EE.UU., ARANCELES E INGENIERÍA POLÍTICA EN BRASIL

LA IDEA ES EROSIONAR LA GOBERNABILIDAD ACTUAL PARA FAVORECER UN RETORNO DE LA DERECHA EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES BRASILEÑAS.

POR ALEJANDRO MARCÓ DEL PONT

Hay una paradoja que atraviesa por completo la nueva ofensiva arancelaria de Estados Unidos contra Brasil. Washington decidió castigar comercialmente a un país con el que no pierde, sino que gana. La contradicción desaparece cuando se abandona la contabilidad comercial y se observa la geoeconomía. El arancel adicional del 25%, que entra en vigor desde el 22 de Julio, no está diseñado principalmente para equilibrar Importaciones y Exportaciones.

Funciona como una herramienta de coerción, encarece la autonomía regulatoria brasileña, altera los incentivos de sus élites económicas y coloca un costo visible sobre las decisiones de un gobierno que Washington considera demasiado independiente. El comercio es el instrumento; la disciplina política, tecnológica y estratégica es el objetivo.

Eso no significa que Washington dicte el resultado electoral, pero sí que intenta influir en el clima de competencia. El arancel opera como un mensaje a empresarios, exportadores y élites políticas: el costo de sostener ciertas líneas de autonomía puede subir si Brasil no se alinea con la arquitectura preferida por EE.UU.

Críticos estadounidenses y brasileños coinciden en que el Superávit Comercial histórico de EE.UU. hace aún más llamativo el castigo. ¿Por qué castigar a un socio con el que se gana? La respuesta yace en capas más profundas: control de cadenas de suministro, acceso a recursos estratégicos y, sobre todo, el temor a un Brasil que se atreve a construir infraestructuras de Soberanía sin pedir permiso. Aquí entra el verdadero dolor de cabeza para las élites financieras estadounidenses: el PIX.

Según datos oficiales, EE. UU. acumuló un Superávit Comercial de bienes con Brasil de US $14.400 millones solo en el último año (un aumento del 112,8% respecto al año anterior). En los últimos 15 años, el superávit acumulado de EE.UU. con Brasil alcanza los US$ 424.500 millones.

La narrativa oficial habla de proteger al trabajador estadounidense, pero los pasillos de Washington y los despachos de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) revelan una verdad mucho más oscura: se trata de castigar la autonomía estratégica de un país que se atrevió a construir infraestructuras de poder al margen del oligopolio financiero de Wall Street y Silicon Valley.

Para comprender la magnitud de esta agresión, es imperativo mirar más allá del acero y la soja, y dirigir la mirada hacia el campo de batalla más sensible y sofisticado de esta disputa: el sistema PIX, que no es solo un sistema de pagos instantáneos, sino una pieza maestra de ingeniería financiera pública que, desde su lanzamiento en 2020, ha transformado radicalmente el mercado interno brasileño.

Desarrollado por el Banco Central de Brasil (BCB), permite transferencias gratuitas o de costo mínimo las 24 horas, sin intermediarios costosos. Hoy procesa miles de millones de transacciones mensuales, abarcando desde el pago del verdulero hasta grandes operaciones empresariales. Su adopción masiva —casi 200 millones de usuarios— ha democratizado las finanzas, reducido la exclusión bancaria y, de paso, desplazado a los grandes ganadores del antiguo régimen: Visa, Mastercard, Google Pay y otros intermediarios privados.

La disputa no se limita a Visa o Mastercard. Estados Unidos reunió en un mismo expediente los pagos electrónicos y las medidas judiciales brasileñas contra X, Meta, Google y otras plataformas. Son conflictos diferentes, pero tienen un elemento común: la resistencia estadounidense a que un Estado periférico determine las reglas de infraestructuras digitales dominadas históricamente por corporaciones norteamericanas.

PIX es un dolor de cabeza no solo por el mercado que ya ocupa, sino por el precedente que establece. Demuestra que un banco central puede construir una red pública eficiente, reducir las rentas de los intermediarios y organizar la economía digital sin entregar toda su arquitectura a empresas extranjeras. Si el modelo se replica en otras economías emergentes, la pérdida potencial para las redes privadas será mucho mayor que la del mercado brasileño.

Esta embestida económica contra el PIX y el sistema financiero brasileño no es un fin en sí mismo, sino el combustible para una maquinaria de intervención electoral sin precedentes en la historia reciente de las relaciones hemisféricas. Al estrangular sectores clave de la economía brasileña a apenas meses de las elecciones de octubre de 2026, la administración Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, están ejecutando un plan de condicionamiento político.

El objetivo es generar el dolor económico suficiente para que el electorado lo atribuya a la incapacidad diplomática del Gobierno de Lula, pero sin provocar un colapso sistémico que desestabilice la región. Es la creación de una profecía autocumplida. Estados Unidos impone aranceles para dañar la economía, y luego señala el daño económico como prueba de que el gobierno actual es un desastre y debe ser reemplazado.

Sin embargo, la verdadera genialidad cínica de esta medida reside en su diseño selectivo. La Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) no ha aplicado un muro arancelario ciego; ha dejado fuera actores de manera quirúrgica. La lista de aranceles del 25% no golpean indiscriminadamente. Productos clave —carne de res, café, partes de aeronaves, metales raros, petróleo y ciertos commodities— quedan exentos. Esta selección de casi 2.000 ítems (según estimaciones de impacto) revela cálculo político y económico preciso. Sectores con fuerte lobby en Washington o alineados con intereses estratégicos estadounidenses se salvan. Mientras tanto, bienes industrializados, maquinaria y manufacturas más expuestas al mercado interno brasileño cargan con el peso de la medida.

La élite agroexportadora y financiera (bolsonarista o pragmática), la carne de res (JBS, Marfrig, Minerva) y el café (grandes cooperativas de Minas Gerais y Espírito Santo, y exportadores como Cecafé), son la base electoral y financiera del bolsonarismo (la bancada ruralista). Figuras como Wesley Batista (JBS) o Marcos Molina (Minerva), y políticos como Tereza Cristina, operan con un pragmatismo feroz. Aunque son el núcleo duro de la derecha, su lealtad es al negocio, no a una ideología rígida. Buena parte de la élite agropecuaria brasileña siente una mayor afinidad política, cultural y empresarial con Estados Unidos, pero no puede aceptar una ruptura con China.

Al quedar exentos, el Gobierno de EE.UU. les envía un mensaje claro: «Nosotros protegemos sus negocios si ustedes mantienen la estabilidad y no se radicalizan contra Washington». Esto neutraliza cualquier presión que el agronegocio pudiera ejercer sobre el gobierno de Lula para que rompa relaciones con EE.UU., y valida la narrativa de Flávio Bolsonaro en Washington de que «el verdadero Brasil productivo» es aliado de EE.UU. El petróleo (Petrobras, 3R Petroleum, Enauta) y la aviación civil (Embraer) son élite que trasciende la división Lula vs. Bolsonaro. Son actores sistémicos. Embraer (con Francisco Gomes Neto como CEO y los Batista como accionistas) y el sector del petróleo dependen de tecnología, de financiamiento y de cadenas de suministro estadounidenses.

Los Aranceles no son aleatorios; están diseñados para golpear el corazón del Proyecto de «Reindustrialización» del actual Gobierno y de la Clase Trabajadora organizada. El acero y siderúrgica (Gerdau, Usiminas, CSN), autopartes, maquinaria, calzado, textiles y ciertos productos procesados de madera y muebles. Ésta es la burguesía industrial tradicional (representada por la FIESP en São Paulo o la CNI) y el sindicalismo organizado (centrales sindicales históricamente alineadas con el PT y el lulismo).

El golpe a la reindustrialización, al encarecer un 25% las exportaciones de valor agregado, hace inviable que la industria brasileña compita en EE. UU., frenando cualquier intento de Brasil de dejar de ser un mero exportador de materias primas. Estas industrias emplean a millones de personas en el ABC Paulista y en el sur del país (bastiones electorales importantes). El cierre de plantas o la reducción de horas por la caída de exportaciones genera desempleo y descontento social, que se atribuye directamente a la gestión económica de Lula.

En este tablero se juega la ambivalencia estratégica brasileña, una doctrina histórica de autonomía que ahora enfrenta sus límites más duros. Desde la era de Getúlio Vargas hasta el Itamaraty moderno, Brasil ha cultivado el “no alineamiento activo”: comerciar con todos, alinearse con ninguno, posicionarse como líder del Sur Global. Lula lo actualizó con los BRICS, el G20 y su énfasis en el multilateralismo. “Queremos comerciar con EE. UU. y con China”, repite. El problema aparece cuando la neutralidad deja de ser creíble o cuando una de las potencias interpreta esa ambigüedad como alineamiento encubierto con el adversario.

Si la Ley de Reciprocidad a los aranceles se aplica de manera simétrica y sin una estrategia de desescalada, Brasil puede terminar pagando más de lo que gana, subirán costos de importación, se van a tensionar las cadenas productivas y crecerá la incertidumbre empresarial. Además, la represalia puede empujar más comercio hacia China, reforzando el “efecto rebote” que ya varios analistas describen: Washington castiga y Brasil compensa, pero el gran beneficiado estructural termina siendo Pekín. En ese sentido, la ambivalencia deja de ser una herramienta de autonomía y pasa a ser un canal de subordinación indirecta a una nueva dependencia.

Brasil conserva tamaño, capacidad diplomática y centralidad económica, aunque su liderazgo regional se debilita cuando su política exterior se percibe más reactiva que estratégica o cuando se lo ve atrapado entre el conflicto con EE. UU. y la dependencia creciente de China. La hegemonía regional no se pierde solo por comerciar con China; se erosiona cuando el vecino concluye que Brasil ya no ofrece bienes públicos regionales claros, previsibilidad ni un proyecto de integración creíble.

Los casos de Venezuela y Cuba, donde la influencia brasileña se ha reducido a una mera gestión de daños humanitarios y migratorios, son el testimonio de esta pérdida de soberanía regional. Brasil ha dejado de ser el arquitecto de la integración sudamericana para convertirse en un actor reactivo, atrapado en el fuego cruzado de las grandes potencias.

La ambivalencia estratégica, que en su origen fue un escudo para proteger la soberanía nacional en un mundo hostil, se ha transformado en el talón de Aquiles de la potencia regional. Al intentar no elegir entre el imperio tecnológico estadounidense y el imperio manufacturero chino, Brasil termina siendo castigado por el primero y subordinado por el segundo. La lección que emerge de este julio de 2026 es amarga y reveladora: en el siglo XXI, la soberanía no se puede negociar mediante la equidistancia. O se construyen infraestructuras de poder propias, inatacables y blindadas, como lo es el PIX, y se está dispuesto a defenderlas con todo el costo político y económico que ello implique, o se termina siendo un mero espectador en la subasta de los propios recursos nacionales.

Brasil dispone desde 2025 de la Ley de Reciprocidad Económica, que permite suspender concesiones comerciales, de inversión y de propiedad intelectual en respuesta a medidas extranjeras que perjudiquen al país. La aplicación no es automática: debe existir una evaluación técnica, participación de la Cámara de Comercio Exterior de Brasil (Camex) y definición de los productos o concesiones afectados.

Una represalia simétrica e indiscriminada del 25% sobre todas las importaciones estadounidenses sería políticamente vistosa, pero económicamente poco inteligente.  El verdadero campo de batalla es el PIX porque convierte la Soberanía en infraestructura. Estados Unidos no solo ve un sistema de pagos; ve un modelo replicable que debilita la Renta de sus intermediarios financieros y reduce su capacidad de disciplinar Economías Emergentes.

Para Brasil, defender este sistema de pagos no es solo defender una herramienta tecnológica, sino preservar autonomía regulatoria, inclusión financiera y una palanca de poder en la transición hacia una arquitectura económica más multipolar.

MARCHA POR JUBILACIONES DIGNAS Y CONTRA LA REPRESIÓN

Este Miércoles 23 de Julio a las 11:00 Horas distintos Sindicatos y Movimientos Sociales de la región convocamos a una Marcha desde PAMI (San Lorenzo Nº 926) hasta ANSES, en Defensa de las Jubilaciones, Contra el Ajuste y la Represión del Gobierno Nacional.

Las Jubilaciones son una de las principales variables del Ajuste con las que el Gobierno de Milei implementa una fenomenal transferencia de ingresos desde lxs Trabajadorxs hacia los sectores más ricos del País.

Hoy la gran mayoría de lxs Jubiladxs del País cobra haberes por debajo de la línea de la pobreza. Y frente a las legítimas protestas, el Gobierno de Milei adopta semana a semana una política de represión y criminalización brutal contra lxs jubiladxs.

Los Sindicatos y Movimientos Sociales en todo el País nos movilizamos también este Miércoles contra el Hambre, por Salarios Dignos, por Educación y Salud para Todxs. Al mismo tiempo que la Movilización, distintas organizaciones comunitarias y de desocupadxs realizarán cortes de calle y ollas populares en diferentes puntos de Rosario.

En Unidad peleamos por Jubilaciones Dignas, por el Acceso a la Salud y la Educación, contra el Saqueo y la Entrega de la Soberanía, por Salarios y Estabilidad Laboral. BASTA DE AJUSTE Y REPRESIÓN.

EL FONDO DE ASISTENCIA LABORAL (F.A.L.) SU REGLAMENTACIÓN: FUNCIONAMIENTO Y ZONAS GRISES

ESCRIBE SEBASTIÁN MAZZOLINI[*] [**]

La Ley de Modernización Laboral N° 27.802, introduce una institución inédita en el derecho laboral general argentino: el Fondo de Asistencia Laboral (F.A.L.). Reglamentado por Dec. Nº 408/2026, prorrogó su entrada en vigencia hasta el 1° de Noviembre de 2026. Se trata de una de las novedades institucionales más relevante de la reforma, en MATERIA de Extinción del Contrato de Trabajo.

El F.A.L. impone la creación de un Patrimonio de afectación específica, jurídicamente separado del Patrimonio General del Empleador, inembargable e inenajenable por sus acreedores. Cada empleador constituye una cuenta individual a su nombre, administrada por una entidad habilitada por la Comisión Nacional de Valores (C.N.V.), instrumentada necesariamente como fideicomiso financiero o fondo común de inversión supervisado por ese organismo.

La C.N.V. debe autorizar los vehículos de inversión admisibles,fiscalizar su funcionamiento, adquiriendo así un rol central en la operatividad del sistema. Los recursos del F.A.L. no ingresan al patrimonio del empleador ni al del trabajador hasta que se produce el evento que activa su utilización: la extinción del contrato de trabajo.

Se financia con una contribución de pago mensual, a cargo exclusivo del empleador, y se calculan sobre la misma base que las contribuciones patronales al S.I.P.A. Las alícuotas son: 1% mensual para grandes empresas y 2,5% para micro, pequeñas y medianas empresas.

El P. E. puede incrementar esas alícuotas hasta el 1,5% y 3% respectivamente, previa aprobación de la Comisión Bicameral del Congreso. La recaudación se canaliza a través de ARCA , que actúa como agente de derivación hacia la entidad administradora, sin asumir responsabilidad por insuficiencias o falta de disponibilidad del fondo. Las comisiones de la entidad administradora no pueden superar el 1% anual sobre el activo administrado, y ninguno de los conceptos involucrados está gravado por IVA.

Tiene como objetivo alegado cubrir las indemnizaciones por extinción del contrato de trabajo sin justa causa (Art. N° 245 L.C.T., según nuevo texto), y puede extenderse a la suma pactada libremente entre las partes para el supuesto de desvinculación por voluntad concurrente (Art. N° 241 L.C.T.).

OPERAN DOS EXCLUSIONES ABSOLUTAS

(a) trabajadores con menos de doce meses de registración a la fecha de la extinción: el empleador debe afrontar la indemnización con patrimonio propio; y (b) trabajadores no registrados, respecto de quienes el FAL no presta cobertura bajo ninguna circunstancia.

El Trabajador no tiene acción directa contra el Fondo. Este es el punto estructuralmente más relevante para el litigante. Conforme el Art. N° 68 de la Ley y la Reglamentación del Decreto N° 408/2026, el Trabajador no tiene Acción Directa contra el Fondo ni contra la entidad administradora: el único obligado frente al Trabajador sigue siendo el Empleador. La insuficiencia del Fondo no altera esa responsabilidad patronal. El Trabajador despedido que no cobra su indemnización debe demandar al Empleador, no a la entidad administradora del fondo.

Zonas grises de la reglamentación. El Decreto N° 408/2026 regula los procedimientos de validación y pago (Art. N° 17), la transferencia del fondo ante cesión de establecimiento o reorganización empresaria (Art. N° 22) y el procedimiento ante quiebra o liquidación del empleador (Art. N° 72 de la Ley).

Sin embargo, persisten interrogantes no resueltos: la reglamentación no determina el procedimiento concreto para verificar el supuesto de exclusión por falta de doce meses de registración; no regula el régimen transitorio para contratos iniciados antes del 6 de marzo de 2026 con antigüedad parcial; y no aclara qué ocurre si la C.N.V. no habilita vehículos de inversión suficientes antes del 1° de Noviembre de 2026, fecha en que la obligación de ingreso de contribuciones se vuelve exigible.

La implementación práctica del sistema depende críticamente de resoluciones complementarias de la Secretaría de Trabajo, A.R.C.A. y la C.N.V., aún pendientes de dictado.

CONCLUSIÓN

El F.A.L. es una institución de diseño técnicamente elaborado pero de implementación aún incierta. Su potencial para reducir el pasivo contingente de las empresas y la litigiosidad laboral depende de que las alícuotas sean suficientes para capitalizar la obligación indemnizatoria a lo largo del tiempo -algo que solo podrá evaluarse con datos empíricos- y de que la infraestructura regulatoria (entidades administradoras habilitadas, sistemas de A.R.C.A., normativa de la C.N.V.) quede operativa en tiempo y forma.

Mientras tanto, el operador jurídico debe tener presente que el régimen indemnizatorio sustantivo no se ha modificado: el empleador sigue siendo el único deudor del trabajador, y la insuficiencia del fondo es su propio riesgo.

Desde el punto de interés del trabajador, el F.A.L. tiene para con ellos efectos prácticamente inocuos. Quizás podamos encontrar un beneficio potencial en la circunstancia no menor , de que el F.A.L. pueda transformarse en un instrumento que mejore la solvencia de los empleadores al momento de afrontar un débito laboral.

En su análisis no debemos perder la referencia acerca de que la Ley N° 27.802 no es una norma de estricto destino laboral. El Ejecutivo decidió incluir, junto al F.A.L., a otras herramientas con claro destino económico e impositivo, como las vinculadas al Impuesto a las Ganancias, I.V.A., Impuestos Internos, etc .

El F.A.L. tiene como objetivo principal fortalecer el Mercado de Capitales, ( como ha ocurrido en Brasil, Chile, Colombia o Austria), más que transformarse en un instrumento para atacar el problema indemnizatorio de la Argentina.

El tiempo dirá si la expansión de ese Mercado de Capitales, traerá efectos beneficiosos a los trabajadores, tales acceso a créditos hipotecarios baratos, financiamiento de planes de vivienda, entre otras.

En suma para aquellos que ven en la Ley N° 27.802 un espacio en donde se ha consagrado la pérdida generalizada de conquistas sociales y laborales , deberán tener presente que el F.A.L. no es, ni en un ápice, corresponsable de esa situación .

En aras de adelantar el futuro podemos preguntarnos si estas ideas y prácticas de la década del ‘90, que la Ley de Modernización ha rescatado, serán útiles para atacar la Desocupación y el Trabajo No Registrado.
La respuesta desde la lógica pseudo Einsteniana “La locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes” nos diría que No, que ese modelo fue probado y que ya ha fracasado.

Pero los que los promueven piensan distinto, y se aferran a otra realidad argentina incontrastable. Somos ejemplo en la Academia Económica Mundial de como todo lo esperable tiene resultado distinto en nuestro querido país. Así quizás, repitiendo iguales conductas tengamos resultados distintos, demostrando que el genial Einstein no siempre tenía razón.

[*] Abogado — Profesor de Relaciones Laborales y de la Seguridad Social Facultad de Ciencias Económicas y Estadística (U.N.R.).
[**] NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA TABLOIDE Nº 3 – JULIO DE 2026

ESTRENO DE DOCUMENTAL EN EL LUMIÈRE

«POESÍA ABIERTA, REBELDÍA Y LIBERTAD» un Documental que narra la historia del Ciclo de reuniones semanales para compartir poesía y música que comenzó en plena Dictadura y perduró durante más de quince años.

La presentación será el Jueves 23 de Julio, en el Centro Cultural Cine Lumiere, sito en calle Vélez Sarsfield Nº 1027 de la ciudad de Rosario.

Estarán presentes el Director del film y los Músicos entre otros participantes.

La actividad es con Entrada Gratuita. Los esperamos.

EL SEXO EN VIAJE AL FIN DEL DÍA

CRÍTICA LITERARIA DE ARIEL AUGUSTO BARRIOS

En Viaje al fin del día, Fabián Ariel Gemelotti convierte el sexo en uno de los ejes centrales de la narración. No se trata de un erotismo refinado ni romántico, sino de un sexo directo, físico y muchas veces brutal, que acompaña la violencia, la pobreza, la corrupción y la decadencia social de la Rosario que retrata la Novela.

Por su nivel de explicitud, la obra puede emparentarse con autores como Charles Bukowski, Henry Miller y Louis-Ferdinand Céline, donde el cuerpo aparece sin idealización y el lenguaje busca impactar al lector. Al mismo tiempo, el retrato de los sectores marginales recuerda por momentos a Roberto Arlt, aunque con un lenguaje mucho más contemporáneo y descarnado. La intensidad sentimental de la relación entre Fabián y Nicolee introduce un contrapunto que, en algunos pasajes, recuerda a las historias de amor trágico presentes en Alejandro Dumas, aunque trasladadas a un ambiente noir y suburbano.

La novela presenta una amplia diversidad de experiencias sexuales. El protagonista, Fabián, mantiene relaciones con varias mujeres y desarrolla un vínculo amoroso profundo con Nicolee. Su sexualidad aparece como heterosexual, pero también como impulsiva y contradictoria: el deseo convive con la culpa, la violencia y la necesidad afectiva.

Nicolee representa la dimensión más romántica de la Novela. Su relación con Fabián está basada tanto en el deseo como en el afecto y la protección mutua. El sexo entre ambos suele presentarse como un espacio de refugio emocional dentro de un mundo hostil.

Gala vive su sexualidad con libertad y sin culpa. Mantiene distintas relaciones y acepta prácticas sexuales diversas. Su personaje representa una sexualidad libre, aunque atravesada por la marginalidad y la supervivencia.

Calipso, personaje central de la novela, es presentado como una persona homosexual o de identidad trans dentro del universo narrativo. Su sexualidad se muestra con absoluta naturalidad dentro de la historia y ocupa un lugar importante en el desarrollo de la trama. Además de los episodios de humor y provocación, Calipso revela un pasado de abuso sexual que aporta una dimensión dramática y humana al personaje.

Celeste, la hija de Calipso, mantiene una relación afectiva y sexual con Fabián. Su participación es breve, pero muestra otra forma de intimidad dentro del relato.

Fernanda aparece como un personaje dominado por el deseo y la infidelidad. Su sexualidad es presentada desde una perspectiva abiertamente corporal, sin romanticismo, y vinculada al aburrimiento de la vida cotidiana.

Abigail representa una sexualidad despreocupada y hedonista, asociada al riesgo y a un ambiente dominado por la violencia, circunstancia que termina teniendo consecuencias trágicas para el personaje.

En conjunto, la Novela incorpora personajes heterosexuales, homosexuales y trans sin convertir esa diversidad en el tema principal de la obra. La orientación sexual de los personajes forma parte de su identidad narrativa y del ambiente que construye la historia. Algunos diálogos utilizan expresiones ofensivas o estigmatizantes, pero esas expresiones pertenecen a las voces de determinados personajes y no constituyen necesariamente la posición del autor.

Comparada con novelas como Trópico de Cáncer de Henry Miller, Mujeres de Bukowski o Viaje al fin de la noche de Céline, Viaje al fin del día comparte la voluntad de romper tabúes mediante un lenguaje frontal. Sin embargo, la novela de Gemelotti incorpora además una fuerte dimensión política y social ligada a la Rosario contemporánea, donde el sexo nunca aparece aislado, sino entrelazado con el narcotráfico, la pobreza, la corrupción, el amor y la violencia.

En definitiva, el sexo en Viaje al fin del día es explícito, libre, provocador y funcional a la narración. No busca idealizar el deseo, sino mostrarlo como una de las fuerzas que impulsan a personajes atrapados en un mundo degradado. Esa combinación de realismo sucio, crítica social y diversidad de experiencias sexuales constituye uno de los rasgos más distintivos de la Novela.

JUAN B. JUSTO Y EL SOCIALISMO

POR GUSTAVO BATTISTONI

En Junio de 2025, Javier Milei vociferó, desaforado, ante miles de  liberticidas españoles: ¡Muerte al Socialismo! La escritura de estas notas tiene que ver mucho con esa infausta intervención. Reivindicar la figura de Juan B. Justo y sus luchas, es aclarar cuáles son las ideas esenciales de una concepción del mundo que ha hecho extraordinarios aportes, no solo en la República Argentina, sino en todo el mundo.

Para el insigne fundador, el Socialismo era mucho más que una Teoría Económica o un simple reclamo político. Era un impulso vital y luminoso, la apertura a un Mundo Nuevo. Lo concebía como una infinita siembra de ideas y un inmenso germinar de costumbres, cuyo propósito final era acabar con el dolor inútil, y regalarle a cada ser humano una vida que fuera digna de ser vivida.

En su visión, el Socialismo era el credo de las mentes emancipadas, y la síntesis más bella del Progreso Humano. Lo abrazaba como un nuevo ideal positivo, capaz de reemplazar a las antiguas creencias que ya resultaban demasiado estrechas para el vuelo de la inteligencia y los sentimientos del hombre. Manuel Ugarte, en su brillante artículo La hora de las Izquierdas, de 1931, afirma acertadamente “…la obra del Dr. Justo, a quien debemos el soplo renovador más importante que ha pasado sobre nuestro país después de la independencia”.

No veía al Movimiento Emancipador solo como la protesta de los oprimidos contra sus explotadores, sino como la Lucha de la Verdad contra la Mentira, ese embuste que sostenía la frágil estructura de la Sociedad de su época. Además, tenía una concepción dignificadora sobre quiénes eran los verdaderos protagonistas de este Movimiento histórico. A diferencia de quienes creían que el Socialismo era un refugio para los débiles, contradiciendo a Federico Nietzsche, consideraba que el socialismo era la causa de los fuertes.

Los fuertes, según su mirada militante, eran los Trabajadores, los olvidados y explotados que con sus manos edificaban las ciudades, movían los barcos y sostenían el mundo. Soñaba, esperanzado, con que este Movimiento, guiado siempre por la luz de la educación, elevara el espíritu y la mente del Pueblo Trabajador. 

Su horizonte era construir una Sociedad humana libre e inteligente, hermanada en la justicia, y sostenida en la propiedad colectiva de los medios de producción. Era, en esencia, la marcha imparable y consciente de la humanidad hacia su propia libertad.

Consideraba que el Socialismo de cuño marxista, estaba firmemente basado en las Ciencias Económicas e históricas. Esta base científica, hogaño, es lo que permite que el Socialismo deje de ser una mera utopía, y se presente ante la inteligencia como una magnífica Síntesis del Progreso Humano.

Veía en la verdad científica, el único camino para redimir a las masas. Se preguntaba cómo evitar el sufrimiento y la degradación humana sin iluminar la mente del Pueblo, sin educarla para más altas formas de convivencia social. Es la Doctrina del Socialismo Científico Moderno, la que le enseña al proletariado cómo conquistar su Libertad y hacerse dueño de la Naturaleza.

Juan B. Justo formuló su más conocida definición del Socialismo en el año 1902, que se destaca por su precisión:

El Socialismo es la lucha en defensa y para la elevación del pueblo trabajador, que, guiado por la Ciencia, tiende a realizar una Libre e Inteligente Sociedad Humana, basada sobre la Propiedad Colectiva de los medios de producción”.

Afirmaba en la misma exposición: “El socialismo resulta de la extensión de la conciencia política del pueblo y tiende a ampliarla y profundizarla aún más; es causa y efecto del sufragio universal; su razón de ser, lo que le da fuerza y eficacia; llama a todos a la acción política y a todos da luces a la acción consciente”.

En 1913, reafirmando su concepción, planteaba enriqueciendo su definición del Socialismo: “Entendido como la elevación de la masa del pueblo por su propio esfuerzo, colectivo y consciente, el Socialismo tiene en sí todo lo necesario para llegar a la VERDAD HISTÓRICA, el sentimiento que estimula a la acción, la necesidad de ver claro para conducirla. Su aporte ha sido, pues, decisivo, también en el terreno de la teoría. Ha comprendido la preponderancia de los fenómenos de la producción en el cuadro de lo propiamente histórico, la subordinación de las Instituciones políticas y jurídicas a la técnica y a la economía, la incesante evolución social que es la Historia misma, la caducidad fatal de toda ley escrita que se oponga a la expansión de las fuerzas técnico-económicas”.

Es interesante recordar en estos momentos de Gobierno Liberticida, lo que decía en su Conferencia de 1902, sobre el papel del Estado en la sociedad: “La clase trabajadora de los países más cultos, ve en el Estado el coordinador y regulador de las relaciones de los hombres en la producción, función cuya importancia se acrece a medida que los procesos técnicos se concentran y sistematizan y que el pueblo es llamado a influir mediante el sufragio universal”.                                                                                                                                                                                                                         En el mundo contemporáneo, y siguiendo las enseñanzas de Juan B. Justo, el Socialismo es un despertar vivo y constante de los oprimidos, una marcha consciente hacia la dignidad humana. El destino final de este largo y empinado viaje es transformar el Mundo desde sus cimientos, apuntando hacia una Comunidad Humana donde reine la armonía y la inteligencia, sostenida por un pilar inquebrantable: que las tierras, las máquinas y todos los recursos tecnológicos con los que se genera la vida, pertenezcan a todos por igual.

Este ideal nace de una fractura profunda en la sociedad: el choque inevitable y natural entre quienes acumulan los medios para producir y quienes solo poseen su esfuerzo físico o mental para sobrevivir. Sin embargo, esta contienda no se plantea como un acto de venganza ciega o destructiva, sino como una acción organizada, moral y constructiva.

Se trata, en esencia, de conquistar mejoras mensurables en la existencia concreta. El Socialismo es la voluntad enérgica de un pueblo que se educa, se agrupa en sindicatos, y participa activamente en las decisiones de su tierra, utilizando la Cooperación Voluntaria para romper, eslabón por eslabón, las cadenas de las opresiones de clase, género y nacional. Emilio Frugoni, el gran Socialista Uruguayo, afirmaba que no hay peor Dictadura que la miseria. 

Para Juan B. Justo, la lucha de clases se define como el antagonismo político fundamental entre Capitalistas y Asalariados, constituyendo la gran fuerza que empuja hacia adelante a las sociedades modernas. Esta contienda es una resistencia del pueblo trabajador contra la explotación a la que lo sujeta la clase social propietaria de los medios de producción

El antagonismo se manifiesta cuando los trabajadores, reconociendo su opresión compartida, aúnan sus esfuerzos para defenderse colectivamente y elevar su situación en la sociedad. El pueblo trabajador le asigna a esta lucha un objetivo último e ideal: la Socialización de los Medios de Producción y de Cambio, es decir, el paso del reino de la Necesidad al reino de la Libertad.

No queremos terminar este texto sin recordar las lúcidas observaciones de José Arícó, sobre el Socialismo del fundador del Partido Socialista Argentino, desarrolladas en su libro La Hipótesis de Justo:“El punto fuerte del razonamiento de Justo, lo que hace de él un pensador ´Moderno´ en el estricto sentido de la palabra, es decir, un político capaz de analizar la situación argentina en las nuevas condiciones creadas por una profunda extensión de las bases de la sociedad capitalista y por un ascenso notable de la voluntad organizativa del proletariado mundial, reside, en su reconocimiento y de la posibilidad de la formación de un partido político autónomo de las masas trabajadoras argentinas separado del resto del movimiento democrático y popular”.

Y continúa observando:” Los trabajadores argentinos, en el acto mismo de su constitución de su organización política propia, creaban los presupuestos necesarios para que su lucha por la conquista de una democracia económica implicara de hecho la realización de la democracia política”.

La hipótesis de Justo, plantea José Aricó, es el proyecto estratégico más coherente de Nacionalización de las masas, de incorporación de los Trabajadores a la vida nacional, y de construcción de una democracia social avanzada en la Argentina, previo a la llegada del peronismo.

Justo, sigue planteado el marxista cordobés, buscaba que el socialismo se arraigara en la vida política y social argentina como una parte de ella misma, y no como un fenómeno de importación ajeno a la propia realidad del país. Para ello, intentó establecer una relación de continuidad y cambio con el pensamiento liberal-democrático del siglo XIX, buscando constituir al Socialismo como parte de la historia democrática de las clases populares.

Aunque Justo tomó de Marx el concepto de la lucha de clases, lo despojó de ciertas visiones ortodoxas y lo vinculó directamente con la creación de instituciones prácticas que los trabajadores podían construir frente al capital: el partido político (el Partido Socialista), los sindicatos y las cooperativas. Luis Pan, en su libro Juan B. Justo y su tiempo, sostiene que el Reformismo Justista es anterior a las reflexiones sobre el tema de Eduard Bernstein.

El Proyecto Socialista del autor de Teoría y Práctica de la Historia, no se limitaba a los obreros urbanos, sino que proponía un Programa de Reformas Económicas, Políticas y Sociales, basadas en articular las transformaciones socialistas con una democracia agraria. Su estrategia pretendía prolongar la Acción Socialista al mundo rural, para construir un bloque social entre los trabajadores urbanos, y los pequeños y medianos productores agrarios.

Concebía el Socialismo como un resultado inevitable del avance de la cultura política y de la democratización de las instituciones. Consideraba que el Socialismo Moderno contaba, quizás un poco ingenuamente, con el poder de la razón histórica, y que el Partido Socialista, como la porción más activa del pueblo, debía enseñarle a los Trabajadores a comprender su situación de clase oprimida. 

En cuanto a las razones del fracaso de Justo para constituir una opción de poder, señala José Aricó, son que quedó aprisionado por una visión cientificista, y un exceso de confianza en el poder de las ideas, lo que lo llevó a confundir, con cierto mecanicismo, la relación directa entre la posición de los Individuos en la Economía, y sus comportamientos Políticos y Sociales.

No logró entender la compleja dialéctica mediante la cual los Trabajadores podían transformar la sociedad, ni calculó la enorme capacidad de absorción e integración que el Estado demostraría tener a partir de las reformas electorales de 1912. Como consecuencia, corrientes como el yrigoyenismo primero, y el peronismo décadas después, terminaron imposibilitando la penetración del Socialismo en las Clases Populares Argentinas.

El Ideario Socialista, a partir de la brega de Juan B. Justo, y del Movimiento Social consciente de sus intereses de clase, sigue iluminando la política argentina. Depende de nosotros, continuar su Lucha, para la instauración de un Mundo sin verdugos ni explotados.

EN NUESTRO TRIGÉSIMO CUARTO ANIVERSARIO

POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, SOBERANÍA POLÍTICA, INDEPENDENCIA ECONÓMICA EN NUESTRA NACIÓN Y POR EL GOCE PLENO Y EFECTIVO DE LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES DE NUESTRA PATRIA.

Buscá también la Edición Tabloide Nº 3 de Julio, podrás leer las siguientes Notas:

  • 4 DE JULIO: 250 AÑOS DEL PROYECTO ESTADOUNIDENSE.
  • 7 DE JULIO: DÍA DEL ABOGADO LABORALISTA. LA NOCHE DE LAS CORBATAS.
  • PRUEBA CONFESIONAL EN LA JUSTICIA FEDERAL: UN ANÁLISIS CONVENCIONAL Y CONSTITUCIONAL.
  • EL FONDO DE ASISTENCIA LABORAL (F.A.L.) DE LA LEY Nº 27.802 Y SU REGLAMENTACIÓN. FUNCIONAMIENTO Y ZONAS GRISES.
  • IDIOCRACY, UN FILME MUY ACTUAL SOBRE UN MUNDO DISTÓPICO.
  • UNA MALA EN EL ÁMBITO DE LA CIENCIA ARGENTINA.
  • PARALELISMOS: ¿MILEI ES SAIGÓN?

ADEMÁS SEGUIMOS CON LA EDICIÓN IMPRESA DEPORTIVA…

Desde éstas páginas FELICITAMOS A LOS JUGADORES, CUERPO TÉCNICO Y DIRIGENTES DE LA ASOCIACIÓN DEL FÚTBOL ARGENTINO (A.F.A.), por el gran desempeño realizado en el reciente Campeonato Mundial de Fútbol y la obtención del SUB-CAMPEONATO 2026!!!

PRUEBA CONFESIONAL EN LA JUSTICIA FEDERAL

UN ANÁLISIS CONVENCIONAL Y CONSTITUCIONAL
 

POR MARÍA ÁNGELA MOSCATO[*] INTRODUCCION

    Sin lugar a dudas, la Prueba Confesional es una de las más discutidas de nuestro ordenamiento jurídico. La finalidad de este trabajo consiste en determinar los alcances de este tipo de prueba, como así también definir si cumple con los estándares Constitucionales y Convencionales.

    EN QUE CONSISTE LA PRUEBA CONFESIONAL

    La Prueba Confesional está regulada en el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación a partir del Artículo Nº 404, el cual establece: “las posiciones se formularán bajo juramento o promesa de decir verdad y deberán versar sobre aspectos concernientes a la cuestión que se ventila”. Aquí intervienen dos partes: el ponente, que es quien ofrece la prueba y acompaña el pliego de posiciones que deberá ser contestado por absolvente, que es la otra parte. Es importante destacar que la prueba confesional debe ofrecerse con la demanda, la reconvención y contestación de ambas.

    OBJETO DE LA PRUEBA CONFESIONAL Y FORMULACION DE POSICIONES

    A través de este medio de prueba se persigue que la parte declare sobre la verdad de los hechos pasados, y que se refieran a cuestiones de hecho personales o que sean de conocimiento del absolvente.

    Según el Artículo Nº 411 del C.P.C.C.N., las posiciones deben ser redactadas de forma clara y concreta; y no podrá contener más de un hecho. También deben ser afirmativas y versar sobre puntos controvertidos que se refieren a la actuación personal del absolvente. Un dato muy importante es que el juez puede modificar de oficio el orden y términos de las posiciones propuestas por las partes, pero sin alterar su sentido.

    Si las posiciones se refieren a hechos personales, el absolvente debe contestar en forma afirmativa o negativa (si o no). Además, podrá agregar las explicaciones que estime necesarias. El absolvente tiene la posibilidad de negarse a contestar por estimar una posición impertinente, lo cual deberá dejarse constancia de ello en el acta. Sin embargo, si el juez al sentenciar estima pertinente esa posición, podrá tenerla por confesa.

    Por último, otra cuestión muy controvertida de este tipo de prueba es la confesión ficta. Ésta consiste en que si el citado no comparece a declarar dentro de la media hora fijada para la audiencia, o si se rehúsa a responder o contesta de manera evasiva, el juez al sentenciar podrá tenerlo por confeso.

    LA PRUEBA CONFESIONAL A LA LUZ DE LA CONSTITUCION

    El objeto de la prueba confesional nos lleva a hacernos varias preguntas: ¿El absolvente está obligado a declarar por más que eso resulte un perjuicio para él? ¿Esto cumple con los estándares constitucionales y convencionales? ¿Existe algún límite para el alcance la prueba confesional?

