Unos de los mayores problemas de nuestra historia es el ocultamiento de acontecimientos importantes que han marcado la vida de nuestros próceres. Han transformado a hombres y mujeres notables en seres desapasionados, asexuados, carentes de toda vida emotiva. Manuel Belgrano no es la excepción. Este venerable compatriota fue un hombre de lucha cuya vida, sus enconados enemigos, transformaron en un calvario. No pudo, o no quiso, tener una vida familiar estable puesto que el centro de gravedad de su existencia fue un denodado amor por su patria.
Fue acusado de muchas cosas, incluso de ser homosexual, lo que no sería ningún problema, si el apelativo no le fuera impuesto para descalificarlo por una rancia sociedad conservadora. Tomás de Iriarte, contemporáneo suyo, dice en sus Memorias: (Belgrano) “…era en extremo delicado en su porte, y sus hábitos afeminados diametralmente opuestos a los de un soldado…”. Otros, lamentablemente, han hecho afirmaciones mucho peores.
Pero la verdad histórica es otra, como nos relata Lucía Gálvez en su libro Historias de amor de la historia argentina. Manuel Belgrano tuvo muchos amores y en medio de las luchas por la emancipación, floreció varias veces para nuestro arquetipo. Uno de ellos tuvo un fruto santafesino. Manuel Belgrano y María Josefa Ezcurra tuvieron, muy jóvenes, un fogoso amor, pero los padres de ella se opusieron y la obligaron a casarse con otro hombre. Por suerte para ellos, ese esposo se fue a España y nunca regresó.
Años después, cuando Belgrano estaba combatiendo muy lejos en el Norte, María Josefa, a la sazón hermana de Encarnación Ezcurra, esposa de Juan Manuel de Rosas, viajó muchos días para reencontrarse con él en la frontera de guerra. Allí quedó embarazada. Como ella seguía casada en los papeles, tener este bebé era un escándalo enorme para la época.
Para esconder el secreto, buscaron un lugar tranquilo en la provincia de Santa Fe, donde el niño nació en 1813 y fue anotado en la iglesia como si fuera un huérfano. Para que el bebé estuviera a salvo y bien cuidado, lo adoptó la hermana de María Josefa junto a su esposo. El niño creció llamándose Pedro Pablo Rosas, pensando que su verdadera madre era su tía.
Ricardo R. Benavides, en un trabajo publicado por la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe, dice al respecto: “Así fue que se eligió la estancia de unos amigos, muy cercana a la ciudad de Santa Fe; probablemente una propiedad de Francisco Antonio Candioti, o de Gregoria Pérez de Denis, aunque algunos historiadores sostienen que podría tratarse de un establecimiento rural de Juan Manuel de Rosas ubicado en cercanías de la Villa del Rosario. Lo cierto es que el 29 de julio de 1813 nació el niño que fue anotado y bautizado en la Iglesia Matriz (Catedral) como huérfano o expósito, partida en la que su madre figura como madrina de bautismo”.
Lucía Gálvez nos comenta sobre la madre de Pedro y los prejuicios de la época que tuvo que soportar: “María Josefa, pues, era a los veintisiete años, una casada con la libertad de una viuda. Aunque los enemigos de Rosas la pintaron años después como una bruja, María Josefa era muy buena moza, decidida y apasionada. Su retrato, ya mayor, la muestra con una irónica sonrisa que revela sentido del humor, mientras sus cabellos lacios y negros, rostro fino y lindos ojos y su inmaculada mantilla sobre el vestido de raso revelan una mujer que ha sido bella y coqueta”.
Cuando Pedro cumplió 24 años, y se desempeñaba como juez de paz y comandante militar interino en Azul, Rosas le contó la gran verdad: su padre era en realidad Manuel Belgrano. Lleno de orgullo, el joven decidió unir sus dos raíces, y se llamó para siempre Pedro Pablo Rosas y Belgrano.
En Azul, se consolidó como un emprendedor y protegió a la población de los ataques indígenas. En 1840 ya figuraba como capitán del 5º escuadrón de Milicias de Caballería. Durante el sitio de Montevideo, cumplió una misión secreta ante Oribe por encargo del Gobernador de Buenos Aires, pero tras la caída de este en Caseros, se puso al servicio de Justo José de Urquiza.
Felipe Pigna, en su libro Manuel Belgrano: El Hombre del Bicentenario, nos informa: “En 1851, Pedro se casó en la Iglesia de Azul con Juana Rodríguez. La madrina de boda fue su madre, María Josefa Ezcurra. Para entonces, Pedro y Juana ya tenían dos hijas -Dolores, nacida en 1844, y Juana Manuela en 1847-, a las que se sumaría Juan Manuel, en 1856. Federal, Pedro Rosas y Belgrano se opuso a la Secesión de Buenos Aires en 1852; se sumó a las fuerzas de la Confederación y estuvo a punto de ser fusilado tras ser vencido en Chascomús en enero de 1853. Lo salvó ser hijo de Belgrano y la presión de diplomáticos extranjeros”.
El Gobernador Pastor Obligado le otorgó el grado de Coronel efectivo el 18 de Julio de 1853. Regresó a Azul, pidió la baja en 1855 por temas personales, y a principios de 1859 volvió a ofrecer sus servicios a Urquiza. Fue enviado desde Paraná junto al Teniente Coronel Federico Olivencia, para levantar a los indígenas del sur contra Buenos Aires.
Esta marcha concluyó al firmarse la paz de San José de Flores en noviembre de 1859. Tras la batalla de Pavón, pasó al cuerpo de inválidos y falleció el 26 de setiembre de 1863 en su casa ubicada en la calle Belgrano de la ciudad de Buenos Aires.
Bartolomé Mitre en su clásico trabajo de 701 páginas sobre Manuel Belgrano, no hace ninguna referencia al hijo varón de uno de los más grandes argentinos. Pasaron décadas para que la verdad saliera con fuerza a la luz pública, y pudiéramos recuperar al hombre de carne y hueso que nos legara la inmortal Bandera.
VAS A SER EL MÁS PREMIADO DE LA MORGUE (PATRICIO REY Y SUS REDONDITOS DE RICOTA).
POR ALEJANDRO MARCÓ DEL PONT
En algún lugar de la memoria colectiva europea, entre el polvo de los archivos y las fotografías sepia, permanece la imagen de aquella sala cargada de humo en Berlín, el 20 de Febrero de 1933. Veinticuatro hombres, los barones del acero, la química y la banca teutona, la elite alemana se sentaban frente a un cabo bohemio de bigote ridículo para entregarle las llaves del Reich.
