SIRIA: DE UN ESTADO FALLIDO AL DEVENIR DE UNA SOCIEDAD INCLUSIVA

POR NESTOR ANTONIO SULEIMAN

En Siria terminó un gobierno retardatario de más de 50 años sostenido por la dinastía de Al Asaad. Un período marcado por un pasado nefasto en distintos tiempos y escenarios, antecedentes y crónicas oscuras que se remontan mucho antes de la llamada Primavera Árabe, con una familia que permaneció en el poder durante décadas, enfrentando un claro desgaste en un proceso cargado de nepotismo y burocratización en la estructura estatal y un estado de pauperización de la población que fueron cultivando condiciones objetivas y subjetivas que erosionaron su legitimidad.

Es importante abordar los antecedentes de la dinastía Al Assad y su influencia en el Líbano, especialmente durante la guerra civil en ese país que comenzó en 1975. Las fuerzas del régimen sirio adoptaron un comportamiento oportunista con movimiento pendular, oscilando entre el apoyo al Movimiento Nacional Libanés (Harakat Watanie) y su complicidad con el Frente Libanés (Yabat Lubnan). La ocupación siria del Líbano que duró 29 años, obstaculizó la estabilidad política y la construcción de un frente democrático; la estrategia de Hafed Al Assad (padre de Bashar) siempre alimentó las diferencias internas en la sociedad libanesa.

En 1976, las fuerzas del régimen de Damasco entraron en Beirut durante el famoso «junio negro» (jaziran asuad), reprimiendo al movimiento progresista libanés (Harakat Watanie) y a la resistencia palestina. En marzo de 1977 era asesinado Kamal Yumblat, líder del Partido Socialista Progresista, referente de las filas revolucionarias y opositor a los planes de Al Assad.

En la ciudad Hama, en 1982, el régimen de Al Assad llevó a cabo un genocidio contra su propio pueblo, acciones que registraron más de 25.000 muertos, en su mayoría civiles acusados de pertenecer a la Hermandad Musulmana. Una actividad criminal que duró un mes, que tuvo permanentes acciones militares contra distintos barrios de la emblemática ciudad.

La otrora dinastía vitalicia siria también mostró su complicidad en 1982, durante las jornadas de resistencia palestina contra la ocupación sionista en Beirut, donde las fuerzas de Damasco permanecieron pasivas o incluso arremetieron contra los combatientes de la Organización para la Liberación de Palestina (O.L.P.) en localidades al norte de Beirut. En esos segmentos de la historia del régimen sirio en Líbano, los miembros de los distintos grupos de la resistencia palestina recuerdan los ataques de las fuerzas navales israelíes desde el Mediterraneo, mientras las tropas de Al Assad desde las montañas cañoneaban los refugios y trincheras palestinas.

En el mes de septiembre de 1982, se producen los ataques criminales de los falangistas libaneses (asistidos por las fuerzas sionistas) contra dos campamentos de refugiados de Beirut, ubicados en Sabra y Chatila. Otra vez el Ejército Sirio se “distrajo”, y luego de dos días de ofensiva se contabilizaron más de mil ochocientos palestinos asesinados, la mayoría de ellos niños, mujeres y ancianos indefensos. Recordemos que en esas jornadas la resistencia palestina ya había abandonado Líbano por un acuerdo auspiciado por distintos países; su tránsito hacia Túnez fue una oportunidad que tuvieron las fuerzas de los sectores del privilegio libanès para perpetrar la masacre de palestinos en Sabra y Chatila.

En el año 2000, tras la muerte de Hàfez al Asad, su hijo Bashar asumió el poder, y a pesar de las promesas de cambio en el rumbo político, el heredero de la dinastía terminó consolidando el proyecto de su padre.

En el 2005 luego del asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri, Bashar es acusado por el magnicidio y finalmente ordena a las tropas desalojar del país de los cedros. Una retirada humillante cargada del repudio de la población y las condenas en el campo internacional.

En 2011 cuando comenzó la insurgencia contra el régimen sirio, los palestinos en Yarmuk fueron brutalmente reprimidos bajo acusaciones de colaborar con la oposición. Fueron frecuentes las arremetidas de la dinastía Al Assad contra los palestinos, y los intentos de asesinatos de los dirigentes se repetirán en distintos espacios geográficos. En reiteradas ocasiones intentaron asesinar a Yaser Arafat, en una oportunidad en 1983 al norte del Líbano cuando el líder palestino había regresado desde Túnez para organizar a su comunidad de refugiados. La hoja de ruta del muhabarat (inteligencia siria) no permitía que ningún dirigente de la resistencia se apartara de la estrategia de la dinastía Al Assad.

ACTORES REGIONALES Y DEL EXTERIOR

El Gobierno Israelí ha aprovechado tanto la inestabilidad en Siria como en Líbano para expandir sus fronteras en un claro desafío a las normativas internacionales. Este comportamiento expansionista sigue manteniendo los sueños sionistas de construir un “Estado desde el Nilo al Éufrates”. El formato retardatario y capitulacionista de algunos gobiernos árabes siempre ha contribuido al atrevimiento del artificial estado de Israel en relación a los planes de usurpación territorial.

