
POR GUSTAVO BATTISTONI 
Su primera esposa fue Mariana Chertkoff, con quien tuvo a sus primeros hijos y con la que convivió en su quinta de Morón. Lo acompañó Mariana activamente en la militancia política, organizó coros de niños para el partido, y compartía con él una profunda pasión por la música de Bach, Beethoven y Chopin.
También su cuñada, Fenia Chertkoff, esposa de su gran amigo Nicolás Repetto, mantuvo con él un entrañable afecto. Militante socialista comprometida con la causa de los pobres y destacada cooperativista, fue también una notable pintora y escultora. La escritora Myriam Escliar, le dedicó un bello libro: Fenia. Feminista, socialista, un personaje histórico apasionante.
Alicia Moreau, que se unió al Líder Socialista en 1922, cuando ella tenía 37 años y él, 57 años, resultó una figura insoslayable. Socialista incansable y feminista precursora desde la temprana edad, el universo de los libros se desveló ante sus ojos curiosos en la librería de su padre, donde la lectura de Darwin y la Historia de la Revolución Francesa sentaron las bases de su espíritu crítico, y su inquebrantable compromiso con las ideas.
Su camino inicial fue el magisterio, una modalidad común para las mujeres de su tiempo, donde tuvo en su etapa formativa a don Hipólito Irigoyen como profesor, al que evocó con simpatía en sus diálogos con el antropólogo Blas Alberti, para luego volcarse a la educación de los más humildes, abogando por jardines maternales, bibliotecas populares y la educación laica.
El año 1907 marcó un punto de inflexión para la gran socialista. Atraída por los principios evolucionistas, se unió a la Sociedad Luz de Barracas. Fue también en este año que rompió el rígido mandato patriarcal al ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, siguiendo los pasos de Cecilia Grierson, y desafiando una sociedad que miraba con recelo la incursión femenina en los claustros universitarios.
Durante su residencia en ginecología en el Hospital de Clínicas, se adentró en la cruda realidad sanitaria de las mujeres argentinas, una experiencia que grabó a fuego la idea de la justicia social y las profundas deficiencias de la organización social de su tiempo. Con su pensamiento científico, desafió las sombras de las teorías pseudocientíficas que, a principios del siglo XX, buscaban justificar la inferioridad biológica de la mujer.
Para ella, la educación era la herramienta primordial para moldear al individuo y transformar la inicua sociedad.
Su inicial compromiso social se extendió al activismo político y feminista. Participó en la Huelga de los Inquilinos en 1907 y en la llamada Marcha de las Escobas. En 1919 fundó la Unión Feminista Nacional (UFN), lanzando la revista Nuestra Causa, como órgano de difusión.
Pionera en la lucha por el sufragio femenino, promovió simulacros de voto y peticiones masivas, logrando un hito con la Ley de Derechos Civiles de la Mujer en 1926, que equiparó los derechos entre los hombres y las mujeres. Cuando la ley del voto para las mujeres finalmente llegó en 1947, aunque celebrada por la mayoría de la sociedad, Alicia, feroz opositora al naciente Peronismo, la rechazó por considerarla una maniobra política.
Se sumó al Partido Socialista en 1920, militando toda su vida, casándose en 1924 con Juan B. Justo, y teniendo tres hijos. Su visión del socialismo trascendió cualquier figura, viéndolo como un proceso inherente a la civilización humana, y cuestionando el predominio del factor económico de Marx, pues creía que el hombre tenía más de una zona importante que la gástrica. Su libro El socialismo según Juan B. Justo, contiene su ideario político socialista.
En 1958, cofundó el Partido Socialista Argentino (P.S.A.), y tras la muerte de Alfredo Palacios en 1965, asumió la Secretaría General. En 1975, en el Año Internacional de la Mujer, fue cofundadora de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (A.P.D.H.). Durante la última dictadura cívico- militar, su menuda figura se erigió junto a las Madres de Plaza de Mayo, a quienes elogió como mujeres valientes, firmando solicitadas y presentando peticiones por la aparición con vida de los detenidos.
Su pensamiento vivo, revela una fe inquebrantable en las transformaciones revolucionarias pacíficas, creyendo que las grandes revoluciones germinan en el intelecto, y que el libro es el arma más poderosa en la lucha por las ideas, no la violencia. Su obra La mujer en la democracia sintetiza su concepción en defensa de la mujer.
Al final de larga y provechosa vida, Alicia Moreau se describió a sí misma como una gran luchadora contra molinos de viento, anhelando ser recordada por lo que fue: una incansable forjadora de un país más justo e independiente. Su bella existencia fue un testimonio viviente de la convicción de que este país debe ser ilustrado e igualitario.
LA LUCHA POR LA EMANCIPACIÓN DE LAS MUJERES FUE UN PILAR ESENCIAL DENTRO DE LA CONCEPCIÓN SOCIALISTA DE JUAN B. JUSTO. ESA PROFUNDA CONVCCIÓN MILITANTE SE MANIFESTÓ TANTO EN SU VIDA PERSONAL COMO EN SU ACCIÓN POLÍTICA Y PROFESIONAL, Y ES UN LEGADO QUE NO DEBEMOS OLVIDAR.
