
POR MARÍA ÁNGELA MOSCATO
INTRODUCCIÓN
A partir de la década del ’70, el mundo cambió. En primer lugar, los Estados de Bienestar van a entrar en crisis debido a procesos inflacionarios. Comienza a tomar predicamento el rol del mercado como articulador, beneficiando a las Grandes Multinacionales. Sin embargo, el Neoliberalismo va a traer graves consecuencias, tanto en los países desarrollados, como en los periféricos. Luego de dejar de lado el régimen monetario de Bretton Woods, el Dólar, ya no va a estar ligado al Patrón Oro y se va a tornar más flexible. Allí, va a comenzar un proceso de desregulación financiera, que, a la vez, va a coincidir con la expansión de la globalización. Esto se debe a que las potencias económicas van a buscar destinos que sean mas favorables para colocar sus activos financieros. Uno de estos destinos, va a ser Asia y principalmente China. Sin embargo, la relación entre este país y Estados Unidos va sufrir cambios a lo largo de la historia, culminando en un enfrentamiento. En este trabajo analizaremos como a partir de ese momento, se da una Guerra de tipo Político, Comercial, Económico y Cultural entre Estados Unidos y China. También, haremos referencia al proceso de desarrollo chino desde la Revolución cultural hasta la actualidad, para finalmente referirnos a la relación de dichas potencias con nuestra región, como así también, el horizonte de América Latina antes esta problemática a nivel mundial.
NEOLIBERALISMO Y GLOBALIZACIÓN: ¿DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA?
El surgimiento del neoliberalismo se dio en la década del ’70 cuando el Modelo del Estado Social entró en crisis debido a un proceso de inflación. Esto va a significar un cambio profundo en el concepto y relación Estado- Sociedad, ya que el modelo de acumulación basado en el capitalismo real, se va a ir modificando para dar lugar a uno basado en formas de acumulación, donde tienen un rol principal el sector financiero, la especulación, rentabilidad de bonos, desregulación de la economía, entre otras cosas. “La crítica Neoliberal al Estado benefactor se sintetiza en que desincentivaba la inversión, generaba procesos de redistribución del capital al trabajo que reducían el excedente capitalista y se traducía en menores recursos para la inversión, estimulaba un aumento excesivo de las demandas y expectativas hacia el Estado, en lo referido a reclamos salariales y exigencias de consumo de los trabajadores” (García Delgado, 1994:72).
Yendo al rol del Estado, podemos decir el “debilitamiento del mismo y de sus capacidades regulatorias fue la contracara del empoderamiento de las grandes corporaciones privadas, del sector financiero a nivel global, y del creciente desentendimiento del mundo empresario en relación a sus obligaciones con la sociedad” (Aronskind, 2017:62). Esto resulta muy paradójico, ya que pese al discurso anti estado, los neoliberales veían que el mismo, sería de algún modo capaz de convertirse en el agente iniciador e instrumentador de los programas de ajuste.
El Neoliberalismo tuvo su apogeo en plena guerra fría, en medio de la disputa entre Rusia y Estados Unidos. Luego de la crisis del petróleo y de la caída del Muro de Berlín, comenzó a consolidarse la hegemonía unipolar de Estados Unidos y así también, el surgimiento de instituciones supranacionales, como el G7 e instituciones multilaterales de crédito como el F.M.I. y el Banco Mundial. Estas instituciones crediticias serían un mecanismo de condicionamiento, presión y extorsión para los países de la periferia, llevándolos al endeudamiento y a la bajada de línea respecto a las políticas de ajuste. A la vez, la potencia del norte instalaba a través del Plan Cóndor y la Doctrina de Seguridad Nacional, dictaduras militares en nuestra región. Aquí debemos mencionar a la Escuela de las Américas cuyo objetivo fue entrenar solados latinoamericanos en técnicas de tortura, inteligencia militar combate. Estas dictaduras, sometieron a sus países al endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional para instalar el neoliberalismo en la región. Aldo Ferrer (2011), se refirió a la última dictadura militar en Argentina de la siguiente manera: “Tras el Golpe de Estado de 1976, las políticas del régimen de facto impulsaron el retroceso de la economía argentina a sus orígenes primarios y preindustriales, al tiempo que la subordinaban a la especulación financiera” (Ferrer, 2011: 9).
