EL CONFLICTO DE GAZA

UN PALESTINO INSPECCIONA UNA MEZQUITA DESTRUIDA EN LOS ATAQUES ISRAELIES CONTRA EL CAMPO DE REFUGIADOS DE SHATI -FOTOGRAFIA THE ASSOCIATIVE PRESS-

ESCRIBE ALBERTO CORTES

La Región de Palestina fue escenario, en tiempos Bíblicos, de Luchas entre Hebreos y Filisteos por dominio territorial. Ninguno de los dos grupos étnicos era originario de la región, sino que habían migrado hacia allí, compelidos por diversas causas. En el caso Hebreo, fundamentaban sus derechos en su propia religión, que les decía que esa era la “Tierra Prometida” por Dios (Jehová), y por lo tanto creían tener una Superioridad Moral al respecto. Con bastantes cambios determinados por las vicisitudes históricas posteriores, los actuales Judíos se consideran descendientes de los Hebreos y los Palestinos de los Filisteos.

La zona fue luego sometida por Roma, y tras varios alzamientos Judíos durante los Siglos I y II, y después de una gran represión, el Imperio buscó su Exterminio Cultural y les prohibió incluso habitar algunas áreas como Jerusalén. Ya antes, en los siglos VIII y VI a.C. al caer la zona bajo el control de Asirios y Babilonios, gran parte de ese Pueblo había sido exiliado. La diáspora, o dispersión por el mundo se hizo destino de la gran mayoría, particularmente tras el aplastamiento de la última sublevación.

Desde la Edad Media, los Judíos radicados en varios países de Europa fueron víctimas de persecuciones en diferentes momentos, como durante el reinado de los Reyes Católicos Españoles, responsables de tres Genocidios: El de los Judíos, el de los Musulmanes o Moros y luego, de los Pueblos Originarios de América. (Asombrosamente, hoy tienen monumentos en muchos Países Americanos). También los Pogromos (que eran ataques, linchamientos y saqueos de bienes de los Judíos), fueron comunes desde mediados del Siglo XIX.

UNA BARRICADA CORTA UNA CALLE DE BUENOS AIRES DURANTE LA SEMANA TRAGICA DE 1919 MEMORIAS DEL PRIMER POGROMO DE AMERICA LATINA: LA REEDICION DE «KOSHMAR» (PESADILLA), RECUPERA LA PERSECUCION QUE SUFRIO LA COMUNIDAD JUDIA DURANTE LA HUELGA DE LA SEMANA TRAGICA. «DETIENEN A UN JUDIO Y, DESPUES DE LOS PRIMEROS GOLPES, DE SU BOCA BROTA SANGRE EN ABUNDANCIA. ENTONCES LE ORDENAN CANTAR EL HIMNO NACIONAL. NO PUEDE HACERLO. LO MATAN AHI MISMO». EL PERIODISTA ARGENTINO PINIE WALD DESCRIBIO ESA ESCENA EN «KHOSMAR» (PESADILLA), SU RELATO EN PRIMERA PERSONA DEL PRIMER POGROMO OCURRIDO EN BUENOS AIRES, EN MEDIO DE LA SEMANA TRAGICA DE 1919. —

La culminación de estas persecuciones fue sin duda el Genocidio Nazi, que aunque alcanzó a varios grupos sociales, políticos y étnicos más; tuvo en los Judíos la expresión más numerosa. Fue llamada Shoah, término que en hebreo significa “catástrofe”.

Frente a esta situación, en la segunda mitad del Siglo XIX y en el marco, en Europa, del surgimiento de los Estados Nacionales, con el concepto de “UN PUEBLO, UNA NACION”, surgió el movimiento sionista que buscaba la erección de un estado u hogar para los Judíos. Se evaluaron opciones en la Patagonia Argentina y en Uganda (más como refugios temporales que como Estados definitivos), que fueron descartados para centrarse en la reivindicación de la creación de un Estado Judío en Palestina.

Desde el Siglo VII, esta región estaba poblada muy mayoritariamente por Musulmanes y en manos de Imperios de ese signo religioso, que se fueron sucediendo, y hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, en particular, del Turco Otomano. Derrotado éste en esa Guerra, junto a sus Imperios aliados Alemán y Austro-Húngaro, Palestina quedó en manos de Gran Bretaña.

Desde fines del Siglo anterior se venía incrementando la emigración Judía hacia la región, promovida por el Sionismo, en especial desde la Rusia zarista, particularmente hostil hacia este grupo étnico y religioso. Esto generó numerosos conflictos armados con la población árabe preexistente, en el curso de los cuales se formaron grupos paramilitares sionistas como la Haganá y sus disidencias más violentas: el Irgún y el Leji, entre otros.

Tras la Shohah, se generó un Consenso Internacional sobre la necesidad de un Estado para los Judíos, y así Naciones Unidas aprobó en 1947 la Resolución N° 181 donde se establecía la partición de Palestina en un Estado Arabe y otro Judío. Con Jerusalén bajo control Internacional.

