HOMO ARGENTUM

POR FABIÁN ARIEL GEMELOTTI

Ayer a la noche vi Homo Argentum, el filme cuestionado de Francella. ¿Estigmatiza al pobre? Creo que sí, si se lo ve con ojos «progresistas», y creo que no, si se lo ve con cultura cinéfila. Es un filme, no un ensayo sobre pobreza y sociedad.

Hay tres episodios de los dieciséis que me gustaron mucho. Uno es el primero, un tipo es guardia de seguridad en un barrio privado. Él lleva la vida aburrida y pesada que lleva todo trabajador que vive de un mísero trabajo y hace un trabajo rutinario. Una noche sale de su trabajo y se sube a su auto viejo y ve a una cuadra de su laburo a una rubia muy joven. La mina está llorando, golpea un portón a patadas e insulta. Se peleó con su amante, grita «hijo de puta» y sigue dando patadas. El tipo le pregunta si necesita algo. La mina se arrima al auto y le dice que quiere subirse. Se sube. Le dice que tiene hambre y no tiene un peso. La lleva a comer a Mostaza y después la rubia le dice que la lleve de una amiga. Ahí la mina, en el departamento de la amiga, se empiezan a chuponear las dos mujeres. El tipo siente las nalgas de la rubia que golpean sobre su cuerpo, él está sentado al lado viendo esa escena de pasión de las dos mujeres. Está rígido y no entiende muy bien lo que pasa. Las minas se van a la pieza y se sienten gemidos, cogen. Lo llama la rubia. Él lo piensa, toda su vida rutinaria y trabajo de mierda deben pasar por su cabeza. El tipo lo decide y se va a la pieza con las minas. Al otro día va a su trabajo y un obeso, su compañero, le dice cómo pasó la noche y él le dice que bien. El gordo debe pensar que durmió y descansó para su trabajo rutinario. Se sienta en el asiento de la casilla de custodia. Una sonrisa de placer se dibuja en su rostro. El episodio refleja a la perfección la mierda que es trabajar y como el sexo puede dibujarnos un ratito de placer en esa mierda llamada “vida laboral”.

El otro episodio que me gusta es el del cura villero. Un cura da lecciones de pobreza en un comedor villero. Todos son hambrientos, quieren ese plato de comida para vivir. El cura habla de Jesús y de las bondades de ser pobre. Pero no deja comer tranquilo. Habla y habla boludeces sobre la pobreza. Un tipo le dice que lo deje comer. Y el cura ahí se queda quieto y mudo. Todos devoran la comida. Los discursos, eso muestra el episodio, son adornos; el estómago necesita comida sin discursos estúpidos.

El otro episodio muy bueno dura un minuto. Un relator de fútbol está en Catar relatando la final del mundo. Termina el partido y Argentina es campeón del mundo. El tipo se siente mal físicamente, siente que se ahoga, todos a su alrededor gritando por Messi. El tipo se muere de un infarto. Todos siguen gritando y nadie da bola al tipo ahí tirado sobre su escritorio de relator. La indiferencia. El fútbol como algo masivo y alienante.

La película es buena, no es una basura. Dicen que Milei vio el filme, yo creo que no lo vio, o si lo vio, no lo entendió. Dice Milei que es buen filme. Milei no sabe de cine, su opinión a mí no me sirve. Es como escuchar la opinión sobre el kirchnerismo de mis compañeros de trabajo. Son mediocres y gorilas. Yo no las tengo en cuenta. El filme en cuestión divide aguas. Pero no es para tanto, no es un filme gorila. No es un filme individualista. Es un filme, es cine. Es taquillera. Se hizo con capitales privados. Eso quizás hace que se odie al filme. Sabemos que Francella es gorila y todos odian a Francella. Pero miremos el filme, detengamos la mirada. Yo me quedo pensando en el primer episodio, todos nos matamos por una ideología. Pero ese episodio resume la ideología de vida: los ricos cogen y viven. Los pobres trabajan en un trabajo de mierda obedeciendo a gordos de mierda.

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