El Neoliberalismo se extendió durante la década del ’80 y ’90. Si bien, en muchos países se había recuperado la democracia, el rol del estado y la política económica seguía siendo la misma. En 1989 se aprobaron los diez nefastos puntos del consenso de Washington, entre ellos: recorte del gasto público, apertura a la inversión extranjera, desregulación de la economía, liberalización de la tasa de interés. El Estado se hacía nuevamente a un lado, principalmente en materia social, para darle lugar al mercado. Las medidas neoliberales generaron desestructuración de los aparatos productivos, desempleo, aumento de la pobreza e indigencia. A la par, se instala noción individualista y se implementa un modelo de ciudadanía basado en el consumo y la tecnología. Esto culminó en un discurso único respecto al “fin de la historia” y el fin de las ideologías
Los autores Hopenhayn y Vanoli (2001) identifican el origen del actual ordenamiento financiero global, como así también de sus crisis, en el proceso de financiarización de la economía. Esto se debe a que, en 1971, el presidente de Estados Unidos, Nixon, decide romper la convertibilidad del dólar al oro, lo cual constituyó el desmantelamiento del régimen de Bretton Woods. El dólar de la posguerra prometía una conversión en oro. Ese patrón se sostuvo hasta la década del 70. Esto se debió a que, en la década anterior, hubo economías de pleno empleo con grandes expresiones de demanda, pero que comenzaron a mostrar altos índices de inflación. Tal es el caso de los Estados Unidos que a fines de esta década tuvo una inflación del 14%, y a su vez, un proceso de devaluación. Por lo tanto, podemos concluir que el período de la gran divergencia fue desde el año 1820 hasta el año 1970. Por otro lado, se da un shock petrolero en el año 1973, creando un fuerte endeudamiento de los países latinoamericanos. Además, en el año 1979, el presidente de la reserva federal de Estados Unidos, decide subir la tasa de interés del 3% al 21%, lo cual tuvo un impacto de recesión mundial y, por lo tanto, alteró la inversión del flujo de capitales en búsqueda de nuevos destinos. Luego de este suceso, el dólar vuelve a recuperar su centralidad, bajando la inflación. Sin embargo, se trataba de un nuevo dólar, ya no ligado al patrón oro, sino que era más flexible. A partir de ese momento, se da un proceso de convergencia, porque los países más pobres y también, más densamente poblados, comienzan a crecer. Aquí se da el inicio de las economías neoliberales, tal es el caso de Ronald Reagan en Estados Unidos o de Margaret Thatcher en Inglaterra, como así también de las dictaduras en América Latina. Además, desaparece el régimen monetario de Bretton Woods, dándose una desregulación financiera y a la par, un proceso de globalización acelerado.
Este proceso va a culminar con un proceso de crecimiento en determinados países. A fines de la década del 70, los países asiáticos, principalmente China; comienzan a tener tasas de crecimiento espectaculares. Esta tendencia, se va a mantener hasta la actualidad. La composición regional de la distribución global cambió sustancialmente en estos 20 años. China salió de los rangos más bajos de la distribución global, lo que ha tenido un gran efecto no solo en la composición regional sino también en la forma total de la distribución global. “El crecimiento del ingreso promedio y el cambio en la desigualdad del ingreso en China fueron excepcionalmente fuertes” (Lakner y Milanovic, 2015:74). Como contrapartida, se va a producir un estancamiento en la economía, como así también de las condiciones de vida de los trabajadores de los países desarrollados. Se producen cambios en las cadenas globales de valor de los procesos de producción a escala internacional. Esto genera procesos de tercerización y de deslocalización de la producción, cosa que antes sucedía dentro de la empresa. La deslocalización se comenzó a hacer en países con salarios más bajos, con legislaciones ambientales más laxas o que presentaran algún tipo de beneficio fiscal.
