuelve socialmente relevante.

Esto afecta directamente la democracia, la sociedad y la conciencia nacional. En países periféricos o institucionalmente frágiles, las plataformas pueden amplificar campañas de desinformación, polarización social, manipulación electoral, debilitamiento del periodismo local y dependencia comunicacional.

Pero la respuesta no puede ser censura estatal ni vigilancia masiva sino Regulación Democrática Soberana. La soberanía digital democrática debe evitar dos peligros: que plataformas extranjeras gobiernen la conversación pública sin responsabilidad, y que el Estado use la soberanía como excusa autoritaria.

La regulación democrática debe incluir transparencia algorítmica, protección de datos, defensa de la competencia, responsabilidad ante daños, reglas sobre publicidad política, debido proceso en moderación de contenidos y mecanismos de supervisión pública.

La democracia del Siglo XXI necesita reglas públicas para plataformas privadas que ya ejercen funciones de poder público.

7º) ECONOMÍA POLÍTICA DEL COLONIALISMO DIGITAL

El Colonialismo Digital produce varias formas de extracción.

Primero, extractivismo de datos: la población genera información que es procesada y monetizada fuera del país.

Segundo, renta tecnológica externa: el Estado, las empresas y los ciudadanos pagan licencias, nube, software, publicidad y servicios digitales sin desarrollar capacidades equivalentes.

Tercero, evasión o elusión fiscal digital: las plataformas capturan ingresos en mercados nacionales, pero muchas veces tributan por debajo del valor que extraen.

Cuarto, dependencia de plataformas: sectores como transporte, comercio, educación, comunicación y trabajo quedan mediados por empresas externas.

Quinto, desindustrialización tecnológica: el país consume soluciones digitales, pero no produce hardware, software, IA, ciberseguridad ni propiedad intelectual suficiente.

El resultado es una modernización dependiente: se incorporan tecnologías avanzadas, pero se profundiza la subordinación estructural. Por eso, una política digital soberana debe ser también política industrial, fiscal, educativa, científica y productiva.

El objetivo no debe ser simplemente usar tecnología, sino capturar valor, formar talento, generar empresas nacionales, impulsar investigación, exigir transferencia tecnológica y orientar la innovación hacia un proyecto de desarrollo.

8º) GEOPOLÍTICA DIGITAL Y TERCERA POSICIÓN DIGITAL

El orden digital mundial está organizado por grandes polos. Estados Unidos expresa el modelo corporativo-plataformizado: Big Tech, capital de riesgo, nube, sistemas operativos, publicidad digital e inteligencia artificial privada. China representa un modelo de soberanía tecnológica estatal, plataformas nacionales, fuerte inversión en infraestructura y expansión internacional mediante equipamiento y redes. La Unión Europea intenta ocupar el lugar de potencia regulatoria, con énfasis en protección de datos, competencia, derechos digitales y regulación de IA.

El Sur Global enfrenta otro desafío: inclusión digital, conectividad, transferencia tecnológica, financiamiento, infraestructura, autonomía regulatoria y capacidad de negociación.

Para una nación soberanista, la respuesta no debe ser alineamiento automático con ninguno de los polos. Lo necesario es un no alineamiento digital activo, o una Tercera Posición Digital: negociar con todos, subordinarse a ninguno y preservar el control nacional sobre datos, infraestructura y decisiones estratégicas.

Esto implica diversificar proveedores, exigir transferencia tecnológica, evitar dependencias irreversibles, participar en foros multilaterales, coordinar regulación regional, proteger datos nacionales y construir infraestructura compartida Sur-Sur.

La neutralidad pasiva no alcanza. La autonomía estratégica exige inteligencia geopolítica.

9º) REGIONALISMO DIGITAL SOBERANO

Ningún país periférico aislado posee suficiente escala para negociar en igualdad de condiciones con las grandes corporaciones tecnológicas. Por eso, la soberanía digital debe pensarse también en clave regional.

El regionalismo digital soberano permitiría compartir centros de datos, construir cables regionales, coordinar nubes públicas interoperables, crear sistemas de pagos regionales, armonizar protección de datos, negociar tributación digital conjunta, desarrollar IA en lenguas y contextos propios, coordinar ciberseguridad, crear estándares comunes y aumentar poder de negociación.

