«LOS TELOS DE ROSARIO»

UN ANÁLISIS DEL DESARROLLO HISTÓRICO Y ETIMOLÓGICO SOBRE LOS ALBERGUES Y HOTELES A LO LARGO DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD, Y DESDE LUEGO UN CATÁLOGO DESCRIPTIVO DE LOS HOTELES EN LA CIUDAD DE ROSARIO.

POR MARIANO M. E. ROMANO

Observamos en la portada un largo y profundo pasillo de un telo en tonalidades apagadas del rosa, el blanco y el negro. Resulta inevitable pensar en una vagina en la cual el lector se va adentrando hasta el rojo final donde se adivina un matafuegos. Observamos también el título y el subtítulo. “LOS TELOS DE ROSARIO – Sexo en la ciudad de Rosario”. Un título que atrapa a primera vista al lector ansioso de novedades. Un título que es como una mujer hermosa que no se puede dejar de admirar entre otras tantas mujeres. Un título que hace que un libro no sea un libro más. Luego el libro podrá o no gustarte, pero es imposible que su título pase indiferente en los anaqueles y en las bateas de las librerías. Nada me persuadirá de lo contrario. Como dije, la portada, inevitablemente te adentra al libro propiamente dicho y hacia allí vamos, querido lector.

Obviaremos el prólogo por el sólo motivo de que ha sido escrito por mí y acá lo importante lo escrito por Fabián.

El libro consta de diez capítulos y sesenta y seis páginas. Antes de su publicación parte de su contenido preliminar apareció en la página web del periódico “De Puño y Letra” a lo largo de diez publicaciones y allí continúa hasta la fecha para quien desee consultar. Posteriormente ese contenido fue editado y ampliado hasta culminar en el libro que aquí nos convoca.

Aquel lector que se haya adentrado en el libro y busque entre sus páginas una especie de catálogo descriptivo de los telos de Rosario, al llegar al final de sus páginas habrá de sentirse un poco burlado. Pero el libro, y ninguna cosa escrita, querido lector, esta hecha para todos por igual y está bien que así sea. Es que el telo, en esta literatura, funciona como un punto de encuentro para muchas otras cuestiones que inquietan a su autor.

El libro está lleno de preguntas. En un mundo donde todos buscan certezas las preguntas molestan como moscas. ¿Qué es la memoria? ¿Se coge menos? Se pregunta el autor en el primer capítulo. ¿Tiene sentido escribir en la epoca de las redes sociales? ¿Es mala la libertad? Plantea en el segundo capítulo. ¿Qué es un telo? ¿A qué vamos a él? Plantea en el capítulo cuatro. ¿Por qué el rosarino es tan pija? Dice en el séptimo. A todas ellas Fabián intenta contestarlas desde su posición de contemplador de las cosas que vio, vivió y sintió en su dilatada experiencia en los telos. Allí donde muchos van solo a coger, el autor elabora un ecléctico ensayo de tinte histórico / antropológico / biográfico y político – si acaso esta última categoría no englobaría a todas la demás

El primer capítulo inaugura el desarrollo del tema. Gemelotti nos ilustra sobre las fuentes en las cuales abrevó para desplegar su obra. Seguidamente desbroza un sintético desarrollo histórico y etimológico sobre los albergues y hoteles a lo largo de la historia de la humanidad. La historia no falta en ningún ensayo del autor, rasgo fiel que denota su formación académica en la disciplina. Será éste capítulo el más extenso y académico del libro y también el que brinda al lector embelesado por el título aquello que buscaba, un catálogo descriptivo de los telos de la ciudad con algunas notas personales de vivencias del autor en esas entrañas donde palpitan las libertades.

El final del párrafo anterior es deliberado. Si bien la referencia a los telos se repite a lo largo de todos los capítulos del libro no es menos cierto que el telo es la excusa para otras cuestiones más profundas el capitulo dos aborda dos cuestiones: la libertad y lo prohibido. Los telos como ámbitos de la libertad y de la fantasía, como reductos en los cuales las máscaras se caen y los fugaces huéspedes pueden ser todo lo libres que no pueden ser en un mundo reprimido. “El telo es el lugar prohibido donde se transgrede. Ahí la mujer casada engañar al marido y el hombre casado a su esposa. Después vuelven a sus hogares y no pueden contarle a sus parejas sus aventuras sexuales.

En el telo sus fantasías se hicieron realidad”. Cualquier otra acotación a esta cuestión abunda de innecesaria. Sostiene el autor que una sociedad más libre sexualmente atenta contra la existencia de los telos porque en esos momentos lo prohibido pierde sustancia y el telo, es el lugar de lo tabú, de lo prohibido, de lo anónimo, de lo clandestino.

Quien entra a la lectura del libro de los telos poco a poco va quedando desnudo. El libro desnuda al lector y desnuda cuestiones que no siempre están del todo explicitadas o no son temas de los cuales se hable en forma nutrida en las tertulias actuales. El capítulo tres desnuda el costado de la prostitución masculina. La prostitución ha quedado en el debate diario a intercambio sexo que hacen mujeres en favor de hombre que pagan por ello, pero menos conocido es la versión inversa. Mujeres que pagan plata a cambio de sexo a hombres. Es como si la palabra prostitución no se aplicara este último caso. Hay un imaginario dando vueltas de que las mujeres no necesitan pagar para tener sexo. Pero eso queda desmentido en este capitulo. Hay mujeres que pagan a prostitutos a cambio de sexo en un telo.

