
POR MARÍA ÁNGELA MOSCATO
Nuestro país ha atravesado una de las peores crisis de tipo política, económica y social, que eclosionó el 19 y 20 de Diciembre de 2001 y culminó con la huida del Presidente en helicóptero. Esto fue herencia del Modelo Neoliberal, que tuvo su auge en la década de los setenta, principalmente durante las Dictaduras Militares en América Latina. El mismo, se extendió durante la Década del ’80 y finalmente en la Década del ’90 con la introducción de los 10 Puntos del Consenso de Washington.
Los alarmantes indicadores de desempleo, pobreza, indigencia y el corralito, hicieron que muchas personas se movilizaran a Casa Rosada exigiendo la renuncia de toda la cúpula política, bajo la consigna: “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Esto generó, además, una crisis de gobernabilidad y de tipo institucional, generando un malestar en la población y un descontento con la política y sus representantes.
El objetivo de este trabajo es analizar el surgimiento de esos nuevos actores y Movimientos Sociales durante la Crisis del 2001. además, haremos referencia a la relación de estos con los Gobiernos Nacionales y Populares de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
CRISIS DEL NEOLIBERALISMO EN ARGENTINA
En el año 2001, confluyeron muchas situaciones. En primer lugar, se perdió el financiamiento internacional, debido al rechazo del Fondo Monetario Internacional a la hora de refinanciar la deuda de nuestro país. Además, Argentina no estuvo exenta de otras crisis que se dieron a nivel Mundial como, por ejemplo, el efecto Tequila en el año 1995, la crisis del Default Ruso en el 1998, la Devaluación de Brasil 1999 y el Feriado Bancario de Ecuador, también en el año 1999. Estas crisis demostraron que, en ausencia de instrumentos cambiarios y monetarios, los shocks impactaban directamente sobre la economía real a través del vínculo entre los flujos de capitales, la inversión, y la tasa de interés.

Al comenzar Diciembre, la recesión en nuestro país ya llevaba 42 meses y amenazaba con continuar sin prisa y sin pausa. El P.I.B. no dejaba de caer y, en el tercer trimestre de 2001, el movimiento adquirió un ritmo vertiginoso con un derrumbe de casi 10%. El ajuste había llegado para quedarse con la vuelta permanente de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía, luego de su drástica performance durante la presidencia de Menem. A su regreso durante la presidencia de De La Rúa, lanzó el programa de “Déficit Cero”, que incluyó un recorte de salarios públicos y jubilaciones de 13% (Rosso, 2021:4). Esto trajo como terrible resultado 54% de las personas pobres, de acuerdo a la medición de pobreza de ese entonces, 27,7 % de indigentes; 20,4 % de desocupados y una deuda externa que representaba el 130 % del PIB. (Risso, 2023: 1)
Como respuesta a este desastre económico, la sociedad civil se unió y se expandieron los comedores populares que, obteniendo insumos a través de donaciones, garantizaban un plato de comida para niños y adultos al borde de la indigencia. Además, organizaron asambleas barriales y movilizaciones sociales.

Las protestas comenzaron el 19 de diciembre de 2001, en medio de saqueos y ruidos de cacerolas, donde unidas la clase baja y media, pedían por la renuncia de Fernando De la Rúa. Las mismas, se extendieron al día siguiente, siendo la respuesta del Presidente, declarar el estado de sitio y reprimir brutalmente en Plaza de Mayo. Esto dejaría un saldo de 39 muertos como huella imborrable en nuestra democracia. Luego de los enfrentamientos, Fernando de la Rúa huye en helicóptero.
MOVIMIENTOS SOCIALES PRODUCTO DE LA CRISIS DEL 2001
En ese momento, surgen discusiones respecto a las salidas alternativas al Neoliberalismo, las cuales se referencian en el Foro Social Mundial. El mismo se trató de un espacio de discusión, pero no de articulación política, priorizando la diversidad de opiniones.
Las reformas económicas de los noventa, provocaron no sólo un aumento en la cantidad de personas en situación de pobreza, sino también fragmentación y exclusión social, con la cuota de violencia que ello implica. Ése es el escenario desde el cual se construye el nuevo perfil de la protesta. Ello implica también una nueva etapa en un movimiento de protesta en la historia argentina y que representa el desarrollo de distintas tradiciones y prácticas, de actores y visiones políticas (De Piero, 2020: 183).
Para que surgieran estos nuevos movimientos sociales, se debía construir una nueva identidad en reemplazo o que acompañara la del trabajador industrial, como partícipe dentro de la lucha sindical y la reivindicación de las cuestiones laborales. Por otra parte, era necesario consolidar esa identidad, la del excluido, de manera tal que pudiera convertirse, en tiempos de individualismo, en un sujeto vinculante y generador de nuevos lazos sociales y de representación para quienes la constituyen. Es decir, no se trataba sólo de una cuestión estratégica o de metodologías a utilizar (básicamente, cómo reemplazar la herramienta de la huelga), sino de la posibilidad de que quienes eran desplazados por el modelo neoliberal encontraran un elemento articulador para una convocatoria que pudiera identificarlos en un nuevo nosotros (De Piero, 2020: 184).
