MILEI O LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA -PARTE I-

LANZAMIENTO DE CAMPAÑA DEL PARTIDO LIDERADO POR JAVIER GERARDO MIELLI LA LIBERTAD AVANZA, 7 DE AGOSTO DE 2021, ARGENTINA

POR JOSE MIGUEL AMIUNE [*]

En De Senectude, también conocida como El arte de envejecer, su autor, el filósofo y político romano Marco Tulio Cicerón, dice: “Somos lo que elegimos recordar».

El Pueblo Argentino, o buena parte él, ha caído en la desmemoria. O tal vez, ha optado por recordar sólo lo que le permite vivir en su zona de confort.

Esa desmemoria es el fundamento histórico del cambio cultural que quiere imponer Milei. Comienza por señalar que la decadencia argentina se inicia con la sanción del sufragio universal, secreto y obligatorio, piedra angular de la democracia que, en 1916, llevó a la presidencia de la República a Hipólito Yrigoyen, primer mandatario electo por el voto popular, después de décadas de Unicato y fraude. Curiosamente, Yrigoyen es el símbolo de la Unión Cívica Radical, que le brindó su base territorial al PRO (un partido municipal) de Mauricio Macri, para que fuera el primer líder de derecha que llegara a la presidencia a través de elecciones sin fraude y a La Libertad Avanza de Milei que es un partido digital. Finalmente, los tres partidos (U.C.R., PRO y L.L.A.) se unieron en el apoyo a Milei para llegar a la presidencia y configuran, de hecho, la Coalición que le permite gobernar y sacar las leyes que requiere del Congreso.

La revolución cultural de Milei borra así 108 años de historia argentina –desde 1916 a 2024– y comete el pecado de soberbia de considerarse la reencarnación de Juan Bautista Alberdi, cuya obra Bases y puntos de partida para la Constitución Argentina constituyó el fundamento de nuestra Carta Magna. Es más, Milei toma el título de la obra alberdiana para nominar una ley ómnibus, verdadera aberración jurídica, que en varios capítulos viola la Constitución y fue sancionada por una sola Cámara del Congreso, la de Diputados, en un país de sistema bicameral.

El Olvido del Ser o Dios y el Olvido de la Razón, son las dos ausencias más importantes y simultáneas de nuestra sociedad. La primera denunciada por Heidegger y la segunda producto del soporte filosófico de la globalización y el capitalismo financiero: “la posmodernidad”. Esta corriente descree de todas las teorías totalizadoras y de los grandes relatos, para reducirlo todo a un relativismo valorativo donde reina la posverdad. Según esta perspectiva, no existen verdades absolutas, lo que consideramos “verdad” puede variar según las circunstancias, todo deviene relativo a la mirada y el discurso individual.

Esta visión cuestiona la idea de verdades universales, genera la duda y fomenta la adaptabilidad individualista en nuestra comprensión del mundo. En el marco de ese individualismo exacerbado, Milei afirma que Dios lo ha elegido para redimir a la Argentina de ese “Siglo de la Humillación” y conducirla con el apoyo de “las fuerzas del cielo” a la tierra prometida de la “Libertad”, libertaria anarcocapitalista. No debe extrañarnos, el irracionalismo místico de Milei, se emparenta con otras formas de irracionalismo que han florecido, en el horizonte mágico de los argentinos.

La religión secular de la sociedad argentina es el psicoanálisis, uno de los irracionalismos que heredamos del siglo XIX. Tras ese dogma se ocultan las prejuiciosas supersticiones intelectuales de esta época. Lo que hace preciso denunciar el gran fraude intelectual, la impostura ideológica, que representó en las últimas décadas -en los círculos académicos presuntamente progresistas y en los ambientes marginales llamados “contraculturales”- el ascenso hegemónico de una filosofía cuyo objetivo es la negación de la modernidad, la razón, y los valores universales. Esta rara elección refleja un rasgo ideológico de la época: la renuncia a la tradición cultural ilustrada y su asimilación a las teorías irracionalistas consustanciales de la derecha extrema.

