
POR DANIEL BUSTOS
Cristina Fernández declaró en Comodoro Py en la causa llamada «Cuadernos». Se trata de una causa armada (y el adjetivo no es casual) en base a unas fotocopias de unos supuestos cuadernos cuyos originales habían sido quemados por su propio autor y que luego fueron «recuperados» parcialmente. Los cuadernos fueron supuestamente escritos por un chofer semianalfabeto, pero que escribía con una prosa que envidiarián Shakespeare o Neruda. Pero aparte estaban llenos de correcciones, tachaduras y enmiendas, hechas con lo que era evidentemente era otra tinta y otro trazo. Y detallaban, supuestamente, el movimiento de empresarios que pagaban coimas al gobierno en época de Cristina.
Con pruebas tan endebles, se inicia una causa que recae, por «azar», como casi todas las causas en su contra en el juzgado del inefable juez Bonadío (de manifiesta enemistad con la imputada) y del fiscal Stornelli (más conocido en Comodoro Py como Extorsionelli).Y cuando digo CASI todas no es retórico, es exacto, porque de 10 causas que deberían sortearse en 12 juzgados 9 «cayeron» en ése «Casualmente». Hay matemáticamente una chance en 6 millones de que éso suceda, y después dicen que no hay persecución política ni mafia judicial! El modus operandi de éste último es citar a los empresarios aludidos uno por uno, detenerlos, y amenazarlos con dejarlos encarcelados por tiempo indeterminado si no se «arrepienten» y acusan a alguien de más arriba. Luego, detener también a continuacion a éste último y repetir el mismo procedimiento hasta llegar a la cabeza, y objetivo desde un principio: ergo, Cristina.
Ante tamaño apriete y chantaje varios optan por «cooperar» con tal de salir en libertad. O sea, eran capaces de admitir que participaron del asesinato de Kennedy con tal de zafar. Pero luego, denuncian la verdad: que fueron extorsionados y obligados a declarar lo que sea para liberarlos, práctica común de éste fiscal. La mayoría de los títulos de los medios hegemónicos resaltan el título de que Cristina «no respondió preguntas», con la intención deliberada de insinuar o sugerir a la opinión pública que éso indicaba una supuesta velada aceptación de su culpabilidad o ausencia de argumentos para defenderse.
Nada más alejado de la realidad. Pero en una sociedad en que la gente apenas lee el título de las noticias, y a veces de corrido y a medias, no es extraño que éso suceda. Cristina, en su brillante alegato, que pocos se habrán tomado la molestia de escuchar o leer (casi nadie lo publica completo) desenmascara detalladamente la operación política, mediática y judicial que la condenó en la causa vialidad, como los vínculos y la inconcebible y vergonzosa connivencia de Mauricio Macri, querellante desde el Estado en la causa con jueces y fiscales participantes de la misma con los que se juntaba en su quinta a comer asado o jugar al fútbol o al tenis; y la que pretende hacerlo en ésta nueva causa armada e inventada por Bonadío y Stornelli, y se pregunta (LES pregunta) cómo puede ser que ése tipo no haya sido citado siquiera a declarar cuando está denunciando por extorsión con decenas de chat como prueba, por ejemplo.
Los demuele con datos, denuncias y pruebas contundentes (nombres, apellidos y circunstancias) de cómo los empresarios eran apretados para acusarla so pena de podrirse en la cárcel, y aún así nadie lo hizo, ni la mencionó jamás en ninguna declaración. Ni resulta de la supuesta investigación ninguna conversación o chat en la que se la mencione.
O sea, más allá del circo mediático y judicial NO HAY ABSOLUTAMENTE NINGUNA PRUEBA CONCRETA EN SU CONTRA.
Es más, éso mismo es totalmente coincidente con lo que denuncia en su momento el hasta hace poco ministro de justicia de Milei, Cúneo Libarona, abogado de uno de los empresarios chantajeados y extorsionados por éste personaje siniestro que insólitamente sigue en su cargo como si nada. Aparte de todo lo que expone previamente Beraldi con más rigor jurídico.
Y por supuesto, niega rotundamente todos los cargos realizados sin absolutamente ninguna prueba objetiva en su contra que los avale. Y relata cómo investigaron sus cuentas, allanaron sus dos casas (en Buenos Aires y El Calafate), demolieron paredes en busca de supuestos falsos fondos y excavaron media Patagonia y no encontraron NADA.
Por supuesto que se defendió, y cómo. Y se pregunta aparte cómo por ejemplo Macri, con más de 250 causas en su contra, algunas flagrantes y de más vieja data, como por ejemplo Correo Argentino o Parques Eólicos, ni siquiera es llamado a declarar por ésos mismos tribunales. O la causa por la deuda externa contra Toto Caputo, en que permitió que se fugaran él y sus amigotes al exterior los 45000 Millones de Dólares del préstamo del F.M.I. contrariando las propias normas del organismo sin que acá quedara un peso, sigue cajoneada.
Causas, por cierto, apoyadas en pruebas infinitamente más sólidas y de público conocimiento que éste mamarracho con que pretenden imputarla. Todo lo cual demuestra la escandalosa doble vara y la velocidad, o no, de la «justicia» según desde y hacia dónde es la acusación. Aparte, se pregunta cómo el presidente Milei puede afirmar, como ha hecho muy suelto de cuerpo, que «él es presidente que encarceló a Cristina». No es que existen (o deberían existir) los poderes independientes ?
Tamaña confesión de inmiscuirse abiertamente en otro poder del Estado, no debería ser, como mínimo, motivo de juicio político ? Pero claro, ésto pasa desapercibido entre tantas aberraciones e imposturas que se naturalizan, y nadie se escandaliza por ello. De paso, dice todo éso sin apoyarse en ningún papel. Les parece entonces que se considera culpable y no está diciendo a gritos que es INOCENTE??? Y no se presta a la farsa de las preguntas porque cree, y coincido completamente, que los que tienen que responder varias preguntas incómodas (y no pueden hacerlo, porque son simples personeros del poder fáctico y la mafia judicial que ordena ésas aberraciones juridicas) son las que pretenden juzgarla.
Cómo para que tomen nota los que hablan y opinan ligeramente, en base a un título o con absoluto desconocimiento de causa. Cristina es INOCENTE. Y es víctima de un linchamiento mediático y judicial ordenado por el poder fáctico que no la juzga por sus errores, que los tuvo como cualquier ser humano, sino, sin ningún lugar a dudas, precisamente por sus aciertos, que es lo que no le perdona.
