
POR FABIAN ARIEL GEMELOTTI
EN LA CIUDAD
Ayelen está feliz que estemos en la ciudad durmiendo en la cueva del oso mayor. Está recostada en un rincón y la observo dormir mientras mi piel envejece por falta de vitaminas sin contaminar.
Ayelen despierta de su sueño y me mira alegre y se levanta con frescura y va a mi encuentro y me abraza. La aparto con suavidad y le pregunto si está cómoda.
-Amo estoy alegre de estar con usted. Sé que perdió todo por mi culpa. Pero yo puedo ayudarlo y ser su esclava masturbatoria.
-No Ayelen, usted no puede masturbarme porque usted es mi esclava preferida. Estoy solo ahora y necesito tiempo para ir a buscar lo que quede del saqueo a mi residencia.
Acá en la ciudad derruida estamos con Ayelen y mi sirviente robot H y tres androides que lograron escapar del ataque de las tropas a mi residencia. Destruyeron casi todo pero todavía queda oro enterrado en las cuevas secretas. Debo ir a rescatar ese oro.
-Amo vamos a ir a la residencia cuando usted lo decida.
Es H que siempre leal a mi persona me da las indicaciones correctas.
La cueva donde estamos está ubicada cerca de lo que era un estadio de fútbol en lo que fue hace décadas el llamado Parque Independencia. Estamos acá escondidos de las tropas de los Amos. Y no tenemos oro para organizar una resistencia.
-Amo usted necesita ser amado. Siempre triste y solitario. Usted es muy bueno, fue un funcionario leal al régimen. Pero ahora perdió todo por mi culpa.
-No H, vos actuaste correctamente defendiendo a esa niña. Vamos a recuperar el oro y vamos a huir al paraíso de Dios.
Ayelen me mira con amor.
Es joven todavía, recién está en su tercer ciclo. Después de los 18 años los ciclos se multiplican y a los 24 o 25 somos evaporados por la máquina de los Amos. Los humanos gracias a las máquinas de juventud vivimos casi doscientos años que se dividen en ciclos de vida. Ayelen todavía es una niña que podría ser mi hija en los ciclos de la vida.
Se sienten ruidos y H me mira asustado. Ayelen se pone a mi lado y la abrazo fuerte. Los androides se adelantan con espadas dispuestos a dar su destrucción por nuestras vidas.
Se siente que mueven rocas. Se sienten pasos que avanzan a lo loco. Y a personas que hablan muy despacio.
Ayelen está muy asustada, la siento temblar. Yo estoy tranquilo y dispuesto a morir. No me interesa mucho la vida pero siento miedo por Ayelen. H me dice que nos acurruquemos entre unas rocas que los androides darán batalla si es necesario.
De repente se rompe la roca que cubre la entrada a la cueva. Muchas personas avanzan con armas y se paran frente a los androides. Es una tropa de los Amos.
-Buscamos al Señor W. Sabemos que está acá con una esclava.
Salgo del escondite y avanzo hacia la tropa. Me paro firme y veo el rostro de Fernando, fue mi subalterno cuando fui funcionario del régimen.
-Señor W no venimos a matarlo. Queremos unirnos a usted y su esclava. También huimos de los Amos.
Avanzo y abrazo a Fernando. Siempre fue muy leal y valiente.
-Señor W queremos combatir.
Ya somos unas cincuenta y pico de personas. Nos organizamos un poco. Vamos a ir a buscar el oro a mi residencia. Somos un pequeño ejército de prófugos.
La revolución empieza.

