CONSUMIR HASTA DEJAR DE PREGUNTAR

EL NEGOCIO DE UNA SOCIEDAD EMPOBRECIDA PERO ENTRETENIDA TAMBIÉN PLANTEA UN PROBLEMA POLÍTICO: ¿CUÁNTO PODEMOS DECIDIR CUANDO OTROS ADMINISTRAN NUESTRA ATENCIÓN? Fotografia: https://fotossinporque.blogspot.com/

Una sociedad puede tener libertad para opinar y cada vez menos tiempo para pensar qué está diciendo. Puede discutir todo el día y dejar intactas las condiciones que organizan su vida. Esa posibilidad me preocupa: que estemos permanentemente ocupados en consumir, responder y tomar partido, mientras perdemos espacio para preguntarnos a quién beneficia todo eso.

Trabajamos para comprar cosas que prometen hacernos trabajar menos. Contratamos servicios para simplificar la vida y después necesitamos sostener el trabajo que permite pagarlos. Cuando el servicio es gratuito el costo no desaparece. El negocio puede estar en usar nuestra atención y en la información que dejamos. Hasta el descanso puede convertirse en una actividad rentable para otros.

Mi hipótesis es que esa presión nace de una organización económica con intereses claros. Hay empresas que diseñan cómo ofrecernos algo, cómo conseguir que volvamos y cómo prolongar nuestra permanencia. La discusión empieza cuando el éxito de ese negocio entra en conflicto con nuestro descanso, nuestra economía o nuestra capacidad de decidir. La rentabilidad de quien ofrece un servicio no garantiza el bienestar de quien lo utiliza.

Marcuse ya interrogaba cómo una sociedad puede integrar a las personas mediante las necesidades y satisfacciones que produce. La pregunta conserva fuerza: ¿qué ocurre cuando aquello que disfrutamos también contribuye a mantenernos sujetos a condiciones que nos perjudican? [1]

El individuo consumado y consumido cumple con lo esperado: trabaja, compra, se actualiza, contesta. Puede estar agotado, pero sigue disponible.

Puede elegir qué comprar o qué plataforma usar. Pero las empresas deciden las condiciones: cómo usan nuestros datos, qué nos muestran y qué obstáculos ponen cuando queremos irnos. Quien llega agotado al final del día no tiene ni fuerzas ni ganas de informarse, reclamar ni discutir esas reglas.

Esa irritación no demuestra por qué inmensidad de hechos un candidato gana una elección. Pero obliga a preguntar qué calidad tiene una democracia cuando la adhesión a un personaje desplaza el examen de sus decisiones. Un gobierno puede resultar entretenido, provocador o cercano y, aun así, actuar contra los intereses de quienes lo celebran.

La inteligencia artificial agrega otra comodidad tentadora: recibir la respuesta ya elaborada. El riesgo es que nos ahorre el esfuerzo de pensarla y hasta de revisarla. En un estudio con 319 trabajadores del conocimiento, una mayor confianza en la IA se asoció con menor ejercicio declarado de pensamiento crítico. El resultado no prueba una pérdida permanente de capacidades; sí da motivos para discutir la aceptación de respuestas sin examen. [2]

Frente a todo esto, decirle al individuo que tenga voluntad y apague el teléfono resulta insuficiente. En esas plataformas también están sus vínculos, su trabajo y sus espacios de participación. Abandonarlas puede tener un costo que la invitación a “desconectarse” pasa por alto.

La respuesta política debería ocuparse de esas condiciones: información comprensible, posibilidades reales de salida y límites a las prácticas que perjudican la libertad de elección. En Argentina -no olvidemos- esa libertad y la protección de los intereses económicos del consumidor tienen reconocimiento constitucional. [3]

Porque una sociedad que dispone de herramientas extraordinarias para ahorrar esfuerzo debería poder discutir cómo vivir mejor. Si todo ese ahorro termina convertido en más trabajo, más consumo y más disponibilidad, la pregunta ya no es qué podemos comprar.

(*) Abogado, Especialista en Derecho del Trabajo, Investigador IA legal Laboral.

FUENTES
[1] Herbert Marcuse, El hombre unidimensional (1964), Introducción a la primera edición.
[2] Hao-Ping (Hank) Lee, Advait Sarkar, Lev Tankelevitch, Ian Drosos, Sean Rintel, Richard Banks, Nicholas Wilson CHI (2025), Estudio sobre IA generativa y pensamiento crítico.
[3] Constitución Nacional, artículo 42, Texto Oficial.

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