Éric Vuillard, en su escalofriante crónica de El orden del día, reconstruyó aquella escena con la precisión de un forense, dejándonos la lección más amarga de la historia económica del Siglo XX. Las catástrofes no las provocan los locos, sino los hombres respetables que firman los cheques. Pero hay una verdad aún más oscura que subyace en aquella reunión, una que los historiadores oficiales suelen omitir en sus eufemismos. Aquellos veinticuatro caballeros no solo traicionaron a la democracia de Weimar; iniciaron el mayor ejercicio de despojo, expoliación y sumisión de las clases trabajadoras que Europa hubiera conocido.
Hay similitudes entre el periodo de entreguerras (1918-1939) y la situación actual con las élites europeas. El paralelismo es llamativo, aunque no exactos, la historia no se repite idénticamente, pero rima. En ambos casos, las élites económicas, políticas e intelectuales europeas percibieron una amenaza existencial a su orden liberal/capitalista y responden con estrategias de contención, rearme ideológico y apoyo selectivo a fuerzas «defensoras» del statu quo, a menudo con un giro hacia posiciones más derechistas.
De la lectura se desprende que las élites europeas quieren tres cosas al mismo tiempo: contener a Rusia, reconstruir el poder geopolítico europeo y descargar el costo de la crisis sobre el trabajo y el bienestar social. El problema es que esas tres metas chocan entre sí,: la militarización exige gasto público; la competitividad demanda salarios más bajos y ajustes, y la cohesión política se debilita cuando la población percibe que paga el precio de una estrategia diseñada desde arriba.
Para comprender la magnitud de este despojo, hay que mirar sin anestesia lo que ocurre en el corazón industrial de Europa. El motor de Europa se está apagando, y esto no es un misterio, sino el resultado de la ruptura del modelo de negocios alemán (gas ruso barato + manufactura de alta calidad + exportación a China). Recientemente, a finales de Junio de 2026, se anunció que Volkswagen planea cerrar cuatro plantas en Alemania y despedir a 100.000 trabajadores en todo el mundo. El colapso del modelo alemán no es un accidente, es una reestructuración de clase planificada.
Esto refleja una desindustrialización acelerada donde los costes energéticos y las regulaciones verdes destruyen el tejido industrial tradicional. La vieja burguesía industrial europea está sufriendo, pero esto abre la puerta a que los capitales financieros y los fondos de inversión (muchos de ellos estadounidenses o vinculados a las grandes gestoras de activos) adquieran activos europeos a precios de remate, reconfigurando la propiedad de la industria hacia un modelo más financiero y menos productivo.
El capital financiero no necesita fábricas en el Ruhr; necesita bonos verdes, derivados de carbono, algoritmos de gestión de datos y activos comprados a precio de saldo. El despojo consiste en transferir la riqueza pública y productiva a los balances privados de los fondos de inversión, dejando a la ciudadanía con las migajas de una economía de servicios precarizados.
Mientras Alemania es vaciada de su poderío productivo, Londres y París arden en un caos político que sirve como la cortina de humo perfecta para esta operación. El desastre político del Reino Unido, atrapado en la trampa del Brexit y en una sucesión de gobiernos débiles, la fragmentación de Francia, con la extrema derecha acechando el Eliseo y una izquierda irreconciliable, son presentados por los medios hegemónicos como la crisis de la democracia. Nada más lejos de la realidad. Este caos es la condición de posibilidad para el verdadero objetivo de las elites. La construcción del Estado de la Vigilancia.
En la cúspide de esta arquitectura del despojo se erigen tres pilares fundamentales que operan en perfecta simbiosis para garantizar que la riqueza fluya hacia arriba y el control se imponga hacia abajo. El primero de estos pilares es la ingeniería ideológica y moral representada por George Soros y su red de Fundaciones por una Sociedad Abierta. Soros no es un simple filántropo; es el jefe de inteligencia ideológica de las elites transnacionales. Su función en esta transición del bienestar a la vigilancia es crucial: reemplazar la soberanía popular por una red de ONG, think tanks y activismo legal que dicta los límites de lo pensable.
Las Open Society Foundations no buscan el bienestar material de las clases bajas; buscan la sumisión ideológica. Financian la «sociedad civil» que exige la apertura de fronteras (para garantizar un flujo de mano de obra barata y precaria que presione los salarios a la baja) y que, al mismo tiempo, exige la censura de cualquier discurso que desafíe el consenso tecnocrático de Bruselas. Soros provee el marco moral que justifica el Estado de la Vigilancia, bajo la premisa de proteger la «democracia liberal» y los «derechos humanos», se legitima la persecución legal, financiera y mediática de cualquier disidencia. Es la vigilancia del pensamiento, la policía de la moralidad que asegura que las masas empobrecidas no culpen al sistema financiero, sino a los chivos expiatorios de turno.
El segundo pilar es la banca de la reestructuración y el parasitismo financiero, encarnado históricamente por la dinastía Rothschild y, hoy, por la red de bancos de inversión y gestoras de activos globales. Si el Estado del Bienestar se financiaba con los impuestos al trabajo y a la producción nacional, el nuevo Estado de la Vigilancia y el Cuartel se financia con deuda. Aquí es donde se consuma el gran despojo económico. Las elites financieras utilizan las crisis que ellas mismas provocan o exacerban para rescatar a los Estados no con dinero gratuito, sino con deuda impagable. A cambio de esta deuda, los Estados europeos están obligados a hipotecar sus infraestructuras públicas, sus sistemas de pensiones y sus recursos naturales.
Rothschild & Co y sus pares asesoran la privatización silenciosa de lo que queda del patrimonio público. Cada vez que un Estado europeo necesita emitir deuda para mantener a flote su maltrecho sistema de salud o para financiar el déficit energético, los fondos de inversión globales compran esa deuda, exigiendo a cambio «reformas estructurales», es decir, recortes en el gasto social, aumento de la edad de jubilación y flexibilización laboral. El despojo es la financiarización de la vida misma: el capital financiero se alimenta de la sangre del Estado social, absorbiendo la riqueza de las generaciones presentes y futuras para inyectarla en los mercados de activos globales.
