
ESCRIBE FABIÁN ARIEL GEMELOTTI
Escribir con la tinta en el ojo o con la tinta en el culo. Siempre me pregunto sobre esta mierda tan nociva que es la Literatura. Nociva porque los libros destruyen al escritor. Y mierda porque la Literatura es un sorete en el cerebro del lector.
Cuando Louis Ferdinand Céline publica Viaje al fin de la noche (la mejor novela del Siglo XX) el público se escandaliza. ¿Por qué? Porque el lenguaje que usa Céline no es el convencional de la literatura de su época. Se lo acusa desde los círculos intelectuales de usar un lenguaje poco depurado y el libro cae en una nebulosa de envidias y rencores.
Viaje al fin de la noche es la obra que prepara el camino a la Literatura moderna; abre mentes y da el empuje al Minimalismo creando la condiciones de un lenguaje más cercano al vulgo que a los intelectuales.
Céline recorre su camino siempre al borde y nunca en el Establishment Literario. Y en 1957 publica su obra más controvertida: De un castillo a otro, ahí se despacha hablando de la Segunda Guerra Mundial y de sus vínculos a las jerarquías nazis de ocupación en Francia y pone en jaque los valores e intereses económicos de los Aliados y el reparto del mundo. Lo bueno de su crónica novelada es la estética de romper con el canon del lenguaje. Nos sumerge en una literatura de pasiones. Es su obra más criticada junto a los panfletos nazis que escribió entre 1936/1944.
Céline fue a Francia lo que fue el viejo de Sarmiento a la Argentina; con la diferencia que Sarmiento sentó las bases ideológicas de la Oligarquía Nacional usando un lenguaje de revueltos y con estética nueva. Céline hizo un lenguaje que atraviesa palabras no santas y podríamos decir rencores.
La Literatura no siempre va de la mano de lo correcto y lo incorrecto también es depurar a un escritor que siendo un hijo de puta panfletario renueva la estética y depura un lenguaje más vulgar para hacer Literatura.
La Literatura no es lo que Creemos que es.