Los Palestinos habitantes de la región y los estados árabes vecinos se opusieron y así estalló la Guerra de 1948, que fue ganada por Israel, ya convertido en Estado. Durante la misma –entre otras acciones militares– los Grupos Paramilitares Sionistas –ya en curso de devenir en las Fuerza de Defensa Israelíes–, que habían practicado con mucha frecuencia el Terrorismo, irrumpieron en Aldeas Palestinas cometiendo Masacres. El objetivo buscado fue Aterrorizar, no sólo a las Poblaciones atacadas, sino a las demás Aldeas, que huyeron en masa de la Región, consiguiéndose en gran medida la limpieza étnica perseguida. Más de 700.000 palestinos huyeron y viven hasta hoy – ellos o sus descendientes – en campamentos de refugiados en países vecinos, negándose Israel a permitir su retorno, a pesar de la Resolución 194/48 de la ONU que lo establece. Este proceso es conocido como la Nakba, que también significa “catástrofe”, pero en árabe.

Tanto entre Israelíes como entre Palestinos existen numerosas opiniones políticas. En Israel, el péndulo se ha ido corriendo hacia la Derecha, siendo actualmente los últimos Gobiernos alianzas entre la Derecha y la Ultraderecha, de un Nacionalismo Sionista extremo. En los primeros años del Estado, en cambio, predominaba el Partido Laborista, de un Sionismo Socialdemócrata. Aunque la prensa hegemónica la vende como la única o casi única democracia de la región, es en realidad una “ETNOCRACIA”, donde los Derechos de los Judíos son muy distintos a los de los Arabes Residentes, por una cantidad de leyes que con mayor o menor sutileza establecen esas diferencias. Incluso se han verificado muchos incidentes por la Discriminación aún entre diferentes categorías de Judíos: Askenazis, Sefaradíes y Judíos Etíopes –que son negros-, entre otros. Numerosas leyes y fallos judiciales han buscado desapoderar de sus tierras y hogares a los propietarios árabes y entregarlos a judíos.

Dado que la población Arabe crece más rápidamente que la Judía, para preservar la Mayoría Judía ha sido siempre política oficial, no sólo impedir el regreso de los Exiliados Palestinos y sus Descendientes (que ya suman más de 5 millones) a sus hogares, sino alentar que todos los Judíos del Mundo migren a Israel.

Muchos sectores nacionalistas reivindican “el Gran Israel” como objetivo de su país. Este, que iría desde Egipto hasta el Éufrates, según interpretaciones Bíblicas, abarca territorios, no solamente de Israel, sino también de 11 Países Arabes y Musulmanes. La Resolución 181/1947 le otorgaba a al Estado Judío (30% de la población) el 54% de Palestina. Tras la Guerra del 48, se quedó con más del 70%. Luego, como consecuencia de las Guerras de 1967 y 1973, se fue apropiando de otros territorios, algunos de los cuales se Anexó Ilegalmente. En muchos de ellos, Grupos Judíos Ultraortodoxos se asientan formando colonias, en contra de la legalidad internacional; la mayoría de las veces amparados por esos Gobiernos de Derecha, constituyéndose además en grupos paramilitares como el que en 2014 obligó a beber combustible a Mohamed Abú Judeir, un Palestino de 16 años y luego le prendió fuego. Este fue sólo uno de los muchos crímenes que vienen cometiendo y que se han incrementado notablemente en Cisjordania en el último mes.

En teoría, lo que iría quedando como Territorio para un eventual Estado Palestino serían la Franja Gaza –una pequeña lonja bordeando al Mediterráneo al sur de Israel-, y Cisjordania, una región al este, cada vez más plagada de Colonos Judíos, con la clara intención de apropiársela también. En la Franja de Gaza, ganó las elecciones en 2006 el grupo Hamás, radicalmente opuesto a Israel, y desde entonces el Gobierno Israelí –en complicidad con Egipto, que también es limítrofe-; le ha impuesto un bloqueo en el cual deja entrar con cuentagotas agua, combustible, alimentos y energía. En Cisjordania, en cambio, gobierna la Autoridad Nacional Palestina, dirigida por el movimiento Al Fatah, más dispuesto al diálogo con Israel.

Israel invadió varias veces a su vecino del norte, el Líbano, en ocasiones en complicidad con Milicias Cristianas Libanesas que en 1982 produjeron una enorme matanza en los campamentos de Refugiados Palestinos en Sabra y Chatila. Ese mismo año se formó la organización chiita Hezbollah, una fuerza política que ocupa como partido un rol destacado en la vida política de ese país y cuyo brazo militar tuvo un papel central en la expulsión del Líbano de los Invasores Sionistas. Desde entonces, Israel y su aliado incondicional, EE.UU., buscan satanizar a Hezbollah, no sólo allí, sino en todo el mundo.

