
POR JOSE IGNACIO AGOSTINI [*]
El Hermanamiento de Dos Gigantes: Argentina y China, dos Naciones con trayectorias distintas pero paralelas, llevan más de medio siglo de relaciones diplomáticas, un período testigo de transformaciones globales. Mientras Argentina se embarcaba en el Gran Acuerdo Nacional, culminando con el retorno de Juan Domingo Perón a la Presidencia, China emergía de los efectos del Gran Salto Adelante, una era de cambio económico radical bajo Mao Zedong.
En aquel entonces, la cultura occidental, marcada por valores conservadores y el macartismo post-Segunda Guerra Mundial, comenzaba a ceder ante una crisis global en 1973. Pensadores como Jürgen Habermas y John Rawls criticaban la estructura social, ética y política de Occidente, mientras que figuras como Milton Friedman defendían un Capitalismo Neoliberal y Robert Nozick, el Anarcocapitalismos en su versión miniarquista. Esta transición, de un mercado productivo a uno financiero especulativo, fue notable en países bajo la influencia de la Doctrina de Seguridad Estadounidense, que adoptaron modelos económicos alineados con el Noratlántico.
Los Gobiernos de Facto proliferaron en Iberoamérica y con ellos Ministros de Economías Neoliberales. El Golpe de Estado en Chile en 1973 es un ejemplo de cómo las grandes corporaciones preferían invertir en regímenes autoritarios occidentales, facilitando la negociación de acuerdos privados con quienes usurpaban el poder constituyente. Estos acuerdos impactaron profundamente en la Sociedad, el Mercado y el Estado.
Mientras tanto, la U.R.S.S. enfrentaba el deterioro de sus condiciones estructurales en un mundo bipolar, a pesar de haber logrado un nivel de vida moderado para su población: educación primaria, secundaria y universitaria estaba garantizada. El alto costo del mantenimiento burocrático del Estado Comunista y la Crisis Económica de 1973, auguraban el declive del Comunismo Soviético, revelado en 1989.
En contraste, la República Popular de China, dirigida por una élite académica desde 1949, implementaba un Comunismo (leninismo-marxista) adaptado a su pueblo. Rechazando la Doctrina Comunista Soviética, China optó por continuar el Movimiento de la «Nueva Cultura» iniciado en 1915, defendiendo ideales de «Democracia y Ciencia», promovidos desde la Universidad de Pekín. Una importante repatriación de intelectuales chinos fue necesaria para remover la cultura vernácula China Imperial y Confuciana, para promover una nueva. Entre ellos encontramos a los fundadores del Partido Comunista Chino (PPCh), Chen Duxiu y Li Dazhao.
Los años posteriores en China estuvieron marcados por persecuciones políticas, dictadura y guerra civil (la era de los Señores de la guerra), culminando en 1949 con la victoria del PPCh, que cambió el curso de la historia del país. Por ejemplo, Li Dazhao fue ejecutado en la horca en 1927 y los dos hijos de Chen Duxiu fueron ejecutados a la pena de muerte a machetazos por el régimen Kuomintang en el mismo año. Bajo la Presidencia de Chiang Kai-shek, el Kuomintang, entonces partido gobernante, persiguió con violencia a los trabajadores y obreros de ideología comunista. La pobreza, el analfabetismo y el retraso de la sociedad china provocaba años tras años desesperación y desesperanza. Esta situación se mantuvo hasta 1949, año en que la victoria del Partido Comunista de China (PPCh) cambió el curso de la historia. Como resultado, el Kuomintang se exilió a Taiwán, donde actualmente es uno de los principales partidos políticos. A pesar de su exilio, el Kuomintang mantiene una representación del 30% en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino.
Bajo el gobierno del PPCh y Mao Zedong, China adoptó políticas adaptadas a sus tradiciones, aunque decisiones erróneas, el «Gran Salto Adelante», llevaron a la gran hambruna. Desde 1972, la población de China ha crecido enormemente, 1,4 billones de personas, mientras que Argentina, 46 millones, ha mantenido una densidad poblacional baja a pesar de su extenso territorio.
La relación entre Argentina y China se fortaleció significativamente desde la década de 1980 marcando una era de apertura económica bajo Deng Xiaoping (1978-1989) pero siempre una política de bajo perfil para no confrontar. Aunque los intentos de cooperación militar en los años 90 no prosperaron, la política exterior china viró hacia el «Sueño chino», lo que significó en la suscripción de numerosos tratados de libre comercio y bilaterales de cooperación en Latinoamérica, Europa, Asia y África. Durante la presidencia de Xi Jinping en 2014, la firma de 20 acuerdos bilaterales entre China y Argentina impulsó inversiones en infraestructura en nuestro país. Esto generó empleo y fortaleció los intercambios culturales y académicos.
El proyecto de la Nueva Franja y Ruta de la Seda, lanzado por China en 2018, representa una inversión masiva en infraestructura global, con potencial para catalizar un cambio en el modelo productivo de Argentina hacia la industrialización sostenible e innovación tecnológica. En 2023, Argentina buscó revitalizar los acuerdos con China, que habían sido frenados por Macri entre el 2015-2019, enfrentando desafíos políticos pospandémicos.