    Nuestra Constitución Nacional es clara en su artículo 18, en cuanto establece que “nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo”. Aquí no se hace una distinción alguna en cuanto a la materia en que se aplica, con lo cual no cabe otra interpretación que la garantía y la prohibición de obligar a cualquier persona que enfrente un proceso se extiende a todos, cualquiera sea la naturaleza del mismo o al fuero que pertenezca. Esta garantía también se encuentra contemplada en el Artículo Nº 8.2. Inciso “g” de la Convención Americana de Derechos Humanos (con Jerarquía Constitucional conforme al Art. Nº 75 Inciso Nº 22 de la Constitución Nacional) y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos en su Artículo Nº 14.3 Inciso “g”.

    Una de las consecuencias más importantes de este derecho, principalmente en el fuero penal, es que no se puede obligar ni inducir al acusado a reconocer su culpabilidad. Esto implica que de la negativa a responder o del silencio de la persona no se pueden extraer conclusiones de culpabilidad; ello guarda gran similitud con el utilizado por la Carta Magna de los Estados Unidos, en la Enmienda V, la cual establece que “nadie será obligado a ser un testigo contra sí mismo”[1].

    En el caso de la prueba confesional, el absolvente es compelido, previo juramento de decir verdad, a declarar la verdad de los hechos que lo comprometen aun cuando pueda resultar perjudicado. Por lo tanto, no cumple con los estándares de nuestra Carta Magna, como tampoco con los estipulados por los pactos Internacionales en materia de Derechos Humanos, los cuales gozan de jerarquía constitucional. También la forma en se formulan las posiciones y las contestaciones, como así también los efectos y consecuencias que se le otorgan a las diversas alternativas son claramente inconstitucionales e inconvencionales, debido a que la persona es inducida a contestar de una determinada forma.

    El gran problema de esta prueba sucede con los efectos de la negativa a declarar, de las respuestas evasivas y de la incomparecencia de la parte citada, ya que en tales supuestos los códigos procesales indican que “se lo tendrá por confeso” (confesión ficta).

    LA PRUEBA CONFESIONAL EN EL FUERO PENAL Y CIVIL

    Tradicionalmente, se ha asociado a la verdad real con el proceso penal[2], mientras que la formal con las contiendas de derecho privado, es decir como si fueran distintas las exigencias procesales.

    Los funcionarios encargados de la persecución penal, no están legitimados para compeler al individuo a declarar o a hacerlo de una determinada manera. Incluso, cuando en el proceso se busca la reconstrucción de lo acontecido, existe la barrera constitucional de la prohibición de declarar contra sí mismo. Es decir, se busca la verdad, pero sin la declaración del propio imputado auto incriminándose, excepto que sea voluntaria y advertido previamente de sus derechos constitucionales.

    Podemos preguntarnos si la prohibición de auto incriminarse es trasladable al fuero civil y, por esta vía, aceptar que el litigante no afirme nada que le sea perjudicial. Es desde este aspecto que se asevera que la prueba confesional viola el artículo 18 de la Constitución Nacional, en tanto si las posiciones son preguntas efectuadas en base a determinadas pautas, con ciertas solemnidades y que el absolvente debe responder previo juramento de decir verdad, no podría dejar de hacerlo y se tornaría inconstitucional[3]. Sin embargo, en otra postura, la misma Corte de la Nación estima que ese límite existe sólo en el proceso penal[4], posición a la que se suma parte de la doctrina[5], pues también la Constitución, en su preámbulo establece como su finalidad “afianzar la justicia”[6].

    En el proceso civil, el reconocimiento de los hechos tendrá diferente alcance de acuerdo a la clase de expediente en el que se manifieste; por ejemplo, en aquellas actuaciones judiciales en las que se discuta una cuestión de orden público, el alcance es relativo, ya que ni el allanamiento ni la confesión de parte permiten que el juez dicte sentencia haciendo lugar al reconocimiento sin contar con elementos que ratifiquen la confesión[7].

    CONCLUSIONES

    Más allá de las limitaciones o alcances que puede tener la prueba confesional, tanto en el ámbito civil como penal, se trata de un medio probatorio que es claramente contrario a los principios receptados por nuestra Carta Magna y por los Tratados en materia de Derechos Humanos que gozan de jerarquía constitucional. Esto se debe a que el absolvente debe declarar la verdad de los hechos que lo comprometen aun cuando pueda resultar perjudicado. Esto se agrava en los casos en que la persona se niega a declarar, da respuestas evasivas o decide no comparecer, ya que en tales supuestos los códigos procesales indican que “se lo tendrá por confeso” (confesión ficta). Esta forma de proceder es más compatible con el sistema inquisitivo, donde la persona era forzada hasta el punto de “arrancarle” la confesión.

    BIBLIOGRAFIA

    BORETTO, Mauricio, La prueba de absolución de posiciones o confesional: ¿Es contraria a la garantía constitucional que prohíbe la autoincriminación?, publicado en LA LEY 2006-B, 954Ç
    EKMEKDJIAN, Miguel Á., Tratado de Derecho Constitucional, t. II.
    FERNANDEZ, Gustavo, El derecho a guardar silencio a la luz de la teoría del caso. Sus alcances en el derecho comparado, publicado en DPyC 2016 (mayo), 101, Sup. Doctrina Judicial Procesal 2016
    OTERO, Mariano. Código Procesal Civil y Comercial de la Nación comentado. 2° edición. Ed Estudio, 2013. Buenos Aires.
    QUIROGA LAVIE, Humberto; Benedetti, Miguel y Cenica celaya, María de las Nieves, Derecho constitucional argentino, t. n°1, Ed. Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 2001.
    VILLALBA, Gisela. Orígenes del derecho a no a declarar contra sí mismo y su garantía.  Revista de Derecho Procesal Penal – Número 12 – Octubre 2017


    [1] Villalba, Gisela. “Orígenes del derecho a no a declarar contra sí mismo y su garantía”. Revista de Derecho Procesal Penal – Número 12 – Octubre 2017
    [2] Fernández, Gustavo. “El derecho a guardar silencio a la luz de la teoría del caso. Sus alcances en el derecho comparado”, publicado en DPyC 2016 (mayo), 101, Sup. Doctrina Judicial Procesal 2016.
    [3] Ekmekdjian, Miguel Á., Tratado de Derecho Constitucional, t. II, p. 318 y ss.
    [4] CSJN, Fallos 238:416; 240:416
    [5] Quiroga Lavié, Humberto; Benedetti, Miguel y Cenica celaya, María de las Nieves, Derecho constitucional argentino, t. n°1, Ed. Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 2001, p. 471 y siguientes.
    [6] Boretto, Mauricio, La prueba de absolución de posiciones o confesional: ¿Es contraria a la garantía constitucional que prohíbe la autoincriminación?, publicado en LA LEY2006-B,954
    [7] Otero, Mariano. Código Procesal Civil y Comercial de la Nación comentado. 2° edición. Ed Estudio, 2013. Buenos Aires, pág. 346.