La multiplicidad de conceptos que el término equívoco de posmodernidad intentó unir, lejos de superar, como pretendían, el mundo moderno, remite a formas premodernas y antimodernas.

Aún más, en la premodernidad filosófica podemos encontrar antecedentes contra el irracionalismo y la sumisión ideológica. En el Discurso sobre la Servidumbre Voluntaria de Étiene de la Boétie (1530-1563), escrito hacia 1550, se formula una pregunta radical: “¿Cómo puede ser que una mayoría no solo obedezca a uno solo, sino que también le sirva, y le sirva voluntariamente?”. Quizá de la Boétie se anticipó con su crítica al despotismo, a la distopía de Un mundo feliz de Aldous Huxley o al análisis de Erich Fromm en El Miedo a la Libertad. Frente a esa emergencia del irracionalismo deberíamos, como propone Habermas, retomar y profundizar el proceso de la modernidad y del hoy tan denigrado humanismo.

Sin delimitar este contexto cultural es imposible entender el “fenómeno Milei”. Mucho menos, combatirlo exitosamente para que no vuelva a repetirse la cadena del neo-colonialismo, iniciado por el Proceso Militar y seguido por Menem, De la Rúa y Mauricio Macri, que tiene en Milei su expresión más exasperada y destructora.

El discurso de la Servidumbre Voluntaria anticipa un fenómeno como el hoy encarna Milei, muchos siglos después. Un pueblo que vive en democracia elige con el 56% de los votos un candidato y un programa que someten al conjunto de la sociedad a un cambio radical de la estructura social, económica y cultural del país. Ese resultado electoral, retrotrae la realidad 40 años atrás, cuando el Consenso de Washington y sus recetas neoliberales colisionaban trágicamente con el retorno de la democracia en la Argentina.

La paradoja histórica de que coincidieran los 40 años de democracia en Argentina (el período más prolongado de estabilidad institucional como Nación) con el ascenso de Milei un presidente que abomina de la democracia, quiere implosionar el estadonación desde adentro, demoler el Banco Central de la República, enajenar la soberanía monetaria, económica, política y territorial, autorizando la instalación de bases militares extranjeras, nos mueve a formular algunas reflexiones.

En rigor, nos parece que Milei semeja un Alfonsín invertido. El adalid de la democracia vino a restablecer la política, Milei a destruirla. Ambos postularon la libertad, pero la entendieron de un modo muy distinto. Mientras Alfonsín la hizo resplandecer a través de restituir las instituciones democráticas y republicanas, Milei trata de pulverizar las instituciones; para instaurar el Mercado Transnacional como el sustituto del Estado y el gobierno real del país, el distribuidor de la riqueza, el asignador de derechos y el constructor de una cultura del egoísmo, el rendimiento y la sumisión.

En un país que salía de la más feroz dictadura, Alfonsín privilegió la consolidación de la democracia y los derechos humanos, sin que pudiera vencer el endeudamiento y el estancamiento económico que recibió. Pero no cedió jamás a las imposiciones del Consenso de Washington sobre privatizaciones, desregulación laboral, alineamiento internacional con EE. UU. Por eso se gestó el golpe financiero que lo expulsó del gobierno con seis meses de antelación. Su sucesor, Calos Saúl Menen, aprendió rápidamente la lección y se entregó a la práctica de “relaciones carnales” con el Imperio. No extraña, entonces que Milei, que se considera su heredero y continuador, le haya inaugurado el busto en la Casa Rosada y esté secundado por el “menemismo” residual, ese outlet que integra la armada brancaleone, que lo acompaña en su trágica aventura.

Esta amarga realidad nos compromete a la lucha por la emancipación del pueblo de la sutil esclavitud a las ideologías del “Mercado”. Este opera como el Gran Hermano que transforma al hombre de ciudadano en consumidor, mientras la telaraña que tejen las redes sociales, atrapa y coloniza la subjetividad, generando un sujeto humano individualista, ego-centrado y narcisista, que vive la ilusión de ser libre o libertario. Sin embargo, está cautivo de una ideología que lo conduce a la esclavitud de la “sociedad del rendimiento, la auto explotación y el consumo”. Este hombre es el “emprendedor” con que sueña Milei y sus libertarios. Es lo que en la parábola de Hegel se describía a través de la relación entre el amo y el esclavo, sólo que ahora este individuo contemporáneo, aislado, solitario y alienado, asume la doble condición de ser su amo y esclavo simultáneamente.

