
ESCRIBE FABIAN ARIEL GEMELOTTI
«Te vendo dos pañuelitos a quinientos pesos». Estoy sentado en un bar y se me acerca un nene de unos seis años y le compro los pañuelitos. «Buen día estimado, tengo medias a dos mil pesos dos pares. Yo vendo de calidad, mire sin compromiso». El señor anciano abre un portafolio y veo adentro medias y más medias. Es un vendedor de medias que hace años recorre la zona de Tribunales Provinciales. «Yo vendo calidad, es para los Doctores». Debo tener cien pares de medias, siempre le compro porque es un gran vendedor ambulante y porque sé que ese dinero le va a servir. «Que Dios se lo pague».
Salgo del cajero automático de San Martin llegando a Santa Fe y siempre una chica joven con cinco niños está ahí y estira la mano pidiendo una ayuda. Casi nadie se detiene a darle dinero, muchos ni miran. Ya es parte del paisaje cotidiano de Rosario. Subo a un taxi y me abre la puerta un hombre muy viejo con delantal azul y le dejo cien pesos. Saca del bolsillo del delantal un fajo de billetes de denominación chica y prolijamente ordena el de «cien pesos. «
«¿Usted qué piensa del país?», me interroga el taxista.
«Que se va en picada libre al abismo», le digo mientras reviso mensajes en el celular.
«¿Me podés hacer un favor?», leo en el celular. Es un amigo que anda sin trabajo y me pide si puedo ayudarlo a buscar empleo. Llamo a otro amigo y a otro y así a muchos. No hay solución, no hay trabajo disponible. Entro a una cafetería y me siento a almorzar y veo los precios y lo que costaba hace una semana dos mil hoy cuesta cuatro mil pesos.
Y empiezan a entrar chicos a vender pañuelitos y a pedir una moneda. Le doy a un chico veinte pesos y me dice que ahora con veinte pesos no puede comprar nada y entonces le pongo un billete de cien pesos en la mano y se va refunfuñando. Entra una chica con un bebé y mira a los que estamos en el bar y pide que la escuchen y cuenta que tiene cáncer y necesita comprar remedios. Un tipo me mira y dice que cobran subsidios y para qué pide. La chica sigue hablando y cuenta que tiene cinco hijos y no tiene a nadie que la ayude. Y pasa mesa por mesa y dejo quinientos pesos en un costado y lo agarra y agradece
educadamente.
El tipo que hablaba de los subsidios me mira sonriendo y nos ponemos a hablar y me cuenta que perdió el trabajo y su mujer lo dejó y que no sabe qué hacer con su vida. Hablamos un rato de política y me dice que él vota a Milei porque va a conseguir trabajo así.
Un compañero de trabajo me cuenta su viaje a Europa y me muestra fotos de Italia. Le pregunto por las catacumbas y me dice que eso es aburrido. Y le pregunto por las Villas Miseria de Roma y me dice que «No hay Villas ni hay Miseria». Y me preguntó para mis adentros si el equivocado soy yo y lo que vi alguna vez fue un engaño de mis ojos. Me cuenta que en Berlín las Alemanas no son lindas y que en Suecia la comida es muy sabrosa. Se me acerca una compañera de trabajo y me dice que en el gimnasio aumentó la cuota y está preocupada. Y veo de lejos a un amigo que anda con un portafolio y se me acerca y hablamos de libros y me cuenta que está leyendo a Fante y que es lo mejor que leyó en años.
Entro al Consultorio del Dentista y me siento a esperar y veo por TV que hablan de Silvina Luna y su fallecimiento y una tipa sentada ahí en la sala de espera me dice: «Eso por hacerse las tetas». Un tipo la escucha y dice que por las tetas de su hija está endeudado y reventó la Tarjeta de Crédito.
Son las siete de la tarde y mi vecino me saluda y me dice sonriendo que está cansado y se siente agotado de la vida. Por la cuadra viene caminando su hija y al llegar donde estamos nosotros me cuenta que gastó diez mil pesos en el Almacen y putea al Almacenero.
Hoy estuve en la Terminal de Ómnibus y hablando con el Librero de la Librería de la Terminal me dice preocupado: «Estamos al horno los Peronistas».
Soy Peronista desde la cuna y como todo Peronista estoy desorientado de lo que pasa en el País. Ya no entiendo qué pasa y no entiendo a nadie porque el País es un Caos y una Mezcla entre Pólvora y Derrame Depresivo.

