12 DE JUNIO – DIA MUNDIAL CONTRA EL TRABAJO INFANTIL

LA ORGANIZACION INTERNACIONAL DEL TRABAJO (O.I.T.) INSTITUYO ESTE DIA EN 2002 CON EL PROPOSITO DE GENERAR MEDIDAS PARA SU ERRADICACION

Cada año en esta fecha, gobiernos, organizaciones, representantes de la sociedad civil, medios de comunicación y muchos otros actores realizan campañas para concientizar sobre la importancia de luchar contra esta problemática. La cuestión también está presente en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) N.º 8 de la ONU, “Trabajo Decente y Desarrollo Económico”, que exige el fin del trabajo infantil para 2025 y promueve, en general, buenas condiciones y prácticas laborales decentes que velen por los derechos humanos, tales como sueldos dignos, jornadas justas y apoyo a actividades productivas sostenibles.

Las normas internacionales y la misma OIT determinan que el trabajo infantil priva a los niños y las niñas de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico.

En este sentido, su definición incluye tareas que:

  • sean peligrosas y perjudiciales para el bienestar físico, mental o moral de la niña o el niño;
  • interfieran con su escolarización, puesto que:
  • les quita la posibilidad de asistir a clases;
  • los obliga a abandonar la escuela de forma prematura, o
  • les exige combinar el estudio con un trabajo pesado y que insume mucho tiempo.

Las formas más extremas de trabajo infantil suponen situaciones de esclavitud de niños y niñas, la separación de sus familias, la exposición a graves peligros y enfermedades o incluso el abandono a su suerte en la calle de grandes ciudades (con frecuencia a una edad muy temprana). 

Los criterios que intervienen en la definición de una labor como trabajo infantil se relacionan con el tipo de trabajo en cuestión y la cantidad de horas dedicadas, las condiciones en que se lo realiza, y los objetivos que persigue cada país. La respuesta varía de un país a otro y entre uno y otro sector. 

Aunque el fenómeno tiene múltiples causas, cabe destacar las principales: las niñas y niños deben trabajar para garantizar su subsistencia porque sus familias no cuentan con un trabajo o un ingreso suficiente, porque los sistemas de educación y de protección social fallan y porque las personas adultas se aprovechan de su vulnerabilidad. Sumado a lo anterior, se presentan factores culturales, creencias arraigadas acerca de que el trabajo es bueno para los niños y niñas dado que ayuda a desarrollar su carácter y competencias. También está la idea del legado, de que deberían seguir los pasos de sus progenitores y aprender su oficio a una edad temprana. Y además las tradiciones que obligan a las familias pobres a contraer deudas que se pagan mediante el trabajo infantil.

Según datos de la O.I.T., en 2017, 152 millones de menores (64 millones de niñas y 88 millones de niños) trabajaban, lo que representa casi 1 de cada 10 niños y niñas en el mundo. El 71% se desempeña en el sector agrícola y el 69% dentro del seno familiar sin percibir remuneración.

Cerca de la mitad de los y las menores que trabajan lo hacen en tareas peligrosas que ponen en riesgo su salud, seguridad o moralidad. Si se contabiliza a jóvenes que alcanzaron la edad legal para trabajar, la cifra llega a 218 millones. 

Si bien desde 2000 el trabajo infantil ha descendido en un 38%, pasando de 246 millones a 152 millones, la OIT advierte que las consecuencias de la pandemia de COVID-19 en los ingresos y la falta de asistencia económica podrían generar que las familias vean el trabajo infantil como una salida válida para su situación. De acuerdo a la OIT, con base a ciertos estudios «un aumento de un punto porcentual del nivel de pobreza conlleva un aumento del 0,7%, o más, del trabajo infantil».

En nuestro país, el Observatorio de Trabajo Infantil y Adolescente (O.T.I.A.) lleva adelante monitoreos para generar acciones en pos de eliminar esta problemática. La última Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (E.A.N.N.A.), realizada en 2017, evidencia que cerca de 764 mil niñas y niños de entre 5 y 15 años y otros 429 mil de entre 16 y 17 años realizan alguna actividad económica. En este último caso, cabe aclarar que la ley argentina reglamenta la realización de ciertas actividades, pero con algunas consideraciones. 

Respecto de las actividades que realizan los casi 764 mil niños y niñas, los resultados contemplan las dimensiones económicas y no económicas del trabajo infantil. Como figura en el siguiente gráfico, 291.335 menores participan en las actividades dirigidas al mercado (actividad laboral que genera bienes y servicios con valor económico en el mercado); las actividades orientadas al autoconsumo del hogar (ayuda en la construcción o arreglos en la propia casa, cuidado de la huerta o de animales, entre otros) suman  227.498 casos; y 367.569 realizan tareas domésticas intensas en el hogar (de limpieza, cocina o arreglos de la propia casa, así como el cuidado de hermanos, hermanas u otra persona con la que convivan). 

FUENTE: educ.ar

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