
ESCRIBE RAMIRO CAGGIANO BLANCO
En los Medios de Comunicación, salvo honrosas excepciones, mucho se habla de los Golpes en Africa, como si fuesen un fenómeno local sin conexión con la Geopolítica Mundial, pero poco se dice de las Múltiples Causas más allá de explicaciones simplistas.
Ocurre que no es fácil encontrar datos confiables debido a la poca atención que la prensa occidental, y sus satélites, le han prestado a la “CUESTION AFRICANA”.
Sin pretender dar cuenta de los innúmeros lados de esta realidad, en estas líneas nos proponemos señalar algunos elementos esenciales que suelen omitirse en los medios hegemónicos.
Una seguidilla de golpes de estado se viene desarrollando en Africa desde el 2021. Exactamente ocurrieron en 7 países: Chad (21/04/2021), Mali (24/05/2021), Guinea (05/09/2021), Sudán (25/10/2021), Burkina Faso (30/09/2022), Níger (26/06/2023) y Gabón (30/08/2023).
La explicación más corriente es de que son fruto de la Relación Colonial de los Países Africanos con Francia [la françafrique], la Antigua Potencia Colonizadora, que mantiene hasta hoy una férrea sujeción política y económica mediante la imposición de una moneda, el Franco CFA, de curso legal en 14 Países Africanos. Dicha moneda asfixia las economías por dos motivos: 1- porque normativamente los países africanos deben mantener el 50% de sus reservas en el tesoro francés y, además, entre las condiciones para usar el franco CFA, también se requiere a los países mantener una cobertura cambiaria del 20%. En síntesis, los países africanos sólo pueden disponer del 30% de sus divisas; 2- El Franco CFA mantiene una relación cambial rígida con el euro, lo que disocia su valor de las vicisitudes económicas de los países en los que circula.

Aunque haya mucho de verdad en eso, hay que buscar más allá de las cuestiones monetarias y otra de las explicaciones puede encontrarse en el estudio “Golpes africanos en la era COVID-19: una historia actual” [https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpos.2023.1077945/full], publicado en marzo de 2023. Según el estudio, los países africanos que han sufrido golpes de estado en los últimos años “son desproporcionadamente pobres, tienen una historia reciente de golpes de Estado y enfrentan dilemas continuos de consolidación democrática”. Hasta aquí, nada nuevo. Inclusive podría extenderse a muchos otros países africanos y de otras partes del mundo. Sin embargo, afortunadamente echa un poco de luz al destacar que “las insurgencias islamistas en curso pueden haber contribuido a precipitar los recientes golpes de estado en África occidental, pero no en otros lugares”. Y en ello coincide con el analista Thierry Meyssan [https://www.voltairenet.org/article219659.html#nb1], para quien no hay que buscar las razones ni en la injerencia de Rusia, como acusa Francia, ni en “la época del colonialismo ni con las retorcidas relaciones entre París y sus ex colonias de África”, sino en la política francesa de los últimos 12 años, que desempeñó el papel de peón militar de los EE.UU. en el ajedrez geopolítico internacional. Y destaca el año de 2011, cuando ocurrió la eliminación de Muamar Kadhafi, y con él el fin de las políticas que buscaban “unir a los negros y a los árabes en África”, a manos del tándem norteamericano-francés Barak Obama-Nicolas Sarkozy, incluyendo el viaje a Trípoli de Hilary Clinton y su célebre “We came, we saw, he died” (vinimos, vimos y él murió) que parafraseaba el “Veni, Vidi, Vici” (vine, vi y vencí) de Julio César.