Entre las discusiones a la salida del Neoliberalismo, se presenta la posibilidad de recuperar la condición de incluido, es decir, de recuperar el empleo. Pero para eso, era necesario un cambio en el modelo político y económico, donde el Estado fuera el articulador social y desplazara al mercado. Pero también, se discutieron cuestiones de fondo, como, por ejemplo, si el capitalismo debía ser dejado de lado por otras formas de organización como la autogestión de los trabajadores o dando lugar a posturas más radicales de la izquierda clásica. Estas discusiones estuvieron presentes dentro de los movimientos piqueteros y las asambleas barriales. Por otro lado, también existió la participación de sectores de desocupados y medios, quienes mayoritariamente habían sido perjudicados por el corralito. Esa pluralidad de visiones y opiniones dentro los distintos movimientos sociales, llevó a darle distintas salidas y soluciones al problema. Mientras que los movimientos piqueteros optaron por el corte de calles y movilizaciones, los sectores medios se expresaron a través de los cacerolazos.
CONDICIONES QUE FAVORECIERON LA APARICIÓN DE ESTOS MOVIMIENTOS SOCIALES
Siguiendo el criterio de McAdam, McCarthy y Zald (1999), existen tres factores para analizar el surgimiento de los Movimientos Sociales: estructuras de movilización, procesos enmarcadores y oportunidades políticas.
Cuando hablamos de estructura de movilización, nos referimos a los canales colectivos, tanto formales como informales, a través de los cuales, la gente puede movilizarse e implicarse en la acción colectiva (McAdam, McCarthy y Zald, 1999:24). Como mencionamos anteriormente, los movimientos que surgieron durante el 2001, encontraron distintas formas de hacer escuchar sus reclamos, ya sea las calles, los cacerolazos, las asambleas barriales, entre otros.
Los procesos enmarcadores significan los partidos y medios a través de los cuales, las personas definen su situación. Esto significa, que las personas se sientan agraviadas por una situación determinada y ven en la movilización social, la salida adecuada para darle solución a su problema. Sin dudas, existe una relación entre organización y procesos enmarcadores, ya que estos últimos, contribuyen a la movilización porque a medida que la gente va siendo consciente de la ilegitimidad y vulnerabilidad del sistema quiere organizarse y actuar (McAdam, McCarthy y Zald, 1999:31). Sin dudas, los distintos sectores pertenecientes tenían diversas demandas, sin embargo, tenían una en común: la destitución de De la Rúa y el fin del modelo económico neoliberal.
Por último, las oportunidades políticas tienen en cuenta la importancia del sistema político, a la hora de crear oportunidades para acción colectiva. Esto quiere decir, que existe una interacción entre la política institucionalizada y los movimientos sociales. Recordemos que algunos movimientos sociales, especialmente el movimiento piquetero y los referentes de las asambleas barriales; tenían relación con dirigentes de distintos partidos políticos, principalmente con dirigentes del peronismo, que era el principal partido político opositor. Además, algunos de esos movimientos sociales, pasaron a formar parte de la política institucionalizada dentro del kirchnerismo e incluso ocupando cargos públicos de relevancia.
ELECCIONES DE 2003: SURGIMIENTO DEL KIRCHNERISMO Y LA VUELTA AL ESTADO
El triunfo de Lula Da Silva en Brasil, como así también de otros presidentes latinoamericanos como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa inauguraron el ciclo populista. En el caso de Argentina, debemos mencionar a Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.
En las elecciones presidenciales de 2003 resultó elegido Néstor Kirchner, candidato del Frente para la Victoria, como Presidente de la Nación Argentina para el período 2003-2007. Kirchner salió segundo en la primera vuelta con 22,25% de los votos y superó al ex Presidente Carlos Menem, quien había salido primero con 24,45%, al no presentarse este último a competir en el balotaje.

La crisis de representación y de legitimidad del sistema democrático puede evidenciarse en la cantidad de votos en blanco que hubo en esa elección. A pesar de esa performance electoral, el ex Presidente Néstor Kirchner, era una figura sumamente carismática, que además contaba con la adhesión de gran parte de la población; principalmente de las organizaciones sociales, sindicatos; clase media y trabajadora, que se habían visto desplazados por las políticas neoliberales.
