CONSOLIDACIÓN DE UN NOIR ROSARINO: UNA LECTURA CRÍTICA DE «VIAJE AL FIN DEL DÍA»

POR DR. RICARDO LEDESMA (*)

En el panorama de la narrativa argentina contemporánea resulta cada vez más difícil encontrar novelas que posean una identidad estética reconocible desde sus primeras páginas. La homogeneización del lenguaje, la reiteración de fórmulas narrativas y la búsqueda permanente de aceptación comercial suelen diluir la personalidad de muchos autores. En ese contexto, Viaje al fin del día, de Fabián Ariel Gemelotti, constituye una obra singular.

Su propuesta se inscribe claramente dentro de la tradición del noir contemporáneo, aunque evita reproducir los esquemas clásicos del policial de investigación. Aquí no existe un detective destinado a restablecer el orden ni un enigma cuya resolución organice la estructura narrativa. Por el contrario, la violencia, la corrupción, el deseo y la marginalidad aparecen como condiciones normales de existencia dentro de una Rosario convertida en protagonista silenciosa de la novela.

Desde una perspectiva comparada, la obra dialoga con diversas tradiciones literarias. La crudeza del lenguaje recuerda por momentos a Louis-Ferdinand Céline; la naturalidad con que se incorporan el sexo y la derrota cotidiana encuentra puntos de contacto con Charles Bukowski; la construcción de personajes marginales remite inevitablemente a Roberto Arlt; mientras que la utilización de una primera persona autobiográfica posee afinidades con John Fante. Sin embargo, estas referencias nunca anulan la personalidad del autor. Gemelotti utiliza esas influencias como punto de partida para construir un universo profundamente rosarino.

Uno de los mayores aciertos técnicos reside en la construcción del narrador. La voz mantiene una coherencia absoluta durante toda la novela. No modifica su registro frente al amor, la política, el crimen o el sexo. Esa estabilidad produce una sensación de autenticidad poco frecuente en la narrativa actual.

La estructura también merece destacarse. Los capítulos breves generan una lectura dinámica, casi cinematográfica. El procedimiento recuerda al montaje audiovisual contemporáneo: escenas rápidas, cambios permanentes de situación y una progresión narrativa sostenida por la acumulación de episodios antes que por largas explicaciones psicológicas. Se trata de una novela que entiende los nuevos ritmos de lectura sin renunciar por ello a la construcción literaria.

Los personajes constituyen otro de sus puntos fuertes.
Nicolee representa el núcleo afectivo del relato. Su presencia introduce humanidad dentro de un universo dominado por la violencia, funcionando como el verdadero centro emocional de la obra.

Calipso, por su parte, sobresale como una de las creaciones más interesantes de la novela. Su complejidad narrativa evita toda caricatura. Inteligente, marginal, provocador y profundamente trágico, concentra buena parte de la riqueza simbólica del libro. Su desaparición modifica el equilibrio interno de la historia y marca el inicio de un proceso de aceleración dramática.
Gala funciona como elemento desestabilizador. Cada una de sus intervenciones altera el curso del relato y mantiene una tensión permanente entre deseo, peligro y traición.

El protagonista, lejos del héroe clásico del policial, aparece como un sujeto contradictorio, emocionalmente inestable y moralmente ambiguo. Esa condición lo acerca mucho más al antihéroe característico del noir moderno que a los modelos tradicionales de la novela policial.

Otro aspecto destacable consiste en el tratamiento del sexo y la violencia. Ambos elementos aparecen con notable frecuencia, pero no funcionan únicamente como recursos de provocación. Constituyen procedimientos narrativos mediante los cuales el autor describe relaciones de poder, desigualdad social y degradación institucional. En este sentido, la novela se aproxima más a ciertas formas extremas del realismo contemporáneo que a la literatura erótica convencional.

Desde el punto de vista estilístico, Gemelotti apuesta por una prosa directa, prácticamente despojada de ornamentación. No hay voluntad de embellecimiento. La escritura privilegia la eficacia narrativa sobre el virtuosismo formal. Esa decisión fortalece la identidad del texto y le otorga una velocidad poco habitual dentro de la narrativa argentina reciente.
Naturalmente, la novela no está destinada a todos los lectores. Su lenguaje explícito, su tratamiento frontal del sexo y la violencia y su permanente provocación ideológica la ubican dentro de una literatura de fuerte personalidad. Precisamente allí reside una de sus mayores virtudes editoriales: no intenta satisfacer expectativas ajenas sino desarrollar una estética propia.

En términos comerciales, Viaje al fin del día posee condiciones para consolidarse dentro del circuito de Lectores de Novela Negra, Realismo Urbano y Narrativa de Culto.

Su principal valor no radica en seguir tendencias editoriales sino en ofrecer una voz inmediatamente reconocible, condición indispensable para que un autor construya una obra perdurable.

EVALUACIÓN TÉCNICA

Originalidad: 9,5/10
Construcción de personajes: 9/10
Atmósfera noir: 9,5/10
Ritmo narrativo: 9/10
Calidad estilística: 9/10
Coherencia estructural: 8,8/10
Puntaje general
Calidad literaria: 9,1/10
Potencial editorial: 9/10
Potencial comercial: 8,8/10

VEREDICTO

Viaje al fin del día confirma a Fabián Ariel Gemelotti como una de las voces más personales del noir argentino contemporáneo. Su literatura puede generar adhesiones o rechazos intensos, pero difícilmente deje indiferente al lector. Esa capacidad de producir una identidad estética propia constituye, desde cualquier perspectiva crítica, uno de los rasgos más valiosos que puede exhibir una obra literaria.

(*) Crítico Literario y Ensayista.