El tercer pilar, y quizás el más visible en su brutalidad, es el complejo militar-industrial europeo. La provocación y el enquistamiento del conflicto con Rusia no son un error de cálculo diplomático; son la gallina de los huevos de oro del nuevo modelo de acumulación. El Estado del Bienestar gastaba dinero en construir hospitales, escuelas y redes de transporte, bienes que mejoraban la vida de la población y fortalecían su capacidad de organización.
El Estado del Cuartel gasta ese mismo dinero en comprar drones, misiles y sistemas de vigilancia a corporaciones privadas como Rheinmetall, BAE Systems o Thales. Este es el secreto a voces de las elites europeas. La guerra y la amenaza de guerra son el único keynesianismo que les queda. Ante la imposibilidad de generar crecimiento real en una economía desindustrializada y envejecida, la única forma de inyectar dinero público en la economía sin que la población lo reclame en forma de bienestar social es a través del gasto militar.
Las elites europeas necesitan a Rusia como el enemigo existencial para justificar el aumento exponencial de los presupuestos de defensa. Este gasto público es una trasferencia directa de riqueza de los contribuyentes europeos a los accionistas del complejo militar-industrial. Es el despojo definitivo: obligar a una clase media empobrecida a pagar con sus impuestos los dividendos de las empresas que fabrican las armas que amenazan su propia seguridad.
Y conectando, orquestando y beneficiándose de estos tres pilares se encuentra el gran depredador, la entidad que ha trascendido la mera influencia para convertirse en el verdadero soberano de Europa, BlackRock. Larry Fink y su fondo de catorce billones de dólares no son un actor más en el mercado; son la encarnación del feudalismo financiero global. BlackRock es el dueño de la sustitución del Estado del Bienestar por el Estado de la Vigilancia y el Cuartel porque BlackRock es accionista mayoritario de todo lo que compone este nuevo sistema.
Poseen las acciones de las empresas de energía que estrangulan a la industria alemana; poseen la deuda de los Estados francés y británico que los obliga a recortar los servicios públicos; poseen las empresas tecnológicas que proveen los algoritmos de vigilancia y censura, y, por supuesto, son los principales accionistas de Rheinmetall y de las grandes corporaciones de defensa.
BlackRock no tiene patria, no tiene lealtad a la constitución de ningún Estado europeo y no rinde cuentas ante ningún electorado. Para BlackRock, la «transición verde» no es una necesidad ecológica, es un mecanismo para crear nuevos mercados de activos financieros y destruir la vieja industria que exige derechos laborales. Para BlackRock, la guerra en Ucrania no es una tragedia humanitaria, es una oportunidad para lanzar Exchange Traded Fun (ETFs), o fondo cotizado de defensa europea y capitalizar el miedo. BlackRock es el nuevo Krupp, el nuevo Siemens, el nuevo IG Farben, pero multiplicado por mil y liberado de cualquier atadura territorial.
Las elites europeas ante la pregunta de si son parte del desastre o los ganadores, la hipótesis y el concepto de «Capitalismo de Crisis» sugiere que la facción tecnocrática, financiera y verde está ganando. La teoría de las elites sugiere que están utilizando la crisis para consolidar el poder supranacional de la Unión Europea y evolucionar su marco legal hacia una mayor centralización.
Si aplicamos a esta Europa, la de 2026, el marco analítico que Ian Kershaw desarrolló en su magistral “Descenso a los infiernos”, el paralelismo no es solo perturbador, es revelador de la intencionalidad de las elites. Kershaw identificó cuatro motores que empujaron a Europa al abismo entre 1914 y 1949: las tensiones nacionalistas, las disputas territoriales, los conflictos de clase y las crisis del capitalismo. Pero su gran lección es cómo las elites conservadoras y financieras utilizaron estos motores para justificar la destrucción de la democracia y los derechos sociales.
En los años treinta, el pánico sistémico de las elites ante el comunismo y la revolución obrera las llevó a apoyar, financiar y armar a los movimientos fascistas. Necesitaban un leviatán que aplastara a los sindicatos, eliminara el derecho a huelga y sometiera a la clase trabajadora a la disciplina de la economía de guerra. El fascismo no fue un accidente histérico de las masas; fue la solución de emergencia de las elites para salvar el capital mediante el terror de Estado.
Al igual que en el periodo de entreguerras, las elites actuales están dispuestas a sacrificar la democracia liberal, el bienestar social y la paz para garantizar la seguridad del capital y su propia supervivencia en la cúspide de la pirámide. Utilizan la amenaza de Rusia y China como el nuevo «peligro bolchevique», un chivo expiatorio geopolítico que les permite imponer medidas de austeridad, recortar libertades civiles y desviar el presupuesto público hacia el aparato de seguridad. El enemigo externo es la coartada perfecta para el despojo interno.
El despojo se ha vuelto invisible, automatizado y aceptado como «sentido común» por una población que ha sido educada para temer más al «discurso de odio» o a la «desinformación» que, a la pobreza, a la guerra o a la pérdida de su soberanía. Las elites han logrado que los propios ciudadanos se vigilen, se delaten y se autocensuren, externalizando la función de la policía política a la propia sociedad civil, esa misma que Soros y sus O.N.G. han meticulosamente adiestrado en la pureza moral y la obediencia tecnocrática.
Al destruir el Estado del Bienestar, las elites europeas han eliminado el colchón de contención social. Han sustituido la esperanza por el miedo, y el miedo, cuando se acumula durante demasiado tiempo en una población acorralada, no genera sumisión; genera una presión explosiva. El despojo tiene un límite físico. Cuando la clase media europea ya no pueda pagar la calefacción, cuando los trabajadores de las ciudades desindustrializadas no tengan nada que perder, cuando la realidad material de la pobreza y la guerra llame a sus puertas, ninguna ley de «desinformación» y ningún algoritmo de vigilancia podrá contener la furia de una sociedad a la que se le ha robado el futuro.
La historia, como Kershaw demostró y como Vuillard noveló, suele castigar esa arrogancia. Las catástrofes históricas rara vez son causadas por monstruos sádicos al principio; son causadas por elites conservadoras, banqueros y tecnócratas que creen que pueden gestionar el caos para proteger sus privilegios. Las elites europeas actuales, al financiar la guerra contra Rusia y permitir la desindustrialización de Alemania, están caminando por el mismo precipicio, convencidas de que su ingeniería financiera y militar las salvará.