El fin del gobierno de Kadhafi despertó una onda de “masacres contra los negros (incluso de nacionalidad libia) perpetradas por árabes”, los que, además, volvieron a ser utilizados como esclavos en ese país, bajo la mirada indiferente de los vencedores occidentales. De esa forma, los países pobres que antes contaban con el apoyo económico de Libia, se derrumbaron y, según Meyssan, “los yihadistas árabes que la OTAN había puesto en el poder en Trípoli respaldaron a algunos tuaregs contra los negros en general, problema que ha ido extendiéndose por toda la región del Sahel”. Entre los primeros afectados estuvo Mali, que solicitó ayuda militar a Francia. Sin embargo, ante la falta de resultados, en agosto de 2020 los militares de ese país tomaron el poder, exigieron la salida de las tropas francesas y pidieron a Putin que desplegara a los mercenarios del Grupo Wagner para contener la amenaza terrorista islamista.
Tras Mali, se sucedieron otros golpes de estado como efecto dominó. Sin embargo, hay que diferenciar a Gabón y Guinea, países en los cuales los golpes de estado tienen características propias.
En relación a Gabón, en donde se desencadenó el último golpe el 30 de agosto, un grupo de altos militares tomó el poder [https://www.poder360.com.br/internacional/militares-do-gabao-anulam-eleicao-e-tomam-o-poder/] después de que el órgano electoral del país anunciara que el presidente Alí Bongo había vencido las elecciones del 26 de agosto (con 64% de los sufragios, con acusaciones de fraude) y garantizaba un tercer mandato que, sumado a los de su padre, Omar Bongo, venían gobernando desde 1967. Puede parecer extraño, pero el golpe lo dio el primo de Alí, Olinguí Nguemá.
Según Meyssan, otro tanto habría ocurrido en Guinea: los militares se rebelaron contra el régimen autoritario de Alpha Condé quien, como su par gabonés, se negaba a dejar el poder, contraviniendo así la opinión generalizada de la población. En ambos países, “los golpistas también cuestionaron rápidamente la presencia militar de Francia, simplemente porque no tienen la menor garantía de que el ejército francés no acabe defendiendo los intereses… de Estados Unidos” en detrimento de los intereses de sus connacionales.
Volviendo a los países del Sahel, hay que destacar que Burkina Faso, Mali y Níger, han hecho una alianza militar estratégica, plasmada en la Carta Liptako-Gourma, para crear la Alianza de Estados del Sahel, cuyo objetivo es establecer una arquitectura de defensa colectiva y asistencia mutua en beneficio de sus poblaciones, y así sortear las amenazas de intervención militar que sus vecinos de la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) han realizado, animados por la Unión Europea y, principalmente, por el gobierno de Macron que insiste en negar la realidad y culpar a los rusos.

Recordemos que, además del orgullo francés magullado y de geopolíticas, la “tendencia nacionalista” de los militares que tomaron el poder significa un duro golpe para la economía francesa. Por ejemplo, para tomar el último de los casos de golpe de estado, el gobierno nigerino del general Abduraman Tchiani le exige el pago de 200 euros por kg de uranio, conforme el precio internacional, mientras que antes Francia lo pagaba 0,80 euros. O sea, los franceses tenían energía barata, o menos cara, generada por usinas nucleares alimentadas con uranio por el que pagaban monedas a un país en el que el 80% de la población no tiene electricidad. Se entiende, así, el porqué Francia no reconoce el nuevo gobierno y “exige” la vuelta del derrocado Mohamed Bazum, quien también está acusado de haber llegado a la presidencia gracias al fraude.
Luego de esta somerísima e incompleta descripción contextual, volvamos la mirada a Burkina Faso, el último país con tentativa de golpe de estado contra el gobierno del capitán Ibrahim Traoré, ocurrida el 27 de setiembre. No duró más que unas horas ya que el pueblo salió a las calles a apoyar a Traoré. ¿Qué ha ocurrido en el país desde que el actual gobierno tomó las riendas del país el 30 de setiembre del año pasado, por la fuerza, para que ahora el pueblo lo apoye?

En primer lugar diremos que, a diferencia de su vecino Mali, el gobierno de Traoré no pidió la participación directa del grupo Wagner en la lucha contra el terrorismo yihadista sino que solicitó que entrenasen militarmente a los 50 mil voluntarios de su país, posiblemente por el recelo que ya Maquiavelo tenía en relación a la dependencia de ejércitos mercenarios.
En lo relativo a las obras de gobierno, la administración Traoré está construyendo puentes, rutas y autopistas, repavimentando las existentes y pavimentando las que eran de ripio. Son obras de conectividad nacional e internacional fundamentales tanto para las personas como para el comercio.
Además, está construyendo un nuevo aeropuerto que reemplazará al actual aeropuerto internacional Thomas Sankara, lo que generará 5.000 puestos de trabajo directos e indirectos.
Está llevando adelante programas de emprendedurismo múltiple, con empresas de propiedad comunitaria, con prioridades en la minería, agricultura e industria.
En materia energética, desarrolla un programa de electrificación rural con foco en fuentes no contaminantes, como biomasa, biogás y electricidad solar. Además, está construyendo la represa Sandiní, que producirá energía y proveerá agua para irrigación.
En lo social, puso en marcha un programa de acceso al agua limpia y cloacas, además de un programa nacional de higiene básica para reducir las enfermedades. También fomenta la agricultura rural con prácticas sostenibles y capacitación de las poblaciones rurales.
En materia política, Traoré anunció una transición para llamar a elecciones y constituir un gobierno civil elegido democráticamente.
Sin embargo, podemos decir, a riesgo de equivocarnos, que es la entrada de NUEVOS “SOCIOS” de estos Gobiernos la que le quita el sueño a más de uno en Bruselas o la Casa Blanca, como es el caso de Irán que va a construir una refinería de petróleo en Burkina Faso. Sin contar con China, con su Nueva Ruta de la Seda que conlleva inversiones multimillonarias en el continente, Turquía, Rusia y otros más, que le han hecho decir a Emmanuel Macron, no sin hipocresía, que Africa está a merced de nuevas potencias neocoloniales.