Durante las Presidencias Kirchneristas (Néstor Kirchner, 2003-2007, Cristina Fernández de Kirchner 2007-2015), se conjugaron políticas económicas heterodoxas, un cambio de paradigma con la sociedad y la construcción de un discurso contra el neoliberalismo que se pronunciaba a favor de más Estado y menos mercado (Natalucci, 2018:107). Sus gestiones se caracterizaron por una preminencia de la política sobre la economía, promoviendo un Estado más activo que dio lugar a un nuevo enfoque de gestión en políticas públicas y en acciones positivas con una perspectiva de Derechos Humanos. En cuanto a las medidas económicas, se buscó dar más importancia el mercado interno, con inclusión social, apostar a la industrialización, a la reducción del desempleo y a la implementación de políticas públicas como la asignación universal por hijo, plan progresar; argentina trabaja, procrear, entre muchas otras medidas.
En tal sentido, los instrumentos de política económica resultan claves para dar al conjunto de la economía, mediante la acción del Estado, un sentido de satisfacción del interés general. Pero también hay otras funciones del Estado, particularmente las políticas sociales, que contribuyen a la marcha del sistema económico. La satisfacción de las demandas de los grupos medios y populares, agrarios y urbanos, fuera del beneficio inmediato que les reporta, contribuye a mantener cierto grado de armonía social y a la vez a legitimar el Estado y el sistema económico-social en su conjunto (Faletto, 2014:217).
Como afirma Laclau, La constitución de un «Pueblo» requiere una complejidad interna que está dada por la pluralidad de las demandas que forman la cadena equivalencial. (Laclau, 2005:205). A pesar de la pluralidad de demandas del 2001, como la pobreza, desocupación, hambre y el corralito, existía una coincidencia en todos los sectores sociales, que era acabar con las injusticias del sistema económico neoliberal. Por lo tanto, la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia significó la esperanza para la mayor parte de los excluidos por las políticas neoliberales, ya que logró articular sus demandas. Esto nos lleva a coincidir con la idea de que el populismo no tiene una especificidad de clase, sino que depende de una lógica de articulación. De esta manera, se trató de pensar al populismo desde el punto de vista de las interpelaciones (Biglieri y Perelló, 2007:10).
RELACION DEL KIRCHNERISMO CON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES
Sin dudas el Kirchnerismo tuvo una visión positiva de la participación social, ya que implementó políticas públicas inclusivas y acciones positivas para sectores históricamente discriminados y postergados. Esto implicó poner el Estado al servicio de las demandas de la ciudadanía o de los movimientos sociales.
Es decir, que sectores como ONG, Madres y abuelas de plaza de mayo, universidades, trabajadores del Estado, asociaciones civiles, comedores comunitarios; curas de opción por los pobres y movimientos sociales como los nucleados en la CTEP, opinaron y participaron activamente de la discusión, diseño e implementación de las políticas públicas. La visibilización de estas organizaciones por parte del kirchnerismo, hizo que estas se volcaran por el camino de la institucionalidad política y adhirieran tanto de la presidencia de Néstor Kirchner, como a las dos presidencias de Cristina Fernández. Es importante el rol de los populismos a la hora de retomar ciertas agendas de la sociedad civil y de los movimientos y organizaciones sociales, ya sea para el diseño de ciertas políticas públicas, como así también para valerse de la movilización social y garantizar su apoyo.
También, es necesario destacar que aquellos movimientos sociales que habían estado dispersos durante la crisis del 2001, en el período kirchnerista, logran unificarse bajo una identidad nacional y popular. Tal es el caso, por ejemplo, de la economía popular, ya que esta situación de atomización y fragmentación comenzó a cambiar con la creación de la confederación de los trabajadores de la economía popular (CTEP) en 2011, durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner y culminó con la unificación de las organizaciones y movimientos en la Unión de trabajadores de la economía popular (UTEP) en 2019 (Forni, Nogués y Zapico, 2020:75).
Sin dudas, esta forma de entender a la ciudadanía y movimientos sociales es positiva, ya que la necesidad de involucrarse en la discusión pública proviene del hecho de que, en una democracia, las decisiones del gobierno deben adoptarse públicamente, a partir de una discusión libre y abierta (Kymlicka y Norman, 2002:14). Por eso es fundamental la participación en esas organizaciones para así también fortalecer valores y sentimientos de responsabilidad personal, compromiso mutuo, cooperación, empatía y solidaridad. Sin embargo, no se trata sólo de la existencia de instituciones que hagan posible la participación, que le den fuerza normativa; es necesario comprender el complejo entramado que la participación y la incidencia implican para la ciudadanía, la cual no puede nunca ser asumida en términos de homogeneidad (De Piero, 2010:72).
Por otro lado, es necesario reconocer que el concepto tradicional de ciudadanía pasiva está en crisis. Esto se debe a que los nuevos movimientos sociales y organizaciones hacen prevalecer la cuestión identitaria a la homogeneidad de la democracia liberal, y busca concretar sus demandas a través de distintos canales participando activamente.
