LA CONDUCTA HUMANA QUE ACRECIENTA LA CRIMINALIDAD

ESCRIBE SANDRO FABIÁN GALASSO (*)
argendet_detective@hotmail.com

Los conceptos de víctima y victimario tienen significados aparentemente muy diferentes. Se podría decir, opuestas. Pero a los fines de mi participación en la problemática que se despliega en este libro, y que (además) pretende esclarecer y prevenir, intentaré hacer repensar al lector acerca de estas diferencias. Por ejemplo, si se recurre a un diccionario, víctima significa: persona o animal sacrificado o destinado al sacrificio». Pero también: «persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita» Victimario es un galicismo en la lengua española y se entiende como matador, asesino. Otro significado más tiene la palabra víctimario: «Sirviente de los antiguos sacerdotes gentiles que ayudaba en los sacrificios».
Simplemente con estas puntualizaciones se puede desarrollar un análisis interesante. Es lícito preguntarse si una víctima está «destinada» al sacrificio. Más allá de cualquier planteo religioso o metafísico concerniente al término destino, creo que es necesario preguntarse si tal destino existe per se. ¿Dónde encontramos escrito nuestro destino? ¿Quién crea el futuro, aquello que ha de acontecer, filósofos y pensadores opinan con justo derecho que el futuro no existe.
Sé que se cruzan cuestiones teológicas en este planteo, muchos podrán decir Dios tiene escrito nuestro futuro… pero también los hombres creyentes y devotos sostienen que Dios es justo, que ama como un padre a sus hijos y como tal no les desearía el mal. Es más, el Evangelio pregona a través de la vida de Jesús de Nazaret (una víctima del Imperio Romano y Judíos de fe) que Dios no desea una víctima ni un victimario, sin embargo en nombre de Dios se hacen guerras desde entonces y hubo millones de víctimas y unos cuantos victimarios… no es mi intención continuar por este camino, solo me resulta interesante que sea pensado y cuestionado.
Encuentro más apropiado referirme a las palabras de Antonio Machado que tan bien canta Joan Manuel Serrat: referidas al destino «…Caminante no hay camino… se hace camino al andar…»
Ahora bien, se puede pensar en la víctima como un sujeto que tiene un encuentro con otro sujeto que suponemos violento o una patología psíquica más severa y al victimario perjudicar al otro que llamamos víctima. Hay que profundizar en este tema…
Primero parto de la idea que toda persona tiene una prehistoria (desde sus ancestros) y una historia, proviene de una familia, se cría en un ámbito determinado, es atravesado por la cultura, se constituye como sujeto mediante un «otro» que lo asiste desde la infancia hasta que puede valerse por sí mismo y obtener satisfacciones y logros en la vida. El victimario, ya sea el asesino, el golpeador, el ladrón, el estafador, tiene una historia. En el «armado» de su vida, en la constitución de su aparato psíquico algunos hechos históricos han determinado que actúe de esta manera. Podría decirse que en su estructuración existieron «elementos» que promovieron una inclinación al engaño, a la destructividad, a la agresión desmedida.
Una de las estructuras psíquicas, además de la neurosis y la psicosis es la perversión. Solo con el fin de no abrumar con la teoría que requeriría de una extensa aclaración y estaría colmada de conceptos y términos complejos, me limito a expresar que «perverso es aquel que goza con el sufrimiento del otro».
Es también necesario considerar la red social y cultural (obviamente ya que hoy por hoy las extremas dificultades sociales, injustas y crueles, que atraviesa nuestro País y el mundo, promueven el vandalismo, los actos delictivos, los crímenes y con esto el malestar que se vive en nuestra era). Se establecieron leyes desde que el hombre existe para castigar las faltas, pero vemos que muchos de aquellos que escriben, dictan y ejecutan las leyes las quebrantan impunemente.
¿Qué ejemplo se le puede dar a un adolescente con graves carencias económicas, con su salud quizás deteriorada, con hermanos hambreados, con padres sin trabajo y problemas de alcohol en algunos, que ven en los medios de comunicación que las autoridades que administran el País roban al Pueblo, al propio Estado? ¿Qué explicación se le da a una persona honesta cuando el Banco en el que confió se queda con su dinero y no se lo devuelve, y el Estado se «lava las manos»? ¿Qué hace un adolescente que no recibe educación, se halla sin recursos económicos, usa drogas para evadirse de esa situación y otras dificultades y quiere vivir como estos que conducen el «destino» de su País, a costa de su miseria? Las respuestas a estas preguntas no son alentadoras, lo sé.
Volviendo a las definiciones planteadas anteriormente, no se puede pensar a la víctima como un sujeto «destinado al sacrificio» sin que nada medie o intervenga, destinado a ser víctima sin que algo no este ocurriendo en ese momento, ya sea un factor ajeno a el o de su mundo interno.
Se puede reflexionar en él mas bien como alguien «sacrificado» de hecho, donde la acción ha ocurrido y atravesó la vida del individuo. Por otra parte si profundizamos un poco más en la definición del concepto sacrificado, éste implicaría un sacrificio, es decir que hablamos de: «una ofrenda que se hace en pueblos primitivos como expresión de agradecimiento al Poder Divino», se trataba (y se trata aún hoy) de ofrendar animales y a veces seres humanos.
Una acepción del verbo sacrificar, nos aclara un poco más esta red de definiciones: «riesgo de daño, destrucción o muerte en que se pone a una persona para lograr un fin que se considera de mayor importancia». Entonces, si tenemos en cuenta la significación de víctima y de sacrificado creo que se puede intelegir como: una persona que padece o queda expuesta a daño, destrucción o muerte con un fin determinado por el victimario (o también por una causa fortuita o azarosa, como en el caso de algunos accidentes).
Este libro, o al menos estas palabras mías, intentan hacer considerar hasta donde, en determinados casos, es la víctima la que se expone, la que se ofrece sin saberlo conscientemente, por asuntos de desconocimiento, de ignorancia, de informaciones incorrectas, etc. O bien, por cuestiones de su estructura psíquica.
Cuando no interviene exclusivamente el azar, es decir, cuando se habla de estructura psíquica, alguien que desconoce de si misma una potencialidad que lo dispone hacia actos riesgosos, se puede llegar a pensar que la víctima es tal cual por si misma y que todo factor externo que acontezca tiene una injerencia relativa en el suceso acaecido, es decir que el sujeto adviene a los hechos, el que se ofrece, se «ofrenda», por así decirlo, a eventos que causarán una «satisfacción» en algún aspecto de su inconsciente, descubriendo como consecuencia una patología psíquica, ya que se trata de alguien que pone en riesgo su vida, su integridad, en función de una operatoria inconsciente que él mismo desconoce.
En definitiva, está establecido basándose en estadísticas muy marcadas que en un 80% de los casos la víctima pone mucho de sí misma para que se materialice un hecho determinado.
Desde luego que no quiero hacer de lo precitado un pensamiento absolutista, sólo que el mismo está basado en casos acontecidos que viéndolos con sana crítica y sentido común… no hacen ni más ni menos que una marcada evidencia de que toda causal de daño de cualquier tipo ocasionado hacia la víctima, en altos porcentajes esta aportó algo o bastante de sí misma.

