LOS MOVIMIENTOS SOCIALES DURANTE LA CRISIS DEL 2001 Y SU POSTERIOR ROL DURANTE EL KIRCHNERISMO

POR MARÍA ÁNGELA MOSCATO

Nuestro país ha atravesado una de las peores crisis de tipo política, económica y social, que eclosionó el 19 y 20 de Diciembre de 2001 y culminó con la huida del Presidente en helicóptero. Esto fue herencia del Modelo Neoliberal, que tuvo su auge en la década de los setenta, principalmente durante las Dictaduras Militares en América Latina. El mismo, se extendió durante la Década del ’80 y finalmente en la Década del ’90 con la introducción de los 10 Puntos del Consenso de Washington.

Los alarmantes indicadores de desempleo, pobreza, indigencia y el corralito, hicieron que muchas personas se movilizaran a Casa Rosada exigiendo la renuncia de toda la cúpula política, bajo la consigna: “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Esto generó, además, una crisis de gobernabilidad y de tipo institucional, generando un malestar en la población y un descontento con la política y sus representantes.

El objetivo de este trabajo es analizar el surgimiento de esos nuevos actores y Movimientos Sociales durante la Crisis del 2001. además, haremos referencia a la relación de estos con los Gobiernos Nacionales y Populares de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

CRISIS DEL NEOLIBERALISMO EN ARGENTINA

En el año 2001, confluyeron muchas situaciones. En primer lugar, se perdió el financiamiento internacional, debido al rechazo del Fondo Monetario Internacional a la hora de refinanciar la deuda de nuestro país. Además, Argentina no estuvo exenta de otras crisis que se dieron a nivel Mundial como, por ejemplo, el efecto Tequila en el año 1995, la crisis del Default Ruso en el 1998, la Devaluación de Brasil 1999 y el Feriado Bancario de Ecuador, también en el año 1999. Estas crisis demostraron que, en ausencia de instrumentos cambiarios y monetarios, los shocks impactaban directamente sobre la economía real a través del vínculo entre los flujos de capitales, la inversión, y la tasa de interés.

Al comenzar Diciembre, la recesión en nuestro país ya llevaba 42 meses y amenazaba con continuar sin prisa y sin pausa. El P.I.B. no dejaba de caer y, en el tercer trimestre de 2001, el movimiento adquirió un ritmo vertiginoso con un derrumbe de casi 10%. El ajuste había llegado para quedarse con la vuelta permanente de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía, luego de su drástica performance durante la presidencia de Menem. A su regreso durante la presidencia de De La Rúa, lanzó el programa de “Déficit Cero”, que incluyó un recorte de salarios públicos y jubilaciones de 13% (Rosso, 2021:4). Esto trajo como terrible resultado 54% de las personas pobres, de acuerdo a la medición de pobreza de ese entonces, 27,7 % de indigentes; 20,4 % de desocupados y una deuda externa que representaba el 130 % del PIB. (Risso, 2023: 1)

Como respuesta a este desastre económico, la sociedad civil se unió y se expandieron los comedores populares que, obteniendo insumos a través de donaciones, garantizaban un plato de comida para niños y adultos al borde de la indigencia. Además, organizaron asambleas barriales y movilizaciones sociales.

Las protestas comenzaron el 19 de diciembre de 2001, en medio de saqueos y ruidos de cacerolas, donde unidas la clase baja y media, pedían por la renuncia de Fernando De la Rúa. Las mismas, se extendieron al día siguiente, siendo la respuesta del Presidente, declarar el estado de sitio y reprimir brutalmente en Plaza de Mayo. Esto dejaría un saldo de 39 muertos como huella imborrable en nuestra democracia. Luego de los enfrentamientos, Fernando de la Rúa huye en helicóptero.

MOVIMIENTOS SOCIALES PRODUCTO DE LA CRISIS DEL 2001

En ese momento, surgen discusiones respecto a las salidas alternativas al Neoliberalismo, las cuales se referencian en el Foro Social Mundial. El mismo se trató de un espacio de discusión, pero no de articulación política, priorizando la diversidad de opiniones.

Las reformas económicas de los noventa, provocaron no sólo un aumento en la cantidad de personas en situación de pobreza, sino también fragmentación y exclusión social, con la cuota de violencia que ello implica. Ése es el escenario desde el cual se construye el nuevo perfil de la protesta. Ello implica también una nueva etapa en un movimiento de protesta en la historia argentina y que representa el desarrollo de distintas tradiciones y prácticas, de actores y visiones políticas (De Piero, 2020: 183).

Para que surgieran estos nuevos movimientos sociales, se debía construir una nueva identidad en reemplazo o que acompañara la del trabajador industrial, como partícipe dentro de la lucha sindical y la reivindicación de las cuestiones laborales. Por otra parte, era necesario consolidar esa identidad, la del excluido, de manera tal que pudiera convertirse, en tiempos de individualismo, en un sujeto vinculante y generador de nuevos lazos sociales y de representación para quienes la constituyen. Es decir, no se trataba sólo de una cuestión estratégica o de metodologías a utilizar (básicamente, cómo reemplazar la herramienta de la huelga), sino de la posibilidad de que quienes eran desplazados por el modelo neoliberal encontraran un elemento articulador para una convocatoria que pudiera identificarlos en un nuevo nosotros (De Piero, 2020: 184).

Entre las discusiones a la salida del Neoliberalismo, se presenta la posibilidad de recuperar la condición de incluido, es decir, de recuperar el empleo. Pero para eso, era necesario un cambio en el modelo político y económico, donde el Estado fuera el articulador social y desplazara al mercado. Pero también, se discutieron cuestiones de fondo, como, por ejemplo, si el capitalismo debía ser dejado de lado por otras formas de organización como la autogestión de los trabajadores o dando lugar a posturas más radicales de la izquierda clásica. Estas discusiones estuvieron presentes dentro de los movimientos piqueteros y las asambleas barriales. Por otro lado, también existió la participación de sectores de desocupados y medios, quienes mayoritariamente habían sido perjudicados por el corralito. Esa pluralidad de visiones y opiniones dentro los distintos movimientos sociales, llevó a darle distintas salidas y soluciones al problema. Mientras que los movimientos piqueteros optaron por el corte de calles y movilizaciones, los sectores medios se expresaron a través de los cacerolazos.

CONDICIONES QUE FAVORECIERON LA APARICIÓN DE ESTOS MOVIMIENTOS SOCIALES

Siguiendo el criterio de McAdam, McCarthy y Zald (1999), existen tres factores para analizar el surgimiento de los Movimientos Sociales: estructuras de movilización, procesos enmarcadores y oportunidades políticas.

Cuando hablamos de estructura de movilización, nos referimos a los canales colectivos, tanto formales como informales, a través de los cuales, la gente puede movilizarse e implicarse en la acción colectiva (McAdam, McCarthy y Zald, 1999:24). Como mencionamos anteriormente, los movimientos que surgieron durante el 2001, encontraron distintas formas de hacer escuchar sus reclamos, ya sea las calles, los cacerolazos, las asambleas barriales, entre otros.

Los procesos enmarcadores significan los partidos y medios a través de los cuales, las personas definen su situación. Esto significa, que las personas se sientan agraviadas por una situación determinada y ven en la movilización social, la salida adecuada para darle solución a su problema. Sin dudas, existe una relación entre organización y procesos enmarcadores, ya que estos últimos, contribuyen a la movilización porque a medida que la gente va siendo consciente de la ilegitimidad y vulnerabilidad del sistema quiere organizarse y actuar (McAdam, McCarthy y Zald, 1999:31). Sin dudas, los distintos sectores pertenecientes tenían diversas demandas, sin embargo, tenían una en común: la destitución de De la Rúa y el fin del modelo económico neoliberal.

Por último, las oportunidades políticas tienen en cuenta la importancia del sistema político, a la hora de crear oportunidades para acción colectiva. Esto quiere decir, que existe una interacción entre la política institucionalizada y los movimientos sociales. Recordemos que algunos movimientos sociales, especialmente el movimiento piquetero y los referentes de las asambleas barriales; tenían relación con dirigentes de distintos partidos políticos, principalmente con dirigentes del peronismo, que era el principal partido político opositor. Además, algunos de esos movimientos sociales, pasaron a formar parte de la política institucionalizada dentro del kirchnerismo e incluso ocupando cargos públicos de relevancia.

ELECCIONES DE 2003: SURGIMIENTO DEL KIRCHNERISMO Y LA VUELTA AL ESTADO

El triunfo de Lula Da Silva en Brasil, como así también de otros presidentes latinoamericanos como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa inauguraron el ciclo populista. En el caso de Argentina, debemos mencionar a Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

En las elecciones presidenciales de 2003 resultó elegido Néstor Kirchner, candidato del Frente para la Victoria, como Presidente de la Nación Argentina para el período 2003-2007. Kirchner salió segundo en la primera vuelta con 22,25% de los votos y superó al ex Presidente Carlos Menem, quien había salido primero con 24,45%, al no presentarse este último a competir en el balotaje.

La crisis de representación y de legitimidad del sistema democrático puede evidenciarse en la cantidad de votos en blanco que hubo en esa elección. A pesar de esa performance electoral, el ex Presidente Néstor Kirchner, era una figura sumamente carismática, que además contaba con la adhesión de gran parte de la población; principalmente de las organizaciones sociales, sindicatos; clase media y trabajadora, que se habían visto desplazados por las políticas neoliberales.

Durante las Presidencias Kirchneristas (Néstor Kirchner, 2003-2007, Cristina Fernández de Kirchner 2007-2015), se conjugaron políticas económicas heterodoxas, un cambio de paradigma con la sociedad y la construcción de un discurso contra el neoliberalismo que se pronunciaba a favor de más Estado y menos mercado (Natalucci, 2018:107). Sus gestiones se caracterizaron por una preminencia de la política sobre la economía, promoviendo un Estado más activo que dio lugar a un nuevo enfoque de gestión en políticas públicas y en acciones positivas con una perspectiva de Derechos Humanos. En cuanto a las medidas económicas, se buscó dar más importancia el mercado interno, con inclusión social, apostar a la industrialización, a la reducción del desempleo y a la implementación de políticas públicas como la asignación universal por hijo, plan progresar; argentina trabaja, procrear, entre muchas otras medidas.

En tal sentido, los instrumentos de política económica resultan claves para dar al conjunto de la economía, mediante la acción del Estado, un sentido de satisfacción del interés general. Pero también hay otras funciones del Estado, particularmente las políticas sociales, que contribuyen a la marcha del sistema económico. La satisfacción de las demandas de los grupos medios y populares, agrarios y urbanos, fuera del beneficio inmediato que les reporta, contribuye a mantener cierto grado de armonía social y a la vez a legitimar el Estado y el sistema económico-social en su conjunto (Faletto, 2014:217).