A pesar de la ampliación de la participación de ciertos movimientos durante el kirchnerismo, existió la resistencia de algunos sectores, como, por ejemplo: la sociedad rural, grupo clarín, la DAIA; parte del poder judicial y sectores de la jerarquía eclesiástica, entre otros. Esto generó una confrontación entre distintos sectores de la sociedad. Sin dudas, esto se debe a que el problema de la representación persiste para sociedades heterogéneas, caracterizadas por la diversidad cultural o la desigualdad social, como las prevalecientes en América Latina (Paganelli, 2018: 22).
Sin embargo, aquí podemos como la democracia liberal brega por un consenso y negociación de las partes, que casi nunca se cumplen. Esto se debe a que en la implementación de políticas públicas siempre habrá sectores a favor, y otros que se ven perjudicados. Esto sucede porque se hace prevalecer únicamente la racionalidad dejando de lado las pasiones que existen en el debate político. Es por eso, que Chantal Mouffe es muy crítica de la democracia deliberativa, y sugiere introducir el término de la democracia agonística. La misma explica que el antagonismo es inherente a las relaciones humanas, por eso la política no tiene que eliminar la diferencia, pero así también no podemos permitir que esa diferencia se convierta en la negación del otro.
CONCLUSIONES
Las políticas neoliberales produjeron pobreza, desempleo, indigencia y hambre. Esto llevó a la crisis del 2001, donde se dieron todas las condiciones para que surgieran los Movimientos Sociales: estructura de movilización, procesos enmarcadores y oportunidad política.
La estructura de movilización consistió en que esos movimientos buscaron distintos canales para dar a conocer sus demandas, ya sea los piquetes, cacerolazos, movilizaciones, marchas, entre otras. El proceso enmarcador, implicó que, a pesar de la heterogeneidad de cada movimiento, tenían un objetivo en común: la renuncia del ex Presidente De La Rúa y terminar con el neoliberalismo. Por último, en cuanto a la oportunidad política, algunos movimientos que se movilizaron durante el 2001, con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, pasaron a formar parte de los partidos políticos que integraban el frente para la victoria. Es decir, se volcaron por la política institucionalizada, llegando incluso a ocupar puestos claves en el Estado.
La Presidencia de Néstor Kirchner y las dos Presidencias de Cristina Fernández se caracterizaron por una preminencia de la política sobre la economía, con un estado como articulador social impulsando una agenda activa en materia de derechos humanos, acciones positivas y políticas públicas inclusivas. A su vez, priorizó la justicia social, el desarrollo del mercado interno, el pleno empleo y la industrialización. Sin dudas, gran parte de la sociedad vio en estos líderes carismáticos la posibilidad de dar curso a sus demandas. En el caso específico de Néstor Kirchner, fue el presidente que terminó con las injusticias y sufrimiento sembrados por la crisis del 2001, producto de un sistema económico neoliberal que venía desde la década del 70 y atravesó también, las décadas de los 80 y 90.
A su vez, el Kirchnerismo le dio un rol fundamental a la sociedad civil y a los movimientos sociales en la discusión, diseño e implementación de políticas públicas. Es decir, se volvió al debate desde “la política”. Esto hizo que los sectores mencionados sintieran que sus reclamos podían tener eco a través de la participación dentro de la política institucionalizada, llegando a formar parte mayoritariamente del kirchnerismo y unificándose bajo una identidad nacional y popular. Por lo tanto, el concepto tradicional de ciudadanía dentro de la democracia liberal, entra en crisis. Ya no se trataba de un ciudadano apático a la cuestión política, sino que se involucraba activamente en la toma de decisiones y en el diseño de políticas públicas, haciendo valer su identidad y heterogeneidad.
En síntesis, podemos afirmar que la relación entre el estado y los movimientos sociales fue de colaboración durante el gobierno de Néstor Kirchner y los dos gobiernos de Cristina Fernández. Todo lo contrario, sucedió con el gobierno de Fernando De La Rúa, donde hubo enfrentamientos constantes. Esto se debió no solamente a la política económica criminal neoliberal, sino también por la brutal represión de las movilizaciones sociales que dejó un saldo de 39 muertos y 500 heridos.
Este posicionamiento ideológico, le valió varios enemigos al Kirchnerismo enmarcados dentro de la derecha como la sociedad rural, la DAIA, el Poder Judicial, los especuladores financieros. Como es evidente, el consenso que busca la democracia liberal es un tanto utópico, ya que el antagonismo y debate apasionado es inevitable en el debate político. Por eso, consideramos acertado el término de Mouffe de la democracia agonística, en el cual la identidad cobra un rol fundamental, donde, además, la diferencia no debe ser eliminada, ni tampoco ser un fundamento para la eliminación del otro.

BIBLIOGRAFIA
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