EL GOLPE CONTRA LA CLASE OBRERA Y ROSARIO: 50 ANIVERSARIO DEL 24 DE MARZO DE 1976

«PRIMERO MATAREMOS A TODOS LOS SUBVERSIVOS, LUEGO MATAREMOS A SUS COLABORADORES, DESPUÉS A SUS SIMPATIZANTES, ENSEGUIDA A AQUELLOS QUE PERMANECEN INDIFERENTES Y FINALMENTE MATAREMOS A LOS TIMIDOS», GRAL. IBÉRICO SAINT JEAN -GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES- MAYO DE 1977.

POR LEÓNIDAS CERUTI

LOS OBJETIVOS DE LOS GENOCIDAS

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 fue clara y contundentemente contra la clase obrera, los sindicatos, sus organizaciones y los cuerpos de delegados y militantes, para restaurar el orden en la producción e imponer un plan económico de distribución contra los/as trabajadores/as, encarnado en la figura de Martinez de Hoz.

Desde 1969, en distintas zonas industriales, se habían dado formas organizativas democráticas, con gran participación de las bases obreras, estableciendo con el tiempo profundas relaciones inter fabriles, con innumerables contactos regionales y nacionales. A lo que se sumó la intensificación de las relaciones y debates al interior de las fábricas, de las fábricas a otras fábricas, de las zonas industriales a los barrios obreros.

Para frenar ese desarrollo en ascenso, el principal objetivo de la dictadura militar fue destruir y paralizar toda esa organización que se venía gestando.

Los militares genocidas vinieron a poner disciplina y orden capitalista, ante lo que llamaron “la indisciplina social y productiva, la indisciplina fabril, la anarquía social que corroía el cuerpo social, y que había roto las jerarquías políticas en todos los planos”. Lo hicieron para controlar las cuestiones sociales e implementar mecanismos de desarticulación y escisión de todas las estructuras y organismos participativos, bajo signos de alta violencia y sin vigencia de las garantías civiles. La larga lista de atropellos y apremios ilegales a los que fueron sometidas los detenidos explican la crudeza del modelo de reorganización de la estructura productiva del país.

La clase obrera, desde un tiempo antes del golpe militar del 24 de marzo, venía soportando ya una dura represión, como el operativo Serpiente Roja, que abarco desde Villa Constitución a Puerto San Martin, pero desde ese día se inició la mayor persecución desde sus orígenes en el siglo XIX.

El segundo objetivo del golpe militar –imponer el proyecto económico- estuvo encarnado en la figura del ministro de Economía, José A. Martínez de Hoz y fue elaborado como un programa de “modernización del aparato productivo y racionalidad”. En la práctica, esto se manifestó en un lenguaje economicista que explicaba y trataba de justificar el proyecto de apertura económica, con el fin de atraer inversiones de capitales que concretaran la reestructuración económica. Todo se tradujo en una crisis económica que fue en aumento, con fábricas cerradas, miles de desocupados y una deuda externa que endeudó al país por años.

Meses antes del golpe de 1976 los fenómenos que caracterizaban la situación del país eran los siguientes:
* Imposibilidad de mantener la conciliación de clases en el terreno de la producción.
* Se puso al rojo vivo la contradicción entre economía y política.
* La clase dominante se debatía en su impotencia para gobernar, que se expresaba en: debilitamiento del ejecutivo; ruptura de la prescindibilidad de las Fuerzas Armadas; necesidad del reforzamiento de sus instituciones.

LA DICTADURA Y LAS MEDIDAS CONTRA LOS/AS TRABAJADORES/AS

Las primeras medidas tomadas por la Junta Militar contra el movimiento obrero fueron: la intervención de la C.G.T. y de numerosos sindicatos –entre ellos 27 federaciones y 30 regionales de esa central obrera-, la suspensión de la actividad gremial –asambleas, reuniones, congresos-, la prohibición del derecho de huelga, la separación de las obras sociales de los sindicatos.

En 1979, la ley de Asociaciones Profesionales limitó la cantidad de Delegados de fábrica –en el caso de Ford, por ejemplo, se redujo de 300 a 6-, se aprobó la libre afiliación –a pesar que el 95% de los trabajadores ratificaron a sus anteriores sindicatos-, se disolvieron las federaciones de tercer grado y se exigieron cuatro años de antigüedad en el empleo para ser elegidos como delegados, además de la infaltable constancia de “buena conducta” de la policía para poder presentarse a trabajar. A esto, se sumó la Ley de Prescindibilidad, que autorizaba el despido de cualquier empleado de la administración pública. A un mes del golpe se reformó la Ley de Contratos de Trabajo, que anulaba normas en materia de derechos.