Como afirma Laclau, La constitución de un «Pueblo» requiere una complejidad interna que está dada por la pluralidad de las demandas que forman la cadena equivalencial. (Laclau, 2005:205). A pesar de la pluralidad de demandas del 2001, como la pobreza, desocupación, hambre y el corralito, existía una coincidencia en todos los sectores sociales, que era acabar con las Injusticias del Sistema Económico Neoliberal. Por lo tanto, la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia significó la esperanza para la mayor parte de los excluidos por las políticas neoliberales, ya que logró articular sus demandas. Esto nos lleva a coincidir con la idea de que el populismo no tiene una especificidad de clase, sino que depende de una lógica de articulación. De esta manera, se trató de pensar al populismo desde el punto de vista de las interpelaciones (Biglieri y Perelló, 2007:10).

RELACION DEL KIRCHNERISMO CON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

Sin dudas el Kirchnerismo tuvo una visión positiva de la participación social, ya que implementó políticas públicas inclusivas y acciones positivas para sectores históricamente discriminados y postergados. Esto implicó poner el Estado al servicio de las demandas de la ciudadanía o de los movimientos sociales.

Es decir, que sectores como ONG, Madres y abuelas de plaza de mayo, universidades, trabajadores del Estado, asociaciones civiles, comedores comunitarios; curas de opción por los pobres y movimientos sociales como los nucleados en la CTEP, opinaron y participaron activamente de la discusión, diseño e implementación de las políticas públicas. La visibilización de estas organizaciones por parte del kirchnerismo, hizo que estas se volcaran por el camino de la institucionalidad política y adhirieran tanto de la presidencia de Néstor Kirchner, como a las dos presidencias de Cristina Fernández. Es importante el rol de los populismos a la hora de retomar ciertas agendas de la sociedad civil y de los movimientos y organizaciones sociales, ya sea para el diseño de ciertas políticas públicas, como así también para valerse de la movilización social y garantizar su apoyo.

También, es necesario destacar que aquellos movimientos sociales que habían estado dispersos durante la crisis del 2001, en el período kirchnerista, logran unificarse bajo una identidad nacional y popular. Tal es el caso, por ejemplo, de la economía popular, ya que esta situación de atomización y fragmentación comenzó a cambiar con la creación de la confederación de los trabajadores de la economía popular (CTEP) en 2011, durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner y culminó con la unificación de las organizaciones y movimientos en la Unión de trabajadores de la economía popular (UTEP) en 2019 (Forni, Nogués y Zapico, 2020:75).

Sin dudas, esta forma de entender a la ciudadanía y movimientos sociales es positiva, ya que la necesidad de involucrarse en la discusión pública proviene del hecho de que, en una democracia, las decisiones del gobierno deben adoptarse públicamente, a partir de una discusión libre y abierta (Kymlicka y Norman, 2002:14). Por eso es fundamental la participación en esas organizaciones para así también fortalecer valores y sentimientos de responsabilidad personal, compromiso mutuo, cooperación, empatía y solidaridad. Sin embargo, no se trata sólo de la existencia de instituciones que hagan posible la participación, que le den fuerza normativa; es necesario comprender el complejo entramado que la participación y la incidencia implican para la ciudadanía, la cual no puede nunca ser asumida en términos de homogeneidad (De Piero, 2010:72).

Por otro lado, es necesario reconocer que el concepto tradicional de ciudadanía pasiva está en crisis. Esto se debe a que los nuevos movimientos sociales y organizaciones hacen prevalecer la cuestión identitaria a la homogeneidad de la democracia liberal, y busca concretar sus demandas a través de distintos canales participando activamente.

A pesar de la ampliación de la participación de ciertos movimientos durante el kirchnerismo, existió la resistencia de algunos sectores, como, por ejemplo: la sociedad rural, grupo clarín, la DAIA; parte del poder judicial y sectores de la jerarquía eclesiástica, entre otros. Esto generó una confrontación entre distintos sectores de la sociedad.  Sin dudas, esto se debe a que el problema de la representación persiste para sociedades heterogéneas, caracterizadas por la diversidad cultural o la desigualdad social, como las prevalecientes en América Latina (Paganelli, 2018: 22).

Sin embargo, aquí podemos como la democracia liberal brega por un consenso y negociación de las partes, que casi nunca se cumplen. Esto se debe a que en la implementación de políticas públicas siempre habrá sectores a favor, y otros que se ven perjudicados. Esto sucede porque se hace prevalecer únicamente la racionalidad dejando de lado las pasiones que existen en el debate político. Es por eso, que Chantal Mouffe es muy crítica de la democracia deliberativa, y sugiere introducir el término de la democracia agonística. La misma explica que el antagonismo es inherente a las relaciones humanas, por eso la política no tiene que eliminar la diferencia, pero así también no podemos permitir que esa diferencia se convierta en la negación del otro.

CONCLUSIONES

Las políticas neoliberales produjeron pobreza, desempleo, indigencia y hambre. Esto llevó a la crisis del 2001, donde se dieron todas las condiciones para que surgieran los Movimientos Sociales: estructura de movilización, procesos enmarcadores y oportunidad política.

La estructura de movilización consistió en que esos movimientos buscaron distintos canales para dar a conocer sus demandas, ya sea los piquetes, cacerolazos, movilizaciones, marchas, entre otras. El proceso enmarcador, implicó que, a pesar de la heterogeneidad de cada movimiento, tenían un objetivo en común: la renuncia del ex Presidente De La Rúa y terminar con el neoliberalismo. Por último, en cuanto a la oportunidad política, algunos movimientos que se movilizaron durante el 2001, con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, pasaron a formar parte de los partidos políticos que integraban el frente para la victoria. Es decir, se volcaron por la política institucionalizada, llegando incluso a ocupar puestos claves en el Estado.

La Presidencia de Néstor Kirchner y las dos Presidencias de Cristina Fernández se caracterizaron por una preminencia de la política sobre la economía, con un estado como articulador social impulsando una agenda activa en materia de derechos humanos, acciones positivas y políticas públicas inclusivas. A su vez, priorizó la justicia social, el desarrollo del mercado interno, el pleno empleo y la industrialización. Sin dudas, gran parte de la sociedad vio en estos líderes carismáticos la posibilidad de dar curso a sus demandas. En el caso específico de Néstor Kirchner, fue el presidente que terminó con las injusticias y sufrimiento sembrados por la crisis del 2001, producto de un sistema económico neoliberal que venía desde la década del 70 y atravesó también, las décadas de los 80 y 90.

A su vez, el Kirchnerismo le dio un rol fundamental a la sociedad civil y a los movimientos sociales en la discusión, diseño e implementación de políticas públicas. Es decir, se volvió al debate desde “la política”. Esto hizo que los sectores mencionados sintieran que sus reclamos podían tener eco a través de la participación dentro de la política institucionalizada, llegando a formar parte mayoritariamente del kirchnerismo y unificándose bajo una identidad nacional y popular.  Por lo tanto, el concepto tradicional de ciudadanía dentro de la democracia liberal, entra en crisis. Ya no se trataba de un ciudadano apático a la cuestión política, sino que se involucraba activamente en la toma de decisiones y en el diseño de políticas públicas, haciendo valer su identidad y heterogeneidad.

En síntesis, podemos afirmar que la relación entre el estado y los movimientos sociales fue de colaboración durante el gobierno de Néstor Kirchner y los dos gobiernos de Cristina Fernández. Todo lo contrario, sucedió con el gobierno de Fernando De La Rúa, donde hubo enfrentamientos constantes. Esto se debió no solamente a la política económica criminal neoliberal, sino también por la brutal represión de las movilizaciones sociales que dejó un saldo de 39 muertos y 500 heridos.

Este posicionamiento ideológico, le valió varios enemigos al Kirchnerismo enmarcados dentro de la derecha como la sociedad rural, la DAIA, el Poder Judicial, los especuladores financieros. Como es evidente, el consenso que busca la democracia liberal es un tanto utópico, ya que el antagonismo y debate apasionado es inevitable en el debate político. Por eso, consideramos acertado el término de Mouffe de la democracia agonística, en el cual la identidad cobra un rol fundamental, donde, además, la diferencia no debe ser eliminada, ni tampoco ser un fundamento para la eliminación del otro.

BIBLIOGRAFIA
BIGLIERI, PAULA; PERELLÓ, GLORIA (2007). “En el nombre del pueblo: el populismo kirchnerista y el retorno del nacionalismo”. Escuela de Política y Gobierno – UNSAM, Buenos Aires.
DE PIERO, SERGIO (2020) “Organizaciones de la sociedad civil: tensiones de una agenda en construcción” 2a edición especial – Florencio Varela: Universidad Nacional Arturo Jauretche.
DE PIERO, SERGIO (2010). “Participación Ciudadana en Políticas Públicas” Informe sobre desarrollo humano en la Provincia de Buenos Aires 2009-2010, Buenos Aires, EUDEBA.
FALETTO, ENZO (2009). “La especificidad del Estado en América Latina. Dimensiones políticas, sociales y culturales del desarrollo”. CLACSO.
FORNI PABLO, NOUGUES TOMAS Y ZAPICO MANUEL (2020). “La economía popular como identidad colectiva. El camino a la unidad de los movimientos y organizaciones populares en Argentina (2011-2019)”. Colección vol 31 ISSN 1850-03X
KYMLICKA, WILL Y NORMAN, WAYNE (2002). “El retorno del ciudadano. Una revisión de la producción reciente en teoría de la ciudadanía”, IEP – Instituto de Estudios Peruanos Taller Interactivo: Prácticas y Representaciones de la Nación, Estado y Ciudadanía en el Perú, Lima
LACLAU, ERNESTO (2005). “La razón populista”. Fondo de cultura económica de Argentina S.A, Buenos Aires.
MCADAM, DOUG, MCCARTHY, JOHN D; ZALD MAYER N. (1999) “Movimientos sociales, perspectivas comparadas: oportunidades políticas, estructuras de movilización y marcos interpretativos culturales”, Ediciones AKAL.
PAGANELLI, JOSE DEL TRONCO (2018). “La negociación efectiva y el proceso representativo”. Apuntes para mejorar la formulación de políticas en democracia. Cap I. Cuadernos de la ciudad de México.
NATALUCCI, ANA (2018). “El neoliberalismo en acto: políticas sociales y experiencias organizativas en Argentina (2009-2016)”. Polis, revista latinoamericana N°49 p. 103-125
RISSO, NATALI (2023). “Con más pobres que votos”. Diario Página 12. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/552874-con-mas-pobresque-votos
ROSSO, FERNANDO (2021). “Argentina y la sombra terrible del 2001”. Revista Nueva Sociedad.
Disponible en: https://nuso.org/articulo/argentina-y-la-sombra-terrible-del2001/

JUAN B. JUSTO Y EL GREMIALISMO PROLETARIO

POR GUSTAVO BATTISTONI

La sanción de la ominosa ley laboral, con la participación de gran parte de la Clase Dirigente, y el quietismo cómplice del Sindicalismo Burocrático, más preocupado en sus negocios que en la defensa de los trabajadores, ponen sobre el tapete las reflexiones de Juan Bautista Justo sobre el Gremialismo Proletario y su función en la Sociedad moderna.