Esta perspectiva actualiza el espíritu de Bandung de los paises no alineados del Tercer Mundo del Siglo XX para la era digital del Siglo XXi: una cooperación Sur-Sur orientada no solo a resistir la dependencia, sino a construir capacidades colectivas.

La soberanía digital nacional se fortalece cuando se articula regionalmente. Cooperar no debilita la autonomía; la hace materialmente posible.

10º) RIESGOS: FALSO SOBERANISMO DIGITAL

Un Proyecto de Soberanía Digital debe cuidarse de sus propias deformaciones.

La primera es el Autoritarismo Digital: usar la Soberanía como pretexto para vigilancia masiva, censura, persecución política o cierre arbitrario de internet.

La segunda es el Soberanismo Retórico: proclamar autonomía tecnológica mientras se siguen comprando sistemas cerrados, tercerizando datos críticos y careciendo de inversión real en capacidades nacionales.

La tercera es el Aislamiento Tecnológico: imaginar que un país puede producirlo todo solo y desconectarse de las cadenas globales sin costo.

La cuarta es la Captura Oligopólica Local: reemplazar monopolios extranjeros por monopolios nacionales sin control democrático ni competencia.

La quinta es la Burocratización: crear infraestructuras públicas ineficientes, inseguras o capturadas políticamente.

Por eso, la fórmula no puede ser simplemente “Más Estado”. Debe ser más capacidad pública, más transparencia, más Derechos, más Control Democrático, más competencia y más inteligencia estratégica nacional.

11º) PROPUESTAS PARA UNA SOBERANÍA DIGITAL DE LA NACIÓN

Una estrategia nacional de soberanía digital debe ser selectiva, estratificada y cooperativa. Selectiva, porque no todo tiene igual importancia. Estratificada, porque cada capa requiere una forma distinta de control. Cooperativa, porque la autonomía real no se logra en soledad.

La orientación general puede resumirse así: controlar lo esencial, regular lo importante, diversificar lo externo y cooperar para ganar escala.

1º) CREAR UNA DOCTRINA NACIONAL DE SOBERANÍA DIGITAL
El país necesita una doctrina que defina activos críticos, amenazas, prioridades, instituciones responsables y criterios de seguridad, desarrollo, derechos y democracia. La Soberanía Digital debe ser política de Estado, no consigna ocasional.

2º) CONSTRUIR INFRAESTRUCTURA PÚBLICA CRÍTICA

Se requiere capacidad nacional o regional en nube soberana, centros de datos, puntos de intercambio de internet, redes troncales, ciberdefensa, sistemas de continuidad operativa, identidad digital, firma digital y control de claves.

3º) GOBERNAR ESTRATÉGICAMENTE LOS DATOS
Debe establecerse una clasificación de datos por sensibilidad, con protección reforzada para información biométrica, fiscal, sanitaria, educativa, judicial, territorial, productiva y de seguridad social. Los datos deben servir al desarrollo nacional, no a la extracción privada sin control.

4º) IMPULSAR SOFTWARE LIBRE, ESTÁNDARES ABIERTOS E INTEROPERABILIDAD
El Estado debe priorizar sistemas auditables, portables y sustituibles. En áreas críticas, la regla debe ser: abierto por defecto; propietario solo con justificación técnica, económica y soberana verificable.

5º) DESARROLLAR INTELIGENCIA ARTIFICIAL SOBERANA
La nación debe invertir en datasets (grupos de datos) propios, modelos adaptados a su idioma y realidad, centros de cómputo, investigación universitaria, formación técnica, auditoría algorítmica y regulación de IA aplicada al Estado.

6º) REGULAR DEMOCRÁTICAMENTE LAS PLATAFORMAS
Las plataformas deben someterse a reglas de transparencia algorítmica, competencia, protección de datos, publicidad política, responsabilidad ante daños y debido proceso en moderación de contenidos.

7º) FORTALECER CIBERSEGURIDAD Y CRIPTOGRAFÍA ESTATAL
La protección de infraestructura crítica exige capacidades nacionales de respuesta a incidentes, certificación digital, gestión de claves, cifrado, firma digital, auditoría y defensa cibernética.

8º) USAR COMPRAS PÚBLICAS ESTRATÉGICAS
Todo contrato tecnológico relevante debe incluir transferencia de conocimiento, capacitación local, interoperabilidad, auditoría, residencia o control de datos, cláusulas de salida y participación de capacidades nacionales.