Pero los nuevos veinticuatro caballeros, los Soros, los Rothschild, los Fink, los Von der Leyen, los Macron, no han aprendido la lección de sus predecesores. Creen que esta vez será diferente. Creen que el Monstruo les obedecerá. La historia, terca y repetitiva, les recordará que los monstruos nunca obedecen a quienes los financian. Europa, una vez más, desciende a los infiernos. Y esta vez no habrá un 1945 que la rescate de sí misma.
OTRA VEZ ARGENTINA EN LA FINAL DE UN CAMPEONATO MUNDIAL DE FÚTBOL
CON LAS ASISTENCIAS DE LIONEL MESSI LLEGARON LOS GOLES DE ENZO FERNÁNDEZ Y LAUTARO MARTINEZ, PARA REMONTAR EL 0-1 FRENTE A INGLATERRA
EL REMATE DE ENZO FERNÁNDEZ SUPERA AL ARQUERO INGLES Y ARGENTINA EMPATA EL PARTIDO EL CABEZAZO DE LAUTARO MARTINEZ SE CONVIERTE EN EL SEGUNDO GOL DE LA SELECCIÓN ARGENTINA Y CONSIGUE EL PASE A LA FINAL EN LA BÚSQUEDA DEL BICAMPEONATO
El enfrentamiento futbolístico entre Argentina e Inglaterra evidentemente posee una significación que excede ampliamente la confrontación deportiva, existe en el mismo una emocionalidad y un Significante que no aparece en enfrentamiento con otras Selecciones Nacionales. Ello se debe a que este evento funciona para grandes sectores de la población como un espacio de Condensación Simbólica: ademas de la rivalidad deportiva concentra memorias históricas, emociones colectivas, conflictos políticos y representaciones de la Nación.
Aquellos que solo ven esto exclusivamente como una confrontación deportiva tienen una mirada reduccionista y superficial de lo complejo de este evento particular.
Desde una perspectiva sociológica, la Selección Argentina es uno de los principales dispositivos o entes de identificación colectiva del país. Durante un Mundial, una sociedad atravesada por divisiones políticas, económicas y culturales se encuentra temporalmente identificada como una Comunidad Unificada. La Camiseta, el Himno y la Bandera, los anhelos compartidos de la Nación convierten este evento en una experiencia emocional compartida común y producen una forma de efervescencia colectiva nacional.
Cuando el adversario es Inglaterra, esa experiencia adquiere una intensidad especial por un poderoso condimento particular: la cuestión Malvinas. Las Islas del Atlántico Sur representan una sentida Reivindicación Soberana permanente del Pueblo Argentino, una herida a causa de una Usurpación Histórica del territorio todavía vigente y una memoria colectiva con una conciencia social vinculada con la Guerra de 1982, los caídos, los veteranos y sus familias. Malvinas reúne así varios significados: territorio reclamado, causa diplomática, herida histórica, símbolo anticolonial, demanda de reconocimiento, que lo constituye en un Significante Relevante de la Conciencia Nacional inescindible de la Identidad Argentina.
Esa memoria es también intergeneracional. Incluso quienes no vivieron la Guerra recibieron sus sentidos a través de la escuela, las familias, los testimonios de los combatientes, los actos públicos, los medios y la cultura popular. Por eso, el enfrentamiento deportivo con Inglaterra reactiva emociones concomitantes que significativamente no aparecen con la misma fuerza ante otras Selecciones.
El Mundial de 1986 tambien ocupa un lugar decisivo en esta construcción simbólica de la Conciencia Nacional. Apenas cuatro años después de la guerra, la victoria argentina sobre Inglaterra fue vivida por amplios sectores como una reparación simbólica. No fue una revancha real, porque ningún gol puede recuperar territorios ni compensar la pérdida de vidas. Sin embargo, ofreció una escena en el mundo simbólico en la que Argentina podía imponerse al país que la había derrotado militarmente.
Diego Maradona fue central en la transformación de aquel partido en Mito Nacional. Su figura por su desempeño encarnó al Héroe Popular surgido de los sectores humildes, capaz de enfrentar a los poderosos mediante talento, rebeldía y astucia. La “Mano de Dios” fue interpretada como picardía frente al poder; el segundo gol, como expresión indiscutible de Genialidad y Superioridad. Desde entonces, Maradona funciona como un puente simbólico entre Fútbol, Pueblo, Nación y Malvinas.
Esta rivalidad también se vincula con el sentir de vastos sectores poblacionales portadores de una tradición de la cultura política argentina que concibe al país en tensión con los centros de poder anglosajones. Dentro de ese imaginario, Inglaterra aparece asociada con el Colonialismo y con la persistencia de una situación territorial no resuelta en el Atlántico Sur. El partido puede ser leído, entonces, como una representación simplificada simbólica de la relación entre centro y periferia, potencia y Nación que reclama Autonomía.
Los medios y algoritmos de las Redes Sociales amplifican esta carga emocional mediante la repetición de imágenes de Malvinas, Maradona y 1986. No crean estas emociones desde cero, pero las organizan y dramatizan.
Este significante tambien surge explicitado en La carta abierta de la Confederación de Veteranos Combatientes en Malvinas que sostiene precisamente que la Identidad Argentina no se suspende durante un partido y que esa reivindicación puede expresarse naturalmente en esta confrontación sin hostilidad hacia otro Pueblo.
Por eso es necesario evidenciar que esta es otra forma de expresar Patriotismo, de recordar Malvinas, de Homenajear a los Combatientes o afirmar pacíficamente la Soberanía, lo que puede considerarse una expresión legítima de Identidad Nacional en una confrontación con la Contraparte Identitaria.
Tambien es de evidenciar que tampoco es desconocido el hecho que los poderes politicos suelen utilizar estos grandes “Distractivos Sociales“ para realizar con una cierta impunidad sus tropelías o actos de gobiernos aberrantes, pero para poder impedirlo hace falta formar conciencia politica y pensamiento critico en la población, no heretizar un evento que emocionalmente suele galvanizar en la mayor parte de la Ciudadanía Argentina sentimientos de Patriotismo y un efecto de Comunidad.
En definitiva, Argentina–Inglaterra es un acontecimiento especial porque reúne en forma Simbólica y compleja componentes como: Identidad Nacional, sentido de Comunidad, Patriotismo, la causa Malvinas, la Memoria de 1982, la Reparación Simbólica de 1986, el Mito de Maradona, la tradición Antiimperialista y la búsqueda de Reconocimiento Nacional. El partido no recupera territorios ni reemplaza una política de Estado, pero tampoco es un hecho socialmente neutro o meramente deportivo por más que para algunos asi lo sea.