El fundador del Partido Socialista, dedicó un capítulo de su obra más importante, Teoría y Práctica de la Historia, para analizar en profundidad la función de los Sindicatos y Organizaciones Obreras en la defensa de los Trabajadores. Jacinto Oddone, un denodado historiador proletario, le dedicará un destacable libro al tema, siguiendo el camino trazado por su maestro: Gremialismo Proletario Argentino. Además, siendo Diputado Nacional, en 1918, presentó un Proyecto de Ley sobre Asociaciones Gremiales de los Trabajadores.

El gremialismo proletario es analizado como un primer despertar, casi reflejo, de la Clase Trabajadora frente a la dureza y opresión del Capital. Este movimiento es un lazo de hermandad que nace de la cooperación en la fábrica. Los obreros, al verse unidos frente al patrón, se dan cuenta de que el origen de su pobreza y servidumbre es que no son dueños de las máquinas, ni de las tierras que trabajan con tanto esfuerzo.

A diferencia de los viejos gremios de artesanos de la Edad Media, donde el Aprendiz soñaba con heredar el taller y convertirse en Maestro, el Sindicato moderno agrupa a hombres que saben que solo poseen para vender su fuerza de trabajo. Hay un atisbo de La Ayuda Mutua de Piotr Kropotkin, en la mirada sobre las relaciones gremiales y su implicancia humana, en este adversario del anarquismo.

Pero la unión frente a la moderna División del Trabajo es diferente a las formas feudales de producción, tiene una perspectiva más amplia. El Gremialismo moderno es una ola viva, que se adapta constantemente a los cambios de las máquinas y de los tiempos. Dice en el capítulo sobre el Gremialismo Proletario, de su obra más conocida: “La organización gremial proletaria sigue en su desarrollo las grandes líneas que le marcan, por una parte, su carácter de entidad igualitaria de lucha, y por otra, la necesidad de su extensión y consolidación nacional e internacional”.

Para defender su pan, su salud y su familia, la Clase Trabajadora forja sus propias armas de clase. La primera y más natural es la Huelga, que él define  como una Solidaridad para no hacer. Es el acto en el que los Trabajadores cruzan los brazos al unísono para que el mundo escuche su protesta. Cuando esta unión obrera se hace verdaderamente fuerte, da paso a la negociación colectiva con el empresariado. 

Afirma con acierto: “La Huelga es la primera forma Colectiva de la moderna Lucha de Clases, la manifestación primordial de la solidaridad proletaria, solidaridad para no hacer, propia de hombres que comprenden su situación de clase explotada, sin ser todavía capaces de abolir la explotación”. De la fuerza de la clase social y su conciencia, los Obreros y Patrones se sientan frente a frente, como iguales, para fijar salarios y descansos justos, logrando que el progreso industrial no aplaste al Ser Humano.

Aunque el gremialismo levanta el espíritu del pueblo y saca al Obrero de la sumisión ciega y callada, su incidencia tiene un límite. El Sindicato es, por naturaleza, un escudo para resistir y defenderse, lo que a veces lo obliga a usar tácticas coercitivas. Plantea: “Grande es la trascendencia histórica del Gremialismo Proletario. El levanta material e intelectualmente a la moderna clase servil y la saca de la pasividad y la inconsciencia para hacer de ella un poderoso propulsor de la evolución social. La acción revolucionaria del proletario sería, sin embargo, bien limitada si se encerrara en las normas de la lucha propiamente sindical”.

Para alcanzar la verdadera libertad, y construir un mundo nuevo, bajo el signo del Socialismoel trabajador no puede quedarse únicamente en la lucha defensiva de su oficio, debe elevar su mirada, entrar con valentía en la arena política y abrazar la Cooperación Libre, tomando por fin las riendas de su propio destino para que, algún día, la riqueza y los medios de trabajo sean un patrimonio de todos. “Para reforzar, pues, su poder coercitivo, sacándolo del campo de la violencia directa, entra la clase trabajadora con fines propios en la acción política, que da doble eficacia a sus esfuerzos”. 

La clase trabajadora debe entrar a la política porque el Gremialismo Obrero, aunque es la forma inicial y genuina de la lucha de clases, tiene grandes limitaciones. La acción sindical se basa principalmente en la Huelga y en la violencia, lo cual muchas veces entra en conflicto directo con la Ley Burguesa, y no permite poner en juego las aptitudes más altas del Proletariado. Al llevar sus reivindicaciones al terreno político, el Pueblo Trabajador saca su lucha del campo de la acción directa, y le da una enorme eficacia al plasmarla en la Ley.

A diferencia de Lenin, que proponía en su libro ¿Qué Hacer?, que las ideas de transformación llegarían por afuera de la conciencia gremial reformista, Juan B Justo consideraba que la Organización Proletaria iba desarrollando en su misma praxis, formas organizativas superiores. También destaquemos su lucha contra las ideas del Sindicalismo Revolucionario y el Anarquismo, muy en boga por aquella época.

La Clase Capitalista ha demostrado no poder dirigir la evolución histórica por sí sola, generando un sistema lleno de desorden, crisis periódicas, desocupación forzosa y destructivos monopolios. El desarrollo técnico-económico ha capacitado al Proletariado para asumir funciones más altas y formas superiores de lucha. A diferencia de los convenios sindicales, las Leyes tienen resultados mucho más vastos y uniformes. La acción política permite sancionar Leyes que protegen contra la explotación capitalista, incluso a aquellos obreros que no están organizados, o no pueden defenderse por sí mismos.

La importancia del paso del gremialismo proletario a la acción política estriba en que deja de ser servil una clase que gobierna. A través del sufragio universal y su participación en el gobierno, el pueblo trabajador deja de ser pasivo, se educa para la acción histórica y avanza hacia la Socialización de los Medios de Producción. Si los capitalistas y terratenientes se organizan políticamente para disputar el poder y el gobierno en su provecho, con mucha más razón deben hacerlo los Trabajadores, que no tienen más recursos que su fuerza social productiva.

La incursión en la política es el paso indispensable para que el Trabajador no dependa políticamente del Capital, logrando imponer desde el Estado las reglas para una Cooperación Libre, condiciones humanas de trabajo y un Progreso Social Inteligente. Cuestiones esenciales en este momento de retroceso social e histórico sin precedentes en nuestro querido país.

EL IMPERIO ATACA

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Charlamos con María Ángela Moscato acerca del acecho Imperialista a los Gobiernos Progresistas de América Latina y de la Resistencia del Pueblo Boliviano a la “Motosierra” del Presidente Rodrigo Paz.

María Ángela es, además de Abogada, Profesora Universitaria y Doctoranda en Derecho, una profunda conocedora de Geopolítica y de la Realidad Sociopolítica de la Patria Grande.

Asimismo, analizaremos el conflicto en el Gobierno de Milei, su farandulización obscena y el contraste con la profundización del ajuste y la aguda crisis social.

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SIN PAN Y SIN TRABAJO

ANALÍA AGUSTINELLI – DANIEL LÓPEZ

Este Domingo 24 de Mayo a las 19:30 Horas, podrá presenciarse en la Sala «La Orilla Infinita» sita en calle Cólon Nº 2148 de la ciudad de Rosario, la puesta en escena de «Sin Pan y Sin Trabajo», obra inspirada en la pintura que a finales del Siglo XIX realizara Ernesto de la Cárcova.

Actúan Analia Agustinelli, Daniel López, Marcelo Longhi, Daniel Sanzberro y Manuel Salas.

La obra es producto de una construcción colectiva de un grupo de ex Alumnos y Alumnas de la Escuela Provincial de Teatro «Ambrosio Morante», durante los años 2024 y 2025, dirigida por el Docente de la Escuela Celso Hugo Cardozo, y que refleja la compleja situación social, política y económica de la Argentina del Siglo XX y XXI.

CUANDO EL ARTE ES LA ÚNICA RESISTENCIA

EL DÉJA-VU DE 2026: CUANDO BOLIVIA VUELVE A DECIR «BASTA» Y LA DERECHA REGIONAL SE ORGANIZA

HAY MOMENTOS EN QUE LA HISTORIA NO SE REPITE, PERO RIMA. LO QUE OCURRE HOY, 19 DE MAYO DE 2026 EN LAS CALLES DE BOLIVIA -MOVILIZACIONES MASIVAS, UNA HUELGA GENERAL INDEFINIDA, ENFRENTAMIENTOS CON LAS FUERZAS DE SEGURIDAD Y UN SALDO QUE YA INCLUYE VÍCTIMAS FATALES- RESUENA CON UNA FRECUENCIA INCONFUNDIBLE. ES EL ECO DE LA GUERRA DEL AGUA DE 2000, PERO TAMBIÉN ES ALGO RADICALMENTE NUEVO. ES UN «DÉJA-VU» CON CARACTERÍSTICAS MODERNAS, Y LO QUE ESTÁ EN JUEGO NO ES SÓLO EL FUTURO DE BOLIVIA, SINO EL DE TODA AMÉRICA LATINA.

POR RAMIRO CARLOS H. CAGGIANO BLANCO (*)

EL MISMO PATRÓN, 26 AÑOS DESPUÉS

En el Año 2000, Cochabamba se convirtió en el epicentro de una Rebelión que marcaría un antes y después en la historia de las luchas antineoliberales. El gobierno de Hugo Banzer, siguiendo las recetas del Banco Mundial, había privatizado el servicio de agua potable y entregado su gestión por 40 años a Aguas del Tunari, un consorcio liderado por la multinacional estadounidense Bechtel. La Ley Nº 2029 otorgaba a esta empresa el Monopolio sobre todos los Recursos Hídricos de la Región —incluyendo los sistemas comunitarios y de riego tradicionales— y, como corolario, las tarifas se dispararon entre un 35% y un 200%. En un país donde el salario mínimo apenas alcanzaba los 70 Dólares Mensuales, pagar 20 Dólares por el servicio era sencillamente imposible.

La respuesta popular fue la formación de la «Coordinadora en Defensa del Agua y la Vida», una coalición inédita que unió a Campesinos, Obreros Fabriles, Vecinos y Gremialistas bajo el liderazgo de Óscar Olivera y Omar Fernández. Tras meses de protestas, paros y una feroz represión que dejó un joven de 17 años, Víctor Hugo Daza, como única víctima fatal, el Gobierno se rindió el 10 de Abril de 2000. El contrato con Bechtel fue rescindido, la Ley Nº 2029 Derogada, y el Mundo vio que el Neoliberalismo podía ser derrotado desde abajo.