9º) IMPLEMENTAR FISCALIDAD DIGITAL
Las plataformas transnacionales deben tributar allí donde generan valor. Esa recaudación debe financiar conectividad, ciencia, tecnología, infraestructura pública, alfabetización digital y ciberseguridad.

10º) FORMAR TALENTO NACIONAL
No hay soberanía digital sin programadores, ingenieros, científicos de datos, especialistas en IA, ciberseguridad, derecho digital, infraestructura y gestión tecnológica pública. La soberanía empieza también en escuelas, universidades, institutos técnicos y laboratorios.

11º) PROTEGER DERECHOS DIGITALES
La política digital debe garantizar privacidad, libertad de expresión, acceso universal, transparencia, debido proceso algorítmico, no discriminación y control ciudadano. Sin derechos, la soberanía degenera en control.

12º) CONSTRUIR ALIANZAS REGIONALES
La Nación debe promover nubes regionales, cables compartidos, sistemas de pagos, cooperación en IA, defensa cibernética conjunta, estándares comunes y negociación colectiva con grandes proveedores.

13º) INTEGRAR POLÍTICA DIGITAL, ENERGÉTICA Y AMBIENTAL
La digitalización tiene base material: consume energía, agua y minerales, y genera residuos electrónicos. Una soberanía digital seria debe incorporar sostenibilidad, economía circular y justicia ambiental.

CONCLUSIÓN: CON DIGITALIZAR NO ALCANZA

La Soberanía Digital no es un asunto técnico reservado a especialistas. Es una Cuestión Nacional. Define quién gobierna los datos, quién controla la infraestructura, quién diseña los algoritmos, quién captura las rentas, quién organiza la esfera pública y quién decide las condiciones de la vida social digitalizada.

El colonialismo digital no siempre se presenta como dominación. Muchas veces llega con el lenguaje de la innovación, la eficiencia, la modernización y la conectividad. Pero detrás de esa promesa puede consolidarse una estructura de dependencia donde los países periféricos entregan datos, pagan rentas, consumen tecnologías cerradas y pierden capacidad de decisión.

La respuesta no puede ser aislamiento ni estatismo autoritario. Debe ser una soberanía digital democrática, productiva, regional, abierta, auditable y orientada al desarrollo nacional.

La consigna política de esta época debería ser:

DIGITALIZAR NO BASTA. HAY QUE SOBERANIZAR LA DIGITALIZACIÓN

Porque en el Siglo XXI no habrá Soberanía Nacional Plena sin Soberanía Digital. Pero tampoco habrá Soberanía Digital Legítima sin Democracia, Derechos, capacidades productivas, control público y cooperación regional.

LA GESTIÓN PULLARO AUMENTÓ X 6 LA ENERGÍA ELÉCTRICA Y X 15 AGUAS SANTAFESINAS

Entrevistamos al Diputado Provincial por el Bloque «Construyendo Futuro», Miguel Rabbia. Charlamos sobre la situación del Partido Justicialista en la Provincia de Santa Fe y lo que aconteció en la reciente Reunión realizada en la ciudad capital de nuestra Provincia.

También abordamos su tarea legislativa en la Cámara de Diputados de la Provincia y la delicada situación política a nivel Nacional:

«Venimos con un contexto Nacional y Provincial con complejidades y no escapó esta situación a la Reunión en el Partido donde estuvieron referentes de todos los sectores y en ese sentido, hablamos de la importancia del Partido Judicialista para sentar un mojón de discusión de las cosas en las que no coincidimos ni con el Gobierno Nacional ni con el Gobierno Provincial, porque parece que muchas cosas van en sintonía».

«Observamos que ambos gobiernos atentan de frente y de lleno contra el mundo del trabajo. Tal es así que la gestión de Milei viene dejando miles y miles de familias fuera del sistema laboral. Y lo mismo está ocurriendo en la provincia de Santa Fe. Cada hora, cada hora de gestión del Gobernador Pullaro significa una pérdida, un puesto menos de empleo formal. Cada hora hay un empleo formal menos en la provincia de Santa Fe y cada 8 horas de que arrancó la la gestión Pullaro se cierra una Empresa en la Provincia de Santa Fe y esta es la sintonía que encontramos, y la necesidad como partido de expresarnos de que este no es el Modelo que nosotros queremos para nuestra comunidad».