La volatilidad financiera, hace que la economía se aleje cada vez más de su faz real y se relacione exclusivamente con activos financieros, y ya no tanto a la producción, consumo, empleo y comercio. Es decir, la circulación de activos, favorece y facilita las actividades de los agentes del sector financiero, permitiendo la transnacionalización de la producción y comercio liderado por las grandes multinacionales. Entonces, las grandes multinacionales mueven su capital hacia países donde les conviene debido a que garantizan sueldos bajos, legislaciones flexibles y son poco exigentes en materia impositiva. Sin embargo, la asimetría en la volatilidad y formas de sus flujos hacia países centrales y periféricos es evidente. “En tanto los primeros cuentan con una oferta firme de préstamos e inversiones internacionales a plazos y tasas de interés bastante homogéneas, los países periféricos han debido hacer frente a una gran volatilidad en la disponibilidad de fondos” (Hopenhayn y Vanoli, 2001: 39). Esto hace que los países de la periferia dependan de los ciclos económicos de los países centrales e impacta de forma contundente en su capacidad de ahorro.
UNA NUEVA POTENCIA ORIENTAL VIENE ASOMANDO
Durante el Siglo XIX algunas potencias, principalmente Inglaterra, sometieron a China a través de la guerra del opio. Luego de eso, este país entró en una gran decadencia y se dieron luchas a nivel interno, a través del surgimiento de liderazgos regionales y también, luchas externas. Esto culminó en la división del pueblo chino entre nacionalistas y comunistas. Los republicanos eran a poyados por Estados Unidos, mientras que los segundos, contaban con el visto bueno de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética. Luego de la segunda guerra mundial, China entra en un período de debacle y miseria, por lo que el comunismo comienza a tomar más predicamento a través de la organización de los campesinos. En el año 1949 Mao toma el poder, instalando la “República Popular China”. Luego de la muerte de Stalin, el maoísmo de aleja de la U.R.S.S. Sin embargo, el partido comunista se propuso la modernización de China sobre una plataforma nacionalista. Es por eso, que a partir de la década del 60 va a tomar un camino propio, incluso apoyando partidos revolucionarios y movimientos de liberación en el mundo. En este contexto surgió el Gran Salto Adelante (GSA), iniciativa de objetivos múltiples, que buscaba a la vez desplegar la voluntad de las masas para elevar la producción y comprometerlas con los objetivos socialistas; combatir a través de esa movilización a la burocracia del partido y del gobierno; elevar la producción industrial, lo que reforzaría la autonomía económica de China, y la independizaría cada vez más de la U.R.S.S.; descentralizar la economía; reducir la brecha campo- ciudad a través del desarrollo de pequeñas industrias rurales; combatir el subempleo rural y el desempleo urbano, y facilitar que el campesinado aprendiese a dominar la tecnología, apoyando la producción y reduciendo además su dependencia de las élites tecnocráticas (Rosales, 2020: 41).
Es decir, que el Socialismo Chino va a denunciar a los dos Imperialismos, el Ruso y el Estadounidense. Esa “Tercera Posición” tuvo buenos resultados, ya que logró eliminar los grandes focos de pobreza, educando a la población y, además, poniendo en marcha el aparato científico y productivo. En palabras de Chun (2006): “la turbulencia política no impidió que el P.I.B. Chino creciera a una tasa promedio anual del 6,2% entre 1952 y 1978. El sector industrial tuvo un desempeño mejor que en la mayoría de los demás países en vías de desarrollo” (Chun, 2006:68). Luego de la muerte de Mao, se produce una transición. En el año 1978, se aprueban una serie de reformas económicas pro mercado. En primer lugar, se habilitaron zonas económicas con condiciones favorables a los capitales extranjeros para que invirtieran con garantías completas de inversión y también, con la posibilidad de remitir utilidades al exterior. Es decir, que la política local de China, ofreció mano de obra barata, organizada y educada para emprendimientos occidentales, con fines de exportación. El proceso de reforma va a tener un impacto extraordinario de crecimiento. “Como padre de la modernización china, Deng debió innovar en su concepción del marxismo. Cuestionó piezas claves de la ortodoxia de ese ideario. Para Deng y sus seguidores, la plusvalía dejó de ser el eje de la teoría de la explotación y, por ende, podía permitirse la propiedad privada de los medios de producción que la generaban. En tanto la propiedad pública dominase el conjunto, a través de la planificación, diversas formas de propiedad podrían coexistir. La lucha de clases, el motor de la historia según Marx y la arcilla de la construcción socialista para Mao, era menos relevante que el desarrollo económico” (Rosales, 2020:59).