¿QUE TIENE EN LA CABEZA MILEI?

Los libertarios y los anarcocapitalistas consideran que ellos encarnan el “bien” y el resto de la política representa directamente el “mal”. Hay por lo tanto una sola verdad en Occidente, el mundo ha vivido equivocado y “la democracia, el estado del bienestar y la justicia social, se ha convertido en un sistema perverso”. La Nueva Derecha cree que ahora se puede conjugar fanatismo de mercado con liberalismo. Eso es lo que predican, sin que a la mayoría le importe.

Esto nos es más que un espejismo. De hecho, todo lo que Milei se atribuye (déficit cero, control de la inflación y arrasar con la corrupción política) no se ha cumplido. Es una fantasía de sus ejecutores que luego de un semestre comienza a resquebrajarse. La idea de que era fácil cambiarlo todo con coraje y determinación parte de una ruptura con la realidad. Milei se enfrenta ahora a la confrontación entre sus deseos ilusorios y la realidad. Entre sus fanáticas propuestas y los límites que imponen las estructuras políticas, económicas y sociales existentes.

Del aparente éxito prematuro, la soberbia, la negación y la omnipotencia, en su lucha contra los enemigos de su religión “el mercado”, están pasando a la falta de credibilidad y el desencanto. El establishment, los compañeros de ruta, los convocados y descartados, los opositores colaboracionistas, los legisladores y gobernadores obsecuentes, los periodistas y medios de la prensa gorda, empiezan a dudar de la sostenibilidad y congruencia del programa económico. Atraso cambiario, caída de las reservas, del PBI, de la recaudación, deuda con importadores y los conflictos y desacuerdos con el FMI, que amplían la vulnerabilidad externa y se disimulan a través comunicados “polite”, generan cruciales interrogantes. Lo más grave es la profunda recesión que atraviesa la economía con caída drástica del consumo y la producción de bienes, servicios y el abandono de toda política social, que mitigue el desempleo, la pobreza y la indigencia.

Frente a este panorama, Milei permanece inmutable en su alienación. Vive en una permanente fuga de la realidad. Su docena de viajes al exterior no significa otra cosa que fugas de algo que no le interesa: gobernar el país, enfrentar la crisis. El libertario responde a los desafíos de ejercer el poder enamorándose aún más de sí mismo, en un rasgo de narcisismo, que lo hace creerse acreedor de las falsas e ignotas condecoraciones que recibe y hasta del Premio Nóbel de Economía.

Milei intenta afanosamente construir (for export), la imagen de un líder mundial de la libertad sin precedentes, mientras hace del insulto a Jefes de Estado y de Gobierno de países amigos y estrechos socios comerciales, un instrumento de marketing publicitario, para alimentar su insaciable ego. Sobredimensiona sus logros y huye de los problemas dejando la administración del país en manos de su hermana Karina (una ex repostera y tarotista) actual Secretaria General de la Presidencia, del Jefe de Gabinete Guillermo Francos y de un joven asesor llamado Santiago Caputo. En suma, para la religión psicoanalítica, este Milei que sobredimensiona sus logros y huye de los problemas, merecería un examen psiquiátrico por sus tendencias a la negación, la paranoia y los delirios de grandeza, rasgos característicos de los trastornos emocionales que se manifiestan en un psicótico.

(CONTINUARA)

[*] Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad Nacional del Litoral, Argentina.
Estudios de Posgrado en las Universidades de Harvard y Tufts.
Máster en relaciones internacionales por The Fletcher School of Law and Diplomacy.
Ex-Embajador y Secretario de Obras y Servicios Públicos de la República Argentina.

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