
POR FABIAN ARIEL GEMELOTTI
Ayelen
Estamos tirados en mis habitaciones de descanso y Ayelen me mira con tristeza.
-Amo quiero contarte mi historia. Te pido que me escuches, con respeto y oídos para entender lo que digo.
Le hago un gesto con mi mano derecha, quiero escucharla porque es una esclava obediente y la amo y no debería amar a mi esclava.
-Nací de padres mutantes en la vieja ciudad derruida. Mi padre era un obrero de los ferrocarriles de carga de combustibles y mi madre una mujer demonio. Comíamos alimentos que nos tiraban desde las rocas, alimentos podridos y con olor a sangre.
-Niña tu eres hermosa con ese color carbón y ese rostro a terciopelo que tienes. Desde que llegaste a mi residencia tu olor penetra en mis sentidos.
-Amo deje que lo ame y sea el amor que usted necesita para calmar su soledad.
-Niña nací hace ciento cincuenta años y mis etapas son lentas como la tristeza. Tuve dos mujeres y sufrí sus pérdidas. Ya no puedo amar a otra mujer. Tengo 22 años que son los quince ciclos de una vida de tristezas y alegrías. Me quedan tres ciclos antes de ser evaporado por la máquina de los Amos.
Ayelen se me acerca y con su mano acaricia mi rostro. Es hermosa, su piel es suave y siento tristeza cuando me toca.
Quiere besarme y le desvío el rostro y sus labios quedan ahí como solitarios en la obscuridad que no es obscuridad en las habitaciones iluminadas.
Siento ruidos en la entrada de mi residencia y un robot sirviente viene apresurado a mi encuentro.
-Amo hay guardianes del orden en la entrada y lo buscan. Están armados y quieren hablar con usted.
-Diles que pasen que los atenderé.
Entra a mis habitaciones tres adultos de 20 años, arrugados y viejos. Los miro y veo a proletarios con uniforme. El oficio de guardianes es de gente pobre que fueron rescatados de la ciudad vieja.
-Señor venimos a llevar a su esclava porque los amos necesitan de ella.
-Es mi esclava y no tienen autoridad sobre mi persona. Soy alguien poderoso, fui funcionario real del régimen.
Los guardianes avanzan a mi encuentro y me apuntan con armas de rayos. De repente mi robot sirviente H con una espada los decapita a los tres.
-Nooo. Has matado a los guardianes. Ahora mi vida ha terminado H.
-Señor usted ha sido un buen Amo y necesita de esa niña para que su tristeza se vaya rápido de su alma.
Mi esclavo H me agarra de una mano y también agarra a Ayelen y nos conduce al dispositivo de traslado. Nos acomoda ahí y me dice que hay alimentos para dos ciclos de vida.
Debemos huir rápido antes que lleguen las tropas de los Amos.
-Fue un honor servirle Amo. Usted merece la libertad.
Ayelen, mi esclava de color carbón, se abraza a mi cuerpo. La unidad de traslado sale rápido de mi residencia. Nos tendremos que esconder para no ser atrapados por las tropas de los Amos.