Hoy, el Presidente Rodrigo Paz —nieto del mítico Víctor Paz Estenssoro, arquitecto de la Revolución Nacional de 1952— aplica la misma receta con otro ropaje. En apenas seis meses de gestión (asumió en Diciembre de 2025), logró lo que parecía improbable: unificar en su contra a la Central Obrera Boliviana (C.O.B.), los Mineros, los Maestros, los Campesinos y los Movimientos Indígenas. Su fórmula: copiar el «Modelo Milei» de ajuste de shock. Eliminación de subsidios a los combustibles (con aumentos de hasta el 160%), reformas que mercantilizan la tierra, privatización de empresas estatales y eliminación del impuesto a la riqueza. El resultado es el mismo que en 2000: el Pueblo en las calles, la C.O.B. con una Huelga General Indefinida, y un Gobierno que responde con el «Corredor Humanitario» —3.500 efectivos militares desplegados—, cuatro muertos y decenas de heridos.

LA PARADOJA ARGENTINA: LA ADMIRACIÓN QUE DUELE

Mientras tanto, en Argentina, una sensación incómoda recorre las Redes Sociales. «Hay que seguir el ejemplo de los Bolivianos», se lee en miles de publicaciones. La frase condensa una frustración que crece: ante la «MOTOSIERRA» de Javier Milei —que licuó salarios, recortó el gasto social, entregó empresas públicas a amigos y aliados a precios subvaluados y profundizó la Destrucción Social y Económica— la Respuesta Social Argentina parece fragmentada, desarticulada, apática.

No es que no haya resistencia. Los Jubilados marchan todos los Miércoles desde hace meses, las Universidades se han movilizado, los Trabajadores han realizado algunos Paros Sectoriales. Pero la comparación con Bolivia es ineludible: allá, una Huelga General Indefinida, Unidad de todos los Sectores Populares, el Gobierno tambaleando a los seis meses de asumir. Aquí, una oposición desgastada, una C.G.T. prudente, y un Milei que, pese al ajuste brutal, mantiene un piso electoral de un 30%, inexplicable.

Esa comparación genera en muchos argentinos una mezcla de admiración y vergüenza: «Ellos sí, Nosotros no». Y también una pregunta incómoda: ¿qué falta para que el «Argentinazo 2.0» finalmente estalle?

EL GRAN MATIZ GEOPOLÍTICO: EL «PATIO TRASERO» DESCUIDADO (2000) VS. EL «PATIO TRASERO» AFERRADO (2026)

Para entender por qué el ciclo de 2000-2003 pudo prosperar y por qué el de 2026 enfrenta una ofensiva mucho más coordinada, hay que mirar qué estaba haciendo Estados Unidos en cada momento. El «déjà-vu» tiene un matiz geopolítico que lo cambia todo.

Entonces, a principios de milenio, Estados Unidos estaba distraído. Muy distraído.

El 11 de Septiembre de 2001 cambió el tablero Mundial. La administración de George W. Bush lanzó su «Guerra contra el Terrorismo» y puso su mirada —y sus recursos militares, financieros e ideológicos— en Medio Oriente. En Octubre de 2001 invadió Afganistán. En 2003, con la infame presentación de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de la O.N.U. mostrando un tubito con polvo blanco que él aseguraba era la prueba de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, invadió Irak.

América Latina, en ese contexto, quedó en un segundo plano. Era el «Patio Trasero», sí, pero un patio trasero descuidado, atendido con recetas automáticas del F.M.I. y el Banco Mundial, pero sin una intervención activa y coordinada. Eso permitió que los procesos de rebelión popular que estallaron en Bolivia (2000 y 2003), Argentina (2001), Venezuela (2002) y Brasil (2003) tuvieran un margen de maniobra inusual. La Casa Blanca estaba ocupada construyendo lo que algunos analistas llamaron el «7 en 5»: la idea —documentada en planes estratégicos de la época— de transformar siete países de Medio Oriente en cinco años, bajo el supuesto de que la «Primavera Árabe» (que finalmente estallaría en 2011) era un instrumento controlable de expansión democrática aliada a los intereses Norteamericanos. La historia demostró que ese plan se les fue de las manos, pero el hecho central es que, mientras todo eso ocurría, América Latina pudo dar su giro a la izquierda sin una contraofensiva imperial masiva.

AHORA, EN 2026, LA SITUACIÓN ES LA INVERSA

Estados Unidos ya no está «distraído». Salió de Afganistán en 2021 con una derrota humillante. Irak sigue siendo un hervidero ingobernable. La «Primavera Árabe» derivó en guerras civiles, dictaduras restauradas y un Medio Oriente que ya no es el centro exclusivo de su atención. China se ha convertido en su principal rival estratégico global, y la semana pasada, según las informaciones que circulan, Donald Trump habría sufrido una importante derrota comercial y diplomática frente al gigante asiático.

¿Qué le queda al Imperio Decadente? Aferrarse a lo que siempre consideró suyo: América Latina.

LA NOVEDAD: UNA INTERNACIONAL DE DERECHA

Pero lo realmente nuevo de 2026, lo que diferencia este ciclo de aquel de 2000-2003, es lo que ocurre detrás de escena. La rebelión boliviana no ocurre en el vacío. Enfrente tiene a un gobierno que no está solo, lo acompaña una “troika” llamada  por Jorge Aleman, entre otros, de «internacional de derecha».

Este matiz cambia todo el análisis. El «déjà-vu» de 2026 no es una repetición mecánica de 2000. Los pueblos de América Latina ya no luchan solo contra las élites locales y el F.M.I. Luchan contra toda la artillería de un Imperio que ve en esta región su última chance de seguir siendo relevante.

El presidente Paz aplica el «modelo Milei» y recibe apoyo explícito del argentino. Los aviones Hércules C-130 que Argentina envió a Bolivia —oficialmente con «ayuda alimentaria» (pollos, según el gobierno)— son vistos con profunda sospecha por la oposición boliviana. El expresidente Evo Morales denunció que esos aviones trasladaban «gases lacrimógenos y balines». La oposición argentina (Unión por la Patria) ya presentó un pedido de informes para determinar la verdad. El hecho es que, al menos, el gesto de apoyo político de Milei al gobierno de Paz es inequívoco.

Pero esto es solo la punta del iceberg. A la alianza Paz-Milei se suma Daniel Noboa en Ecuador, que ha militarizado su propio país para reprimir protestas, y habría enviado otro avión Hércules con contenido “misterioso”. Y José Antonio Kast en Chile, permanente vocero de una mano dura que mira con simpatía el giro boliviano. La «Doctrina Trump» para la región —intervencionismo, apoyo a gobiernos afines, desestabilización de los que no lo son— parece estar en plena ejecución.

EL «HONDURASGATE»: LA PIEZA QUE CONFIRMA LA TRAMA

El 29 de Abril de 2026, una investigación periodística difundida por Canal Red y el portal Hondurasgate publicó 37 audios atribuidos al ex Presidente Hondureño Juan Orlando Hernández —condenado por narcotráfico a 45 años, indultado por Donald Trump el 2 de Diciembre de 2025, y liberado— en los que se revela la existencia de una Red coordinada de desinformación y ataque a los Gobiernos de Izquierda de la Región.

En un audio fechado el 30 de Enero de 2026, dirigido a la Vicepresidenta hondureña, la voz atribuida a Hernández afirma: «Le contaba al Presidente Asfura que pudimos hablar con Javier Milei, y él está apoyando con 350 Mil Dólares también. Estamos bastante listos». En otro audio, dirigido al Presidente Hondureño Nasry Asfura, Hernández detalla: «Estuve en una llamada con el Presidente Javier Milei y fue exitosa. (…) Se vienen unos expedientes contra México, se vienen unos expedientes contra Colombia y, lo más importante, contra Honduras».

El objetivo, explicita Hernández en conversación con la vicepresidenta Mejía, es «atacar y extirpar el cáncer de la izquierda de ahí de Honduras y de toda Latinoamérica». Para ello, planea montar «una célula informativa» desde Estados Unidos, «para que no nos rastreen ahí en Honduras. Va a ser como un sitio de noticias latinoamericanas». Los blancos: Claudia Sheinbaum en México, Gustavo Petro en Colombia, y Xiomara Castro junto a Manuel Zelaya en Honduras. Con la inefable participación de Fernando Cerimedo, de la  Derecha Diario, impresentable que trabaja con los Bolsonaro en Brasil, con Milei y con el actual Presidente Boliviano Rodrigo Paz.

Así, el «Hondurasgate» cumple una función clave: es la corroboración documental de que existe una Coordinación Regional de las Derechas, con financiamiento, estructura de medios y un objetivo estratégico explícito. Bolivia, hoy, es el campo de batalla visible de esa ofensiva.

2000-2003 Y 2026: DOS CICLOS, UN MISMO PULSO

Para comprender la magnitud de lo que ocurre, conviene establecer un paralelo sistemático entre ambos momentos:

En 2000-2003, el ciclo comenzó con la Guerra del Agua en Bolivia (2000), continuó con el Estallido Argentino (2001) que derribó a De la Rúa y proclamó el «Que se vayan todos», se extendió con la resistencia al Golpe contra Chávez en Venezuela (2002), y culminó con la Guerra del Gas en Bolivia (2003) que expulsó a Gonzalo Sánchez de Lozada y allanó el camino para la llegada de Evo Morales (2006). En paralelo, Lula llegaba al poder en Brasil (2003) y Tabaré Vázquez en Uruguay (2005). Fue la primera «Marea Rosa» Sudamericana, el gran ciclo de Gobiernos Progresistas que puso fin a la hegemonía Neoliberal.

En 2026, el ciclo parece estar reiniciándose con características propias: la Rebelión en Bolivia contra el ajuste de Paz es el primer Gran Estallido; la frustración contenida en Argentina y la comparación con Bolivia indican que el «Basta» Argentino podría estar gestándose; las disputas electorales en Brasil, Chile y Uruguay definirán si la marea vuelve a teñirse de rosa; y enfrentamos una novedad inédita: una Internacional de Derecha Coordinada (Milei, Noboa, Kast, Trump, Vox (España), Chega (Portugal), etc.) que opera explícitamente para «Extirpar el Cáncer de la Izquierda», como revelan los Audios del Hondurasgate.

¿UN NUEVO CICLO O UNA GUERRA PROLONGADA?

La pregunta es inquietante y no tiene respuesta unívoca. ¿Estamos ante el inicio de un nuevo ciclo de Rebeliones Populares que, como entre 2000 y 2003, termine con un giro a la izquierda en la Región? ¿O ante una profundización de una guerra civil de baja intensidad entre dos Proyectos Antagónicos que ya no se toleran —una «Guerra Fría Latinoamericana» en caliente— y que podría extenderse por años?