EL PERONISMO FRENTE A UNA SOCIEDAD QUE ESTÁ SOLA Y ESPERA

TODO EL PERONISMO COINCIDE EN PEDIR LA LIBERTAD DE CRISTINA. LA VERDADERA DISPUTA ES OTRA: ¿QUIÉN CONDUCE, BAJO QUÉ REGLAS Y, SOBRE TODO, CÓMO CONSTRUIR UN PROYECTO POLÍTICO QUE LOS VUELVA A ENGANCHAR CON UNA SOCIEDAD QUE ESTÁ CADA DÍA MÁS SOLA Y ESPERA.

POR ANTONIO MUÑIZ

La fotografía de Parque Lezama y la deliberación que recorre despachos, gobernaciones e intendencias describen el mismo movimiento desde dos ángulos, el peronismo ya empezó a mirar el futuro, pero todavía no resolvió su presente. Hay un consenso que unifica y una pregunta que divide. El consenso es la inocencia de Cristina Fernández de Kirchner y, por lo tanto, el reclamo por su libertad. La pregunta es quién conduce. Confundir lo primero con lo segundo —suponer que solo el objetivo de la libertad de Cristina alcanza para ordenar una conducción— es el principal malentendido del momento.

La movilización del Día de la Bandera lo mostró con nitidez. La consigna “Cristina Libre” logró reunir a La Cámpora, al Partido Justicialista, a intendentes, a legisladores, a estructuras sindicales y a espacios territoriales, e incluso al Movimiento Derecho al Futuro, el sello del gobernador Axel Kicillof. Esa transversalidad es real y políticamente significativa. Pero un acto que confluye sobre una causa común no equivale a un proyecto que sintetice. El respaldo a Cristina no estaba en discusión; lo que estaba —y sigue— en discusión es el método para volver a ser gobierno.

LO QUE UNE NO SIEMPRE ES LO QUE ORDENA

Conviene precisar el mapa, porque la simplificación lo deforma. No hay un peronismo que defiende a Cristina y otro que la abandona. Todo el peronismo y buena parte del pan-peronismo comparten el diagnóstico sobre su situación judicial. Lo que un sector amplio no acepta es que ese consenso se traduzca automáticamente en una conducción ejercida por La Cámpora y por Máximo Kirchner.

Gobernadores, intendentes y tribus diversas no discuten la figura de la expresidenta, discuten no quedar subordinados a un aparato que no controlan y a una lógica de lealtad absoluta que perciben como un techo, no como un piso.

Esa distinción es la que ordena —o desordena— todo lo demás. El reclamo por la libertad funciona como denominador común; la cuestión de la conducción funciona como línea de fractura. Y cuando un movimiento intenta resolver la segunda invocando la primera, lo que produce no es síntesis sino sospecha, la sensación, entre los dirigentes y militantes, de que se les pide poner el cuerpo en una causa justa para legitimar un liderazgo que no eligieron.

TRES LÓGICAS, NINGÚN ÁRBITRO

En el tablero conviven al menos tres lógicas distintas, y ninguna ejerce todavía una conducción aceptada por el resto.

La del Kirchnerismo duro, que con Máximo Kirchner al frente recorre el interior y sostiene la Militancia para preservar volumen propio, consciente de que una fractura complicaría cualquier regreso, pero a su vez exigiendo un verticalismo hacia la figura de C.F.K.

La de Kicillof, que administra la Provincia más grande del país en confrontación abierta con la Casa Rosada y construye Proyección Nacional sin romper, pero también sin aceptar el lugar de heredero tutelado.

Y la de Sergio Massa, que describe al Peronismo actual como una mesa redonda sin cabeceras y empuja la Unidad no como consigna sentimental sino como condición de competitividad.

“UNA DISCUSIÓN, UN DEBATE Y UNA ELECCIÓN HISTÓRICA» AXEL KICILLOF, EN SANTA FE

A esas tres se suman piezas que confirman la dispersión antes que resolverla. Miguel Ángel Pichetto teje un armado más amplio con Argentina Productiva; Guillermo Moreno agita fórmulas; un peronismo federal se reúne en Entre Ríos para reclamar programa —producción, empleo, federalismo, antes que candidaturas.

El peronismo no está quieto. Está, más bien, demasiado en movimiento y en demasiadas direcciones a la vez. Esa es exactamente la definición de un sistema sin conducción, muchos actores midiendo cuánto margen tienen para posicionarse antes de que alguien logre ordenar el tablero.

EL PROBLEMA QUE NADIE NOMBRA: LA SOCIEDAD

Hasta acá, la discusión es endógena, ¿quién manda adentro? Pero el verdadero déficit del peronismo no es interno, es externo. Aun resolviendo la conducción, aun si mañana hubiera un nombre aceptado por todos, quedaría en pie la pregunta que ninguna interna responde: ¿Cómo se conecta ese proyecto con una sociedad que, en la última elección nacional, no lo eligió?

La unidad puede resolver una interna, pero, como lo muestra la historia reciente, no garantiza ganar una elección. Son dos problemas distintos y el peronismo tiende a tratarlos como uno solo.

El riesgo es claro y la propia escena lo insinúa: construir una candidatura centrada en la situación judicial de Cristina puede consolidar al núcleo militante y, al mismo tiempo, no decir nada a la mayoría que vota por otras razones: el salario, el trabajo, los precios o la seguridad.

La épica de la proscripción moviliza hacia adentro. Hacia afuera, una parte del electorado la lee como un asunto del peronismo consigo mismo, no como una respuesta a sus problemas.

De ahí que la discusión sobre el método —que Massa formula como reglas de convivencia y Kicillof como gestión más territorio— sea más sustantiva de lo que parece.