Argentina no juega un partido de futbol militarmente por Malvinas, pero tampoco juega simbólica y emocionalmente al margen de Malvinas.
El resultado pertenece al deporte; pero la Intensidad Emocional Patriótica Multifacetica del evento se nutre y pertenece a la Memoria Política, a la Conciencia Social y al Acervo Cultural de la Nación.
ALEJANDRO CIRO ÁLVAREZ, SUB-SECRETARIO DE POLÍTICAS UNIVERSITARIAS Y JAVIER GERARDO MILEI, PRESIDENTE DE LA NACIÓN ARGENTINA.
COMUNICADO DE LA COAD POR LAS REPERCUSIONES DE LA PROYECCIÓN DEL DOCUMENTAL «LA GRAN PALESTINA» EN LA FACULTAD DE HUMANIDADES Y ARTES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO
Consideramos intolerable las acciones de censura y amedrentamiento llevadas a cabo por el Presidente Milei y el Sub-Secretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, quienes pretenden sancionar a compañerxs de la U.N.R. por realizar una actividad de difusión sobre el Genocidio al Pueblo Palestino perpetrado por el Estado de Israel.
La condena al genocidio es un compromiso ético, político y humanitario que debe asumir la Universidad Pública en su conjunto. La democracia, el pluralismo y la libertad de expresión son pilares esenciales de la comunidad universitaria. Los defendemos y practicamos cotidianamente, en todas las actividades gremiales, de lucha y de deliberación que realizamos como docentes.
No menos condenable es el proceder del Rector Bartolacci, quien en lugar de defender la libertad de expresión de su comunidad se hizo eco de la intimación del Gobierno Nacional. Advertimos a las autoridades de la U.N.R., y en particular al Rector, que la censura y la intervención del Área Jurídica de la Universidad para sancionar a Compañerxs no será tolerada. No aceptamos el ejercicio de ninguna Policía del Pensamiento que pretenda establecer qué actividades y temas pueden ser debatidos en la Universidad y cuales no.
Desde COAD llevaremos a cabo las Acciones Gremiales necesarias para defender la Autonomía Universitaria, la Libertad de Cátedra, la Libertad de Expresión y los Puestos de Trabajo de Lxs Compañerxs.
La difusión y denuncia de un genocidio, en este caso el perpetrado contra el pueblo palestino, es en si misma un acto contra la crueldad, contra el silencio y en favor de la vida y la paz. Perseguir a quienes denuncian esta matanza significa un acto de complicidad con los genocidas.
La Lucha contra el Genocidio no necesita de avales institucionales ni de autorizaciones oficiales. Sin embargo, y en pos de la apelación de la autoridades de la U.N.R. a una instancia jurídica, cabe mencionar que el Genocidio contra el Pueblo Palestino está reconocido por la Organización de las Naciones Unidas. También distintas instancias de co-gobierno de la Universidad se han expresado en repudio del mismo.
Expresamos nuestra solidaridad con lxs compañerxs de la Cátedra Libre «Said-Fanon. Acercamientos a las Sociedad del Sur Global», organizadores de la actividad denunciada por el Presidente y el Sub-Sec de Políticas Universitarias.
La Selección Nacional ya se encuentra en Semifinales del Campeonato Mundial de Fútbol 2026. Disputará un lugar en la Final si supera a Inglaterra.
Es la tercera vez que se enfrentan en Campeonatos Mundiales, teniendo como antecedentes un 2 a 1 en el Mundial de México del’86, pasando a semifinales, y en el Mundial organizado por los Ingleses en 1966, donde el resultado le fue adverso por 1 a 0, permitiendo al equipo local pasar a semifinales.
Argentina irá por el pase a la Final, en la búsqueda del Bicampeonato, en un Mundial en el que por primera vez participan Seleccionados de 48 Naciones.
En un clima enrarecido por los acontecimientos geopolíticos. Recordemos la participación del Equipo de Irán, cuyo país es atacado militarmente por uno de los países organizadores de esta Copa del Mundo, y que tuvo que sufrir el asedio de controles excesivos y el constante traslado de un país a otro para poder disputar sus partidos en la fase de grupos, y que fuera eliminado en esta instancia.
Y en lo que respecta a Nuestro País, la campaña montada a través de las redes sociales contra su máxima figura Lionel Messi, y contra el país, desvirtuando los méritos ganados en la disputa deportiva.
Hay que remontarse en el tiempo para ubicar un gran camino por el cual los entrenadores de la A.F.A. han llevado al fútbol argentino a estar en la cima de los grandes, y ese es el antecedente del Entrenador del Mundial de 2014 disputado en Brasil, Alejandro Javier Sabella, coronándose Sub-Campeón al perder la final contra Alemania por 1 a 0.
En ese camino, el elegido por el “Chiqui” Tapia, en el Año 2018 fue Lionel Sebastián Scaloni, Director Técnico que llegaba sin antecedentes importantes, pero que, con una tarea de equipo, centrándose en el juego vistoso y en las grandes individualidades de este momento, nos llevó a obtener la 3er. Copa Mundial en Qatar del Año 2022.
[*]NOTA EDITORIAL PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA N° 32 – JULIO DE 2026
JUGADORES CRISTIANOS ASIRIOS INTEGRANTES DEL SELECCIONADO IRAQUÍ
POR NÉSTOR ANTONIO SULEIMAN[*]
En distintos medios del Creciente Fértil (Oriente Medio) se han publicado variedad de informaciones acerca de la participación de «jugadores árabes de origen cristiano».
En esta oportunidad quiero destacar un artículo de J.R. Younan publicado en AINA ( Agencia Información Nacional Asiria), donde sostiene que la histórica clasificación de Irak al Mundial de 2026 generó entusiasmo para muchos asirios (minoría cristiana), pero también puso en evidencia una contradicción: mientras el Estado iraquí celebra la herencia asiria-babilonica como parte de su identidad nacional, sigue negando a los legítimos derechos a pueblos indígenas.
En este caso se hace referencia a una representación inédita, en relación a la integración en el plantel iraquí de cuatro jugadores de origen asirio, un espacio muy significativo en el equipo de futbol, si se considera que los asirios representan menos del 1 % de la población del país.
