
POR AGUSTINA BARRIOS
Hay publicaciones que nacen con la intención de entretener. Otras pretenden transmitir un mensaje, defender una posición política o simplemente dejar testimonio de una época. La mierda tiene olor a mierda, en sus tres tomos, parece reunir todas esas intenciones, pero sin someterse a ninguna regla editorial demasiado convencional.
Con este tercer volumen se cierra una experiencia de publicación independiente que tiene una característica fundamental: la libertad de mezclarlo todo.
Aquí conviven la historieta, el humor negro, la crítica política, la literatura, la ciencia ficción, la memoria histórica, las imágenes generadas mediante inteligencia artificial y hasta la reproducción de materiales editoriales anteriores.
No estamos ante una revista de historietas tradicional. Tampoco ante un libro convencional. Estamos ante una publicación que refleja las obsesiones, preocupaciones, contradicciones y provocaciones de su autor.
- MILEI ZOMBIE: LA POLÍTICA CONVERTIDA EN TERROR
Uno de los trabajos centrales del volumen es Milei Zombie.
La idea es directa: en un país destruido, los zombis se adueñan de la sociedad. El presidente y su gabinete son presentados como criaturas monstruosas, mientras dos hombres intentan advertir a la población sobre lo que está sucediendo.
La metáfora es evidente, pero el interés de la historieta no reside únicamente en su planteo político. Su verdadera intención es representar una sociedad que parece haber perdido la capacidad de reaccionar.
La multitud termina enfrentándose a quienes intentan advertirla. La indiferencia, la obediencia y la hostilidad social se convierten en elementos centrales del relato.
Gemelotti utiliza el lenguaje del cine de terror para expresar una interpretación política de la Argentina contemporánea.
El zombi deja de ser solamente un monstruo de ficción: representa una sociedad que camina, consume y obedece, pero que parece haber perdido buena parte de su capacidad de reflexión. - LA MUJER DEL VECINO: EL DESEO Y LA INTIMIDAD
En La mujer del vecino encontramos otro registro.
Walter es un hombre solitario, lector, encerrado en su casa y alejado de la vida social. Su existencia cambia cuando una mujer casada, que vive enfrente, golpea su puerta para pedirle un favor.
El relato introduce el deseo, la curiosidad y la posibilidad de una aventura.
A diferencia de Milei Zombie, aquí no hay una confrontación política ni una alegoría social explícita. Hay una situación cotidiana que abre la puerta a los comportamientos humanos y sus contradicciones.
Es interesante que el protagonista sea un hombre que vive rodeado de libros. La biblioteca aparece como parte de su identidad, pero no necesariamente como una protección frente a las tentaciones del mundo exterior.
La historieta incorpora un componente cinematográfico y apuesta por las miradas, los gestos y la construcción visual de sus personajes. - JULIÁN: EL DETERIORO Y LA DERROTA
En las páginas dedicadas a Julián aparece una atmósfera completamente diferente.
El personaje se enfrenta a su propia imagen. El espejo roto, el cuerpo deteriorado y la frase que lo define —«Espejo roto. Alma rota. Lo de siempre»— construyen una pequeña pieza de desesperanza.
Es probablemente uno de los momentos más oscuros del volumen.
No necesita grandes acontecimientos para transmitir su significado. La imagen de un hombre frente a su reflejo alcanza para sugerir una existencia marcada por el deterioro y la autodestrucción.
Aquí aparece una de las características recurrentes de la producción de Gemelotti: el interés por los personajes derrotados, marginales o enfrentados a situaciones existenciales difíciles. - LA MEMORIA POLÍTICA: DE 2023 A 2026
Una de las piezas más interesantes del tomo es el montaje titulado Recuerdo septiembre de 2023.
El autor establece una comparación entre las expectativas políticas de aquel momento y las dificultades económicas y sociales que representa en 2026.
Los comerciantes, los trabajadores, los taxistas, los repartidores y hasta los compañeros de trabajo aparecen como protagonistas de una transformación de la realidad cotidiana.
La frase central resume la intención del montaje:
«Los mismos que aplaudían en 2023, hoy no llegan a fin de mes».
No se trata de una historieta narrativa convencional, sino de una composición de imágenes, consignas y situaciones que funciona como una intervención política.
El autor no pretende adoptar una posición neutral. Su mirada está claramente definida y esa decisión forma parte de la identidad de la publicación. - EL TIPO ENDEUDADO: UNA TRAGEDIA ECONÓMICA CON FINAL NEGRO
Quizás una de las historietas más contundentes del tomo sea El tipo endeudado.
El protagonista comienza con una deuda bancaria. Después pide otro préstamo para cancelar el primero. Luego aparece un tercer préstamo. La operación, que inicialmente parece una solución, termina convirtiéndose en una acumulación de obligaciones.
Pero la situación no termina allí: también debe dinero a un prestamista del barrio y a Mercado Pago.
El personaje está endeudado hasta el cuello.
La historieta utiliza una situación reconocible para miles de personas: la imposibilidad de salir de una deuda cuando cada solución implica contraer una obligación todavía mayor.
El desenlace es brutal. El hombre llega a su trabajo, saluda a sus compañeros, sube al tercer piso y se arroja por la ventana.
La última frase, «A veces, la única salida es el vacío», convierte el relato en una representación extrema de la desesperación económica.
Hay que destacar la construcción de esta historieta: primero se presenta el problema, después se acumulan las deudas, luego aparece el deterioro psicológico y finalmente llega el desenlace.
El humor negro y la tragedia se encuentran en una misma página. - LA LITERATURA TAMBIÉN ESTÁ PRESENTE
El tercer tomo no se limita a sus historietas.
Aparecen referencias a Viaje al fin del día, El charco de vómito, 2121 e Historia de mi muerte, además de otros materiales relacionados con la producción editorial del autor.
Estas incorporaciones tienen un valor particular: permiten observar el universo creativo de Gemelotti más allá de la historieta.
La publicación funciona también como una pequeña muestra de su actividad literaria.
Hay una continuidad temática entre sus novelas, sus relatos y sus cómics: la marginalidad, la muerte, la sociedad, la política, la soledad y los personajes que no encuentran un lugar cómodo en el mundo.
La inclusión de Máximas Graffitis, fechado en 2018, agrega además una dimensión retrospectiva. Permite observar que algunas inquietudes del autor tienen una trayectoria anterior a estos tres tomos. - UNA PUBLICACIÓN SIN OBEDIENCIA EDITORIAL
Quizás el aspecto más discutible y, al mismo tiempo, más interesante de este tercer volumen sea su heterogeneidad.
No existe una separación rígida entre historietas, fotografías, afiches, fragmentos de libros, consignas políticas y reproducciones de publicaciones anteriores.
Desde una perspectiva editorial tradicional, podría señalarse que esa mezcla dificulta la unidad formal.
Sin embargo, también puede interpretarse como una decisión estética: el autor no pretende construir una revista perfectamente organizada, sino reunir diferentes expresiones de su producción.
La inteligencia artificial ocupa un lugar importante en la construcción visual de las historietas. No obstante, la elección de los temas, la escritura de los diálogos, las situaciones narrativas y la orientación ideológica pertenecen al proyecto creativo de Gemelotti.
La herramienta gráfica no reemplaza la idea del autor. - EL SIGNIFICADO DE CERRAR TRES TOMOS
Llegamos así al final de La mierda tiene olor a mierda.
Tres tomos que reúnen historietas, humor, crítica política, ciencia ficción, imágenes provocadoras y diferentes expresiones de una producción independiente.
No es una publicación que busque agradar a todo el mundo. Tampoco parece interesada en construir una imagen de respetabilidad cultural.
Su título ya constituye una declaración de principios.
Fabián Ariel Gemelotti ha elegido un camino particular: publicar sus propios materiales, experimentar con diferentes lenguajes y construir un universo donde la literatura y la historieta pueden convivir sin pedir permiso.
El resultado es irregular, heterogéneo, por momentos incómodo y deliberadamente provocador.
Pero precisamente allí reside una parte de su identidad.
La mierda tiene olor a mierda termina en su tercer tomo, pero deja una constancia de algo más importante: la voluntad de producir, publicar y crear sin esperar la autorización de nadie.
No es poca cosa en una época en la que publicar también significa encontrar lectores, enfrentar dificultades económicas y sostener una actividad cultural por cuenta propia.
Tres tomos. Una experiencia editorial. Un autor que insiste en hacer las cosas a su manera.