La población pobre campesina pasa a realizar tareas más complejas e industriales. Ese progreso es el efecto de la industrialización, que a su vez no ha provocado el hundimiento de la agricultura, sino todo lo contrario, ya que hubo una mejora de la producción agrícola, “en especial en la primera parte de los ochenta: la producción de cereales, esencial para garantizar la ración alimentaria, pasó de trescientos millones de toneladas en 1978 a cuatrocientos millones en 1984” (Domenach, 2006:238). Sin embargo, esos cambios se van a realizar de la mano de una fuerte presencia estatal. Esto se debe a que el Estado va a mantener la propiedad total de la tierra, los bancos y las grandes empresas estatales. Es decir, que la articulación con la economía mundial se da de la siguiente manera: se da lugar y se facilita la inversión extranjera, pero como condición, tiene que haber presencia estatal en la dirección de las empresas, como así también, de parte de dirigentes del partido comunista. Pero lo más importante, es que China va a absorber ese conocimiento empresarial o know-how de las empresas occidentales, es decir, va a adquirir experiencias a través de un proceso de transferencia tecnológica. Esto se debe a que, en 1978, los dirigentes pragmáticos que reemplazaron a la facción maoísta se comprometieron a renovar el antiguo socialismo caracterizado por su fanatismo ideológico. “El mismo término de ‘reforma’ apuntaba a los objetivos de corregir, mejorar, revitalizar, y, por tanto, de hacer realidad en vez de revertir la causa del socialismo” (Chun, 2006: 302).
Estas reformas se sostuvieron a lo largo del tiempo. En el año 2002, Jiang Zemin propuso la teoría de las tres representaciones. Esto significaba que el partido comunista ya no sería solamente el representante de la clase obrera, sino también de las fuerzas avanzadas de la producción. Esto incluía, por lo tanto, a los propietarios de los medios de producción, empresarios, ingenieros y técnicos, pero también a las fuerzas de la cultura, como intelectuales, artistas y científicos. Por lo tanto, el partido comunista se alejó del primer objetivo de la revolución cultural y decide estimular la producción, incluyendo al empresariado. El hecho de abrir la puerta al sector privado, también implicó hacer parte del proceso de cambio a ciertos grupos millonarios. Además, Zemin, siendo presidente de la República y líder del partido, permitió el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que le permitió aumentar su capacidad exportadora y a la vez, velar por su crecimiento económico. Pero, además, el ingreso a este organismo, le trajo como consecuencia el apoyo creciente a los empresarios privados y la aceptación de los mismos dentro del partido comunista. Por último, Jiang Zemin también se comprometió a avanzar en la construcción de un Estado de derecho, a garantizar un mayor control sobre las Fuerzas Armadas y a consolidar la posición de China a nivel internacional. Esto último, debía lograrse a través de una mejora en las relaciones con los Estados Unidos.