CONCLUSIONES

Es admisible afirmar que nada se hace desde los organismos oficiales, «sólo algunos proyectos que han quedado guardados en el cajón de algún político burgués, al que poco le importa la sociedad y su problemática delictiva» pensando que en su «halo de poder» jamás le sucederá nada a él ni a su entorno familiar, en definitiva, llamaría a este fenómeno como «Victimización Social» de un Sistema, que mira hacia un costado problemas de fondo.
Las facultades de análisis son muy poco susceptibles, sólo se aprecian cuando surgen los efectos negativos de la sociedad, en si la facultad de resolución en muchos casos es negativa cuando lo que se intenta es calcular estadísticas y cuestiones. Pero jamás realizar un análisis a fondo de cuestiones o situaciones tan delicadas para el ser humano.
La atención es puesta poderosamente, luego de que los hechos acontecen, propongo presentar mi idea en forma clara, sucintamente y fuera de todo tipo de comentario, que QUERER ES PODER Y PODER ES QUERER, NI MÁS NI MENOS, MAS QUE PREOCUPARSE, HAY QUE OCUPARSE.

«CUANDO UNA SOCIEDAD LLEGA AL COLAPSO DEBE DARSE UN CAMBIO ROTUNDO…»

(*) LIBRO ¿VÍCTIMA O VICTIMARIO? CAPITULO II -PAG. 11 A 15- EDITORIAL «DEL PARANÁ» – AÑO 2008.

Deja un comentario