Toda esa Legislación se combinó con la represión, ocupando militarmente las fábricas en conflicto, reprimiendo especialmente a distintos gremios industriales y de servicio, a sus delegados y miembros de comisiones internas. Los sindicalistas, delegados, militantes fabriles y abogados laborales fueron víctimas de la violencia aplicada desde el poder militar.

DISCURSOS, AMENAZAS, REPRESIÓN Y DISCIPLINAMIENTO

Desde el Gobierno Dictatorial, a través de sus Ministros, aprovechaban en sus declaraciones, comunicados o discursos para atacar al movimiento obrero, justificar las persecuciones, y las medidas anti obreras que fueron tomadas.

La Junta Militar, designó como Ministro de Trabajo, al General Liendo, quien luego de ordenar una batería de medidas contra la clase obrera, participó activamente en las reformas a la Ley de Contratos de Trabajo, por la cual se dejaba sin vigencia una serie de normas que hacían a los derechos individuales.

Entre sus primeras actividades estuvo definir la política del gobierno hacia el movimiento obrero y lo hizo en su mensaje del 1º de mayo de 1976. En el mismo, con todo cinismo, fijó las pautas de la política laboral, al afirmar que “la intervención militar no se hizo en contra de un determinado sector social, partido político o sistema económico, sino para corregir excesos, impedir desviaciones, reordenar y reencauzar la vida nacional, cambiar la actitud argentina con respecto a su propia responsabilidad, facilitar en suma, el desarrollo pleno de nuestra potencialidad”. Para luego puntualizar que “referido a las disposiciones legales que encuadran la actividad y estructura gremial, su revisión no tiene en modo alguno como objetivo lesionar el principio protector incito en el derecho laboral, ni cercenar ningún derecho inalienable del trabajador. Su finalidad es la de corregir excesos, vicios, instrumentar normas que eviten la corruptela en la utilización de fondos y reconstruir la armonía en el campo laboral a través de las relaciones individuales de trabajo”.

Posteriormente, defendió las Modificaciones a la Ley de Contrato de Trabajo, la Reglamentación del Derecho de Huelga, que se hallaba suspendido, la Ley de Asociaciones Profesionales y la intervención de la CGT.

Finalmente, dejó en claro cuál era la política para cualquier oposición en las fábricas a la dictadura al afirmar que “Con relación a la actividad de la subversión en el ámbito fabril se sabe que ella intenta desarrollar una intensa y activa campaña de terrorismo e intimidación a nivel del sector laboral. Los objetivos de esa campaña son: la destrucción de la Nación, la paralización del aparato productor, la instauración de una dictadura marxista y la negación del ser nacional. Para combatir y destruir a la subversión hay que conocer su modo de actuar: adoctrinamiento individual y de grupos para la conquista de base obreras, colocándose a la cabeza de falsas reivindicaciones, creación de conflictos artificiales para logra el enfrentamiento con dirigentes empresarios y el desprestigio de los auténticos dirigentes obreros, el sabotaje a la producción, la intimidación, secuestro y asesinato de obreros y empresarios que se opongan a sus fines. Ejecutores de ese accionar son agentes infiltrados y activistas perfectamente diferenciales de los verdaderos delegados que ejercen la representación gremial de sus mandantes. Frente a ese accionar, el gobierno y las FFAA han comprometido sus medios y su máximo esfuerzo para garantizar la libertad de trabajo, la seguridad familiar e individual de empresarios y trabajadores y el aniquilamiento de enemigo de todos”.

En 1977, el Comando del II Cuerpo de Ejército, con asiento en Rosario, emitió un comunicado del arma, en el cual puntualizó que “La suspensión temporaria de algunas actividades gremiales tuvo como finalidad corregir factores distorsionantes de la vida nacional, teniendo en cuenta que serán paulatinamente restablecidas en cuanto se logre el reordenamiento y reencauzamiento planificado y se ubiquen por encima de lo coyuntural. El Ejército defiende la necesidad de un orden mínimo imprescindible para la convivencia y el progreso de la Nación, ordenamiento cuyos límites han sido fijados teniendo en cuenta las especiales circunstancias que vive el país”. 
Para luego aclarar que se lo hacía “para evitar que su trasgresión desate la puja de intereses sectoriales y se convierta en un impedimento para la consolidación de unidad nacional. El Ejército Argentino sabe perfectamente que el sector sindical tiene espíritu y vocación nacional y que a pesar de todos los intentos realizados desde distintos puntos del espectro ideológico para infiltrarlo no ha sido contaminado ni por el marxismo ni por ninguna otra doctrina extranjerizante opuesta al sentir nacional”.