Sin embargo, a la par, se dio una mejora de las relaciones con Rusia. A pesar de las dificultades comerciales y de las peleas vecinales (en especial a causa de la emigración ilegal de muchos chinos al este de Siberia), las relaciones alcanzaron el nivel político en junio de 1995, gracias a una visita a Moscú del primer ministro Li Peng, que declaraba en esa ocasión: “Rusia y China son grandes potencias en el mundo y no permitiremos que nadie nos diga cómo hay que vivir y trabajar. Se firmaron ocho acuerdos técnicos, uno de los cuales preveía la construcción por China de un puente sobre el Amur, el río al que habían hecho célebres los enfrentamientos militares de 1969” (Domenach, 2006:183). La relación entre China y Rusia se fue consolidando, a través de las visitas cada vez más frecuentes de Yeltsin a Pekín y de Zemin a Moscú. Finalmente, en 1997, ambos líderes firmaron la “declaración sobre un mundo multipolar y la formación de un nuevo orden mundial”. Además de firmar esa declaración, también se debían resolver algunas discrepancias en cuanto a lo comercial y sobre límites territoriales. Es por eso, que ese mismo año también se firmó un acuerdo comercial que proyectaba lanzar el comercio bilateral hacia nuevas costas gracias a las importaciones chinas de petróleo y gas rusos. Esa relación se mantuvo con la llegada de Putin a la presidencia de Rusia, llegando a consolidar con China el tratado de amistad y cooperación para veinte años. El mismo, hacía referencia a un “mundo multipolar” y a la necesidad de implementar la “cooperación técnico y militar”. Es por eso, que dicho acuerdo se comprometía a mantener los equilibrios nucleares. Es decir, que ambas potencias estaban alineadas en contra de los proyectos estratégicos norteamericanos para desestabilizar Asia.
CHINA Y ESTADOS UNIDOS: ¿UNA RELACION AMOR- ODIO?
China ha tenido una relación ambivalente con Estados Unidos. Por un lado, son conscientes de la ayuda de los Estados Unidos a Corea, como también del apoyo al campo nacionalista durante la última guerra civil en china que transcurrió entre 1946-1949. A partir de eso, la oposición al imperialismo se convirtió para el partido comunista chino en la legitimación de su política. Como respuesta a esto, Estados Unidos apoyó y protegió al régimen Guomindang en Taiwán y a otros regímenes anticomunistas. Además, durante la guerra de Vietnam, la potencia occidental amenazó con extenderse a China.
Sin embargo, esa confrontación directa, iría cesando con el tiempo. Cuando Nixon y Kissinger comenzaron la retirada de Vietnam, decidieron hacer caso al alejamiento de China de la Unión Soviética. Por una y otra parte era el tiempo de la obsesión hostil que escondía en realidad la extrema prudencia que los gobiernos manifestaban. Este giro político implicó lo mejor y lo peor de las relaciones entre ambos países, ya que comenzaron a establecer relaciones estratégicas más allá de lo ideológico, haciendo prevalecer el interés. Con la llegada de Deng Xiaoping, se normalizaron las relaciones diplomáticas, y más tarde se firmó un importe acuerdo sobre la venta de armas en Taiwán, donde Estados Unidos se comprometía a poner un tope, a cambio de que China llevase adelante una política de reunificación pacífica. Sin embargo, estas relaciones que se mantuvieron durante años, escondían una asimetría. Esta consistía en que China tenía una enorme necesidad de comercio y tecnología americana. Es decir, que Estados Unidos tenía un desarrollo científico, tecnológico y militar heredado de la guerra fría, mientras que China era un país con ansías de expansión y búsqueda de nuevos horizontes económicos.
Estados Unidos no vio con buenos ojos la voluntad de China de desarrollarse y erigirse como potencia económica, ya que esto implicaba disputarle la hegemonía mundial de la globalización. Luego, a partir de 1993, Bill Clinton llegó a la presidencia con una agenda hostil hacia China. Desde ese momento, las disputas crecieron principalmente luego del atentado del 11 de septiembre de 2001 cuando Estados Unidos decidió reforzar la seguridad ciudadana para combatir a sus enemigos y países que no estuvieran alineado con los ideales “occidentales y cristianos”. A esto se le suma, la excesiva preocupación de Estados Unidos por defender a Taiwán, lo que acrecienta la relación tensa con China.
