SITUACION EN HAITI

JOVENEL MOÏSE PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DE HAITI (DESDE EL 7 DE FEBRERO DE 2017) ASESINADO EN SU RESIDENCIA PRIVADA EL DIA MIERCOLES 7 DE JULIO DE 2021 ALREDEDOR DE LA 1:00 A.M. HORA LOCAL -FOTOGRAFIA: vozdeamerica.com-

ESCRIBE ALBERTO CORTES

Un comando integrado aparentemente por mercenarios colombianos y haitianos con ciudadanía norteamericana asesinó esta semana al presidente haitiano Jovenel Moïse.

Haití, ocupa la parte occidental de la isla la Española, originalmente “descubierta” por Colón –para los europeos, porque obviamente los taínos y caribes que vivian en ella ya la conocían-.

En cierto momento los españoles abandonaron esa parte de la isla, que fue poblada posteriormente por bucaneros y filibusteros franceses, terminando como colonia de Francia, que instaló allí plantaciones basadas en el trabajo esclavo de africanos, contra los que se produjeron las mayores atrocidades. El temor de que los negros –ampliamente mayoritarios– algún día se rebelaran y tomaran represalias impulsó el terror como política para impedirlo, similarmente a lo ocurrido en otras sociedades basadas en el esclavismo capitalista, como Brasil, EE.UU. y otras islas caribeñas.

Llegó a ser la colonia más lucrativa del Caribe y una de las más ricas del mundo, alcanzó a producir el 75% del azúcar mundial, además de otros productos. Era el destino de un tercio de todos los esclavos que llegaban a América, que tenían un promedio de vida de 21 años.

Tras la Revolución Francesa de 1789, varios sectores de la colonia alentaron expectativas emancipadoras y en 1791 comenzó una larga y cruenta guerra que condujo, en 1804, a la independencia del país de Francia y a la emancipación de los esclavos. Fue la primera Nación Independiente de América Latina y la única rebelión de esclavos triunfante en la historia de la Humanidad. Todos los blancos que quedaban fueron ejecutados.

La Revolución Haitiana tuvo un enorme impacto geopolítico, difícil de exagerar. No sólo por su ejemplo. Ya de por sí muy preocupante para todos los esclavistas y colonialistas, y que los indujo a ponerle los mayores obstáculos para que una sociedad de ex esclavos autogestionados no pudiera prosperar. Además, alteró sustancialmente las condiciones    del mercado mundial, por la importancia de las producciones que desde allí se exportaban, y posibilitó otros cambios, incluso en América del Norte, que en síntesis, significaron una reducción del poder europeo y un incremento del norteamericano, en la región del Caribe. Con el tiempo, este mar llegaría a ser considerado por los EE.UU. como un “mare nostrum” (Nuestro mar), tal como los romanos habían considerado al Mediterráneo dos milenios antes.

Ningún país reconoció a Haití diplomáticamente, y recién en 1825 Francia aceptó la independencia y levantó el bloqueo, pero sólo a cambio de grandes privilegios comerciales y de una indemnización gigantesca (por tierras y esclavos), que recién en 1947 se terminó de pagar.

En 1915 fue invadida por los EE.UU., que la ocuparon hasta 1934, dejando una fuerza armada formada según sus intereses, como hicieron en Nicaragua y en Dominicana. 

Históricamente ha habido tensiones entre una elite mulata y una mayoría negra. Entre 1957 y 1986 se instaló la más larga –no la única- de las dictaduras: de François Duvalier primero, y luego de su hijo Jean-Claude, apoyados en la mayoría negra y en el ejército.

En 1991 fue elegido presidente el sacerdote Jean-Bertrand Aristide, partidario de la teología de la Liberación. Derrocado pocos meses después, volvió al gobierno con acompañamiento de la presión internacional tres años después para terminar su mandato, que en esta segunda presidencia mostró bastante influencia norteamericana. Reelecto en 2001, su tercer gobierno estuvo más inclinado hacia la izquierda y fue derrocado nuevamente en 2004.

Haití tiene la renta per cápita más baja de todo el hemisferio occidental, y es el país más pobre de toda América. Está en la posición 145 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano de la O.N.U.

Aproximadamente un 80 % de la población vive en la pobreza.

Ha sufrido una deforestación extrema, principalmente para obtener carbón vegetal para consumo o venta, calculándose que en los últimos 35 años, se ha talado el 75% de los bosques originales.

En 2010 sufrió el terremoto más devastador de los últimos 200 años, que destruyó gran parte del país y aceleró la migración hacia otros países. También ha sido afectado en los últimos años por una epidemia de cólera y dos huracanes, además del COVID actual.

Desde hace varios años, la violencia urbana viene en ascenso, con pandillas que controlan barrios enteros de la capital y practican en forma masiva los secuestros extorsivos. En marzo la policía intentó entrar por la fuerza a uno de los barrios controlados por pandillas, en el sur de la capital. Fue repelida. 4 policías resultaron asesinados y ni siquiera fue posible rescatar sus cadáveres que quedaron en manos de estos grupos, que prometieron darles sepultura por su cuenta.

Jovenel Moïse, un rico empresario bananero, venía siendo cuestionado desde hace meses, con grandes movilizaciones en su contra. No sólo por sus políticas neoliberales, sino también porque su mandato finalizó en febrero de este año, aunque por una interpretación por fuera de la Constitución y de los antecedentes, pero con el apoyo –entre otros– de los EE.UU., Moïse sostenía que recién terminaba en febrero de 2022.

Fueron detenidos y en algunos casos muertos por la policía, acusados por el magnicidio, más de dos docenas de colombianos, varios de ellos ex militares. Ya se han dado muchos otros casos de ex militares de esta nacionalidad actuando como mercenarios en varios países, principalmente de medio oriente. Colombia no ha firmado la convención de la O.N.U. de 1989 contra el uso de mercenarios.

Los sectores populares de Colombia –país donde ya han ocurrido 50 masacres en lo que va de 2021, además de 80 asesinatos por las fuerzas de seguridad durante la protesta social que lleva ya más de dos meses– se preguntan si Colombia, casi una base norteamericana en Sudamérica y miembro de la O.T.A.N., ha comenzado a exportar sus violaciones de DD.HH.

Los de Haití, mientras tanto, además de reclamar el esclarecimiento del magnicidio, advierten que este hecho no se vaya a convertir en una nueva excusa para la intervención extranjera, que en sus últimas versiones tuvo disfraces de Naciones Unidas, la MINUSTAH, acusada de más de 2000 abusos sexuales, gran parte contra menores. El gobierno actual de Haiti ha pedido precisamente a EE.UU. y O.N.U. 500 efectivos, supuestamente para proteger infraestructura.

Cual es el gobierno actual, es otro tema: Haití es una República Semipresidencialista. Un presidente –como el ahora asesinado– es elegido por votación popular ó –en ciertos casos de vacancia– por el parlamento.

Moïse había designado, dos días antes de su muerte otro primer ministro, que estaba en proceso de formar gabinete y aún no había asumido. Por ello tomó las riendas en este momento Claude Joseph, que en realidad  estaba de salida, con cierto disgusto del designado Ariel Henry. Casi todo el parlamento tenía su mandato vencido desde hace más de un año y sólo estaban activos diez de los treinta senadores. Ocho de éstos acaban de elegir un presidente interino. Hay obviamente ingredientes para un eventual conflicto de poderes. Para el 26 de setiembre estaban previstas las elecciones de todos los cargos pendientes, incluido el presidente. Junto a la elección Moïse convocó a un referéndum para cambiar la Constitución, aun cuando la actual prohíbe ese camino para la reforma constitucional.

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