Además, el Ministro de Trabajo, Gral. Liendo, desgranó estos conceptos: “Hemos partido de una intolerable situación de desorden y desequilibrio en las relaciones laborales y debemos llegar a una nueva situación de armonía con entidades representativas y sólidas”, para luego llamar al “diálogo”, al pronunciar que “el Gobierno ha llamado al diálogo y a la participación y esa convocatoria es, en el ámbito laboral, el medio idóneo para efectuar la tarea preparatoria de la normalización gremial. Ese diálogo estará encuadrado por las pautas siguientes: Responsabilidad de los interlocutores, Prudencia en los enfoques y en las soluciones propuestas,  Representatividad legitima. El gobierno no admite la invocación de mandatos inexistentes, Conducta. La República está empeñada en una empresa de reivindicación moral y la claridad de los procedimientos es requisito inexcusable en el ejercicio de las funciones representativas, Espíritu nacional. Los intereses sectoriales deben subordinarse al interés general de la comunidad, aun cuando sea preciso declinar transitoriamente aspiraciones legítimas o llegar incluso a renunciamientos personales”.

Luego de ese discurso oficial, la prensa de Rosario comentó que en los medios sindicales de nuestra ciudad prevalecia el comentario favorable al mensaje del Gral. Liendo. Se ha fortalecido la tesis de que, visto lo dicho por el Ministro, quedaba reabierto el diálogo entre el Poder Ejecutivo y la dirección de los gremios, el que estaba prácticamente paralizado. Cabe señalar que esa paralización se debió sobre todo a las desavenencias habidas entre los dirigentes de los Sindicatos con motivo de la elaboración del comunicado, que fue suscripto por la Comisión de los Veinte que integraban organizaciones intervenidas y no intervenidas y que no tuvo publicación, sino que “circuló privadamente, parece -según se afirmó en los círculos aludidos- contribuir a que las cosas marchen bien en el futuro”. Típico de los colaboracionistas sindicales.

Para el aniversario del 1º de mayo de 1978, a varios sindicatos y medios de difusión de Rosario, el Departamento de Información Pública de la Armada Argentina, en nombre del Genocida Massera, les hizo llegar la reproducción de la obra “A pleno sol” del artista Benito Quinquela Martín. La gacetilla que acompañaba la postal planteaba que dicho pintor “constituye un arquetipo de una vida dedicada al trabajo con esfuerzo y humildad y sin duda uno de los mejores ejemplos para las nuevas generaciones. A quienes que con su trabajo defienden nuestra soberanía va el reconocimiento de la Armada Argentina”. Todo un signo de hipocresía por parte de los marinos que continuaban con su cruzada de crímenes y desapariciones.

Desde el gobierno nacional, en 1979, hizo referencia al paro de actividades que hacía pocos días se había realizado, afirmando que “el gobierno y el pueblo están dispuestos a consolidar los objetivos alcanzados por encima de intereses mezquinos, sectoriales o individuales, cuya acción perjudica al conjunto de la Nación”.

Dejando una observación para los sindicalistas, que “debían asumir sus responsabilidades, cumpliendo con sus deberes y derechos”, y finalizando con una nueva advertencia: “En esta dura prueba que la Nación debió afrontar, hemos ganado la paz y la seguridad. No debemos olvidar que nuestros enemigos, aunque derrotados, están presentes y se manifiestan de diversa manera. Contra ellos debemos estar prevenidos y no dejar de mirar el rumbo…ya que el Proceso de Reorganización Nacional aún no ha concluido su misión y la gran labor de todos ha sido que impere un orden social y para lograrlo el gobierno tiene comprometida toda su voluntad y energía”.

En síntesis, los mensajes de los genocidas del 76, hacían incapie en los objetivos económicos del proceso, la necesidad de sacrificios y esfuerzos de los trabajadores, las tareas de ordenar y recuperar a la Nación, a la vez que se destacaba que se buscaba el punto de equilibrio entre el desarrollo de sus riquezas potenciales y la armonización de su crecimiento económico y social, como también corregir los excesos y vicios, e instrumentar normas que eviten la corruptela en la utilización de fondos sindicales y reconstruir la armonía en el campo laboral a través de las relaciones individuales de trabajo.

EL PANORAMA EN ROSARIO

La situación no distó de lo que sucedía en el resto del país. A poco más de un mes del golpe, para el primero de mayo de 1976, dado el clima de represión a las organizaciones sindicales y políticas, las manifestaciones públicas fueron casi nulas. Solo las expresiones oficiales, a través del delegado interventor de la Delegación Regional Rosario del Ministerio de Trabajo de la Nación, Mayor Arístides Roque Bonino (también integrante de los “Consejos de Guerra”, y luego en democracia Director del Museo de Armas de la Nación) informando de los alcances del feriado y del discurso del Ministro de Trabajo, Gral. Liendo. Por su parte, en esos días, los gremialistas Hugo Ortolan, Andrés Poletti y José Pascual informaron que “quedaron en la Central Obrera realizando tareas administrativas, atendiendo el departamento de vivienda, de previsión social, y el banco de sangre”.

