
ESCRIBE FABIAN ARIEL GEMELOTTI
En la cama trataba de dormir pero no podía. Daba vueltas y vueltas y la confusión no me permitía dormirme. Tenía muchas preguntas sin responder: «¿Esa mujer de pelo obscuro era real o un sueño nocturno? ¿Por qué me parecieron ver los rostros de la taxista, la mujer de la biblioteca y a la chica que me enseñó a manejar el aparatito, en casa de Anita? ¿Las tres mujeres extrañas de la Iglesia que estaban con mi suegra quiénes eran?» Estaba entre nervioso, asustado y confuso. Me fui al baño y me senté a defecar, fue una cagada que me alivió y me abrió al pensamiento y me limpié bien y volví a la cama y ahí tirado cerré los ojos…
A la mañana me levanté muy agotado y me puse el uniforme escolar y salí rápido de casa sin saludar a papá ni a mamá. Tomé la B y estaba repleta, los obreros iban a las fábricas mezclados con los estudiantes de los colegios secundarios del centro de Rosario. Me bajo en Oroño y al cruzar la calle casi me pisa un Ford Falcón negro, quise putearlo pero un hombre con anteojos negros sacó la cabeza por la ventanilla y su rostro era terrorífico. Al llegar al colegió era un alboroto de chicos y chicas y docentes y tres patrulleros. Habían encontrado ahorcado a alguien; estaba su cuerpo en el patio y pegado a su cuerpo tenía unos papeles políticos de Montoneros; los mismos papeles que tenía mi hermano el día que huyó a esconderse en las islas del Paraná cuando avisaron que lo iban a matar. Mi hermano mayor es un muchacho rebelde y se metió en política y repartía papeles y se reunía con gente grosa. Un día avisaron a papá que lo tenían en una lista e iban a matarlo. Mi padre le dio plata a mi hermano y le dijo que se vaya a las islas a esconderse, ahí en un rancho en un lugar desconocido y difícil de penetrar vivía Eugenio escondido de los hombres de anteojos negros.
-¿Qué pasó Anita?-le pregunto a mi novia, que se me acerca al verme, sobre lo ocurrido en el patio del colegio.
-Encontraron el cuerpo del portero Pellegrini, aparentemente se suicidó.
Yo no creo en los suicidios así por así. Últimamente era común que se suicide mucha gente en Rosario, pero todos ahorcados y con papeles de Montoneros en los bolsillos. Era muy raro todo.
Esa mañana no hubo clases y rondaba la escuela un Ford Falcón negro con cuatro hombres con anteojos negros, el auto estaba estacionado frente al colegio y los hombres miraban y silbaban el himno nazi; lo conocía porque era el himno preferido del almacenero de mi barrio, un alemán que había peleado en la Segunda Guerra.
A la tarde nos fuimos con Anita al Belgranito a pasar unas horas juntos.
Estábamos en la habitación del telo desnudos acariciándonos y besando cuando sentimos un ruido extraño. Le digo a Anita que no haga ruido. Aparentemente era un ruido que nunca antes había escuchado, esos ruidos extraños que son típicos del cine de ciencia ficción. Me levanto de la cama y abro la puerta y al abrirla estaba la mujer alta de pelo obscuro y Alicia y la taxista y la joven de la biblioteca, las cuatro estaban ahí y entraron apresuradas a la habitación del telo. Anita del susto se desmaya. Las cuatro mujeres me miran el bulto y sonrisas pícaras entre ellas me hacen sentir incómodo.
–Hola Walter F. -las cuatro mujeres al mismo tiempo me saludan. -Vamos a acomodar a Anita en el suelo, está desmayada. No tengas miedo, está bien. Es solo un desmayo. -Me dice la mujer de pelo negro, Fernanda.
Las cuatro mujeres me indican con sus dedos que me acueste en la cama. Y empiezan a desnudarse. Y se acuestan a mi lado. Fernanda a la izquierda y Alicia a la derecha. Y la taxista al lado de Fernanda. Y la joven de la biblioteca se recuesta con su cabeza sobre mis piernas.
–Vamos a contarte todo, pero todo Walter. -me dice Fernanda con una voz sensual.
-Pero antes de contarte todo vamos a tener sexo con vos las cuatro. -me dice Alicia con una voz entre excitada y agitada. Fernanda me da unos besos apasionados y la taxista le tocaba los senos desde atrás y Alicia me besaba el pecho y la joven me acariciaba los testículos. Estuvimos media hora así entre besos y besos.
-Ahora Walter debemos contarte todo. Presta mucha atención a lo que vamos a contarte. -me dice Fernanda.
«Todo comenzó en el año 2055. Esa época fue muy grave y nunca se pensó que viviríamos ahora sin sexo» La que habla es Fernanda. Estamos los cinco desnudos en la cama y la joven que había conocido en la biblioteca juega con mi pene y lo mueve y mordisquea. «En 2055 las mujeres estábamos muy fanatizadas y odiábamos a los hombres. En ese año un grupo de mujeres se reúnen en los túneles subterráneos del Parque España y forman La Comunidad de las Tetonas. Eran todas muy tetonas, mi abuela estaba entre esas mujeres. Era muy joven, una adolescente de tetas muy grandes. Ese día se decide hacer la Revolución de las Tetonas. -Estoy excitado. Por favor no muerdas mis testículos. -le digo a la joven que lo muerde y lo lame y no me deja concentrar. -Basta Galuta. -Fernanda enojada da la orden que me deje.
«Como te decía ese día se decide la Revolución. Eran cien tetonas las que inician todo. En dos meses ya eran diez mil tetonas revolucionarias. Y una noche, llamada la Noche de Las Tetas Pequeñas, salen a la calle y asesinan a todas las mujeres de Tetas Chiquitas. Toman el poder y al Intendente lo asesinan. Al tiempo la Revolución se hace Mundial y al año eran diez millones de tetonas en todo el Mundo dispuestas a cualquier cosa. Asesinan en todos los países a las de Tetas Pequeñas. Después hubo una Resistencia de Hombres, y Mujeres de Pequeños Senos pero fueron vencidos. A los hombres se los esclaviza y se los transforma en hombres/perros. Se les da Coca Cola para que sus penes sean chiquitos. Dura cinco años la Guerra de las Tetonas. Y en 2060 ya la Revolución era un triunfo».
–Pero Fernanda por qué me mandaste a matar al hombre gordo si los hombres ya no tienen Poder en 2121.
-Ese gordo que mataste no era un hombre, era el amante de la Jefa de la Comunidad de las Tetonas. Era un robot satisfaceador.
-¿Y eso qué es?
-Son los Robot/Hombres que tienen penes de goma para satisfacer a las Altas Jerarquías de las Tetonas.
Y Fernanda me empieza a besar con pasión. Y Alicia también me besa y las tres bocas se encuentran en besos calientes. La joven Galuta empieza a morderme los testículos y la taxista me hace cosquillas en el pecho.
Sentimos ruidos y se abre la puerta de la habitación. Son hombres con anteojos negros y metrallletas. Y nos apuntan y al grito de «Subversivos» nos empiezan a golpear.
(CONTINUARA)