Irán, el principal aliado que tenía el régimen sirio, enfrenta ahora un panorama complicado con la pérdida de influencia en la región. La caída de Bashar Al Assad y la debilidad de Hesboalah perjudican a la teocracia persa en el proyecto estratégico que incluye la creación de estructuras paralelas a los Estados tanto en el Líbano, Irak y Siria, y está claro que la planificación de la oligarquía religiosa que gobierna Irán ha generado en los últimos tiempos un rechazo entre los pueblos. La iniciativa que Teherán pretende materializar, su proyecto geopolítico está en las antípodas de los verdaderos intereses de los pueblos en el tránsito liberador. Poco pueden ayudar a las comunidades en los procesos emancipadores, una oligarquía teocrática que ejerce una brutal opresión contra los pueblos que conviven en el territorio que administran bajo el rótulo de República Islámica de Irán. En esa dirección baluchistanìes, árabes, azeríes y kurdos pueden dar testimonios de la brutal campaña de Teheràn contra los derechos nacionales y culturales. Es la misma dirigencia que en estos días con un tono cargado de cinismo acusa de cobarde e ineficiente al depuesto Bashar Al Assad, cuando en realidad la dinastía en las últimas décadas se comportó como un fiel peón a los designios del jefe supremo el ayotalah Ali Jamenei.

En la coyuntura que se presenta en el contexto geográfico en el Creciente Fértil (Oriente Medio), a la teocracia persa le queda por un lado la difícil tarea de reconstruir la estructura política y militar en Líbano, y por otro sostener el proyecto de inserción e interferencia en la Mesopotamia iraquì, consolidando su apoyo a través de la Guardia Revolucionaria Islámica a los partidos políticos y milicias serviles a los intereses que son propios de la jerarquía religiosa que gobierna Irán. Es muy probable que puedan incentivarse los ataques de estas facciones militares pro persas a la presencia de tropas de EE.UU. acantonadas en Irak. También es posible que las milicias alineadas a la aristocracia confesional persa bombardeen desde la Mesopotamia objetivos de las fuerzas del Pentágono en Deir Ezrur y Hassaka (Siria), donde asisten al Frente Democrático Sirio (F.D.S.), una estructura que desde hace más de un lustro recibe el apoyo de Washington, y que ha sido fundamental para contener el avance en esa región de los energúmenos del Estado Islámico.

Turquía también busca expandir su influencia, apoyando desde hace tiempo a los grupos insurgentes en el norte de Siria, mientras no renuncia a los planes estratégicos que tienen como propósito el control de territorios históricos. Ankara sigue con sus nostalgias imperiales esbozada en un proyecto que tiene que ver con ganar espacios a costa de los territorios árabes. En 1939 a partir de un acuerdo con Francia (la potencia protectora de Siria), Turquía logró quedarse con la región de Alejandreta perteneciente a la Siria histórica. La intención de la fuerza “regente” era evitar que Ankara se posesionara como aliada de Alemania; eran tiempos donde los acontecimientos presentaban un irreversible escenario bélico mundial. En la actualidad la dirigencia turca sigue con la idea de incorporar a su mapa espacios del norte de Siria, como así también la región de Ninawa en el noroeste de Irak (nominado vilayato de Mosul en tiempos de la ocupación otomana).

Tayib Erdogan ha dado apoyo a determinados grupos rebeldes en el noroeste de Siria, siempre con la intención de condicionar a sus competidores en la zona, el primero de todo el gobierno teocrático persa. Sin embargo en esa dirección ha mantenido un formato ambivalente, apoyando y abandonando a las milicias afines a su proyecto según las fuerzas y movimientos emergentes en el escenario. La dirigencia turca actúo con posiciones muy pendulares en relación a los insurgentes antigubernamentales que operaban en la provincia de Idlib en Siria. En la proyección de su comportamiento Erdogan seguirá teniendo la misma postura en relación a estos grupos de milicianos.

Para Turquía es un problema el desarrollo de los sectores vinculados al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (P.K.K.). Los turcos permanecen alerta ante el crecimiento y afianzamiento del Frente Democrático Sirio (F.D.S.) (vinculado al izquierdista P.K.K.), una estructura político-militar conformada por kurdos, árabes y otras minorías nacionales y religiosas entre las cuales se encuentran asirios, sirianos y yezidies. El F.D.S. ha construido la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (A.A.N.E.S.) que tiene un desarrollo importante en Deir Ezrur y Hassaka, con un seductor programa de integración de las distintas comunidades, planteando una salida democrática para la situación crítica en Siria. Gracias al apoyo de EE.UU. el F.D.S. pudo contener el despliegue del Daesh (del árabe Estado Islámico), una situación que en su momento benefició al debilitado régimen de Al Assad, habida cuenta que el avance de los fatalistas y deterministas de los sectores más retardatarios del fundamentalismo islàmico pudieron haber ocupado Damasco en un tiempo récord.