La respuesta dependerá de varios factores: de lo que ocurra en las próximas semanas en Bolivia, donde la C.O.B. ha declarado la Huelga General Indefinida y el Gobierno se aferra al poder con ayuda externa; de lo que ocurra en Argentina, donde la apatía que denuncian las Redes Sociales podría convertirse en Estallido si la situación económica sigue degradándose; de lo que ocurra en las urnas en Brasil, Chile y Uruguay; y de la capacidad de los Movimientos populares de la región para articular una respuesta coordinada a la altura de este desafío.

Porque si algo enseñó la Guerra del Agua de 2000 es que el Neoliberalismo se derrota en las calles, pero también en las urnas y en las conciencias. Y que ninguna «MOTOSIERRA», ningún ajuste, ninguna alianza de Gobiernos de derecha y ninguna red de desinformación son más poderosos que un Pueblo Organizado.

Hoy, 19 de Mayo de 2026, los Bolivianos están dando esa lección otra vez. La policía reprime en La Paz, El Alto y Cochabamba. Los muertos empiezan a contarse. La C.O.B. resiste. Y el Mundo mira. La pregunta es si el resto de la región está dispuesta a aprenderla, y a actuar en consecuencia.

El «déjà-vu» de 2026 no es una Repetición Fantasma. Es una oportunidad. Ojalá no la dejemos pasar.

(*) Abogado, Doctor por la Universidad de San Pablo y Comunicador Social.

LAS REVOLUCIONES Y CONTRAREVOLUCIONES QUE CONFIGURAN LA SOCIEDAD CAPITALISTA

TOMA DEL PALACIO DE LAS TULLERIAS -10 DE AGOSTO DE 1792-

POR JORGE RENDÓN VÁSQUEZ

La Sociedad Capitalista, o por mejor decirlo la Sociedad cuyo régimen de producción es el Capitalismo, se caracteriza por la producción por trabajadores contratados de los bienes y servicios que se venden en el mercado para satisfacer las necesidades de la población. Este trabajo se efectúa en empresas que crean y financian ciertas personas poseedoras de los recursos monetarios para adquirir los medios de producción y contratar la fuerza de trabajo. Por consiguiente, en este régimen intervienen, por una parte, un grupo o una clase social poseedora de los recursos necesarios para acometer la producción y obtener una ganancia y, por otra, un grupo o una clase social de trabajadores que solo poseen su fuerza de trabajo y deben alquilarla para obtener los recursos que les permitan satisfacer sus necesidades y las de su familia. Como el trabajo es la fuente del valor de los bienes creados, transformados o producidos en general, la relación entre ambas clases sociales y entre las personas que las integran es necesaria, y, al mismo tiempo, contradictoria; es necesaria porque sin ese trabajo no habría producción, y es contradictoria porque el interés de los capitalistas de extraer de los trabajadores la máxima cantidad de valor, pagándoles lo menos posible se contrapone al interés de estos de que su labor no sea tan extenuante y sus remuneraciones sean más elevadas.

El Régimen Capitalista surgió en los siglos XV al XVII en varias ciudades europeas por la expansión del comercio de ciertos bienes de consumo creciente y se estableció con los caracteres que ahora presenta con la manufactura que consistió en la producción manual por trabajadores contratados por un salario en locales utilizados para ello. Muchos de estos trabajadores fueron operarios que habían sido formados en los talleres artesanales a los cuales ya no podían pertenecer o de los que se retiraban.

Desde entonces, la sociedad capitalista ha experimentado tres grandes cambios fundamentales a los que se puede considerar revoluciones cuyo efecto ha sido darle la configuración que ahora tiene. Esos cambios son la Revolución Industrial, la Revolución Política y la Revolución de los Derechos Sociales. Su característica fundamental es que fueron promovidos por ciertos intelectuales que elaboraron las bases y la ideología que describía y analizaba cada situación a la que se referían, señalaban sus causas y efectos y proponían las medidas para modificarla o sustituirla o hacer intervenir otros elementos y características que surgían de la evolución de la sociedad y sus maneras de comportarse. Cuando tales ideologías fueron asumidas por una parte importante de las clases sociales a las cuales se dirigían se convirtieron en grandes Movimientos que impulsaron los cambios propuestos en los planos de la estructura económica y las superestructuras política, jurídica y cultural.

Examinemos someramente estos cambios.

1.– LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

El primero de esos cambios fue la Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XVIII acaecida en Inglaterra. Consistió en la invención de máquinas, la utilización del hierro y del acero en la elaboración de máquinas y herramientas y el empleo del vapor de agua como fuente de energía para el funcionamiento de las máquinas y los mecanismos de transporte por vías de rieles que se inventaron. Esta revolución transformó totalmente las maneras de producir y potenció enormemente la productividad del trabajo, pero los capitalistas siguieron pagándoles a los trabajadores remuneraciones que apenas les alcanzaban para mantenerse con vida y continuar trabajando.

Durante el siglo XIX se hicieron nuevos descubrimientos en los campos de la ciencia y de la técnica que dieron lugar a nuevas invenciones incorporadas a la producción y al transporte. Hacia fines de ese siglo se comenzó a utilizar la energía procedente de los combustibles fósiles descubiertos: el petróleo y sus derivados y el gas que dieron lugar a la invención de los automotores movidos con esas fuentes de energía, los que requirieron pistas pavimentadas, carreteras y locales. A ese cambio se añadió la energía eléctrica, producida en un primer momento por las caídas de agua, con lo cual cambiaron las maneras de producir y de vivir en los centros urbanos.

En la segunda mitad del siglo XX se desarrolló la electrónica y la informática que dieron lugar a las computadoras y teléfonos móviles de uso común por la población y a la automatización de la producción en las fábricas, talleres y oficinas, abriendo un panorama de desarrollo científico y técnico de proyecciones aún desconocidas.

2.– LA REVOLUCIÓN POLÍTICA

A fines del siglo XVIII advino la Revolución Política que trasladó el poder de mandar en la sociedad de los reyes, príncipes y la nobleza a los ciudadanos a los que se consideró iguales ante la ley. Los centros de esta revolución fueron Europa y Estados Unidos. Pero donde alcanzó mayor significación fue en Francia que, con más de 25 millones de habitantes, era por entonces el país más poblado y de mayor cultura de Europa. Inglaterra tenía en ese tiempo unos 9 millones de habitantes y Estados Unidos, que se formaba recién por la reunión de sus trece colonias de inmigrantes, unos 2.5 millones de habitantes. La Revolución Francesa, que comenzó en julio de 1789, plasmó la ideología de los Iluministas que la habían promovido en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea General del 26 agosto de ese año. En este documento se consigna los derechos fundamentales de los ciudadanos como personas iguales ante la ley y la delegación de su voluntad para constituir los poderes del Estado a los cuales se inviste de las funciónes de dar las leyes, gobernar y resolver los conflictos jurídicos, puntos inherentes al pacto social que los ciudadanos aprobaban. Por su importancia, los  derechos señalados en este documento han sido reproducidos en las constituciones de la mayor parte de países del mundo.

21 DE ENERO DE 1793, EJECUCIÓN DE LUIS XVI -GRABADO DE GEORG HEINRICH SIEVEKING-

Una vez en el poder, sin embargo, la burguesía, unida con los señores feudales que aún quedaban, desencadenó una contrarevolución cuyo propósito fue apartar del poder de gobernar a los ciudadanos pertenecientes a las clases populares y principalmente a los trabajadores. Esta contrarevolución tuvo dos expresiones sucesivas: el voto censitario y la alienación.

El voto censitario consistió en la imposición del requisito de pagar al Estado cierta cantidad como impuestos para participar en las elecciones, con lo cual se excluyó del derecho de votar a casi todos los trabajadores, cuyos ingresos no alcanzaban a las sumas fijadas para pagar impuestos. Además se negó el voto a las mujeres. En muchos otros países se prohibió votar a los ciudadanos analfabetos que eran la mayoría de obreros y campesinos. Recién, a partir de la segunda mitad del siglo XIX se fue concediendo el voto a todos los ciudadanos. A las mujeres solo se les habilitó para votar en varios países europeos desde la segunda mitad del siglo XX. En el Perú se declaró el derecho de votar de todos los ciudadanos mayores de 18 años por la Constitución de 1979 (art. 65º).

Reconquistado el sufragio universal, la burguesía emprendió otra contrarevolución destinada a colocar a sus representantes en el ejercicio del poder, utilizando la alienación de los votantes, en su mayor parte trabajadores, mediante campañas de propaganda, psicológicas y sociales muy costosas. El sujeto se aliena, porque llega a identificarse con personajes y propósitos ajenos a su situación e intereses y los prefiere al momento de votar. Este procedimiento se ha generalizado en los países con economía capitalista y otros, puesto que en la democracia es el único que permite a los representantes de los partidos del capitalismo acceder al manejo de los órganos del Estado, y, por lo tanto, los medios para lograrlo han sido perfeccionados correlativamente con el mayor nivel educativo y cultural de los ciudadanos. Ello explica la prevalencia de los partidos representantes de los diversos grupos capitalistas y populistas, una variante de aquellos, y la debilidad o inexistencia de partidos con ideologías favorables a los trabajadores que no pueden solventar el costo de esas campañas. Si, sobreponiéndose a la alienación, las mayorías populares prefirieran electoralmente otras opciones de reivindicación económica y social, los grupos capitalistas y sus ideólogos podrían tentar la ruptura de la democracia y asumir el control del Estado por un golpe de estado, un procedimiento practicado ya en diferentes partes del mundo y en muchos momentos, y que solo podría evitarse si las mayorías populares defienden la democracia.

3.– LA REVOLUCIÓN DE LOS DERECHOS SOCIALES

Este cambio trascendental fue preparado en el Siglo XIX por los ideólogos socialistas y anarquistas que aspiraban a un cambio radical de la manera de producir y distribuir la riqueza creada por el trabajo y se solidarizaron con los trabajadores a quienes los capitalistas explotaban sin medida. Su primer momento fue la postulación de la jornada de ocho horas.

A fines del siglo XIX, los ideólogos socialistas se dividieron en un grupo que optó por la posibilidad de obtener ciertos Derechos Sociales para los trabajadores y otros cambios progresivos en la sociedad, negociandolos con los representantes del Capitalismo en el Parlamento, y en otro grupo que se pronunció por una Revolución que abatiese al Gobierno Feudal y Capitalista.

CONSEJO DE OBREROS DE LA FÁBRICA PUTILOV, QUE EMPLEABA A MÁS DE 35.000 PERSONAS Y QUE CONSTITUYÓ UNO DE LOS PRINCIPALES NÚCLEOS REVOLUCIONARIOS DE PETROGRADO (ACTUAL SAN PETERSBURGO).

