EL CHARCO DE VÓMITO

ESCRIBE FABIAN ARIEL GEMELOTTI

Me desperté en la mañana en un charco de vómito; ¿me caí de la cama o dormí envuelto en el vómito? Me arrastré hacia una silla y pude con mucho esfuerzo apoyar mis manos en el asiento de la silla. Empecé a hacer fuerza y lentamente pude ir poniendo una mano en los caños de arriba y logré ponerme de pié. Fui tambaleando hacia la heladera y la abrí y agarré la botella de agua fresca y me la bebi de un sorbo; me chorreó agua por la comisura de los labios y fue cayendo por todo mi cuerpo desnudo. Después fui hasta el baño y me pegué una ducha helada. Todo mi cuerpo era temblor y una sensación de abatimiento que me destrozaba el alma.
¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba tan mal de ánimo?
«Sos una mierda Julián y tenés que poner mucho de vos para seguir viviendo».
Esas palabras retumbaban en mi mente. El mareo que tenía no dejaba que pensara correctamente. Envuelto en el toallon me senté en la silla junto a mi escritorio y desparramé papeles y objetos ahí que me molestaban. Encendí la computadora y abrí mi correo electrónico. Dos mensajes nada más, uno de mi editor y otro de una deuda que debía haber pagado hace meses y por falta de dinero no pagaba.
Agarré el celular y marqué el número de mi ex esposa:
-Hola Mary cómo mierda estás.
-Pedazo de hijo de puta te dije que no llames.
-Quiero ver a Verónica, es mi hija también.
-La chica esa que es tu hija es una puta cualquiera. Debe andar por ahí chupando pijas.
-Bueno cuando la veas decile que tengo el cheque para la universidad y que pase a buscarlo.
Julián cortó y la cabeza le ardía de dolor. Abrió el procesador de textos y se puso a ver lo que había. Tres novelas ahí inconclusas y eligió una para leer y tratar de seguir escribiendo.
«En las tinieblas del deseo la chica se recostó sobre el pecho de su amante y se quedó dormida»
«Ariel tenía deseos por dos mujeres y amaba a las dos. La chica ahí recostada en su pecho era una sensación de traición»
Julián se dijo que estaba mal escrita esa novela. Estaba abatido porque hacía meses tenía una laguna mental y no podía escribir algo decente. Agarró el celular y marcó el número de su editor.
-Hola amigo.
-Julián estoy ocupado con una mujer. A la noche hablamos.
Julián colgó, su editor siempre con mujeres y cuando Julián quería hablar por dinero nunca estaba disponible. Agarró el paquete de cigarrillos y sacó uno y lo prendió. El tabaco le dio calma. Julián estaba muy abatido y el cansancio no lo dejaba en paz.
Se levantó de la silla y se fue al balcón a ver la calle. La gente caminaba apurada y parecían chiquitas ahí desde su piso 13. Se inclinó en la baranda y miró entretenido a la gente caminar. Y se echó un vómito y volvió adentro. Prendió otro cigarrillo y se fue hacia la heladera y agarró una cerveza y se la líquidó de un trago. Se fue nuevamente a la silla del escritorio y se sentó y se rascó la panza y empezó a escribir.
«Los aventureros del Amazonas están comiendo en una ronda de amistad. Son chicos agradables…»
Julián era un escritor del amor, sus libros eran de aventuras y tenían cierta aceptación y algo de dinero ganaba. Era considerado un escritor sociable y sus lectores tenían una imagen de él muy positiva.
Julián escribió una hora sin parar sobre el Amazonas. De los tres libros inconclusos ahí ese era el que mejor pudo trabajar esa hora y se dijo que ganaría algo de dinero con ese libro.
Sonó su celular y Julián se lo puso en la oreja.
-Hola pa.
-Verónica tengo acá tu cheque para la universidad.
-Necesito decirte algo pa
-Sí mi niña te escucho.
-Estoy de novia con un hombre más grande que yo.
-Pero eso es común a tu edad, tenés 19 años y es lógico que te guste un chico más grande.
-No es un chico, tiene 58 años mi novio.
La chica colgó y Julián marcó su número y la chica no atendió a pesar de llamarla muchas veces.
Julián se quedó pensativo, su niña con un tipo casi de la edad de él. Julián que siempre tuvo muchas mujeres no podía decirle nada a la hija, su niña sabía de muchas aventuras de Julián.
Agarró el celular y llamó a su amante Catherine, una chica de 23 años con la cual se acostaba desde hacía cinco años.
-Cathe necesito verte.
-No puedo Julián hoy tengo dentista. Otro día hablamos.
La chica cortó y Julián se fue tambaleando hacia la heladera y la abrió y agarró un jugo de naranja y se lo bebió de un sorbo. Después se fue tambaleando al baño y vomitó y llenó la pileta del baño con vómito mezclado con sangre. Le preocupó vomitar sangre. Su medico le dijo que tenía algo en los pulmones, pero Julián no le hizo caso y siguió fumando un atado por día de cigarrillos. Levantó la cabeza y se miró en el espejo del botiquín y su rostro estaba cansado. Estaba barbudo y con las pupilas rojas.
Julián se sacó la toalla que envolvía su cuerpo y se fue tambaleando al balcón. Llegó a la baranda y trató de subirse y lo logró. Se sentó en la baranda y empezó a mover los pies en un ritmo de tensión nerviosa. Una paloma estaba en una esquina del balcón de al lado. Julián inclinó la cabeza para observarla bien y las lágrimas le empezaron a caer por los ojos. Soltó una mano de la baranda para secarse las lágrimas y perdió el equilibrió y quedó ahí con una mano sostenido a la baranda y su cuerpo en el aire y miró para arriba y la paloma ahí lo observaba. No pudo gritar y si gritaba nadie iba a escucharlo. Le empezó a doler la mano y se le resbalaba y la paloma estaba ahí como queriendo decirle algo y lo observaba y él a la paloma.
Julián empezó a llorar y las lágrimas inundaron su cuerpo desnudo. Se soltó de la baranda y fue una caída rápida hacía ese mundo de gente caminando apresurada en la calle.

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