No es rosca. Es la antesala del único debate que importa.

Un proyecto que sintetice y contenga a todo el espectro peronista solo tiene sentido si, además, traduce esa síntesis en una propuesta para quien no es peronista. Lo primero es condición; lo segundo es el objetivo. Confundir la condición con el objetivo es la forma más eficaz de resolver una interna y perder la elección.

LA PREGUNTA CORRECTA

Por eso la pregunta de fondo no es solo “quién manda”, aunque esa sea la que ocupa los despachos. Es una pregunta de dos tiempos. Primero: ¿cómo se construye una conducción que ordene sin expulsar, que preserve la identidad sin convertirla en un peaje para gobernadores y tribus que no quieren quedar presos de un aparato?

Segundo, y decisivo: ¿cómo ese orden interno se vuelve a enganchar con una demanda social que hoy no encuentra en el peronismo una respuesta a sus problemas cotidianos?.

Volver al Gobierno y Conducir el Peronismo no son la misma operación. Lo segundo se resuelve adentro; lo primero, afuera. El peronismo ya entró en modo deliberación electoral, y eso es saludable. Pero mientras la deliberación gire exclusivamente sobre el reparto del mando, estará respondiendo a una parte de la pregunta. La otra, más difícil, y la que define elecciones, sigue en otro lado: en una sociedad que tendrá que volver a elegirlo, y que todavía no escuchó qué le ofrece este peronismo, más allá de una discusión sobre quién lo encabeza.

JUAN B. JUSTO PARLAMENTARIO

POR GUSTAVO BATTISTONI

Juan B. Justo ingresó al recinto parlamentario no como un político tradicional, sino como un militante de las ideas socialistas, dispuesto a diseccionar con rigor y claridad las entrañas de una oligarquía que, a su juicio, estancaba al país. Su labor en el Congreso trazó el horizonte de una Argentina nueva, basada en el trabajo, la justicia y la libertad para todos.

Desde su banca, se reveló como un crítico insistente e inquebrantable del estado de cosas imperante. Poseía un estilo particular, era sereno en sus exposiciones, armado siempre con datos precisos, estadísticas y conocimientos históricos, pero profundamente enérgico en sus conclusiones. No temía enfrentarse a la mayoría conservadora; por el contrario, cuando lo acusaban de adoptar posturas revolucionarias, él respondía con orgullo que se jactaba de ello.

Su temple era el de un militante acorazado contra la injuria, que prefería hablar como un tribuno del pueblo antes que someterse a las reglas de los falsos caballeros. Su dedicación rozaba el heroísmo cívico. A fines de 1916, convaleciente aún por los disparos de un atentado contra su vida que le fracturó el fémur y le lesionó un brazo, pidió que le instalaran una habitación en el propio edificio del Congreso, para no perderse el debate del presupuesto y poder lanzar sus acusaciones contra las concusas finanzas oficiales.

Enrique Dickmann, en su escrito El Pensamiento vivo de Juan B. Justo, afirma: “La entrada de Juan B. Justo al Congreso Nacional, en 1912 -en la primera elección libre realizada por la nueva ley electoral de Sáenz Peña- fue un acontecimiento político de extraordinario alcance e importancia. Puede afirmarse, sin hipérbole, que constituyó una verdadera Revolución Parlamentaria. Su vasta, compleja y fecunda obra legislativa -proyectos de ley, interpelaciones, discursos e intervenciones en la discusión del presupuesto- constituye un monumento de ciencia y conciencia política. Con la presencia de Justo en el Congreso-Cámara de Diputados y Senadores de la Nación- los debates parlamentarios sufrieron un profundo cambio de forma y de fondo. Al discurso altisonante y vacuo reemplazó la exposición metódica, estilo preciso y conciso; a la frase sonora y hueca sustituyó el concepto claro y científico. Justo fue un orador parlamentario, insuperable por su estilo y claridad. Lo escucharon siempre con profunda atención y provecho, partidarios y adversarios. Su paso por el parlamento argentino ha dejado una huella luminosa e imborrable”.

Justo comprendía que las leyes burguesas solo servían para mantener privilegios, y perpetuar la servidumbre de los proletarios. Peleó para que las leyes protectoras, no quedaran encerradas en la antigua Capital Federal, sino que abrazaran a los peones y empleados de todos los territorios nacionales.

Entendía que el propósito del Parlamento no era mantener los privilegios de los ricos, sino asegurar a toda la población un mínimo indispensable de salud física y mental, autonomía y oportunidades de vida. En este sentido promovió Proyectos para el reconocimiento de las asociaciones gremiales de trabajadores, la abolición del pago de salarios mediante vales, o signos de papel emitidos por los patrones, exigiendo que se pagara en Moneda Nacional, y la ampliación de la Ley de Descanso Dominical.

Al mirar los campos argentinos, no veía la grandeza que pregonaban los estancieros, sino una base material caduca que frenaba el porvenir de la nación. Denunció con dolor y rigor estadístico cómo los inmensos latifundios asfixiaban a los pueblos, y condenaban a los peones a vivir como parias, en condiciones de hacinamiento, y sin esperanza de formar familias estables. Para curar esta herida, propuso poblar las llanuras de chacras y trabajadores libres, fomentando el cooperativismo agrario genuino.

Defendió desde el Parlamento argentino las huelgas proletarias, como la iniciada en Firmat y continuada en Alcorta, argumentando que la solidaridad entre los arrendatarios y peones era una necesidad ineludible frente a los abusos patronales. Propuso un impuesto progresivo a la tierra y al mayor valor para desalentar la especulación, y promovió leyes para indemnizar a los campesinos por las mejoras que introducían en los campos. 

