
ESCRIBE MIGUEL PETRIDIS
¿Cómo hemos llegado a esta situación en la Argentina, en donde lo que parece primar es el ruido altisonante de los insultos, las descalificaciones a viva voz y los desplantes más chicaneros posibles, por los medios de comunicación, incluyendo a las redes sociales?
¿Qué es lo que nos ha pasado como sociedad, que hemos caído en este letargo existencial, esperando soluciones mágicas de parte de bufones mesiánicos, cruzando supersticiosamente los dedos y abandonándonos a la esperanza suicida de que las cosas se van a encaminar a nuestro favor, por mera inspiración divina, o por la acción espontánea de la diosa fortuna?

¿Dónde están esos hombres y mujeres imprescindibles de cada sociedad que se precie de ser Nación que reivindiquen su amor por la Patria y su gente, en estos momentos de sacudimientos permanentes, cuya única finalidad es adormecernos para hacernos entrar como esclavos en una condición de dominación absoluta, de miseria y de locura sangrienta generalizada?, ya que ése es el horizonte al que nos acercamos si persistimos en denigrar la política como única herramienta válida para dirimir conflictos y acordar sobre los caminos a seguir en nuestro desarrollo.
¿Qué le ha pasado a las elites de nuestra sociedad, orgullosas de propiciar efectos civilizatorios y de mejorar las condiciones morales y materiales del pueblo, del cual han surgido en esa posición que detentan?
¿Piensan capaz, que la miopía o la ceguera de velar sólo por sus intereses, dejando caer en el marasmo al resto de sus compatriotas, los va a salvar de padecer sus consecuencias? ¿O piensan que han conseguido los suficientes recursos financieros para tener una entrada en el VIP Global?
¿No les basta ver todos los ejemplos de cómo las elites globales mancomunadas se los engullen de un bocado cuando estos grupúsculos privilegiados se encuentran a punto caramelo?
¿No saben, acaso que la única preservación de sus posiciones puede sostenerse generando en la propia Patria un entorno social fructífero, donde toda la población lo defienda, porque también defiende sus intereses?
Pero claro, eso lleva trabajo, no la adrenalina del pedal financiero, no la idea de cortarse uno sólo y dejar a los demás en la estacada. La viveza criolla repotenciada a partir de la época de la plata dulce ha crecido monstruosamente hasta empezar a comerse su propia cola, como un ouroboros fatídico que nos lleva a la extinción como sociedad.
Es hora de ponerse de pie. De no esquivar las responsabilidades acorde a nuestras posibilidades. Si no tenemos el coraje de construir acuerdos, y honrarlos para evitar este derrumbe, nuestras vidas se irán finalmente a la deriva y al olvido. Porque en esto se nos va la vida y nuestra memoria. Si no somos capaces de hacerlo, nuestras cenizas no tendrán un lugar donde reposar, ni habrá para nuestra descendencia un lugar que puedan llamar Patria.