Se trata de una mixtura de orgullo y frustración para la comunidad cristiana en general. Si bien existe una celebración por la presencia de jugadores asirios en el campeonato mundial, para los propios cristianos de esa comunidad emergen una tristeza y amarga experiencia por las reiteradas oportunidades donde el Estado iraquí sigue invisibilizando la identidad histórica de esos pueblos originarios de la Mesopotamia.
La apropiación simbólica de símbolos de la antigua Irak, usar referencias y diseños con nombres alusivos a las civilizaciones mesopotamicas, forman parte de un formato de uso reiterado de los que conducen el Estado iraquí, una situación qué sigue reclamando un mayor reconocimiento político y cultural de parte de esos grupos minoritarios postergados en el seno de esa sociedad.
Mientras los «Leones de Babilonia «, hacían su presentación en el Campeonato Mundial de Fútbol 2026, la comunidad portadora del espíritu del pasado glorioso de Irak, siguió con las denuncias sobre confiscación de tierras, inseguridad, atentados contra las iglesias, una situación que no ha cambiado desde 2003, cuando la Mesopotamia fue ocupada por fuerzas extranjeras occidentales con la asistencia de la teocracia persa. En efecto, en irak, de acuerdo a un censo oficial realizado en el mes de febrero del mismo año de la ocupación, el relevamiento había concluido con la cantidad de un poco más de un millón quinientos mil cristianos, hoy apenas llegan a doscientos cincuenta mil. La disminución de la población cristiana en Irak fue producto de permanentes persecuciones por parte de las milicias sectarias y la complicidad de los gobernantes qué sistemáticamente se encargaron de excluir a las minorías.
El fútbol y la política se mezclan, luego la Identidad Nacional aflora, pero seguramente con una clara distinción para los jugadores asirios: «usar la camiseta, no implica necesariamente respaldar todas las políticas del Estado.»
La presencia de jugadores asirios en la Selección de Irak seguirá motivando el orgullo y la pertenencia a una identidad , pero también refleja las tensiones existentes entre la visibilidad cultural de la antigua civilización asiria estampada en el perfil de esa comunidad postergada en sus derechos politicos y culturales.
En el Parlamento Iraquí la cuota de bancas para minorías (según la Carta Magna) están ajustada a la cantidad de 9 legisladores sobre un total de 329 representantes, de las cuales 5 son para los cristianos repartidos entre los distintos grupos de iglesias. De este panorama «Democrático», generalmente la intervención del Estado termina manipulando las listas de candidatos, tratando ubicar sus preferencias, como siempre en detrimento de la propia comunidad cristiana.
[*]NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA N° 32 – JULIO DE 2026
Los Mundiales de Fútbol surgen como soporte del Capitalismo del Siglo XX. En 1929 se reúnen por un Mundial de Fútbol la FIFA con países europeos; en Barcelona se decide por Uruguay que se compromete a financiar el viaje de las Selecciones. Y se decide jugarlo en 1930.
Era muy caro viajar a países sudamericanos y no era fácil organizar ni financiar un campeonato de Fútbol. Uruguay venía de ser campeón olímpico de fútbol y eso es importante para decidirse por ese país. La FIFA había surgido en París en 1904; algunos países europeos deciden fundar una organización del fútbol.
¿Lo curioso? Inglaterra no participa, siendo el país donde surgió el fútbol en el Siglo XIX. Recién un año después se incorpora a FIFA.
Cuando se decide un Mundial varios paises proponen organizarlo, pero se decide por Uruguay por una cuestión comercial y de organización: país emergente y que se compromete a construir uno de los estadios de fútbol más grandes del mundo, que será el Centenario. No hubo eliminatorias y los participantes fueron invitados.
¿Por qué Inglaterra no participa? El Reino Unido no se abre al mundo porque piensa que su Capitalismo es fuerte y porque estaba peleada con la FIFA desde 1928 (recién en 1946 vuelve a FIFA. Inglaterra no participa de los tres primeros mundiales).
Estados Unidos participa como país en crecimiento económico pese a su crisis financiera. Egipto es invitada y no llega a tiempo a Uruguay por un retraso del barco donde eran transportados los jugadores y se debe reestructurar rápido las rondas.
Fue un Mundial bisagra para el fútbol. Comienza la Globalización del Capitalismo y el fútbol poco a poco deja de ser un deporte de integración para pasar a ser un deporte de mercado.
¿Qué significa jugar con Inglaterra? En 1966, en el Mundial de Inglaterra, Antonio Ubaldo Rattín protagoniza un hecho muy significativo: se burla de la Bandera Inglesa y de su Reina. Ese hecho genera con los años una rivalidad futbolera histórica. Hasta tuvo trascendencia política.
Cuando Maradona hace su mítico gol con la mano no solamente hace un gol; rompe con la tradición del fútbol «limpio y correcto» y transgrede el orden del sistema fútbol: un sudaca negrito como el Diego le toca el culo a la Inglaterra en decadencia, y con «trampa» en el juego le hace un gol.
Inglaterra ya no era potencia, la Segunda Guerra Mundial creó otra potencia: Estados Unidos. El país yanqui desplaza a la Inglaterra Colonial que se queda en tradición y mito.
Maradona jugaba con el cuerpo y buscaba la pelota. Se ponía al hombro al equipo y lo hacía jugar colectivamente. A diferencia de Messi que no busca la pelota y las jugadas las genera después de que le acomodan el juego. El equipo juega para él. Pero eso es otra cuestión y es una lectura personal mía. El fútbol tiene su lectura, pero también es fútbol y casi siempre no tiene razones ni lógica.
Maradona es parte del Mercado que lo usa y lo descarta cuando ya les molesta. Y Messi también es usado por el Mercado y por ahora le sirve a los Mercados; Messi responde al ideal del Capitalismo Siglo XXI: no opina de política, no es populista, se reúne con los Jefes Políticos de la Derecha y tiene empatía con todos. Es Servicial al Sistema porque es un emergente del Fútbol Mercado.
Hay que ganarle a Inglaterra, porque es por Honor, por Gloria y porque Somos un País Pobre contra un Mito del Capitalismo como Inglaterra.
La mano de Dios es una mano que se juega nuevamente el 15 de Julio de 2026. Pero la mano de Dios tiene 40 años y hace 40 años el Mundo era otro.
Estamos en 2026 y el Mundo responde a otros intereses y la coyuntura es otra.