Para enfrentar a los monopolios ganaderos, llegó a redactar un  fundamentado proyecto para crear el Trust Nacional de la Carne, una empresa mixta con control mayoritario del Estado nacional, que aseguraría precios justos en el mercado y salarios elevados para los consumidores. Presidió, también con gran solvencia, en 1919, la Comisión Investigadora de los Trusts, revelando prácticas monopólicas en la carne, el azúcar, el vino, la nafta, entre otros.

Para el fundador del Partido Socialista, los trabajadores debían organizarse no solo para la protesta, sino para gestionar la economía. De ahí su análisis del trabajo económico, de enorme importancia teórica y práctica. Presentó y defendió proyectos para reglamentar el funcionamiento de las verdaderas sociedades cooperativas, asegurando que no tuvieran fines de lucro privado, ni se vincularan a sectas religiosas, y distribuyeran sus beneficios en proporción al consumo, o trabajo de los socios.

Para el legislador socialista, la depreciación del papel moneda era un fraude, una rapiña monetaria de la oligarquía, diseñada para pagar salarios de miseria, y abaratar los productos nacionales en beneficio del extranjero. Soñó con un Estado o asociaciones cooperativas capaces de administrar la riqueza con provecho general. Era consciente de que un alto desarrollo de las fuerzas productivas, y una mano de obra calificada, era la sólida base material del Socialismo.

Consideraba que abandonar al pueblo en el analfabetismo era una traición a la República. Fue un apóstol de la enseñanza laica y moderna. Rechazó con dureza el fanatismo religioso en las aulas, afirmando que imponer dogmas a los niños era mutilarles el alma y enseñarles a simular. Abrazó, desde el Parlamento, la causa de los estudiantes en la Reforma Universitaria de Córdoba, exigiendo limpiar las casas de estudio del verbalismo vacío y la ciencia apócrifa, para abrir las ventanas a los verdaderos laboratorios, a la investigación práctica y al progreso consciente.

También, como senador, presentó iniciativas audaces como la reforma constitucional para lograr la separación definitiva entre la Iglesia Católica y el Estado, y proyectos para establecer el divorcio en la legislación civil. Planteó varias resoluciones de solidaridad internacional, repudiando la intervención extranjera, como el apoyo a México, y a los guerrilleros de Sandino en Nicaragua ante las amenazas y conflictos con los Estados Unidos.

Los libros Juan B. Justo: La lucha social en el Parlamento, con prólogo de Dardo Cúneo, y Juan B. Justo Parlamentario, de José Rodríguez Tarditi, analizan su obra como tribuno del pueblo. Comparar su obra con la de los Legisladores actuales, es un indicador de la irrefragable Decadencia Nacional.

VIAJE AL FIN DEL DÍA, UNA NOVELA NOIR CONTEMPORÁNEA ROSARINA

POR RICARDO SANTORO (*)

Existen novelas que buscan construir una trama perfecta y existen novelas que buscan capturar una época. Viaje al fin del día, de Fabián Ariel Gemelotti, pertenece a este segundo grupo. Su valor no reside únicamente en la historia que cuenta, sino en la intensidad con que registra un determinado clima social, emocional y humano.

Gemelotti escribe como quien arroja una botella al mar. No parece interesado en la ornamentación del lenguaje ni en los juegos intelectuales de cierta literatura contemporánea. Su escritura es frontal, veloz, incómoda y visceral. Hay en sus páginas una voluntad deliberada de mostrar aquello que suele ocultarse: la soledad, el deseo, la violencia cotidiana, las frustraciones económicas, los vínculos rotos y la búsqueda desesperada de amor en un mundo cada vez más hostil.

La novela se desarrolla en una Rosario oscura, atravesada por tensiones sociales, desigualdades, barrios periféricos, violencia urbana y una profunda sensación de decadencia. Sin embargo, detrás de ese paisaje áspero aparece algo mucho más universal: la necesidad humana de encontrar sentido en medio del caos.

El protagonista es un personaje contradictorio y complejo. Puede mostrarse tierno y brutal, generoso y egoísta, romántico y autodestructivo. Su mirada sobre el mundo está atravesada por el resentimiento, el deseo y una permanente sensación de derrota. No es un héroe ni pretende serlo. Tampoco es un villano. Es, más bien, un hombre contemporáneo intentando sobrevivir a sus propias obsesiones.

Uno de los mayores aciertos de la novela es la construcción de Nicolee. En medio del universo áspero y excesivo que rodea al protagonista, ella aparece como una figura de refugio emocional. Nicolee representa la posibilidad del amor, la ternura y la redención. Su fragilidad convive con una enorme fortaleza interior. A medida que avanzan las páginas, se convierte en el verdadero centro afectivo de la historia. No es casual que las escenas más humanas y conmovedoras del libro estén ligadas a su presencia.

Gala, por otra parte, encarna el costado más caótico y desbordado de ese universo narrativo. Es un personaje impulsivo, imprevisible y profundamente ligado a los márgenes sociales donde transcurre buena parte de la novela. Su relación con el protagonista oscila entre la amistad, el deseo, la lealtad y la traición. Como ocurre con muchos personajes de Gemelotti, Gala nunca puede ser reducida a una sola dimensión.

Mención aparte merece Calipso, probablemente uno de los personajes más singulares del libro. Exagerado, provocador, grotesco y a la vez profundamente humano, Calipso funciona como una especie de símbolo de los márgenes urbanos. A través de él desfilan el humor, la tragedia, la exclusión y también una particular sabiduría nacida de la experiencia. Su presencia dota a la novela de algunos de sus momentos más memorables.