«No queremos un Modelo que empobrece a la familia Santafesina como lo hace cada vez que aumenta los servicios que brinda el Estado, como es la energía eléctrica, como es la empresa de Aguas Santafesinas, que la energía eléctrica multiplicó por 6 el costo de la energía desde que Pullaro ingresó, y la empresa Aguas Santafesinas por 15, los impuestos inmobiliarios, patentes, todo le ha ganado la inflación. Lo único que no le ganó a la inflación son los Salarios que paga Pullaro a los Docentes, a los Trabajadores de la Salud y distintas dependencias del Estado Provincial».

«Todo eso ha estado a la baja y tiene un 30% por debajo de lo que debería de haber llegado a este momento, lo cual no solo perjudica a los trabajadores del Estado y sus familias que ven sus mesas cada vez más flacas, sino que también perjudica a toda la Economía local, regional. Los barrios y los Pueblos de la provincia de Santa Fe tienen mucho más movimiento cuando a los trabajadores del Estado le va mejor y tienen un peso en el bolsillo. Por que? ¿Adónde gasta el sueldo el Trabajador del Estado? En el pueblo, en el barrio. No hacen inversiones transnacionales».

«Entonces, esta lógica también ha perjudicado a la dinámica de la Economía de la Provincia de la bota Santafesina. Entonces, todas estas cosas aparecieron en las alocuciones que tuvimos en en el Partido Peronista, en la sede del P.J. en la ciudad de Santa Fe, porque es algo que nos preocupa y en lo cual el Partido tiene que cumplir con su rol democrático e institucional de expresar las cosas como las ve».

«Y nosotros desde los lugares legislativos, los intendentes que estaban, bueno, nos expresamos permanentemente en este sentido, pero necesitamos el acompañamiento del rol institucional del P.J. para también ratificar las cosas que observan de igual manera que nosotros como actores, en este caso de la función política».

«Soy un trabajador de la salud, tuve la posibilidad de recibirme de Médico a los 23 años de edad gracias a esta oportunidad única que nos da la Argentina de tener la universidad pública y gratuita. No es un detalle menor que pública gratuita gracias a una gestión del general Perón que en su momento así lo llevó adelante. No fue una expresión de deseo, sino que fue una realidad gracias a Perón».

«Y hace algo más de 32 años que llevo de de de ejercicio y de trabajo, me considero un Trabajador. Y en la legislatura expresé lo mismo, Trabajo.

«Tal así que en promedio he estado por arriba de los 120 Proyectos Legislativos presentados por año de gestión, lo cual realmente me pone muy arriba de la media. Puedo contarte que hay legisladores que han presentado en todo un año 1 o 2 Proyectos. Me considero un Trabajador, por eso también defiendo al Mundo del Trabajo, porque digo, acá hay una confusión también. Los que nos llamamos clase media, no somos clase media, somos clase Trabajadora, porque si dejamos de trabajar al otro día somos pobres».

«La clase media es la que no necesita trabajar para sostener un estándar de vida. Al menos en el mundo es así. Acá lo hemos cambiado alguna vez. Bueno, pero en este sentido he trabajado muchos proyectos vinculados a la salud. Muchos Proyectos vinculados a mejorar la calidad del servicio del I.A.P.O.S., la obra social de los empleados estatales, y la salud pública en general, y en ese sentido me he movido».

«También he presentado Proyectos de Seguridad, he trabajado fertemente el tema de las adicciones, el tema de salud mental, que es un agobio en el Mundo, pero que también llega acá a la Provincia de Santa Fe y llega a cada una de las localidades, a cada uno de los barrios y a cada uno de los hogares».

«Y en esto el Estado tiene que ser un facilitador para el desarrollo de la familia. Para nosotros el esquema trabajo, que es el gran organizador social, es el gran dignificador de la familia: el Trabajo».

«Y ahí va la segunda cuestión. La célula básica social que tenemos que cuidar a ultranza es la familia, que se conforme como quiera, pero la familia, ese lugar que te acompaña y en donde vos encontrás el consejo oportuno, el más sincero, el de tus padres, el de tu hermanos, el de tu pareja para poder transitar de la mejor manera la vida».

A continuación la Entrevista completa que podés ver en Nuestro Canal de YouTube: