
ESCRIBE RAMIRO CARLOS H. CAGGIANO BLANCO 
LA SIMPLIFICACIÓN INFANTIL DE UN PROBLEMA COMPLEJO
El populismo punitivista reduce el complejo fenómeno de la delincuencia a eslóganes fáciles y vacíos de contenido. Frases como “corta la bocha”, popularizada en Argentina, o “bandido bueno es bandido muerto”, convertida en símbolo del punitivismo en Brasil, son ejemplos claros. A estas se suman propuestas como la “castración química”, que responde más a una lógica de venganza social que a un propósito real de rehabilitación, o la “pena de muerte”, utilizada como herramienta de campaña en distintos países de la región. Incluso se llega a descalificar el garantismo procesal, tildándolo de “enfermedad”, cuando en realidad es un pilar del Estado de derecho que protege a todos los ciudadanos de los posibles abusos del poder punitivo estatal. Otras consignas, como “si defiendes un bandido, llévatelo a tu casa”, completan este repertorio que apela al castigo y no a la solución, y convierten un problema social en un problema individual.
LA FALACIA DE LAS LEYES «BLANDAS» Y LOS JUECES «GARANTISTAS»
El discurso punitivista culpa sistemáticamente a las leyes penales “blandas”, a los jueces garantistas y a la supuesta “puerta giratoria” —la idea de que los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra—. Sin embargo, esta narrativa ignora una verdad elemental. Recuerdo de mis clases de Derecho Penal, allá por 1986, haber estudiado la doctrina penal alemana que ya entonces se ocupaba de este punto: el delincuente no lee el código penal antes de cometer un delito; lo que realmente evalúa es la posibilidad de que haya policías cerca. Los ejemplos que entonces se mencionaban eran elocuentes: delitos con penas graves, como el aborto, se cometían a diario porque era difícil perseguirlos policialmente, mientras que otros con penas menores, como el secuestro extorsivo, eran raros porque la policía llegaba a tiempo. La certeza del castigo, no su severidad, es lo que verdaderamente reduce la criminalidad. De nada sirve aumentar penas si no se garantiza la presencia y la eficacia policial.
EL CASO DERRITE: LA PARADOJA DE «MATAR MUCHO» Y LA INSEGURIDAD QUE NO CESA
En las elecciones de 2026, Guilherme Derrite, ex capitán de la Policía Militar de São Paulo, fue elegido senador. Había sido cesanteado de la Rota por “matar mucho”, según sus propias palabras, y luego fue secretario de Seguridad del estado de São Paulo. Durante su gestión, algunos indicadores criminales bajaron, pero no por un mérito exclusivo suyo: fue una tendencia nacional, y en proporción similar a la de otros estados de Brasil. Al mismo tiempo, la letalidad policial aumentó más del 83% entre 2022 y 2025, y la percepción de inseguridad de la ciudadanía poco se alteró. Los robos de celulares, de automóviles y hasta de alianzas de casamiento siguen siendo moneda corriente en la ciudad de São Paulo, donde ocurre cerca del 20% de los robos de celulares de todo el país. La contradicción estriba en que el bolsonarismo ha hecho de la seguridad una de sus principales banderas contra el gobierno de Lula, omitiendo un detalle esencial: la seguridad interior es responsabilidad de los estados, no de la Unión, salvo en casos federales. Atribuir al gobierno nacional lo que ocurre en las calles de São Paulo es, cuanto menos, una manipulación electorera.
LA YOUTUBER QUE NIEGA EL FEMINICIDIO
Para diputada estadual en São Paulo, con casi dos millones de votos —1.956.238, para ser precisos—, fue electa Eduarda Campopiano, una youtuber y comentarista que afirma que no existe el feminicidio ni la violencia machista. Lo hace en un estado en el que la violencia contra las mujeres, principalmente la intrafamiliar, es una de las principales causas de inseguridad y muerte. Negar una realidad tan documentada no es solo una opinión provocadora: es una irresponsabilidad política que desprotege a las víctimas y refuerza la impunidad. Que una figura así haya sido consagrada en las urnas demuestra hasta qué punto el discurso punitivista y antifeminista puede capturar el descontento popular con mentiras simples y efectistas.
LA ESTAFA ELECTORAL
El discurso punitivista de la derecha, con el que gana elecciones, no pasa de un simple engaño, casi una Estafa Electoral. Promete seguridad a través del castigo ejemplar, pero no explica cómo evitará que el delito ocurra. No habla de inteligencia policial, de presencia territorial, de prevención social, de eficiencia judicial, de protección a las víctimas ni de lucha contra el crimen organizado.
Porque todo eso no cabe en un eslogan de diez segundos. Prefiere vender venganza y simplificar un problema complejo. Mientras tanto, la inseguridad continúa, las cárceles se llenan y las soluciones reales siguen ausentes.
La estafa consiste en hacer creer que el problema se resuelve con una frase, cuando en realidad exige datos confiables, políticas serias y responsabilidad. No conmoción mediática.