Los personajes secundarios cumplen una función importante dentro del entramado narrativo. Policías, abogados, vecinos, trabajadores, militantes, prostitutas, usureros y pequeños delincuentes forman una galería humana que contribuye a construir una visión amplia de la ciudad. Muchos aparecen fugazmente, pero dejan una impresión duradera. Esa característica le otorga al libro un ritmo particular, cercano al vértigo de la vida urbana contemporánea, donde las personas entran y salen de nuestras vidas con rapidez.

Desde el punto de vista estilístico, Gemelotti apuesta por capítulos breves, escenas intensas y una narración que avanza sin pausas. Su literatura parece influenciada por la velocidad de nuestro tiempo. Los acontecimientos se suceden de manera constante, como si el lector estuviera observando fragmentos de una realidad que nunca se detiene. Esa elección narrativa puede sorprender a quienes esperan estructuras clásicas, pero constituye una de las señas de identidad más reconocibles del autor.

También resulta imposible ignorar la presencia permanente del sexo en la novela. Sin embargo, reducir la obra a ese aspecto sería una lectura superficial. El sexo funciona aquí como lenguaje, refugio, escape, poder, consuelo y también como manifestación de la soledad de los personajes. Detrás de cada encuentro físico suele esconderse una necesidad emocional más profunda.

En muchas ocasiones se ha definido a Fabián Ariel Gemelotti como un escritor maldito. Tal vez sea una descripción adecuada. Pero también podría decirse que es un autor que se resiste a suavizar su mirada sobre la realidad. Sus personajes hablan, aman, odian y sufren sin filtros. Esa honestidad brutal es, probablemente, la principal razón por la que su obra genera adhesiones apasionadas y rechazos igualmente intensos.

Esta segunda edición de «Viaje al fin del día» permite volver sobre una novela que dialoga con algunas de las preocupaciones centrales de nuestro tiempo: la precariedad económica, la crisis de los vínculos, la violencia cotidiana, el desencanto político y la búsqueda de afecto en medio de la incertidumbre.

Como toda obra auténtica, no pide permiso ni ofrece respuestas definitivas. Simplemente abre una puerta hacia un mundo propio y deja que el lector decida si quiere atravesarla.
Y una vez atravesada, resulta difícil olvidarla.

(*) Escritor, ensayista y crítico literario. Buenos Aires, invierno de 2026.

EL DÍA QUE MARADONA EXPLICÓ UN PAÍS

POR JORGE VALDANO

Los Grandes Mitos, como Diego hace 40 años en México ’86, nacen cuando una pelota obedece a un hombre predestinado.

Si en el Olimpo hay sentido de la proporción, Gardel y Maradona tendrán que estar cerca. El Zorzal Criollo seguirá cantando que “veinte años no es nada” y, en estos días, Diego le retrucará que tampoco 40 son nada.

Porque la emoción tiene mucha memoria, y hoy tengo la prueba. El Partido cumple 40 años hoy. Así, El partido, es como se llama un excelente libro de Andrés Burgo y un documental que mira aquello con perspectiva, de Juan Cabral y Santiago Franco.

En singular el partido y en singular el autor del partido: Diego Armando Maradona. Aunque desde entonces se hayan jugado millones de partidos y aunque aquel día pasáramos por ahí otros veintitantos jugadores. Diego ya no está, pero aquel Argentina-Inglaterra que él desencadenó, ya mito excluyente de la historia del fútbol, crece un poco cada año.

Como sabemos, para la base de aquella gesta hizo falta astucia y virtuosismo en proporciones superlativas. Visto desde el 2026, para que eso ocurra no tiene que haber VAR ni esta vigilancia tecnológica de la que nada ni nadie puede escapar. Si aquel partido es hoy leyenda, es porque entonces había margen para el misterio, y el misterio activa la imaginación. La obsesión por la precisión trajo muchas cosas debatibles, pero se llevó esa magia que construía leyendas románticas.

En mi memoria siguen nítidos los pasajes más salientes. En los días previos, Carlos Salvador Bilardo veía una amenaza en la lectura política del partido. El exceso de emoción expulsó del campo a muchos jugadores en la historia del fútbol rioplatense, así que Bilardo se pasaba las horas recitando una corta oración: “Es solo fútbol, es sólo fútbol, es sólo fútbol”. La repetición era su forma favorita de convencer. En esta ocasión, cuanto más insistía en reducir el partido solo a fútbol, más evidente resultaba el tamaño de lo que intentaba esconder.

También Diego, el día anterior, le contestaba a gritos a los Periodistas que éramos Futbolistas y No Políticos. Pero llegó el día y el silencio sepulcral del vestuario hablaba de algo más que de un partido. Ahí dentro parecía estar personada la patria diciéndonos lo contrario de Bilardo: “No solo es Fútbol”. En la tribuna no esperaron el comienzo del partido para que las dos hinchadas se cruzaran a puñetazos. Ni bombarderos como en Malvinas ni un balón de por medio como en México haciendo de intermediario apaciguador. A puñetazos. En cuanto a nosotros, gritamos el himno y aquello empezó.

Hay personas que, a pesar de tener una vida apasionante, parecen haber nacido para un día determinado. Diego eligió el 22 de Junio de 1986. Para tener ese colosal sentido de la oportunidad, tuvo que llenar la inspiración de una rabia competitiva que iluminaba cada jugada. De las dos cosas iba sobrado.

Jugaba con una musa dentro y, aquel día, a su energía futbolística le agregó una furia que era la de toda Argentina. La fuerza representativa fue de tal tamaño que el futbolista devino en prócer y yo creo, seguramente todos creemos saber, cuál fue el momento preciso en que ocurrió.

Fui testigo. No tuve ninguna duda de que Dios había utilizado su mano en el primer gol. No me pregunten por la ética, ni es el día ni le conviene a este artículo. Sencillamente, los pueblos no construyen sus mitos con criterios jurídicos. Los construyen con emociones. Si no, Aquiles sería un asesino, Ulises un mentiroso y el Cid un mercenario. Lo cierto es que había urgencia por recomenzar el partido para que el gol fuera cosa juzgada. Tampoco había tiempo para que el instinto pusiera aquello en dimensión histórica.

Pero entonces llegó el segundo gol. Una Sinfonía Futbolística de 10 toques en 10 segundos. Diez segundos que llegan hasta hoy. Supe, de inmediato, que estábamos ante un antes y un después. Había acompañado la jugada como un travelling televisivo, renovando mi admiración.

En el camino, el cerebro del genio iba aprovechando y desechando ideas. Los pies, divertidos, esquivaban piernas mostrando y escondiendo la pelota. Yo, como todos, seguía fascinado viendo cómo crecía la “jugada de todos los tiempos”, como dice el relato victorioso de Víctor Hugo Morales, ya banda sonora del gol.

El gol detonó y, a partir de ese momento, cada uno de nosotros tiene una cosa que contar, porque nadie que lo haya vivido se ha olvidado de ese grito.

Yo tampoco. En vez de correr para abrazarlo, entré en el arco para sacar la pelota que Diego había metido. Por una sola razón. Aquella jugada fue una obra tan individual, tan suya, que, medio enojado, me dije: “Grítalo solo”. Ese fue, para mí, el preciso momento en que Diego dejó de estar con nosotros. Cuando pasados unos segundos llegué a abrazarlo, ya era tan universal como la pelota. Y tan mito como Gardel, y tan prócer como San Martín. El fútbol no es broma cuando se pone sociológico.

Ahora se cumplen 40 años y Diego, para recordarnos que también tuvo rasgos humanos, desgraciadamente no está para soplar las velas. Pero aquel día inolvidable sigue siendo memoria emocionada para todos los que amamos el fútbol. Lo que resulta increíble es cómo, desde entonces, aquel partido creció como una enredadera, alcanzando tal fuerza simbólica en Argentina que desde entonces hasta hoy se entiende como revancha de una guerra.

Si lo despojamos de su dimensión patriótica y lo convertimos solo en fútbol, es el mundo entero, los que habían nacido antes de aquel día y los que nacieron después, los que siguen admirando aquello como una cima gloriosa del juego.

Todo gracias a un genio que eligió un día para elevar el Fútbol a Obra de Arte, y lo convirtió en el día «D» de la historia del Fútbol Argentino. Así quedó demostrado que los grandes mitos nacen cuando una pelota, que obedece a un hombre predestinado, consigue explicar a un país entero. Y aliviar una herida.

NÚMEROS QUE NO AYUDAN: MENOS EMPRESAS Y MÁS TRABAJADORES SIN EMPLEO

LA RARA ECUACIÓN LIBERTARIA: MENOS EMPRESAS = MÁS ARGENTINOS QUE SALEN DE LA POBREZA

EL SIGUIENTE INFORME SE DESPRENDE DEL ANÁLISIS QUE REALIZÓ EL CENTRO DE ECONOMÍA POLÍTICA ARGENTINA (C.E.P.A.).

Se analizaron las principales Variables del Mercado de Trabajo según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, con foco en la evolución de los/as Trabajadores/as Registrados/as y Empleadores durante los primeros 28 meses de la gestión de Javier Milei, entre noviembre de 2023 y marzo de 2026. 

PRINCIPALES CONCLUSIONES

  • Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, se redujo la cantidad de empleadores en 26.448 casos (31 por día).
  • En términos absolutos, “Comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas” es el sector más afectado, con una pérdida de 6.836 empleadores.
  • En término relativos, el sector más afectado es “Servicios de transporte y almacenamiento”, que ha registrado una pérdida del 16,4% en el total de empleadores.
  • En el mismo período, se perdieron 339.841 puestos de trabajo registrados en unidades productivas (-3,45%), 400 puestos por día.
  • El sector “Construcción” es el más afectado en términos de pérdida de puestos de trabajo, con una disminución de 81.425 trabajadores.
  • En términos relativos, el sector más afectado es la construcción (-17,1%).
  • En el sector de trabajadores en casas particulares (empleadas domésticas) se perdieron 30.646 puestos de trabajo registrados, casi 36 casos por día.
  • Si se analiza la reducción de casos de empleadores, se observa que los principales afectados, en estos primeros 28 meses de la gestión de Milei, son las empresas de hasta 500 trabajadores/as: 99,75% del total de los casos (26.382 empresas menos). Por el contrario, la cantidad de empleadores de más de 501 trabajadores/as explican sólo el 0,25% (66 casos).
  • Al analizar el tamaño de empresa se observa que la expulsión de trabajadores es más importante en las empresas de mayor porte: 67,11% de la pérdida de empleo (-228.084 trabajadores) se focalizó en empresas de más de 500 trabajadores. En cambio, la reducción de personal por parte de las empresas con menos de 500 trabajadores/as fue menor: 111.757 casos, explicando el 32,89% del total. En términos absolutos, mientras que las empresas de más de 500 trabajadores/as redujeron su personal de 4.782.973 a 4.554.889, las empresas de hasta 500 disminuyeron su dotación de 5.074.200 a 4.962.443.

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MATILDE BRUERA EN RADIO UNIVERSIDAD

HACIENDO CLICK EN LA IMAGEN INGRESAS PODÉS ESCUCHAR LA RADIO UNIVERSIDAD EN VIVO

Este Domingo 21 de junio, La Materia Impertinente abre un espacio para conversar de qué se trata la Reforma del Código Procesal Penal que impulsa el Gobierno de la Provincia de Santa Fe. Para ello, convocamos a Matilde Bruera, abogada DD.HH., Docente Universitaria de la Facultad de Derecho, ex-Defensora Pública y Diputada Provincial (2019-2023).

Llega una nueva Columna del Museo de la Memoria con Evelina Pereyra para hablar de la formación continua, la construcción de memoria colectiva y la interpelación a través del arte contemporáneo.

Conversamos con Rocío Muñoz Vergara, autora del libro “Partir es partirse – poemas 2009 – 2018”. Nacida en Sevilla (España), Rocío vive en Rosario y es Licenciada en Filología Hispánica, profesora de Lengua y Literatura, escritora y editora.

Las novedades de la Agenda Cultural, el Adios a Taty Almeida y la mejor música para acompañar el mediodía del Domingo.

MANUEL BELGRANO COMO BANDERA

POR GUSTAVO BATTISTONI

Manuel Belgrano ejemplifica la virtud patriótica por excelencia. Cuando se reflexiona en alguien que dio casi todo por los mejores valores de nuestra sociedad, su nombre viene a la memoria inmediatamente. San Martín fue un Libertador Heroico, Güemes nos resulta notable, pero el creador de la bandera, nacido en 1770 en el seno de una de las familias más acaudaladas de la ciudad de Buenos Aires, es quien nos resulta eminente.

Y esto no es un juicio apresurado, porque tuvo todo para ser un miembro destacado de la clase dominante de su época: dinero, inteligencia, valor y posición social. Sin embargo, por su amor al pueblo y a su terruño natal, fue el defensor más desinteresado de la Causa Americana.

Egresado como Licenciado en Filosofía, viajó a estudiar a España la carrera de Abogacía, con una clara inclinación hacia los estudios económicos, y desde esa encumbrada formación, con un gran manejo de varios idiomas fue nombrado en el Consulado como Secretario, desde donde esbozó el primer proyecto sistemático para nuestra sociedad, donde la producción y la educación eran los pilares del sistema social.

Dice en su Autobiografía: “Como en la época de 1789 me hallaba en España y la Revolución de la Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y solo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la Naturaleza le habían concebido , y aún las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento”.

Las Memorias del Consulado, escritas por él, son un verdadero programa de gobierno: “Sin que se ilustren los habitantes de un país, o lo que es lo mismo, sin enseñanza, nada podríamos adelantar”. Formado en la fisiocracia de Quesnay, a quien tradujo y en el pensamiento económico clásico de Adam Smith, pensaba que el trabajo humano en la agricultura era la base de la riqueza, sin dejar de ver la potencialidad de la industria y su positiva repercusión social.

La educación era un insumo esencial del progreso, incorporando por vez primera por estos lares, la educación universitaria de las mujeres. Enfocaba la enseñanza no como simple acumulación de datos, sino en su aspecto concreto y técnico, adelantándose 100 años a la reforma impulsada por el mejor ministro de educación con que contó la República, el brillante Osvaldo Magnasco.

Manuel Belgrano fue un hombre realmente excepcional, que pasó a la historia por algo que lo retrata en su lucha por la independencia, y es la creación de la bandera nacional en la ciudad de Rosario, el 27 de Febrero de 1812. Ciudadano ejemplar, militar, economista, político, de una vasta cultura, pero también de una honradez insobornable cuyo ejemplo más palpable es la donación de lo que recibió por la batalla de Tucumán para la creación de cuatro escuelas.

La comunidad de valores de una nación se sintetiza en los colores patrios que la recuerdan donde uno se encuentre. Esta aspiración no podía traducirse con el uso de escarapelas de distinto color como las que usaban los cuerpos del ejército.

Además, chocaba a Manuel Belgrano observar a los soldados de la patria en la lucha contra Fernando VII, enarbolar sus mismos colores como lo expresará más tarde en su nota al gobierno del 18 de junio. Conducido por estas razones, se dirigió a los gobernantes, proponiendo la adopción, para la bandera, de la escarapela con los colores que los patriotas habían ostentado en los caliginosos días de mayo.

En su oficio del 13 de febrero, se expresaba en los siguientes términos: “Parece llegado el caso de que V. E. se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar, para que no se equivoque con la de nuestros enemigos, y no haya ocasiones que pueda sernos de perjuicio; y como por otra parte observo que hay cuerpos del ejército que la llevan de diferente modo que casi sea una señal de división, cuyo nombre si es posible debe alejarse, como V.E. sabe, me tomo la libertad de exigir de V.E. la declaratoria que antes expuse”.

El Gobierno, compartiendo el pensamiento de Belgrano, decretó el 18 de febrero de 1812:” En acuerdo de hoy se ha resuelto que desde esta fecha en adelante se haga, reconozca y use por las tropas de la Patria la Escarapela que se declara Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata y deberá componerse de los colores blanco y celeste, quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían”.

Belgrano fue extremadamente enfático en la importancia que tenía el contar con señales propias que nos identificaran como comunidad y en su epistolario da pruebas evidentes de ello. En una misiva del 26 de Febrero de 1812, expresa: “Abajo, señor excelentísimo, esas señales exteriores que para nada nos han servido y con que parece que aún no hemos roto las cadenas de la esclavitud”.

Y para no dejar ninguna duda, en una carta del 18 de Julio, reafirma: “En esta parte V. E. tendrá su sistema al que me sujeto, pero diré también, con verdad, que como hasta los indios sufren por el rey Fernando VII y les hacen padecer con los mismos aparatos que nosotros proclamamos la libertad, ni gustan oír el nombre de Rey y ni se complacen con las mismas insignias con las que los tiranizan”.