El capitulo cuatro hace una circunscripción del telo a la localidad rosarina y desarrolla y desmitifica toda esa cuestión historiográfica que asocia a la ciudad de Rosario con la prostitución y el rufianismo de le dio a la ciudad el mote de “la Chicago Argentina”. Seguidamente plantea la cuestión de para qué va la gente a un telo y brinda la contundente respuesta: “ a coger y nada más que para coger. Se va al telo para disfrutar. El telo tiene que ver con el goce” . Afirmación que viene a tren de lo desarrollado en el capítulo anterior y que luego, en el capítulo siete, el autor ampliará el campo de finalidades por el cual la gente va a un telo.

El capitulo cinco consiste en un análisis de conyuntura actual desde una perspectiva socioeconómica. Tiempos de recesión, de caída de puestos laborales, salarios planchados y consumo en franca caída libre. ¿Dónde irá la gente a coger si es que coge? Es impensable poder solventar unas horas de sexo en un telo cuando apenas se puede hacer frente a cubrir las necesidades básicas. No solo falta el deseo las ganas de tener sexo sino que, si aún quedan algunas ganas de sexo será en casa o en las zonas oscuras de las zonas publicas y sin condón porque están caros. Las prostitutas y los prostitutos verán mermados sus ingresos por falta de clientes y no les quedará otra que ofrecerse para sexo virtual quien lo pueda pagar. Lo económico condiciona la sexualidad por que la carencia económica reduce el goce y sin goce no hay telo que aguante.

“Cuando uno llega a una ciudad que no conoce quiere saber dónde hay un telo” . Esta frase del capítulo seis dejar lugar a una nueva mirada de cómo conocer una ciudad, según el telo, será la idiosincracia de una ciudad. Telos para ricos, telos para pobres, telos para blancos, telos para negros, telos para todos.

¿No será acaso que el telo es un lugar para la nostalgia de tiempos pasados? No solo la crisis económica golpea a los telos, también los cambios de costumbres y modas, la falta de sexo mismo y el auge de las drogas. El telo es esa cosa de música funcional donde sonaba Fausto Papetti o Kenny G. Así discurre el capítulo siete del libro entre otras cavilaciones.

En su capítulo ocho el autor complementa esa funcionalidad del telo como un lugar ya no exclusivamente de sexo sino como un lugar en el cual se puede ser. Un lugar donde a veces la genitalidad pasa a un segundo plano y se convierte en un espacio para dos. Un espacio donde tan solo hablar y poder ser uno mismo. Donde las parejas pueden olvidarse un poco del trajín y de la monotonía. Un lugar sin pantallas ni redes sociales. Un lugar donde ser libres, como ese que buscaban Winston Smith y Julia en 1984 de Orwell. Un lugar en el campo donde ser libres de la eterna vigilancia del gran hermano. Un telo es una zona de exclusividad de la más íntima libertad.

Los dos últimos capítulos divagan sobre el amor. Hay amor en un telo o no hay amor en telo. No es la pregunta. “El amor es un juego que alguna vez debe terminar” sentencia Fabián y ese juego es acaso la vida misma. Un juego que a veces se juega en un telo, comienza en un telo o finaliza en un telo. “Era reemplazable ese amor en el Belgranito”. El telo sirve para darnos cuenta de qué va eso del amor. Y sirve para darnos cuenta también que en ese lugar o se dice la verdad o se miente. Nunca se sabe si los gritos de placer que allí nacen responden a un goce real o a un teleteatro de ATC. Pero sin duda un telo sirve para expandir lo sentidos.

“El telo es el telo. Si tu novia te pide te lo pide llevala. Sino la lleva otro”. Concluye el autor en su más contundente estilo este libro sobre el cual se me ha encomendado escribir.

Y así como entramos, salimos de las páginas de este libro donde un telo es una excusa para poder hablar de todo aquello que no se habla. La alcurnia y la falsa moralina de una sociedad hipócrita que habla en sus tertulias en voz bajita de “lo que hicieron en los telos”, tanto hombres como mujeres. Como si fuera un secreto que debe resguardarse de oídos ajenos. Un tabú. Un tema que causa escozor y escandaliza a quien ose plantearlo en voz alta. Pero, gente idiota, quien no fue a un telo tiene muy a bien preguntar qué se siente ir a un telo, y la curiosidad mata al gato.

En el fondo, querido lector, es totalmente humano, totalmente instintivo, ir saciar nuestros apetitos y los bajos instintos en lugares abyectos y decadentes. Y allí donde impera el prurito y el fingido buen gusto impera el fariseísmo y la mendacidad.

Este libro, querido lector, habla en voz bien alta sobre todo aquellos que se habla en voz baja. No es un libro para hipócritas y para pacatos. Esta gente detesta estos libros porque los deja totalmente desnudos y en evidencia y, escandalizándose en la turba, habrán de tener muy a bien ir a leerlo a un telo de punta a punta.

En lo personal estoy convencido de que este libro tendrá su justo reconocimiento y retribución en la posteridad. Como todo lo maldito.

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