Durante la presidencia de Barack Obama, se dio un giro estratégico hacia Asia-Pacífico, desplazando el enfoque puesto en Europa durante 200 años a Asia, o girando del Atlántico al Pacífico. Obama se proclamó en ese entonces, como el «primer presidente de los Estados Unidos en el Pacífico». Detrás de la estrategia global de los Estados Unidos de dar un giro hacia la región Asia-Pacífico está la preocupación del surgimiento de China como potencia comercial. En un lapso de tres años, China celebró tres eventos de alto perfil: los Juegos Olímpicos de 2008, la Parada militar en 2009 y la Exposición Universal en 2010. Además, en 2010 China superó a Japón para convertirse en la segunda mayor economía del mundo, y dejó atrás a EE.UU. en la producción manufacturera y generación de energía (Word Economic Forum, 2017). Es decir, que mientras se hacía un tratado con la Unión Europea para frenar a China, también realizó un tratado de libre comercio transpacífico. La redacción del mismo fue hecha en beneficio de las multinacionales, las cuales exigían bajar los estándares en materia de derechos laborales. Además, entre las clausulas del tratado se establecía que cualquier multinacional podía realizarle juicio al Estado respectivo ante tribunales que se iban a definir oportunamente y que esos juicios, resultaban de cumplimiento obligatorio. Con esta disposición, se ponía en igualdad de condiciones a los Estados y las multinacionales. Sin dudas, esto rompió el principio de soberanía, el cual disponía que no había nada por encima de los Estados. Luego del conflicto de mayo de 2015 en el mar del Sur de China, Obama lanzó la estrategia de “reequilibrio con Asia- Pacífico”. Sin embargo, la misma, lejos de tener éxito, profundizó la desconfianza de China hacia Estados Unidos.
Yendo a la primera presidencia de Trump, se adoptó una posición más pro Taiwán. Además, ha sido el gobierno que más armas vendió a ese país. Por otro lado, lanzó polémicas declaraciones contra China. Un claro ejemplo de esto, es cuando Trump culpó a China por la expansión del virus de COVID y, además, se refirió en varias oportunidades de forma peyorativa al “socialismo chino” como el principal exponente de la nueva agenda 2030 contraria a los ideales occidentales. Por último, si bien descartó un enfrentamiento directo con China en el plano militar, inició una guerra comercial, con aranceles todavía en vigor sobre más de US$ 300.000.- Millones en Bienes (World Economic Forum, 2017).
Estados Unidos siempre buscó instalar sus reglas en Europa oriental y Asia. “Esto incluye regímenes de inversión extranjera y comerciales, relaciones Estado-Mercado, libertades suficientes para las empresas transnacionales, regímenes impositivos favorables, Estados del Bienestar reducidos a su mínima expresión, Mercados Financieros Desregulados, monedas totalmente convertibles, ausencia de controles sobre divisas, servicios públicos privatizados, infraestructura y legislación apropiada para los medios de comunicación de masas, mercados de valores convenientemente organizados, definiciones adecuadas de los derechos de propiedad intelectual, y formas ventajosas de propiedad y dirección empresarial” (Gowan, 2000:129). Esto le resulta difícil debido a que la Nueva Izquierda China encabezada por el actual Presidente Xi Xing Ping, tiene una visón crítica sobre la hipocresía y carácter sesgado de las democracias occidentales, tanto en Europa como en Estados Unidos. Este diagnostico tiene su razón de ser, debido a los efectos drásticos de las economías neoliberales, como el desempleo, contracción del ingreso, privatización de empresas y aumento de la pobreza, lo que derivará en el surgimiento de nacionalismos populistas con una economía proteccionista que propenda al desarrollo.
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Artículos web:
BBC News Mundo, “EE.UU. y China llegan a un acuerdo para reducir los aranceles del 145 al 30%”, fecha: 12-05-2025, disponible en:
CONTINUARÁ
