ROSAS Y LA SOBERANÍA NACIONAL: PASADO Y PRESENTE

ESCRIBE ARIEL ROLFO [*]

“La Historia es un arma de lucha…” – F.O.R.J.A.

En 1824, la batalla de Ayacucho marcó el fin de las guerras de emancipación en América. En ese contexto, el primer ministro británico George Canning expresó: “La cosa está hecha, el clavo está puesto… si sabemos manejar nuestros negocios, la América Española será nuestra”. El Reino Unido, en su auge industrial, buscaba proveedores de materias primas y mercados para sus productos, instaurando un neocolonialismo basado en la explotación económica, el colonialismo financiero (como el préstamo de Baring Brothers) y una colonización cultural que promovía el liberalismo económico de Adam Smith, mientras ellos protegían su mercado.

Durante los años siguientes, el Reino Unido firmó tratados de amistad, comercio y navegación con varias excolonias españolas. En 1826, selló un tratado con las Provincias Unidas del Río de la Plata, en el que, notablemente, no hizo ninguna reivindicación sobre las Islas Malvinas, proclamadas como parte de las Provincias Unidas en 1820 por el marino David Jewett. Esta omisión es significativa para entender la relación neocolonial anglosajona en Argentina, que persiste hasta nuestros días.

En 1835, Juan Manuel de Rosas promulgó la Ley de Aduanas, una idea propuesta por Pedro Ferré a la Liga Federal, para proteger la industria nacional frente a la competencia europea mediante aranceles. Esta política despertó la oposición de las potencias industriales europeas, Reino Unido y Francia, que buscaban asegurar la libre navegación del Paraná para acceder al mercado interno argentino sin restricciones. Estas naciones intentaron imponer su voluntad mediante la fuerza militar.

Rosas organizando la resistencia frente a esta amenaza a la soberanía nacional. Las batallas en el Paraná (como la Vuelta de Obligado, Vuelta del Tonelero y Punta Quebracho) demostraron la voluntad de los patriotas de defender no solo la soberanía territorial, sino también la económica.

La intervención anglo-francesa no solo pretendía garantizar la libre navegación, sino también fragmentar la Confederación Argentina. En 1845, el comisionado brasileño informó a su gobierno que las potencias europeas querían convertir a Montevideo en un centro comercial, permitir la libre navegación del Plata y promover la independencia de Entre Ríos y Corrientes. El plan incluía imponer un gobierno en Buenos Aires favorable a los intereses europeos, en caso de que Rosas se negara a aceptar sus demandas.

La resistencia argentina ante estas pretensiones tuvo su punto culminante el 20 de noviembre de 1845 en la Vuelta de Obligado. Esta batalla, junto con las de Paso del Tonelero y Punta Quebracho, simboliza la decisión de Argentina de plantarse ante las potencias extranjeras para defender su soberanía. Aunque enfrentar a las potencias de esa época no era políticamente correcta, fue un acto de dignidad y de defensa del interés nacional. Esta lucha se emparenta con la de los combatientes de Malvinas, quienes también defendieron los mismos valores y enfrentaron al mismo enemigo en condiciones adversas, con valentía y patriotismo.

Estas fechas deben servir no solo para honrar los actos heroicos del pasado, sino para reflexionar sobre los desafíos actuales. En la actualidad, persisten amenazas tanto internas como externas que buscan debilitar la soberanía argentina, ya sea mediante el control de recursos estratégicos como el dragado del Paraná (Hidrovía Paraná-Paraguay) o la presencia de fuerzas extranjeras, una situación que contrasta con el espíritu. de los próceres de la historia argentina.

Hoy, como en el siglo XIX, las potencias extranjeras intentan imponer sus intereses mediante la división territorial, la injerencia económica y el saqueo de los recursos naturales. Recordar las epopeyas pasadas es un acto de reafirmación de la soberanía y una lección de que los gobernantes especuladores no hacen historia; administrador en solitario. Si se desea una nación soberana e independiente, se debe emular a los patriotas que defendieron la soberanía y rechazar las actitudes serviles que comprometen la libertad y la justicia.

[*] NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA N° 12 – NOVIEMBRE DE 2024

Deja un comentario