¡VAMOS SELECCIÓN!!! EL FÚTBOL NO TIENE RAZONES PERO A SU VEZ TIENE RAZONES.
HAY FRASES QUE PARECEN SALIDAS DE UN MANUAL, PERO QUE EN REALIDAD SON UN BOOMERANG POLÍTICO.
NEWSLETTER ENERGÉTICO DEL CENTRO DE ECONOMÍA POLÍTICA ARGENTINA (C.E.P.A.)
La última ocurrencia del vocero presidencial, Adrián Ravier, de sugerir que los argentinos se «abriguen más» para no encender la calefacción no es una recomendación ingenua. Es un síntoma de una concepción del Estado que, ante el frío, responde con un eslogan en lugar de una política pública.
Pero para entender el peso de estas palabras, hay que volver a 1959. En plena Presidencia de Frondizi, el entonces Ministro de Economía, Álvaro Alsogaray, lanzó aquella frase que se convertiría en epitafio de una época: «hay que pasar el invierno». No era un consejo climático, era una declaración de principios ya que el ajuste era inevitable y el Estado no iba a amortiguar el golpe. Era el invierno del Fondo Monetario, del desembolso condicionado, de la primera gran experiencia liberal en la Argentina moderna.
Hoy, Ravier resucita ese espíritu con la misma lógica, el problema no es el precio del gas, sino la decisión individual de no prender la estufa. Es un mensaje que, envuelto en un tono de sentido común, esconde la idea de que el mercado regula todo, incluso la temperatura de tu casa.
Y mientras el vocero invita a buscar otro abrigo en el ropero, la realidad tarifaria golpea la billetera, desde este miércoles las tarifas de Edenor y Edesur suben un 5% en promedio para los casi 2 millones de hogares. Para las pymes y las industrias, el golpe es aún más contundente: hablamos de incrementos de hasta el 13,5%. La paradoja es brutal. Mientras Ravier repite la receta de Alsogaray, el propio gobierno modifica las bonificaciones para que los hogares subsidiados paguen menos, pero deja al 40% de los usuarios residenciales a merced del precio estacional. No es un «pasar el invierno» igualitario, es un invierno a la carta donde el que puede pagar que pague, y el que no, que se abrigue.
El problema no es el frío. El problema es que, 65 años después de Alsogaray, seguimos con la misma discusión de que el ajuste lo pagan los mismos mientras desde el poder se repiten frases hechas como mantras. La retórica del «abrigarse» es un intento de disfrazar la ausencia de un plan energético con un consejo de abuelo.
DESAMANTELANDO LA C.N.E.A.
La Comisión Nacional de Energía Atómica (C.N.E.A.) notificó el despido de al menos 61 trabajadores contratados (los gremios elevan a un centenar) en lo que constituye el golpe más reciente contra el organismo rector del desarrollo nuclear argentino. Mientras las autoridades insisten en minimizar los hechos calificándolos como «contratos no renovados» de personal administrativo, la lista de desvinculados revela despidos entre ingenieros químicos, ingenieros electrónicos y técnicos especializados que se desempeñaban en áreas críticas como el desarrollo del reactor CAREM, la seguridad radiológica y la investigación en microscopía.
Este episodio no es un hecho aislado, sino la continuidad de un plan sistemático de desmantelamiento que ya había provocado una reducción del 45,4% del presupuesto de la C.N.E.A. y la pérdida de casi 500 Trabajadores en los últimos tres años. La decisión se ejecutó en medio de un fuerte operativo de Gendarmería que rodeó la sede central y reprimió en los pasillos a los trabajadores que realizaban una permanencia pacífica para exigir explicaciones, mientras el presidente del organismo, Martín Porro, se negaba a recibirlos y debía ser escoltado para abandonar el edificio.
Detrás de estos despidos se vislumbra que el Gobierno no solo ajusta, sino que allana el camino para la privatización de los recursos estratégicos argentinos, como el uranio, en favor de empresas extranjeras, tal como lo reconoció explícitamente el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, al señalar el interés norteamericano en los minerales críticos del país.
Los hechos muestran un panorama desolador para la C.N.E.A. y, por extensión, para la soberanía energética, científica y sanitaria de la Argentina. No se trata de exageraciones gremiales ni de posiciones políticas, la C.N.E.A. produce los radioisótopos que se utilizan en el diagnóstico y tratamiento del cáncer, investiga el ciclo completo del combustible nuclear y sostiene proyectos estratégicos como el reactor CAREM-25, paralizado en sus obras civiles. Mientras los salarios de investigadores con 10 años de antigüedad no alcanzan los dos millones de pesos en Bariloche, y empresas extranjeras como Meitner Energy ofrecen hasta cuatro veces más para llevarse el conocimiento generado con fondos públicos, el gobierno responde con despidos. Esto no es gestión, es liquidación.
EL ENIGMA DEL PRECIO DE LAS NAFTAS
El análisis de la evolución de precios de los combustibles revela una anomalía difícil de justificar. Durante años, los precios en dólares se mantuvieron estables, con la Nafta Super oscilando entre U$D 0,80 y U$D 1,10 por litro entre 2020 y 2025. Este comportamiento reflejaba una lógica comprensible, ya que el petróleo que se refina en el país es de producción local, y los shocks externos como la guerra entre Rusia y Ucrania, no tuvieron un impacto significativo en el precio final al consumidor.
Sin embargo, a partir de febrero de 2026, esa lógica se rompió abruptamente y la nafta Super pasó de U$D 1,08 a 1,40, y la Premium de U$D 1,23 a U$D 1,60, valores que se sostienen por encima de esos niveles durante todo el primer semestre. Este incremento no se explica por el tipo de cambio (estable alrededor de $1400-1450) ni por la evolución del precio internacional del petróleo (ya que no se importa).
La paradoja es ineludible, si la guerra en Ucrania no impactó, ¿por qué habría de hacerlo un conflicto en Oriente Medio que ya muestra señales de distensión? La respuesta no está en los fundamentos del Mercado Petrolero, sino en decisiones de política interna que rompen con la lógica de años. Los precios de los combustibles suben sin freno, revelando que el combo de la «Motosierra» no es solo contra el Estado, sino también contra el Bolsillo de los Argentinos.