El 7 de octubre, desde Gaza, Hamás realizó una incursión sorpresiva al sur de Israel, asesinando a 1400 personas y secuestrando a dos centenares, que mantiene como rehenes. Esto tomó totalmente por sorpresa a Israel, que se preciaba justamente de su capacidad de mantener una seguridad inviolable, en base a una sociedad militarizada, un gigantesco presupuesto militar -aportado principalmente por EE.UU.-, con avanzada tecnología, y un control totalitario sobre toda la Población Palestina, sin respeto alguno a Derechos Humanos Básicos.

Israel se encontraba desde hacía muchos meses convulsionada por la gran oposición -expresada en multitudinarias manifestaciones– de una parte de la sociedad a los intentos de la Alianza de Ultraderecha en el Gobierno liderada por Netanyahu, para incrementar los Poderes del Parlamento que hegemonizan (es un País Parlamentario, es decir que el Ejecutivo es designado por el Cuerpo Legislativo con el que se identifica). Ello significaría, recortar las atribuciones del Poder Judicial.

A pesar de la tendencia de toda sociedad atacada a cerrar filas en torno a quien gobierna, el 80%, según encuestas, considera que Netanyahu es responsable por las fallas de seguridad.

Este, para relegitimarse, ha lanzado una brutal ofensiva contra la Franja de Gaza, que ha provocado ya más de 9.000 muertos, incluidos cerca de 4.000 niños y más de 2.000 mujeres, bombardeos a hospitales y escuelas donde se refugiaba población civil, así como ambulancias, dado un ultimátum para que los civiles se retiraran de la Capital hacia el sur y luego bombardeándolos justamente en sus rutas de escape.

La situación ha generado indignación en grandes sectores del planeta. EE.UU. ha protegido la sistemática violación por Israel de la legalidad internacional, incluido el incumplimiento de numerosas Resoluciones del Consejo de Seguridad de la O.N.U.; pero que el veto Norteamericano vuelve impune, a la hora de impedir cualquier medida concreta de sanción contra esas violaciones. A pesar del gigantesco Aparato Propagandístico de los EE.UU. y sus aliados, grandes manifestaciones en favor de Palestina han tenido lugar en Europa y los EE.UU., además de otras regiones, mucho más considerables en su magnitud que en cualquier ocasión anterior. El cuento de que oponerse al sionismo es ser antisemita (cuando los propios árabes son también un pueblo semita), cada vez es creído por menos gente. Ese discurso hegemónico exige también el repudio a la acción de Hamás –que es condenable– pero oculta las acciones equivalentes y mucho más numerosas cometidas durante ¾ de Siglo por el Sionismo contra los Palestinos.

La Estrategia Norteamericana de décadas fue tratar de que los Países Arabes fueran abandonando la Solidaridad con los Palestinos y en parte lo logró, aunque también a veces, a cambio de concesiones. En 1993, al final de la Guerra Fría, se firmaron los Acuerdos de Oslo, los mayores avances hasta hoy hacia una posible solución del conflicto. De sus principales firmantes, el Primer Ministro israelí, Isaac Rabin, fue asesinado dos años después por un Judío Ultraderechista; y Yasser Arafat, líder de la Autoridad Palestina, murió en 2004 en circunstancias aún objeto de controversia. Tras la masacre en curso contra los palestinos de Gaza, varios países árabes congelaron negociaciones con Israel, Bolivia rompió relaciones diplomáticas y los gobiernos de Colombia y Chile criticaron las acciones israelíes.

Una de las principales preocupaciones, incluso de los EE.UU., es que el conflicto se extienda. Ya ha habido repercusiones militares en la frontera con Líbano y en Yemen. Podría ascender a una escala enormemente superior. China y otros países impulsaron un cese al fuego en la O.N.U., pero Israel y EE.UU. se opusieron.

Mientras tanto, la Asamblea General de este último organismo, aprobó, por 31ª vez la condena del Bloqueo Norteamericano a Cuba. Votaron a favor 187 países, en contra 2: EE.UU. e Israel, una abstención (Ucrania) y 3 ausentes.

No se puede reducir la complejidad de un conflicto que tiene una larga historia y muchos aspectos, a lo que ocurrió en el sur de Israel y Gaza a partir del 7 de octubre pasado, olvidando, por ejemplo, que las actuales Fuerzas de Defensa de Israel se fundaron sobre la base de grupos terroristas que ponían coches bombas asesinando a decenas de personas cada vez o inclusive a Judíos por no adherir al Sionismo. El respeto y la aplicación de los acuerdos alcanzados en Naciones Unidas sobre la base de dos Estados, con plena Soberanía para ambos, es el único camino posible. Como dijera recientemente un analista: Mientras los Palestinos no tengan esperanza, los Israelíes no tendrán seguridad.

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