
ESCRIBE FABIAN ARIEL GEMELOTTI
No hay nada más desagradable y asqueroso que una cucaracha. Se meten por todas partes y nadie puede evitar que invadan bibliotecas, dormitorios, cocinas, baños y cualquier lugar de una casa. Esta historia la leí en un artículo policial de un periódico de La Paz Bolivia hace 25 años cuando estuve en ese magnífico país. La adapto a mi ciudad, porque toda historia de cucarachas es válida para cualquier parte del mundo.
Una mujer se casó con un hombre rico. Y fueron a vivir a una casa muy lujosa en la Zona Norte de Rosario. El marido, un político enriquecido con los sindicatos, la amaba. Ella no tanto, pero estaba agradecida de haberse casado con este señor adinerado. El hombre era obeso, alto, de piel muy blanca y no muy bueno en cuestiones de sexo. Ella era delgada, rubia, de ojos grises y de familia muy humilde. El tenía 61 años y ella 21. La vida en esa casa era muy dichosa, sirvientes y autos, pileta y viajes a Europa dos veces al año. El marido la amaba con todo su ser, y ese amor y la apacible tranquilidad de ella dieron fruto a un embarazo. Pero algo le faltaba a ella: el goce sexual.
En el primer mes de embarazo todo fue dulzura, y los chocolates eran el alimento cotidiano de ese embarazo. Pero fueron pasando los meses y ya en el quinto mes ella necesitaba de alguien que la llevara al médico en auto, porque su esposo, un político de alto vuelo, estaba ocupado en sus cosas y no disponía de tiempo para su esposa. Entonces el hombre lleva a la casa a un muchacho joven de 21 años para que haga de chofer de la mujer. La mujer al ver al joven sintió renacer su juventud que iba perdiendo al lado de ese hombre. Y el joven sintió al verla que el amor había nacido. Pero ella al principio lo trataba muy mal e iban con el coche a la clínica y volvían y era una despedida seca, de patrón a empleado.
Un día iban en el coche y empezó a llover torrencialmente y tuvieron que detenerse, porque el marido le había indicado al joven que nunca ponga en peligro a su esposa si había tormenta y lluvia. La mujer sentía miedo y la panza temblaba, ya estaba de siete meses. El joven al verla asustada abre la puerta del auto y sale y abre la puerta de atrás y se sienta al lado de la joven. La joven temblaba de miedo y el joven le acaricia la panza y así va acariciando el cuerpo de la joven hasta que llega a sus senos. Y la joven suspiraba y no decía nada. El joven le levanta la blusa y le lame los senos hinchados por el embarazo. Y después la besa y ella responde con su lengua. El joven se saca el pene y lo sostiene en la mano y la joven se lo agarra y lo masturba. Y el joven acaba y llena de leche las tetas de la joven. Después de ese encuentro sexual hubo otros encuentros en el asiento trasero del coche, pero nunca la mujer dejó penetrarse. Simplemente agarraba el pene y lo masturbaba al joven.
El marido empieza a sospechar de esa relación. Y un día decide matar al joven. Lo cita a su oficina y con un arma con silenciador le da dos disparos en la frente. Y siente ruido, y no sabe qué hacer con el cadáver. Entonces lo pone en un armario y lo tapa con ropa. Entra a la oficina su esposa, alegre y con ganas de vivir. El marido le dice que la ama y ella le dice que lo quiere. Querer no es amar, se quiere hasta a una planta. Y están ahí, ella sentada en un amplio sillón y él mirándola, pero asustado y transpirado. Un cadáver en el armario y no sabía cómo deshacerse. Y de pronto una cucaracha camina por el piso. Y Ella grita y el marido se pone tenso. Y entra la empleada del marido y ve también la cucaracha. Y empieza a correrla. La cucaracha se escurre y sube a la pared. La mujer le pega con un periódico y la cucaracha es rápida y eficaz. El marido tiembla y agarra un mata cucarachas y rocía a la pared y la cucaracha sigue. Es muy rápida. La cucaracha va por toda la habitación y finalmente se mete en el armario.
La empleada quiere abrir el armario y el hombre le grita que no lo haga. La empleada insiste y el hombre saca el arma y le dispara en la nuca. La mujer se desploma y la joven esposa embarazada se levanta del sillón y se desmaya y cae con la cabeza sobre el borde del escritorio y queda ahí seca. Muere en una muerte absurda. El hombre se agarra la cabeza y se sienta en el sillón. El arma en su mano se bambolea. Está decidido a matarse. Y mientras decide ese suicidio la cucaracha sale del armario y se dirige al sillón donde estaba el hombre. Y el hombre ve a la cucaracha. Y los dos se observan, el minúsculo y asqueroso cucaracho y el gordo político homicida. El hombre pone el arma sobre el sillón, y la cucaracha no se mueve. El hombre dispara y destroza a la cucaracha. Y después agarra el arma y se la pone en la boca y jala del gatillo y no salen balas. Y se sienten sirenas de la policía acercándose al lugar.
«Un próspero político Rosarino mató a su empleada, a su esposa embarazada y a un joven de 21 años chofer de la familia y cuando quiso suicidarse ya no había balas en el arma» («La Capital» de Rosario).
Esta fue la historia de una cucaracha.