Gráfico N°1: Precios de las naftas (en Dólares, 2020/2026)
EL GASODUCTO QUE YA SE REPAGÓ
Un informe de la Fundación Encuentro menciona que el ex gasoducto Néstor Kirchner (hoy Perito Moreno) ya ahorró al país U$D 9.122 millones frente a una inversión de U$D 2.300 millones. Retorno de 3,97 veces. En cualquier manual de evaluación de proyectos, eso sería éxito. En el manual de la política argentina, es incómodo. La obra fue inaugurada en 2023 por el Frente de Todos, rebautizada después y su continuidad (segunda etapa) frenada. El debate nunca fue técnico, sino ideológico. Los números muestran que 17.000 millones de metros cúbicos fueron inyectados, sustitución de importaciones de GNL, gasoil, gas boliviano, fueloil y energía eléctrica. Un ahorro diversificado que no depende del precio internacional, sino de una decisión de infraestructura.
El informe advierte que el gasoducto no resuelve la dependencia externa en invierno, es necesaria la segunda etapa. Si la primera demostró ser rentable, ¿qué justifica la detención? ¿Falta de fondos? ¿Revancha política? Argentina sigue importando gas y quemando divisas cuando tiene Vaca Muerta y un gasoducto probado que podría extenderse. El silencio oficial sobre la segunda etapa es elocuente. No hay anuncios ni pliegos. El informe destaca que el 81% del proyecto fue ejecutado con industria nacional y movilizando 48.800 trabajadores demostrando que el país tiene capacidad de ingeniería y mano de obra calificada.
CON LA OLA DE FRÍO LLEGARON LOS CORTES
El Gobierno celebra haber evitado los cortes a hogares, pero la industria argentina enfrenta su invierno más crítico en años. Mientras ENARSA completa la compra de 28 barcos de G.N.L. con un costo que superará los 1.100 millones de dólares (50% más que en 2025), las fábricas del Litoral, Córdoba y el NOA sufren restricciones de hasta el 70% en su suministro. La paradoja es brutal, el gas local cuesta 4,5 dólares por millón de BTU, pero el importado ronda los 18 dólares y la mayoría de las industrias no puede pagar ese salto.
El reclamo de la U.I.A. por convocar el comité de emergencia del ENREGE (Ente Nacional Regulador de la Electricidad y el Gas) no es un pedido técnico menor, sino una batalla política por definir quién asume el sobrecosto del invierno. Si el faltante es por transporte, la distribuidora debe responder, pero si es comercial corresponde reunir a transportistas, distribuidoras, ENREGE, Secretaría de Energía, CAMMESA y ENARSA para verificar si hay volúmenes disponibles. La negativa del Gobierno a convocarlo es una decisión política con nombre propio: la secretaria de Energía, María Tettamanti sostiene que la industria debe conseguir gas regasificado a “costo real” mientras el ministro coordinador Daniel González lo justifica con un argumento de mercado: «Queremos transparentar el costo para que cada actor tome decisiones racionales».
El dato que desmonta el relato de escasez es que la producción nacional de gas marcha en niveles altos. No hay falta física, hay un problema de arquitectura de transporte y comercialización. La Resolución 66/2026 reconfiguró el sistema para priorizar el flujo desde Vaca Muerta, pero el corredor norte quedó expuesto y a la espera del gasoducto Tratayén–La Carlota que sigue sin concretarse. La paradoja es que el gas está en Neuquén y los barcos llegan a la costa, pero las fábricas del norte se quedan sin suministro. El Gobierno eliminó el rol de ENARSA como proveedor de última instancia, pero no construyó un mercado que funcione sin esa figura, y el resultado es un descontrol donde cada uno se arregla como puede.
La U.I.A. propuso que el Estado financie el 50% del costo del G.N.L. importado durante el invierno y que la industria asuma el otro 50%. El Ministerio de Economía lo rechazó. La coherencia fiscal del Gobierno es políticamente elogiable pero industrialmente devastadora, mientras ahorra 130 millones en esos subsidios, el país pierde producción industrial y gasta 1.200 millones en importaciones de G.N.L. El invierno de 2026 expone la tensión no resuelta entre el mercado y la planificación. El Gobierno eligió el mercado, pero el mercado falló en el norte. El problema no es la ola polar, sino la falta de una política de invierno ya que sin gasoductos que conecten Vaca Muerta con el norte, sin un esquema de transición para el cambio regulatorio, y sin un mecanismo que aísle a la industria de la volatilidad internacional, el próximo invierno repetirá la película.
AGENDA REGULATORIA Y NORMATIVA
1. Precios de la Programación Estacional de Invierno (Resolución 109/2026): Se aprueba los Precios Estacionales de Invierno para el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) y el sistema de Tierra del Fuego, vigentes desde el 1° de mayo de 2026. Los nuevos precios se fijaron para reflejar los costos reales de la energía, potencia y transporte, avanzando en el «Sinceramiento» de los costos del sistema. La medida se enmarca en las emergencias energética y económica prorrogadas, y en el proceso de normalización del MEM iniciado por la Resolución N° 400/20252.
2. Adjudicación AlmaSADI (Resolución 155/2026): Se formalizó la adjudicación de 700,5 MW distribuidos en 20 proyectos de 5 empresas a lo largo de 7 regiones del país: PBA, NOA, NEA Chaco-Formosa, NEA Misiones-Corrientes, Litoral Entre Ríos, Litoral Santa Fe y Pampa. La inversión estimada para esta primera etapa es de U$D 700 millones. Las empresas adjudicatarias son GENNEIA (7 proyectos), DQD Energy (8 proyectos), 360 Energy Solar (3 proyectos), ALUAR (1 proyecto) e INTERMEPRO (1 proyecto).
3. Más privatizaciones para este año: El Ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó la intención de concretar este año la venta de las acciones de las usinas San Martín y Belgrano que están en manos de Enarsa con una potencia de 865 MW cada una y de las hidroeléctricas los Nihuiles, Agua del Toro, Los Reyunos y El Tigre (Diamante), Río Hondo y Los Quiroga, Futaleufú, Cabra Corral y El Tunal (Río Juramento), Ullum y El Cadillal, Escaba y Pueblo Viejo (Tucumán), que suman una potencia total de 1.399 MW.
Colofón:El invierno no es el problema, sino el síntoma. Detrás del frío, del precio de los combustibles y de los cortes de gas, se esconde una decisión política: dejar que el Mercado decida quién se calienta y quién no. Pero la Energía no es solo una Mercancía, sino que es Trabajo, Industria, Soberanía y Calidad de Vida. Sin una política que lo asuma, el próximo invierno solo será más caro y más injusto.