
POR FABIÁN ARIEL GEMELOTTI
Los telos son el lugar más lindo de una ciudad. Cuando uno llega a una ciudad que no conoce quiere saber dónde hay un telo. En San Francisco, Estados Unidos, estaba hace años caminando por las periferias. De pronto veo un cartel luminoso. Me prendo un cigarrillo y observo. Un negro sale del lugar ese y me mira. Yo lo miro y preparo los puños. Pero mi voz interior me dice «salí de ahí Maravilla».
A los días me entero que ese lugar era un tugurio del placer de los negros y si un blanco entraba ahí era acuchillado sin miramientos.
Hay telos de lujo y telos de pobres. Los telos de pobres son hermosos con sábanas olorosas y jabones baratos. No creo que cambien las sábanas después de cada sacudida. Eso sería caro. El problema radica en el semen que se va pegoteando en esas sábanas finitas y con olor a culo. Después tenemos los telos caros donde con autos caros las parejas entran y toman champán.
Hay un cuento de Bukowsky que cuenta que se fue a un telo con una obesa de 130 kilos y rompieron la cama. Era saltar y saltar. Y después se escaparon por una ventana. Son los telos yanquis.
El amor es un telo decía un amigo. Mi amigo iba al Castillito con su amiga y en esas habitaciones feas y sucias sus vidas transcurría en una aventura de telos.
Al telo también se va a dormir. No solamente a coger. Así le pasaba a mi vecino el carnicero que se iba con la suegra al telo. La mujer nunca le creyó que iban a dormir la siesta.
Telo y tele. Telo y facebook.

Un comentario en “UNA APROXIMACIÓN A LO QUE ES UN TELO (PARTE VI)”