
POR FABIÁN ARIEL GEMELOTTI
Cuando la conocí a Nicol fue un espasmo de mis sentidos: flaca, tetas pequeñas, pecas y cara de adolescente atormentada. Yo en ese entonces era profesor de Navegación del Tiempo. Ganaba Diez Mil Mileis que me alcanzaban para una vida muy buena.
Con el Físico Fernando decidimos construir una máquina del tiempo para retroceder a nuestra adolescencia, allá por el año 2000. Nos pusimos a trabajar en el laboratorio escolar y mezclamos átomos, células y protones. Usamos energía en movimiento y en tres meses pudimos abrir un agujero de gusano. Metimos una cucaracha y desapareció.
Una noche mientras dormía siento que tocan la puerta y era mi asistente que nerviosa me decía que corra al laboratorio. Me trasporté en tres segundos y veo lo que había pasado. La cucaracha volvió del agujero negro hecha una mujer. Así conocí a Nicol.
¿Dónde estoy? Nicol comprendía mi lenguaje y estaba desnuda y asustada.
La abracé y la calmé. Le puse una manta térmica y le dije que me cuente cómo había llegado acá. Su relato fue muy concreto, me dijo que navegó desde un lugar con cohetes y hombres azules.
¿Por qué yo pensaba que era la cucaracha? El olor a cucaracha lo sentía en el cuerpo de Nicol y al tocar su cabello se fue cayendo y de cada pelo nacía una cucaracha. El laboratorio se llenó de esos insectos y Nicol los fue cazando y se los comía.
Yo estaba muy asombrado. Agarré a Nicol y nos metimos en el agujero de gusano. Empezamos a navegar hacia el mundo de los hombres de azul.
CONTINUARÁ
