UN NIÑO BUENO

POR FABIÁN ARIEL GEMELOTTI

El niño está jugando con su autito de lata y su padre lo observa tan alegre a ese chico de rostro triste y pensativo.
«Mi hijo será un buen chico alguna vez», piensa ese hombre austriaco en los finales del siglo XIX.
El chico juega y piensa que alguna vez va a ser grande y llevará a su patria a lo más alto del mundo.
Una niña pobre y sucia se le acerca. Es Raquel, la hija del zapatero judío.
-Adolfo vamos a jugar a las muñecas.
-Yo soy un hombre y no juego con muñecas. Estoy con mi auto y trato de inventar una cosa que me lleve a la Luna.
-Bien, te acompaño.
Desde la Luna los mutantes están pendientes de ese niño. El comandante lunático T observa en la pantalla a Adolfo.
-Este niño tiene potencial, vamos a hacerlo un Dictador así nos ayuda a conquistar el mundo. Haremos un mundo de una raza superior.
-Comandante, Adolfo está enamorado de la hija del zapatero que es una judía.
-Vamos a ponerle a Adolfo una placa energética y pensamientos de odio.
Una mano invisible se desliza por los cielos y llega a la cabeza de Adolfo. Esa mano levanta el cráneo pero es invisible y Adolfo no siente dolor. Le coloca una placa.
Adolfo se siente extraño. Ve que viene caminando la niña judía y Adolfo tiene ganas de matarla.
-Judia ven conmigo.
-Sí.
Adolfo la lleva a un granero y le dice que se recueste que va a ir a buscar juguetes.
Adolfo regresa con un hacha y se va acercando a la niña y Adolfo le corta el cogote y la cabeza rueda a sus pies.
En la Luna el Comandante suspira. Adolfo se ha convertido en el futuro Adolfo.

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