El ex Ministro de Economía Massa informó que desde enero 2020 a 2023, «los anuncios en materia de inversión de capital, por parte del país asiático, contabilizan US $3.224 millones» (sic.). Insiste el ministro que «Las compañías líderes como Jiangxi Ganfeng Lithium Co., Hanaq Group, Tsingshan Holding Group, Zangge Mining Group Ltd., son controlantes o tienen participación accionaria en numerosos proyectos de estados avanzados de desarrollo»(sic.).
La fortaleza de la relación entre ambos países será crucial para superar la crisis financiera global iniciada en el 2008 y la sequía mundial padecida por el cambio climático y así avanzar en el desarrollo económico e infraestructural de Argentina.
Lamentablemente, el sesgado pensamiento dogmático del nuevo Gobierno Nacional llevó a un innecesario aumento de la tensión de las relaciones diplomáticas entre ambos países. La lógica del mundo bipolar auspiciada por el gobierno argentino se agotó en 1989 no se traduce a los tiempos que se corren. Los países Nortatlánticos no han cumplido con su promesa de desarrollo con la Argentina. El «Fin de la Historia» y del hombre moderno concretada con la caída del muro de Berlín significó una reestructuración de la cultura occidental que ya no tiene ese némesis como reflejo y control. La multipolaridad invita a reflexionar sobre los tratados de integración y las alianzas con los países vecinos y no tan vecinos.
En 75 años, China no tiene guerra civil y ha traído paz y prosperidad a su población. Una población que cabe destacar que representa el 18% de la población mundial y ha logrado erradicar la pobreza, sacando a 800 millones de personas desde la década de 1970. El Comunismo no genera pobreza ni el Estado es un ladrón, el Estado bien administrado y objetivos claros y alcanzables permitieron a China establecer una «sociedad modestamente acomodada» para su presente y para su prosperidad. La Argentina no se puede permitir nuevamente perder una oportunidad de alcanzar un desarrollo sostenible y sustentable como la amistad con China.
La «Teoría de la Amenaza China» sostenida en una leyenda negra nos coloca nuevamente en el sendero de los que nos defraudaron una y otra vez. Los Noratlánticos nunca cumplieron sus promesas y eso que representan una población menor que la República Popular China. Por lo tanto, la distribución de los beneficios de la explotación y del extractivismo se la quedan una minúscula cantidad de occidentales y los riesgos son asumidos por todos y todas.
Ello me permite recordar una frase del psicólogo gestáltico Jorge Bucay: «Es más peligroso subirse a un árbol imaginario ante un león real, que subirse a un árbol real frente a un león imaginario». La República Argentina, el león real nos hace subir a un árbol imaginario por miedo a la pobreza cuando la pobreza es real y es producto de las recetas económicas ya implementadas desde que se aplicó el Neoliberalismo en Argentina con Martínez de Hoz.
En la intersección de la historia y la esperanza, encontramos un vínculo entre dos gigantes: Argentina y China. A través de los vaivenes políticos y los desafíos económicos, estas naciones han tejido una relación que auspicia un futuro prometedor.
A medida que miramos hacia adelante, es crucial reconocer el potencial transformador que yace en mantener y fortalecer los lazos con China. Las inversiones y acuerdos bilaterales entre ambos países no solo han generado empleo y desarrollo económico, sino que también han fomentado el intercambio cultural y académico, enriqueciendo nuestras sociedades.
Si bien los obstáculos políticos pueden interponerse en el camino de esta relación, es fundamental mantener una perspectiva de largo plazo, más aún con un proyecto tan ambicioso como la Nueva Ruta de la Seda. Que, en verdad, las inversiones y las infraestructuras se están concretando rápidamente. Los cambios en los gobiernos y las dinámicas geopolíticas son inevitables, pero el valor de una asociación sólida trasciende las fluctuaciones temporales.
Esperar que el Gobierno de Milei brinde un nuevo impulso a las relaciones internacionales entre Argentina y China es una apuesta esperanzadora. Los sectarismos que caracterizan a este gobierno y la ruptura del diálogo social hacen difícil que ello ocurra. Una vez superados los desafíos actuales, existe el potencial de retomar el camino hacia una cooperación mutuamente beneficiosa, siempre que acceda al gobierno políticos profesionales y preparados no solo en materia político económica sino también en geopolítica.
Recordemos que, a pesar de las diferencias ideológicas, la historia nos enseña que la colaboración entre naciones puede allanar el camino hacia el progreso. China ha demostrado su capacidad para impulsar el desarrollo y erradicar la pobreza a una escala impresionante, y Argentina tiene mucho que ganar al aprovechar esta experiencia y colaborar en pos de un futuro más próspero y sostenible.
En un mundo multipolar, donde las alianzas estratégicas son clave, mantener buenas relaciones con China representa una oportunidad para Argentina de posicionarse en un escenario global en constante evolución. Con visión, determinación y colaboración, podemos aspirar a un futuro donde el hermanamiento entre estos dos gigantes conduzca hacia un camino de crecimiento compartido y prosperidad para ambas naciones.
[*] ABOGADO, ARGENTINO Y PRINCIPIANTE EN LA CULTURA CHINA