En noviembre de 1917, este grupo, denominado bolchevique, tras una Revolución de algunos partidos del Capitalismo que derrocó al Zar en Rusia, los desplazó del Gobierno por otra Revolución y, poco después, abolió la propiedad privada de los medios de producción y estableció una economía socialista.

En Alemania, en Noviembre de 1918, los socialistas de una y otra tendencia y ciertos grupos de la burguesía impulsaron otra Revolución que depuso al Kaiser y colocó en el poder del Estado al partido Socialdemócrata el que ya contaba con la mayoría en el parlamento. De inmediato las organizaciones sindicales de este partido promovieron un acuerdo con los dirigentes empresariales por el cual, a cambio del cese de las huelgas, estos reconocieron la jornada de ocho horas y otros derechos sociales, la negociación de las remuneraciones y condiciones de trabajo y el arbitraje y el establecimiento de comisiones de control de la aplicación de la legislación laboral en las empresas con cincuenta o más trabajadores. Simultaneamente se convocó a elecciones para la conformación de una asamblea constituyente. El otro partido socialista no admitió esta manera de actuar del partido Socialdemócrata y, en diciembre de ese año, inició una revolución que el gobierno y el Ejército reprimieron duramente. La asamblea constituyente, elegida el 19 de enero de 1919, se reunió en la ciudad de Weimar y, en ella, la Socialdemocracia, que contaba con el 34% de los votos, en acuerdo con los representantes de varios partidos de la burguesía, logró la aprobación de una constitución que admitía como bases de la organización de la sociedad y del Estado el contrato social, la intervención del Estado en la economía en beneficio de la Nación y para la protección de la fuerza laboral, la libertad sindical, los seguros sociales y la reglamentación internacional de los derechos laborales. Este modelo de Constitución fue luego reproducido por las Constituciones de otros países al que se ha denominado el espíritu de Weimar.

Simultáneamente, por el tratado de paz en Versalles, a petición de los representantes de los partidos socialdemócratas, varios de ellos dirigentes sindicales, se creó la Organización Internacional del Trabajo, que estaría conformada por dos delegados del gobierno, uno de las organizaciones de empleadores y otro de las organizaciones sindicales de cada Estado miembro. La función principal atribuida a esta organización fue la aprobación de convenios internacionales de trabajo que podrían ser incorporados por los Estados en su legislación interna. Acto seguido, en el primer convenio aprobado por esta organización, en octubre de 1919, se estableció la jornada de ocho horas, que muchos estados ratificaron.

Por lo tanto, la adopción de esta jornada fue el primer momento de un cambio fundamental en la realización del trabajo, porque, por una parte, dio comienzo a la admisión de otros derechos sociales relativos a los descansos semanal, en días feriados y anual, a ciertas sumas de dinero que el empleador debe pagar complementando la remuneración ordinaria, a la remuneración mínima, a la protección contra los riesgos sociales, a la libertad sindical, la negociación y la convención colectivas y la huelga, y, por otra, por la intervención del Estado para controlar la vigencia de esos derechos. En adelante, por consiguiente, el mercado de fuerza de trabajo debía sujetarse a la normativa protectora de los trabajadores, con lo cual se creó un área de mercado regulada por el Estado y la voluntad de las partes.

Esta regulación de la contratación de la fuerza de trabajo fue en realidad una revolución económica a la cual tuvo que avenirse el capitalismo o la mayor parte de este para que los trabajadores abandonasen la idea de un cambio revolucionario que habría podido llevar a la abolición de la propiedad privada de los medios de producción.

Luego de la segunda Guerra Mundial en el siglo XX, la Declaración de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas en Diciembre de 1948 en París, consolidó aquella revolución y en lo sucesivo en casi todos los Estados del mundo se reconoció los derechos sociales con ciertos mínimos como un activo de los trabajadores semejante a la propiedad. En los treinta o cuarenta años siguientes aumentó la producción de bienes y servicios de cuyo beneficio los trabajadores participaron, elevando su nivel de vida. A esta nueva situación económica y social, expresión de los nuevos términos del pacto social, se le denominó Estado Social de Derecho.

1º DE ENERO DE 1959, EN LAS PRIMERAS HORAS EL DICTADOR FULGENSIO BATISTA AL VERSE ABATIDO HUYE DE CUBA A LA REPÚBLICA DOMINICANA.

Algún tiempo depués, sin embargo, en la clase capitalista muchos de los más grandes empresarios comenzaron a mirar codiciosamente los recursos obtenidos por los trabajadores con su trabajo, y decidieron apropiarse de una parte de ellos. Para lograr este propósito, encargaron a sus ideólogos la elaboración de una teoría cuya práctica les transfiriera esos recursos. En otros términos, se lanzaron a preparar una contrarevolución contra el Estado Social de Derecho. Hacia 1980 esa teoría estuvo lista y la lanzaron en varios encuentros de grandes empresarios, sus políticos de mayor confianza y algunos profesores univesitarios. Fue el neoliberalismo que consistía básicamente en la reducción del valor de los derechos sociales o lo que llamaron la desregulación de la legislación protectora de los trabajadores o también flexibilidad del Derecho del Trabajo. Para convencer a los juristas dedicados a las relaciones laborales sobre la necesidad de reducir los derechos sociales la Sociedad Internacional de Derecho del Trabajo y Seguridad Social organizó una reunión mundial en Caracas, en julio de 1985. Del plano ideológico este neoliberalismo precarizador de los derechos sociales pasó al plano político y, en seguida, los parlamentos y los gobiernos comenzaron a modificar las normas favorables a los trabajadores reduciéndoles sus alcances y cambiándoles de sentido para lograr un trabajo inestable, más largo, intermediado y con menores derechos económicos. El resultado fue una transferencia de recursos de los trabajadores a los capitalistas que era lo que estos querían. En Estados Unidos y Europa esa transferencia elevó sus ganancias en más de un 20% y fue a invertirse en el aparato productivo de sus países y los países en vías de desarrollo del Asia y en la adquisición de valores en las bolsas y, entre ellos, bonos de la deuda pública de los Estados. En América Latina se desarrolló la construcción de edificios para viviendas y oficinas que adquirieron los dueños de empresas de todo tamaño y sus ejecutivos.

Esta contrarevolución contra los derechos sociales no hubiera podido tener éxito de no haberse apoyado en la contrarevolución política.

¿Cuál fue la actitud de los trabajadores ante ella? No la resistieron como se hubiera debido y a muchos no les importó lo que sucedía. De haberla combatido energicamente es posible que la hubieran impedido. Algunas de sus organizaciones se limitaron a emitir comunicados de denuncia que no lograron, sin embargo, convencer a la mayor parte de trabajadores de que debían luchar para defender los derechos que les arrebataban, y se dejaron estar. Las causas de esta actitud fueron: 1) el mejoramiento del nivel de vida de las clases trabajadoras en los países más desarrollados y con desarrollo medio por el crecimiento del PBI que, aunque reducido, compenza la disminución de los ingresos de los trabajadores por la flexibilidad o la desregulación; 2) la ausencia de apoyo de la mayor parte de intelectuales los que desde la segunda mitad del siglo XX abandonaron su solidaridad con ellos y se abstuvieron de producir ideologías de cambio y progreso social; 3) la conformidad de la mayor parte de trabajadores con el goce de los derechos sociales subsistentes y con su pertenencia a una sociedad dominada por la alienacion política; y 4) la inexistencia casi total en los trabajadores de la idea de un cambio radical en la sociedad por la renuncia a la revolución de los partidos comunistas y otros grupos afines que redujeron su influencia, se disgregaron o desaparecieron.

A pesar de estas ventajas, sin embargo, en Estados Unidos, los países europeos y otros, para aplacar la protesta de ciertos grupos de trabajadores y los pensionistas, cuyos derechos de Seguridad Social no alcanzaban a financiarse totalmente con las cotizaciones aportadas por el aparato productivo debido a la resistencia de los empresarios, el Estado ha tenido que cubrir la diferencia con aportes del presupuesto público procedentes del endeudamiento. Por esta causa y por otros gastos del Estado, en las cuatro décadas siguientes a 1980, la deuda pública en esos Estados creció año tras año hasta sobrepasar las sumas de sus PBI y se hizo impagable. La solución para algunos Estados europeos ha sido reducir drásticamente algunos derechos de Seguridad Social y hacer que la diferencia la cubran los asegurados.

En el plano sindical el conformismo de los trabajadores se manifestó como la inmersión de la mayor parte de sus dirigentes sindicales en el juego negocial con los empresarios a pesar de la reticencia de estos y en la abstención de considerar los intereses de los trabajadores en el panorama económico y político. Fue por ello normal que casi todas las organizaciones sindicales nacionales que habían formado parte de la Federación Sindical Mundial, animada por los partidos comunistas, la abandonaran desde 2006 para pasarse a la Confederación Sindical Internacional que resultó de la fusión de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres y la Confederación Mundial del Trabajo. En el Perú, esa conducta de la dirigencia sindical a favor de la contrarevolución contra los derechos sociales se expresó como la campaña de las centrales sindicales para incorporar la legislación laboral en un código o una ley general del trabajo cuyo articulado reproducía las normas con menores derechos para los trabajadores que se dieron desde 1991 y como su apoyo a una ley procesal del trabajo que llevaría la duración de los reclamaciones en la vía judicial a más de diez años. Esta amenaza para los trabajadores no llegó a plasmarse en normas por la acción ideológica de algunos profesores de Derecho del Trabajo y por la resistencia de un grupo de dirigentes sindicales de base que la combatieron radicalmente.

El conocimiento a fondo del comportamiento de las clases trabajadoras por los ideólogos del capitalismo ha contribuido a asegurar la contrarevolución contra los derechos sociales.

4.– LA CLASE OBRERA

En las obras de Carlos Marx y en el Manifesto Comunista de 1848 que él escribiera con Federico Engels se considera a la clase obrera como el grupo antagónico fundamental del capitalismo al cual abatiría para crear una sociedad socialista. Fue esta una aseveración ideológica resultante del examen de la evolución dialéctica de la sociedad en la primera mitad del siglo XIX. En los años siguientes, gracias a la acción de numerosos intelectuales que adhirieron a esa teoría, un número creciente de obreros se incorporó a las organizaciones sindicales creadas en el siglo XIX y, a fines de este, a los partidos socialistas. Cuando estos partidos se escindieron entre un grupo que propugnaba la revolución como el camino hacia el poder político y otro que prefería una evolución pacífica basada en la transacción con el capitalismo, la mayor parte de obreros motivados sindical y políticamente prefirió la adhesión a este segundo grupo. Las posibilidades de acometer una revolución en otros países, como había acontecido en Rusia en noviembre de 1917, se alejaron por esa inclinación mayoritaria de los intelectuales y obreros y, después de la Segunda Guerra Mundial, por la inserción de los partidos comunistas en el juego político de elecciones periódicas. Correlativamente, numerosos intelectuales que habían simpatizado con los partidos comunistas y con la clase obrera se alejaron de ambos. Luego, la mayor parte de la clase obrera prefirió a los partidos socialistas y a otros y se adhirió incluso a ciertos partidos clasificados como de derecha o les dio su voto. Por lo tanto, la idea de ser la clase obrera una clase revolucionaria se desvaneció. Tampoco la clase obrera por sí ha podido crear una ideología que defina sus intereses y trace para ella un curso de acción, ni podría hacerlo, puesto que no está capacitada para ello ni es su función hacerlo. La elaboración ideológica es el resultado de lecturas, investigación y reflexión constantes para lo cual se requiere una formación del más alto nivel universitario y mucho tiempo.

GEORGE WHASHINGTON CRUZANDO EL DELAWARE -OLEO SOBRE LIENZO DE EMANUEL GOTTLIEB LEUTZE-

5.– LA CLASE PROFESIONAL

La evolución del capitalismo ha dado lugar a la expansión de otro grupo social que también trabaja por una remuneración. Es la clase profesional formada en universidades para las actividades de planeación, dirección, control y otras tareas especializadas en las empresas, el Estado y ciertos aspectos de la sociedad sin cuyo concurso serían irrealizables. Es este un cambio generado por el aparato productivo o la estructura económica que ha dado lugar a los cambios correlativos en las superestructuras política, jurídica y cultural. Ocupando cargos de dirección en el Estado, a los que accede por concurso público, designación por los grupos con poder político o recomendación, la clase profesional ejerce ya una parte del poder de mandar en la sociedad.

El capitalismo no ha creado aún un nuevo tipo de relaciones de producción que lo sustituya en el futuro.

6.– HACIA UNA NUEVA TIPIFICACIÓN JURÍDICA DE LA RELACIÓN LABORAL

Se advierte sí la evolución del contrato de trabajo, desde su naturaleza de relación de dependencia jurídica por una remuneración y los derechos sociales consiguientes, hacia una relación de asociación en la que el capitalismo suministra la voluntad y los recursos para producir que los trabajadores no tienen, y estos ponen su fuerza de trabajo, que el capitalismo no tiene y sin la cual la producción es imposible. En esta relación, el valor creado, que se reparte entre ambos grupos, deberá tender a una distribución más equitativa a condición del ejercicio de la presión necesaria por las clases trabajadoras.

7.– UNA NUEVA CORRIENTE IDEOLÓGICA

Como es evidente que la evolución de la sociedad no puede detenerse es posible que, como parte de ella, la clase profesional cree e impulse una nueva corriente ideológica que postule los cambios exigidos por el desarrollo de la ciencia, la técnica y la producción, la formación profesional y cultural y una distribución más racional y equitativa del producto social. Esto requerirá, en lo inmediato, parar la contrarevolución política y la contrarevolución contra los derechos sociales.

AÑO 1974, LA REVOLUCIÓN DE LOS CLAVELES, LISBOA, PORTUGAL -FOTOGRAFÍA ALFREDO CUHNA-

LA REVOLUCIÓN FINANCIERA

POR SERGIO RUBÉN ROSSI [*] 

El Gobierno Nacional está llegando a los 2 años y 5 meses de gestión, esto quiere decir que ya ha superado la mitad del mandato, y hasta ahora lo que puede mostrar como logro es muy poco (su caballito de batalla, la Inflación Cero Mensual, nunca la ha logrado).

Tiene en su haber un 290% de aumento en el costo de vida de los Argentinos (29 meses), si hasta casi ha alcanzado en promedio, a la gestión del Ministro de Economía de Alberto Fernández, Sergio Massa, que desde Agosto de 2022 a Noviembre de 2023 acumuló un 148,2% (15 meses de gestión).

Este Presidente, sin dudas apostó sólo al endeudamiento del país, a la extranjerización de las Tierras y los Recursos Naturales (reforma a la Ley de Glaciares), y a la timba Financiera.

Pero, en lo que cada día se supera a sí mismo es en los escándalos que salen a la luz por doquier. Por mencionar sólo algunos, la Estafa con la Criptomoneda Libra, el sistema de recaudación para la Zarina y otros, a través de las compras de medicamentos con sobreprecios, en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), y cuyo titular Diego Spagnuolo, fuera amigo personal y Abogado de confianza del actual Presidente.

Como si esto fuera poco, se le agrega el Capitulo “Fin”, con el cuestionado Jefe de Gabinete de Ministros, Manuel Adorni que está siendo investigado por Enriquecimiento Ilícito debido al notable crecimiento de su patrimonio personal y los elevados gastos personales y familiares que no concuerdan con sus ingresos como Funcionario Público.

Y ahora, tras el Informe Anual en la Cámara de Diputados de la Nación, surgen nuevos datos económicos sobre el despilfarro de Recursos Públicos, por parte de distintos Organismos del Estado Nacional, cuando el Discurso Oficial es NO HAY PLATA para los Jubilados, las Universidades, la Salud Pública.

[*] NOTA EDITORIAL DE LA REVISTA IMPRESA N° 30 – MAYO DE 2026

MAYO DE 2026, ALGO MÁS QUE UN CABILDO ABIERTO…

PERIODISMO + SHOW + REDES SOCIALES= EL CAMBIO DE PARADIGMA TOTAL…
«LA POST VERDAD»

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JUAN B. JUSTO Y LA DEMOCRACIA OBRERA

POR GUSTAVO BATTISTONI

Para Juan B. Justo, la democracia obrera era el amanecer de una nueva esperanza para los trabajadores, una visión que va mucho más allá de simplemente ir a votar. El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como definió la democracia, Abraham Lincoln, solo podía ser posible en el Socialismo. En su alocución  en el Congreso Socialista de 1910, realizado en Copenhague, expresó: “Comprendemos el socialismo como el método de acción histórica que eleva al pueblo trabajador, sobre todo por el esfuerzo del pueblo trabajador mismo, método capaz de adaptarse a condiciones cualesquiera”.

La democracia obrera significa, antes que nada, la organización metódica y valiente de los trabajadores. El pueblo, que hasta entonces solo conocía la fatiga de las jornadas largas y el dolor de los hospitales, descubre de pronto que lleva en sí mismo una gran fuerza transformadora. Esa fuerza no debe desperdiciarse en estallidos inútiles, sino canalizarse a través de un movimiento orgánico de tres pilares: el sindicato para defender el salario en la lucha diaria, la cooperativa para que el obrero aprenda a administrar la riqueza sin amos, y el partido político para cambiar las leyes de la nación.

El penúltimo de los trece capítulos de su obra más importante, Teoría y Práctica de la Historia, de 1909, titulado La Democracia Obrera, resume su pensamiento sobre el tema. Juan B. Justo reflejaba en su concepción, el pensamiento predominante sobre la cuestión  en el Socialismo Internacional de su época. A partir de la crítica de Karl Kautsky a la Revolución Rusa plasmada en su folleto La Dictadura del Proletariado, y la posterior respuesta de Lenin, se abrirá una nueva etapa en cuanto a la discusión sobre el concepto de la Democracia Obrera.

A diferencia de la democracia burguesa, que derribó a los reyes y las prerrogativas feudales, pero coronó al Capital y a la Propiedad Privada como derechos intocables y eternos, la Nueva Democracia Obrera denuncia esa acumulación de riqueza como una fuente de opresión. Plantea el fundador del Partido Socialista: “Congregase, pues, los trabajadores en la Democracia Obrera, distinta de la Democracia Burguesa, que, al proclamar los Derechos del Hombre sobre las ruinas del castillo, del trono, y del altar, afirmó como un Derecho Absoluto y Eterno el Derecho Capitalista de la Propiedad. La nueva democracia lo denuncia como fuente de privilegio y de opresión, quiere también para el taller, para la tienda y para el campo, el Régimen Constitucional”.

La verdadera democracia es el uso inteligente del Sufragio Universal. El obrero es invitado a dejar de ser un testigo silencioso, para ir a las urnas y convertir su voto en un arma pacífica. Juan B. Justo rechazaba la política del fraude, manejada por una Oligarquía que solo buscaba proteger sus estancias y sus privilegios. La Clase Trabajadora estaba llamada a dar el ejemplo, llevando al Gobierno a sus propios representantes para que la política deje de ser un juego oscuro, y se convierta en una ciencia al servicio del bienestar común.

La Democracia Obrera no quiere que los Derechos del Hombre existan solo en los papeles del Gobierno; exige que el Régimen Constitucional, sea una expresión de la sociedad civil. Su meta es que las fábricas y las obras públicas ofrezcan condiciones ejemplares y dignas para todo aquel que trabaja con sus manos. 

Afirma en el capítulo La Democracia Obrera: “Los partidos obreros tienen una doctrina común, cuyos grandes rasgos son los siguientes: Organización internacional del proletariado en partido de clase para la conquista del poder político y la Socialización de los medios de producción”.                                                                           

Para este nuevo mundo, no hay arma más noble ni función estatal más sagrada que la Educación Pública. Entiende nuestro biografiado, que la técnica y la economía cambian constantemente, y solo a través de la instrucción el trabajador puede prepararse, elevar su mente y ser verdaderamente libre frente a la máquina y al patrón.

Esta nueva democracia busca aliviar los hombros del pueblo. Por eso, se negaba a aceptar los impuestos indirectos -aquellos que encarecían el pan, el abrigo y el consumo diario- con los que el Estado burgués asfixiaba, y abrumaba al trabajador. En su lugar, levantaba la voz contra los monopolios y los grandes latifundios, exigiendo impuestos progresivos sobre la tierra para que esta deje de ser un privilegio estéril.

Al mismo tiempo que rechazaba los impuestos injustos, le exigía al Estado que construyera instrumentos de protección social. Pedía e impulsaba la creación de instituciones públicas dedicadas a la asistencia, los seguros contra la desocupación y los accidentes, la higiene y la salud pública.

El sueño de la política obrera es abandonar los tiempos oscuros de la obediencia ciega y el garrote. Su anhelo más profundo es forjar una sociedad de hombres que quieran vivir libremente. Busca que las Leyes no se impongan por la fuerza, sino que nazcan del entendimiento común, para que el Ser Humano trabaje y conviva unido por los lazos luminosos de la Cooperación Voluntaria y la Solidaridad.

En 1911, llegó el gran socialista francés Jean Jaurès a la Argentina. Su visita parece ser motivada, esencialmente, para la refutación de la tesis de Enrico Ferri sobre la imposibilidad del socialismo en la Argentina, y da una serie de conferencias entre septiembre y octubre de ese año. En la línea de Juan B. Justo, agrega interesantes aportes para entender la concepción socialista de la democracia.  La democracia, para él, no es simplemente un sistema de leyes o una palabra escrita en un documento frío, se expresa como un cuerpo vivo que tiene que ser despertado por la lucha de clases.