INCISO SANTAFESINO

La bandera de Belgrano no fue aceptada inmediatamente. A los problemas que tuvo con el Triunvirato apenas creada, hay que agregar su rechazo por las provincias del Litoral, bajo hegemonía artiguista.

El destacado historiador Alejandro Damianovich nos cuenta al respecto: “Al declararse la autonomía santafesina, el 24 de marzo de 1815, se había arriado la bandera española –que todavía flamearía en el fuerte de Buenos Aires hasta abril- y fue reemplazada por la de Artigas. ‘Se enarboló la bandera de la libertad con toda solemnidad en medio de la plaza, compuesta de una faja blanca en el centro, dos celestes a los lados y una encarnada que la cruzaba’, cuenta el cronista Iriondo en sus ‘Apuntes’.

La misma fuente señala que cuando el coronel Viamonte recuperó Santa Fe para el Directorio, «quitaron la bandera santafesina y enarbolaron la celeste y blanca de la Patria», expresión que Diez de Andino comparte en su «Diario», aunque en otro párrafo de su manuscrito en el que se refiere al mismo asunto anotó: «El 3 del corriente [septiembre], domingo, se formó parte de las tropas en la plaza, se enarboló la bandera de Buenos Aires, con repiques, salvas de fusil y cañones». La bandera de Belgrano fue, durante la «guerra civil» considerada como la «bandera de Buenos Aires».

Poco duró la enseña celeste y blanca en su mástil, pues fue reemplazada el 3 de abril de 1816 por la Artiguista, cuando Estanislao López y Mariano Vera recuperaron la ciudad para la causa federal. «Se enarboló la bandera del Coronel José Artigas, se repicó y hubo salvas de cañón y fusiles, el miércoles a la tarde, 3 de abril, anota Diez de Andino. Es decir que, entre marzo de 1815 y abril de 1816 flamearon en la plaza santafesina alternativamente la bandera española, la de Artigas, la de Belgrano y nuevamente la de Artigas».

LA GRANDEZA DE BELGRANO

Dice el Prócer en su Autobiografía, de 1814: «Yo emprendo a escribir mi vida pública- puede ser que mi amor propio acaso me alucine- con el objeto de que sea útil a mis paisanos, y también con el de ponerme a cubierto de la maledicencia; porque el único premio a que aspiro por todos mis trabajos, después de lo que espero de la misericordia del Todo Poderoso, es conservar el buen nombre que desde mis tiernos años logré en Europa, con las gentes con quienes tuve el honor de tratar, cuando contaba con una libertad indefinida, estaba entregado a mí mismo, a distancia de dos mil leguas de mis padres, y tenía cuanto necesitaba para satisfacer mis caprichos».

El gran Libertador no sólo conservó su buen nombre, sino que su ejemplo, su existencia y su patriotismo son la necesaria guía para poder mirar el porvenir con confianza. 

LA CORTE SUPREMA DEBE EXPEDIRSE SOBRE LA LEY DE FINANCIAMIENTO UNIVERSITARIO

Desde el Martes 16 de junio hasta el Viernes 19, lxs Docentes estamos llevando adelante un PARO DE SEMANA COMPLETA como medida que da continuidad al Plan de Lucha por salarios dignos y Presupuesto Universitario.

La Ley de Financiamiento Universitario, que el Gobierno de Milei incumple de forma ilegal, establece la obligación de elevar los Salarios Docentes para que equiparen el poder adquisitivo que tenían en Diciembre de 2023.

Es más urgente que nunca que la Corte Suprema de Justicia se expida sobre la Ley de Financiamiento Universitario. El Gobierno de Milei no tiene derecho a destruir la universidad pública, y no tiene potestades para gobernar de forma autoritaria desconociendo lo aprobado más de una vez por el Congreso y dos fallos judiciales que lo intiman a cumplir la Ley.

JORNADA DE LUCHA
Miércoles 17 de Junio || 16 Horas
Sede de Gobierno UNR (Maipú 1065)

LA BANDERA, LOS PUEBLOS ORIGINARIOS Y EL LEGADO DE BELGRANO Y MONTEAGUDO

EL 20 DE JUNIO EN LA CIUDAD DE ROSARIO

A orillas del río Paraná, en el lugar donde nació Nuestra Bandera, recordamos que la historia de la Patria no empieza en 1812. Mucho antes de que flameara esta enseña, estas tierras ya tenían dueños, cultura, lenguas y organización: los Pueblos Chaná, Timbú, Querandí, y luego Qom, Mocoví, Kolla, Diaguita y Guaraní, que siguen viviendo y construyendo esta ciudad hoy.

Y es importante decirlo: Manuel Belgrano y Bernardo de Monteagudo, padres de nuestra independencia, también lo sabían.

Belgrano defendió siempre que la libertad no podía ser para unos pocos. Escribió que los pueblos originarios eran parte esencial de la Nación, que tenían derechos sobre sus tierras y que la verdadera igualdad exigía respetar su identidad, no borrarla. Para él, no había Patria completa si había hermanos excluidos.

Monteagudo, ideólogo clave de la revolución, fue aún más claro: afirmó que la Soberanía reside en el Pueblo, y que los Pueblos Originarios eran los primeros habitantes legítimos de este territorio. Denunció que su despojo y discriminación iban en contra de todo lo que se estaba luchando por construir.

HOY SER FIELES A SU LEGADO NO ES SÓLO IZAR UNA BANDERA: ES CUMPLIR CON LO QUE PROMETIERON.

Garantizar nuestra voz y decisión en todo lo que nos afecta. La bandera solo une cuando representa a todos. No hay Rosario Democrática, ni Patria Justa, si seguimos Invisibilizando a quienes estuvieron aquí primero.