APRENDIENDO DERECHO CON KELSEN

Tuve mi primer encuentro filosófico con la oposición entre la necesidad y la libertad en los patios de la Facultad de Letras de la Universidad de San Agustín, allá por el año 1949, seguido por las exposiciones en las aulas que fueron siempre debates acérrimos. Por entonces el inteligente profesor de Introducción a la Filosofía Enrique Azálgara Ballón se había referido al alemán Heisemberg y su teoría de la indeterminación, lo que fue para algunos de nosotros sus alumnos, ya deterministas, una suerte de desafío que asumimos con fragor. 

En 1956, en Buenos Aires, me vi en el trance de comenzar de nuevo mis estudios universitarios, truncados en el Perú por la Dictadura de Odría y su levadura Oligárquica, cinco años que me arrebataron y que, en realidad, me ofrecieron muy poco. Pude haber retornado a Lima en Agosto de ese año por la Ley de Amnistía que se expidió. Pero, preferí, quedarme en Buenos Aires porque ya éramos pareja con Perla y por mis ganas de someterme a la altura y la disciplina de la Universidad de Buenos Aires, la más prestigiosa de América Latina.

Uno de los primeros cursos de la carrera de Derecho era Introducción al Derecho que, en Agosto de aquel año, dictaba el profesor Moisés Nilve. Este curso que consistía en el contenido del libro de Hans Kelsen Teoría pura del derecho que él había traducido de la Edición Francesa de 1953. Fue una excelente introducción, muy exigente y de profundas raíces, como los demás cursos de la Facultad de Derecho. Hans Kelsen es el Filósofo del Derecho más importante del período surgido tras la adopción por la sociedad de la noción de la Igualdad de Todos ante la Ley y del Contrato Social con la Revolución Francesa de 1789 y los Documentos Constitucionales de Estados Unidos de fines del Siglo XVIII.

En Diciembre de 1960 la Universidad de Buenos Aires me confirió el tìtulo de Abogado tras cinco años de estudios.

En 1961 nos instalamos con Perla en Lima. Ella se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Marcos para continuar los estudios que había comenzado en la Universidad de Buenos Aires, y yo, al año siguiente, como si tuviera que cumplir un deber, me matriculé en el Ciclo Doctoral de esta Facultad que duraba un año.

El curso Filosofía del Derecho, a cargo del profesor Mario Alzamora Valdez, se animó por mis preguntas y opiniones que le movían su piso de nociones más religiosas que filosóficas, inferior al nivel de la Universidad de Buenos Aires. La nota final era el promedio de la calificación de una monografía y de un examen escrito que obtuve sin dificultad. En Octubre de 1966 me recibí de Doctor en Derecho en esta Universidad.

Hace unos días, entre mis papeles de otros tiempos, encontré esa monografía que ofreceré en una próxima Nota para que los queridos lectores de ésta Revista, la puedan conocer. Ya que me parece un buen trabajo que, al reivindicar la Causalidad en el Derecho, continuaba mi temprana vocación determinista.

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