También es importante para el proyecto de Ankara estrechar vínculos con la población turcomana que reside en regiones del norte de Siria, como así también en el noroeste de Irak. Se trata de un grupo étnico, con características lingüísticas propias que lo distingue del resto de la población de otro origen en los lugares donde residen, tanto en Siria como en Irak. Los turcomanos tienen afinidades con Turquía en el plano cultural, especialmente en el ámbito lingüístico. A menudo el relato y el discurso de la dirigencia turca hablan sobre esta comunidad como si se tratara de turcos dispersos o perdidos en territorios árabes.

Rusia está presente en el territorio sirio con bases militares desde la década del `70 del siglo XX. Desde la otrora U.R.S.S. la intervención de Moscú ha sido fundamental para sostener al régimen de Al Assad. Durante el proceso de insurgencia en el 2011, las fuerzas rusas se han distinguido atacando principalmente a grupos de la oposición al gobierno sirio que portaban perfiles más moderados y laicos, una acción que terminaba beneficiando el crecimiento y desarrollo de los sectores más fatalistas del islam político. Un hecho que quita cualquier tipo de dudas acerca de la intención de Rusia en esos tramos de la guerra civil siria.

Luego de la caída de Bashar Al Assad mientras este personaje se refugiaba en Moscú, la embajada rusa en Damasco arriaba en la fachada del edificio el nuevo pabellón de Siria. La bandera tricolor (verde, blanca y negra con el estampado de tres estrellas rojas), símbolo y emblema de la flamante revoluciòn siria, era enarbolada por los diplomáticos del Kremlin en la capital siria como un mensaje claro dirigido hacia el movimiento insurreccional sirio. Por otro lado Moscú siempre ha priorizado consolidar su presencia en la zona oriental del mar Mediterráneo a través de las bases en Hmeymin (cercanías de Lataquia) y Tartus fortaleciendo su influencia geopolítica, y en esa dirección la dinastía Al Assad siempre fue un instrumento para sus propósitos estratégicos.

En este panorama de actores no podemos dejar de lado a la comunidad drusa, que poseía estrecho lazos con la otrora dinastía de Al Assad, sin embargo en la antesala de la caída del régimen habían comenzado a manifestar sus diferencias, una situación que fue marcando el abandono que tuvo Bashar, incluso de aquellos sectores de la comunidad religiosa alawita (de la que forma parte), de los mismos que comieron de su mano y luego lo abandonaron.

UNA SALIDA DEMOCRATICA E INCLUSIVA

Finalmente uno de los principales protagonistas en los acontecimientos en Siria es Haiat Tahrir AsShaam (H.T.S.), una estructura político-militar reciclada del Frente Al Nusra, (grupo de yihadistas desprendido de Al Qaeda). El H.T.S. ha terminado alojando en su seno a varias estructuras políticas y militares, algunas de ellas con posiciones radicalizadas y pertenecientes al ámbito salafista, pero la hegemonía en la conducción hasta el momento està en manos de los sectores moderados y con notable ejercicio para el diálogo y la integración. Algunos improvisados en el análisis adjudican el desarrollo de esta estructura político-militar al apoyo externo a través de la asistencia material de metrópolis occidentales. Hay que comprender que el crecimiento de estas organizaciones solo puede lograrse con la adhesión voluntaria de los sectores populares, los que finalmente aseguran en el terreno de la lucha la cobertura necesaria en la vanguardia, y la seguridad y contención en la retaguardia.

Este grupo operaba fundamentalmente en la provincia de Idlib, un bastión importante que ha tenido el apoyo transitorio y accidental en algunos momentos de Turquía, pero como decíamos anteriormente con un comportamiento político de Erdogan muy ambivalente. Hay que destacar el cambio de actitud y posicionamiento de este encuadramiento, verdadero artífice de la caída del régimen. Las posturas del H.T.S. pretenden un diseño y alternativa para una nueva Siria, donde convivan sin distinción y privilegios todos los sectores religiosos, una prueba de esta iniciativa se vio reflejada en la convocatoria confesional en la plaza central de Damasco hace unos días, donde en un contexto ecuménico convergieron todas las expresiones religiosas.

Sería un anhelo de alcance popular en Siria la fusión del proyecto de apertura e integración HTS con el modelo con perfiles democráticos que porta el F.D.S. Todo dependerá de las voluntades y decisiones de los que ejercen la conducción de esas estructuras y del acompañamiento de los sectores populares ajenos a la influencia exterior.

Siria debe permanecer unida y soberana en el plano territorial, sin interferencias foráneas, provengan de turcos, rusos, teocráticos persas o de EE.UU. La inestabilidad de este territorio seguirá beneficiando a los artífices externos que explotan y generan permanentes contradicciones internas, en ese contexto el pueblo sirio sigue siendo el principal perjudicado.

La única solución viable quizás sea la materializaciòn de un Estado democrático que supere las dinastías y el sectarismo, promoviendo la participación inclusiva de todas las comunidades nacionales, étnicas y religiosas en la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Solo así Siria podrá recuperar su soberanía y definir su futuro sin interferencias extranjeras.

Hay que darle tiempo a las autoridades de transición en Siria. No es correcto calificar de terroristas a las flamantes autoridades revolucionarias.

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