
ESCRIBE ALBERTO CORTES
El Mercosur nació del Tratado de Asunción de 1991, durante la Presidencia de Carlos Saúl Menem en Argentina, pero recién durante la de Raúl Ricardo Alfonsín comenzó a funcionar. Lo conforman Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, estando suspendida Venezuela y en proceso de integración Bolivia. El ParlaSur, instancia parlamentaria asociada, por ejemplo, cuenta con legisladores de los cinco países y existe un acuerdo para que los mismos sean electos por votación popular, pero no en todos los casos esto se ha concretado, habiendo países en los que los designan los parlamentos y otros en que los elige el pueblo. En Argentina, aunque el peronismo impulsaba la elección popular, Juntos por el Cambio proponía su elección desde el Congreso – con miembros de las propias Cámaras-. El tema se judicializó, y aunque el macrismo ganó en primera instancia, la Cámara Electoral revirtió el fallo, y por ello en el actual proceso electoral se eligen 19 parlamentarios por todo el país, más uno por cada provincia. Está pendiente resolución de la Corte Suprema.-
El Mercosur aspira a convertirse en un Mercado Común, con un arancel externo común, vigente desde 1995 y amplia libertad de comercio interior, pero hasta ahora sólo ha llegado a funcionar como una Unión Aduanera Imperfecta, con niveles importantes de circulación interna de bienes y servicios, aunque en diversos momentos ha habido tensiones por la implementación de barreras paraarancelarias, principalmente entre los dos socios principales que son Brasil y Argentina. También se han implementado acuerdos en materia migratoria, laboral, cultural, social.
Desde su creación, y a pesar de haber atravesado ciclos políticos muy diferentes, en especial Brasil y Argentina, y a las dificultades para avanzar hacia acuerdos más profundos, ninguno de los variados gobiernos que se han sucedido ha dado señales fuertes de querer abandonarlo, como se dio con otra instancia de integración de la región: la UNASUR, aunque esta última de carácter más político y menos económico que el Mercosur. Tal vez la mayor tensión de un socio con el conjunto, se esté dando en el presente, con Uruguay, con un Gobierno Neoliberal como el de Lacalle Pou que acentúa notablemente tendencias anteriores de ese país de buscar acuerdos de Libre Comercio con otras regiones del mundo, en especial China y la Unión Europea, cualesquiera sean las condiciones que esas regiones les impongan, mientras que Brasil y Argentina en la actualidad condicionan mucho más los pasos hacia esos acuerdos a las concesiones que se obtengan o no de las contrapartes en función de los propios intereses latinoamericanos.
Los Acuerdos fundantes del Mercosur no contemplan la posibilidad de ese tipo de tratados externos por parte de alguno de los países del bloque, sin conformidad del conjunto. China, por otra parte, ha hecho saber que no le interesa un acuerdo sólo con Uruguay, sino con toda la región. Estas tensiones hicieron que en la reciente cumbre de Puerto Iguazú, del 3 y 4 de julio, Uruguay no firmara la declaración conjunta, pero que sacara un documento propio muy parecido, enfatizando algunas cuestiones en particular, en el sentido señalado.
Desde 1999 se viene negociando un Tratado de Libre Comercio Mercosur – Unión Europea. En 2019 se anunció – Macri, por entonces en el gobierno argentino, lo hizo con bombos y platillos y como gran éxito de su gobierno – que se había llegado a un acuerdo. Pues bien el Acuerdo se anunció, pero no se concretó en absoluto aún hoy, cuatro años después.
En el interín, la Unión Europea pretendió imponer nuevas condiciones. No tanto al Tratado por firmarse en sí, sino a través de normas internas de ese organismo europeo, pero de carácter extraterritorial. Así, por ejemplo, pretenden limitar o impedir el ingreso a la U.E. de productos agrícolas cuyo cultivo haya resultado de procesos de deforestación.
El actual Presidente Brasileño y Presidente pro témpore del Mercosur, Lula, ha revertido en una gran medida el proceso de deforestaciones gigantescas de la selva amazónica, que por el contrario, su predecesor Bolsonaro había impulsado. Se propone llegar a deforestación cero en su país en 2030. Pero no está dispuesto a que esta cuestión sea utilizada unilateralmente por la Unión Europea para restringir el ingreso de cacao, azúcar o madera, por ejemplo a la U.E., por fuera de los principios de acuerdo de 2019, en perjuicio de Brasil y el Mercosur. Argentina por su parte tiene también reparo a estas imposiciones pretendidas de la U.E., que la reciente gira de la Presidenta del Consejo Europeo, Ursula von der Lyen, trató entre otras cosas de hacer digerir. También tiene cuestiones propias que plantear no solamente en lo relativo a los productos agropecuarios, sino en cuanto a protección de su propia industria.
Del lado europeo, el acuerdo es temido en particular por los agricultores que no ven con buenos ojos la competencia a sus productos de los sudamericanos. Los franceses en particular son celosos defensores de la llamada Política Agrícola Común (P.A.C.), esencialmente el subsidio de sus agriculturas.
El carácter marcadamente Neoliberal de las Políticas Económicas dominantes en Europa además, genera un cúmulo de objeciones de los sectores progresistas de América Latina que visualizan en un Tratado de Libre Comercio con la U.E., la puerta de entrada a muchos criterios retrógrados, aunque en algunos casos se disfracen con ropajes aparentemente “ambientalistas”.

Mientras tanto, acaba de tener lugar en Belém do Pará, situada muy cerca de la desembocadura principal del río Amazonas, el más caudaloso del mundo, la cumbre de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (O.T.C.A.), integrada por Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela. A diferencia de otras cumbres, que tuvieron en espejo otras populares que se les contraponían, en esta se buscaron mecanismos para que no sólo opinaran los Gobiernos, sino también Sectores de la Sociedad Civil. El Gobierno Brasileño esperaba reunir unas 10.000 personas y terminaron aproximándose a las 30.000. La selva amazónica, que toma su nombre del río, es el principal pulmón verde del planeta, cuya preservación es esencial para el combate contra el cambio climático y también para evitar la pérdida de la biodiversidad.