La clase obrera es el nervio de la democracia. Así como el nervio es el impulso que da movimiento y sensibilidad al cuerpo, son los trabajadores quienes le han inyectado vida a esas ideas de papel, obligándolas a convertirse en una realidad palpable y eficaz. Gracias a la lucha incansable de los asalariados, la democracia dejó de ser un club privado para intentar abrazar a todos a través del sufragio universal, alcanzando así su verdadera fuerza y extensión.

Esta democracia necesita un corazón que lata con fuerza para no morir de apatía. Los trabajadores le prestan un segundo gran servicio: sacuden el espíritu público y obligan a la democracia a mantenerse despierta, organizándose en grupos y partidos impulsados por ideas. Fue un gran aporte al socialismo argentino la visita, en 1911, de uno de los mártires de la clase obrera.

En este momento histórico, con el Gobierno de los Estados Unidos en manos de un desembozado imperialista, y Gobiernos reaccionarios como el del Pinochetista José Antonio Kast en Chile, o el de Javier Milei, la noción de Democracia Obrera de Juan B. Justo, vuelve a tener una enorme relevancia para poder vislumbrar con esperanza, un Mundo donde la Justicia Social impere definitivamente. 

EL CORAJE DE APOSTAR AL FUTURO: CUANDO BRASIL DIJO «NOSOTROS PODEMOS»

DEL PRÉ-SAL A LAS TIERRAS RARAS, LA POLÍTICA AUTÓNOMA COMO HILO CONDUCTOR DE LA SOBERANÍA BRASILEÑA.

POR RAMIRO CAGGIANO BLANCO

15 de Mayo de 2026 – En un mundo sacudido por guerras comerciales, aranceles unilaterales y la militarización de las cadenas de suministro, Brasil ofrece una lección que trasciende fronteras: la soberanía no se decreta, se construye con coraje, inversión y visión de largo plazo. Dos episodios separados por dos décadas -el descubrimiento del pré-sal y la reciente regulación de las tierras raras- revelan un patrón que otros países del Sur global harían bien en estudiar y, sobre todo, imitar.

PRIMERA LECCIÓN (2003-2010): EL PRÉ-SAL Y LA APUESTA CONTRA TODO PRONOSTICO

Cuando Luiz Inácio Lula da Silva asumió la Presidencia en 2003, Petrobras era una empresa mixta con mayoría estatal que venía de una década de gestión neoliberal. La vieja guardia de la compañía tenía una prioridad clara: Estabilidad. No querían arriesgarse en nuevas prospecciones. El mantra era «no gastar, no arriesgar».

Lula y su equipo del Partido de los Trabajadores tenían otra idea: sin inversión no hay ganancias, y Brasil llevaba décadas buscando romper su dependencia del petróleo importado -una obsesión que se remontaba a la dictadura militar y que dio origen al programa Proálcohol-.

La decisión fue tomada a contramano del «sentido común» de la época: perforar a 7.000 metros de profundidad (2.000 metros de agua, 2.000 de roca, 2.000 de sal). Los técnicos más ortodoxos lo llamaban «Suicidio Técnico». Nadie en el mundo había logrado algo así a esa escala.

El coraje tuvo recompensa. A fines de 2006, Petrobras encontró petróleo ligero de altísima calidad en el Campo de Tupi (hoy Campo de Lula), bajo una gruesa capa de sal que se movía y era corrosiva. El hallazgo convirtió a Brasil en potencia petrolera.

Pero ahí no terminó la política autónoma. Lula enfrentó una segunda disyuntiva: comprar plataformas petrolíferas coreanas más baratas o construirlas en Brasil. La opción coreana ahorraba aproximadamente US$ 100 millones por plataforma. La decisión de Lula fue contundente:

«O nós tomamos a decisão de fazê-las aqui, gerando tecnologia, emprego, renda e desenvolvimento, ou a Petrobras vai economizar US$ 100 milhões e comprar todas em Cingapura

Construir en Brasil. El resultado: la industria naval brasileña, que empleaba 7.000 trabajadores en 2002, llegó a emplear 80.000 en 2014. Se crearon institutos técnicos, centros de formación y una Universidad Corporativa de Petrobras. Brasil no solo extrajo petróleo: aprendió a hacerlo con tecnología propia.

 SEGUNDA LECCIÓN (2024-2026): LAS TIERRAS RARAS Y EL NUEVO TABLERO GEOPOLÍTICO

Veinte años después, la historia se repite con otros actores pero el mismo espíritu. En 2024, el gobierno de Lula (ahora en su Tercera Presidencia) asistió a un hecho que encendió todas las alarmas nacionalistas: una empresa privada brasileña que explota tierras raras en Goiás recibió un gigantesco aporte de capital —aproximadamente US$ 465 Millones— de una agencia del gobierno de Estados Unidos.

El gobernador de Goiás, Ronaldo Caiado (Unión Brasil), salió a acusar al
Gobierno Federal de «entregar» las Riquezas Brasileñas a los «gringos». El tono subió rápidamente.

Pero los hechos son tozudos: la empresa era privada. El Gobierno Federal no había tenido ninguna participación en la operación. Y su producción era marginal, pues Brasil aún no domina el eslabón más valioso de la cadena: el refinamiento de tierras raras.

Sin embargo, la crítica nacionalista tenía un núcleo de verdad incómodo: Brasil carecía de un marco regulatorio para sus minerales estratégicos. Mientras el país posee la segunda mayor reserva de tierras raras del mundo, China domina el 90% del mercado de refino y ha reducido sus exportaciones como arma diplomática en la guerra comercial con Estados Unidos.

La respuesta de Lula fue rápida, quirúrgica y profundamente soberana:

1. Envió al Congreso un proyecto de ley que declara las tierras raras minerales estratégicos bajo jurisdicción federal.

2. El Congreso aprobó la iniciativa del Poder Ejecutivo.

3. Creó una comisión especial para mapear todos los minerales críticos (tierras raras, nióbio, lítio, titanio).

4. Estableció que ninguna empresa podrá ser vendida a inversores extranjeros sin autorización previa del gobierno federal.

El presidente fue explícito: «A hora que a gente der autorização para uma empresa e que ela achar, ela não pode ser vendida sem conversar com o governo e muito menos ela vai poder vender a área que tem o minério. Porque aquilo é nosso. Aquilo é de uma pessoa chamada ‘povo brasileiro’.»

EL MARCO REGULATORIO DE LA SOBERANÍA (MAYO DE 2026)

En la exacta víspera del viaje a Washington, Lula y el Congreso Nacional aprobaron un nuevo marco legal para el sector. Esta fue la materialización de la promesa de no repetir los errores del pasado mineral brasileño.

La nueva Política Nacional de Minerales Críticos establece un Trípode de Soberanía:

PilarDetalle
Fondo GarantizadorR$ 5 mil millones para fomentar la cadena productiva local
Créditos Tributarios       R$ 50 mil millones en incentivos fiscales para empresas que procesen minerales en territorio nacional
Jurisdicción Federal       Refuerzo de que el subsuelo pertenece a la Unión, blindando acuerdos estaduales aislados  

Este movimiento legislativo fue la «carta en la manga» de Lula en la reunión con Trump. El presidente pudo garantizar a los estadounidenses: «Hay seguridad jurídica nueva, pero exige que la industrialización ocurra aquí dentro.»

LO QUE EL MUNDO PUEDE IMITAR: TRES PILARES DE UNA POLÍTICA AUTÓNOMA EXITOSA

Estos dos episodios -separados por veinte años pero unidos por el mismo espíritu- permiten extraer lecciones valiosas para cualquier país que aspire a una verdadera Soberanía:

a. Coraje para invertir contra el «sentido común»

En el pré-sal, Brasil perforó donde nadie se atrevía. En las tierras raras, Brasil se negó a ser mero exportador de materia prima y exige valor agregado local. La Soberanía no es gratis: requiere inversión inicial y tolerancia al riesgo.

b. Marco regulatorio que antecede a la explotación

El pré-sal se benefició de décadas de desarrollo tecnológico en Petrobras. Las tierras raras están recibiendo ahora su marco legal. La lección es clara: no se puede esperar a que aparezca el inversor extranjero para pensar la soberanía.

c. Diplomacia de igual a igual

Ni sumisión a los «gringos» ni aislamiento autárquico. Lula le dijo a Trump en mayo de 2026: «inviertan en Brasil, pero dejen tecnología». A China le dice: «somos socios, no colonia». La política autónoma es eso: negociar desde la fuerza de los propios recursos.

LA CONSOLIDACIÓN DE LA ESTRATEGIA DE SOBERANÍA

Con la reunión de Mayo de 2026, queda claro que la política autónoma diseñada en el pré-sal ha madurado. Brasil no está más solo reaccionando a oportunidades o amenazas; está protagonizando la articulación de su propio desarrollo.

Para Estados Unidos: Brasil se presenta como el socio estratégico para romper el Monopolio Chino, pero con la condición innegociable de la transferencia de tecnología y la industrialización local.

Para China: Las palabras de Lula sirven como un recordatorio de que la Asociación Económica (China es el mayor socio comercial de Brasil desde 2008) es valorada, pero no será exclusiva ni subordinada.

EL DESAFÍO QUE PERSISTE

Brasil aún tiene cuentas pendientes. Si bien logró dominar la extracción en aguas ultraprofundas para el petróleo, en tierras raras el país todavía no domina el refinamiento —el eslabón donde más valor se agrega. Hoy, el mineral sale de Goiás como materia prima y vuelve como producto manufacturado de China o Estados Unidos.

Ese es precisamente el próximo paso. Así como la decisión de construir plataformas en Brasil creó 80.000 puestos de trabajo y una Universidad Corporativa, la regulación de los minerales críticos deberá venir acompañada de inversión en tecnología de refinamiento.

Pero al menos ahora hay un camino trazado. Y ese camino se llama: coraje, política autónoma y Soberanía.

CONCLUSIÓN

En un Mundo donde la Geopolítica talla cada ver con más fuerza, Brasil ha demostrado que es posible una tercera vía: ni alineamiento servil ni hostilidad sistemática, sino negociación dura con los propios recursos como carta de triunfo. El coraje político de no tener miedo de sentarse a la mesa con todas las potencias, aliado a un marco regulatorio propio aprobado en la víspera de la reunión, consagra la política de Soberanía Brasileña. Esta vez, el «Norte» no es Washington ni Pekín, es la industria y el empleo dentro del territorio Brasileño. Este es el modelo a ser imitado: AUTONOMÍA PARA NEGOCIAR DE IGUAL A IGUAL.