El periodista confidente de los militares, Bernardo Neustadt, a través de un artículo publicado en los medios de la ciudad, analizó la realidad argentina, y luego de elogiar la política económica de Martínez de Hoz, criticar las posiciones “estatistas y populistas” de Rodrigo, Mondelli y Alfredo Gómez Morales, hizo referencia al movimiento obrero expresando que “la intervención gradual a casi todos los gremios y el nuevo plantel militar que ingresó a la C.G.T., hablan de la profundización que se dará a la tarea de reestructurar un “sector clave” en el porvenir argentino”.

La primera huelga general se realizó días previos a la conmemoración del 1º de mayo de 1979. Una vez anunciado el paro, fueron detenidos varios dirigentes, e inmediatamente fue solicitada su libertad. Y a la vez los sindicalistas de “los 25” ratificaban la decisión de parar y en el comunicado emitido aludían a “los vínculos de amistad que unen a las FFAA de la Nación con el pueblo” y lamentan “que la política económica los lleva a tomar esta decisión”. Por su parte, el gobierno explicitó que estaba garantizada la libertad de trabajo, a la vez que calificó a la medida como “paro ilegal”.

Mientras que, en 1981, se conoció un documento de la CGT, puntualizando que “No aceptaremos argumento alguno que pretenda justificar que todo este esquema económico sea soportado por los trabajadores. Vemos con alegría y esperanza como en muchos lugares de la tierra los trabajadores han logrado acceder a mejores condiciones de vida y también fundamentalmente a un mayor ejercicio de su libertad, pues participan en las grandes decisiones en las que se juega su destino”.

Sin embargo, el documento también adelanta algunos de los argumentos de lo que más tarde sería conocido como teoría de los dos demonios. “En nuestra América, en cambio, el panorama suele presentarse más oscuro, pues nuestros pueblos han visto y ven correr su sangre y dilapidando sus sacrificios por una lucha irracional entre minorías de izquierda y de derecha, ninguna de las cuales representa al verdadero deseo de paz e independencia que en ellas anida, sino el bastardo objetivo de anexarse a uno u otro de los imperios que hoy dirimen su supremacía planetaria. En nuestro país con sus particularidades observamos una situación que guarda similitudes. Los trabajadores hemos sido blanco de las agresiones de los dos extremos, que por encima de sus diferencias ideológicas han visto en los hombres y en las organizaciones sindicales un bastión de resistencia nacional a esas intenciones”.

Ese año se realizó un encuentro de un sector de los sindicatos de Rosario agrupados en la Intersectorial de los 20, con dirigentes nacionales como Jorge Triaca, secretario general del Sindicato de Obreros del Plástico, que fue acompañado por Delfor Jiménez de los Textiles, Otto Calace, de Sanidad y Juan Rachini de Aguas Gaseosas.

Jorge Triaca, el mismo que años después durante el juicio a las Juntas Militares declaró que no sabía nada de los desaparecidos, que no los había en el movimiento obrero, que no recordaba nada de lo sucedido durante los años de la represión.

La acumulación de la crisis económica, sumado a los problemas internos, al desprestigio generalizado, llevó a los militares a buscar una salida y lograr consenso nacional, al replantear en los hechos y por sorpresa la antigua demanda nacional de la recuperación de las islas Malvinas el 2 de abril de 1982. Durante el tiempo que duró el conflicto armado con Gran Bretaña, las posturas, actitudes, declaraciones, documentos, tanto desde el gobierno como de los gremios o partidos políticos fueron disímiles y contradictorias.

Por su parte, las posturas de la Iglesia Católica frente a la dictadura militar, mudaron desde la jerarquía que en su gran mayoría fueron quienes apoyaron, colaboraron, y justificaron sus acciones, hasta una minoría de quienes se opusieron denunciando tanto la represión como la política económica. Frente a las distintas conmemoraciones del primero de mayo, se dieron en la ciudad variadas posiciones. En 1977, el Círculo Católico de Obreros reflexionó sobre la situación del movimiento obrero, mientras que, en 1979, como una forma de adhesión a la fecha se inauguró el nuevo templo en San José Obrero en la zona norte de la ciudad, con una peregrinación y la presencia del Arzobispo de Rosario Guillermo Bolatti. Luego todos los años se concretaba un extenso programa que incluía misa, ofrenda y bendición de los instrumentos de trabajo, de herramientas.

Por todo esto, es que debemos hacer nuestras  las palabras de Bertolt Brecht,  “no acepten lo habitual como cosa natural. pues en tiempos de desorden sangriento, de confusión organizada, de arbitrariedad consciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural, nada debe parecer imposible de cambiar”. 

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