    [*] NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA TABLOIDE Nº 3 – JULIO DE 2026

    EL OPORTUNISMO Y UNO DE SUS PARADIGMAS

    JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ (AZORIN) -MONÓVAR (ALICANTE), 8 DE JUNIO DE 1873 /MADRID, 2 DE MARZO DE 1967-

    POR JORGE RENDÓN VÁSQUEZ

    El Diccionario de la Real Academia Española define el oportunismo como la “actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones”. Por supuesto, los campos privilegiados del oportunismo son el político y el periodístico, ya existan o no corrientes ideológicas cuyo fundamento sea la ética.

    En el Perú, el oportunismo se instaló con los conquistadores españoles y floreció como una conducta normal que continuó en la República. Desde fines del siglo pasado, el período de los aventureros los cuenta como un recurso imprescindible. Véase la composición del parlamento, de los consejos de ministros y de las dependencias de otros áulicos.

    El siguiente artículo atrajo mi atención, tanto por el tema como por el personaje tratado: Azorín. Fue uno de los grandes estilistas de la prosa castellana que vino al mundo de las letras con la generación del 98. Supe de su existencia en el curso de Literatura que nos impartió el profesor Valera en el 4º año de media en el Colegio Militar Leoncio Prado y, después, desde cuando fui estudiante universitario, leí varios de sus libros con fruición a pesar de su levedad y sin hurgar en su vida privada y pública, y los dejé ahí, en alguna parte de mi biblioteca, durmiendo hasta que los despertase en algún otro momento. Ahora, por ese artículo, los he observado y no he podido menos de pensar que en el oportunismo hay también grados y precedencias.  

    EL INTELECTUAL OPORTUNISTA
    POR PABLO BATALLA[*]

    Azorín fue un escritor con una obra excelsa y una vida poco edificante. Francisco Fuster la relata estupendamente en una biografía publicada el año pasado –Azorín: clásico y modern– en la que vamos viendo los vaivenes políticos, bruscos y radicales, por los que fue pasando el literato. Anarquista en su juventud, de un año para otro se hizo conservador; un maurista que después fue, no maurista de Maura ni de Ossorio -líder del ala izquierda del movimiento-, sino de Juan de la Cierva, pope del ala derecha y uno de los ogros del movimiento obrero de la época, contra el que promovía la más dura represión. Su padrinazgo permitió a Azorín ser diputado durante varias legislaturas; un diputado discreto, que no se mataba a trabajar, que casi no dio un discurso y que solía no presentarse siquiera en la Cámara, como tampoco acostumbrará a presentarse más tarde en la Real Academia Esspañola, en la que se partió los cuernos por entrar. También fue subsecretario de Instrucción Pública, puesto cuya poltrona ocupó con idéntica galbana.  El Caballero Audaz -seudónimo del Periodista José María Carretero Novillo- relataba así sus jornadas ilaborales:

    «El personaje entraba en su despacho suntuoso, se sentaba ante su mesa magnífica, apoyaba un codo en el brazo del sillón y la mano en la mejilla y se estaba horas y horas absorto. A media mañana, cuando el oficial mayor entraba a traerle la firma, lo encontraba en la misma posición. El señor subsecretario no hablaba con nadie, no recibía visitas, ni dictaba ni le enviaban cartas de recomendación, ni siquiera se había ocupado de nombrar personal para su secretaría particular. […] Clavado en su sillón, la mano en la mejilla, las miradas fijas, era una esfinge, una estatua de la meditación. A la una exactamente […] tomaba su sombrero negro y su fino bastón y abandonaba su despacho».

    El caso es que aquel conservador que escribía en Abc, en 1930, notando ya palpitar el futuro republicano del país (el olfato lo tenía fino), abandonó de pronto el periódico monárquico y se pasó al republicano El Sol. Y empezó a describirse como republicano federal, admirador de Pi y Margall; y ya llegada la República, a colmar de elogios a los socialistas y a los catalanistas… para luego empezar a distanciarse cuando las primeras elecciones, ya sin caciquismo, no lo hicieron diputado. Se quejaba Azorín entonces de que el nuevo régimen no contaba con los intelectuales: «La República la han hecho posible los intelectuales. Vosotros, los que ocupáis el poder, habéis sido los parteros de la República; pero permitidnos que os digamos que quienes la han engendrado hemos sido nosotros». Y en 1939, al tocar a su fin una guerra de la que ha huido el primer día, y que ha vivido en París, sabiendo que los dos bandos le podían tener ganas, lo encontramos escribiéndole a Franco para pedirle la «reintegración a la patria de la intelectualidad ausente». Retorna. Y el primer artículo que publica en Abc, al que se reincorpora en 1941, se titula «Elegía a José Antonio». Con el régimen franquista, no tendrá mayor problema hasta su muerte en 1967.

    La cultura es peligrosa, decía Chirbes en una memorable entrevista: «Vivimos en una contradicción tremenda. Sin cultura eres un burro, eres un torpe, etcétera, etcétera; cualquiera puede hacer contigo lo que quiera, te engañan. Y con cultura estás a punto de ser un hijo de puta siempre, porque siempre estás a punto de venderte al poder, porque siempre estás en disposición de manejar a los que no la tienen, porque sabes los mecanismos y puedes pulsarlos o no pulsarlos y siempre estás con la tentación de pulsarlos».

    El intelectual es, sí, una criatura peculiar; la suya una situación compleja, equívoca. Hace algo muy útil que sabe hacer poca gente, y que puede estar muy bien pagado: poner palabras bonitas a las cosas prosaicas, pulsar los mecanismos que hacen que el oro que caga el loro parezca oro de verdad. Pero que como modo de vida siempre es precario, porque siempre lo es el poder, su quién y su cómo. Cambian los que lo ejercen, cambia la manera de ejercerlo, cambian las palabras de moda que lo sostienen, y él, el intelectual, el maestro de las palabras, tiene que saber adaptar las alas a esas corrientes cambiantes, si quiere seguir volando; tener siempre afinado el fonendoscopio de lo que uno de ellos, Eugenio d’Ors -otro hombre que tuvo muchas chaquetas en el armario-, llamaba las «palpitaciones de los tiempos». Hoy vemos poblarse el cielo de azorines haciendo loopings. Está cambiando el viento, y hay que mover las alas: hacerse católico, decir nosequé de la izquierda y la patria, convencer a la nueva CEDA y a la nueva FET-JONS de que se olvide de los elogios que uno estuvo haciéndole al Frente Popular hasta hace media hora.

    En lo literario, los dos por igual. En lo moral, más Chirbes y menos Azorín.

    [*] publico.es – 5/6/2026