MAS DE DOS MESES DE GUERRA EN UCRANIA

VICTOR YAKUNOVICH PRESIDENTE DE UCRANIA HASTA EL 22 DE FEBRERO DEL AÑO 2014 CUANDO FUE DESTITUIDO EN EL MOMENTO QUE ANUNCIABA QUE NO FIRMARIA UN ACUERDO ECONOMICO QUE POR ENTONCES, SE NEGOCIABA CON LA UNION EUROPEA

ESCRIBE ALBERTO CORTES

El 24 de febrero, después de ocho años seguidos de incumplimiento de los acuerdos de Minsk, firmados en 2014 y 2015, para terminar la guerra del Donbass –sudeste de Ucrania– que ya había costado 14.000 muertos; la Federación Rusa atacó a Ucrania, buscando esencialmente el control de esa zona del territorio ucraniano y sus adyacencias; y la destrucción de gran parte de la infraestructura militar de Kiev, en todo el territorio.

También la “desnazificación” de Ucrania. Término más ambiguo, ya que si bien es cierto que en ese país operan fuertemente diversos grupos nacionalistas, que reivindican abiertamente la historia de los ucranianos que colaboraron con el Tercer Reich, y actúan con extrema violencia contra todo lo que sospechan de rusófilo –en un país en el que buena parte de su población es de origen ruso y de otras minorías étnicas-; no está claro como Rusia se proponía esa desnazificación.
Cabe acotar que gran parte de esos grupos, son paramilitares y han sido incorporados a las Fuerzas Armadas Ucranianas, como los batallones Azov y Aidar, y existen fundadas sospechas de ser los principales perpetradores de atrocidades varias, muchas de las cuales se adjudican luego a las tropas rusas. La masacre de Bucha, probablemente, a la cabeza.

En 2014, un golpe de estado, impulsado principalmente por esos grupos, derrocó al gobierno de Víctor Yanukovich, que acababa de anunciar que no firmaría un acuerdo económico que por entonces se negociaba con la Unión Europea.

VICTORIA NULAND EN UCRANIA (SUBSECRETARIA DE ESTADO DE LOS EE.UU. AÑO 2014)

La Subsecretaria de Estado de los EE.UU., Victoria Nuland, se paseó por entonces por la Plaza de la Independencia ó Maidán, eje de la concentración de los grupos golpistas, del brazo del embajador de los EE.UU. en el país, repartiendo galletitas entre los manifestantes.
Poco tiempo después tomó estado público un audio –que no fue desmentido por las autoridades estadounidenses, que en cambio prefirieron centrarse en denunciar a Rusia por interceptar y difundir el audio– en que los mismos personajes, discutían entre ellos quien convenía que integrara el gobierno que emergería del golpe. Nuland despreciaba la opinión de la Unión Europea al respecto y manifestaba su preferencia precisamente por Yatseniuk, casualmente quien terminó encabezando el gobierno golpista. La Subsecretaria declaró además públicamente que los EE-UU. venían invirtiendo 5.000 millones de dólares, desde la disolución de la U.R.S.S., para asegurarse un gobierno afín en Ucrania.
Se trata de la misma funcionaria que recientemente, ante la denuncia rusa de haber descubierto en Ucrania laboratorios estadounidenses de investigación para la guerra biológica –lo cual fue negado por Washington– dijo que EE.UU. tenía en Ucrania laboratorios que no les gustaría que fueran controlados por Rusia.
¿Qué opinaríamos los argentinos si el 19 y 20 de diciembre de 2001 el Vicecanciller chino –o de cualquier otro país extranjero- se hubiera paseado por la Plaza de Mayo del brazo del embajador de la misma nación, repartiendo alfajores a los manifestantes y casi en simultáneo se hubieran difundido audios de conversaciones entre ellos, proponiendo a Duhalde para encabezar un gobierno de transición y además nos enteráramos que la potencia extranjera había invertido fortunas para garantizarse el control de los próximos gobiernos argentinos?
Bien. Eso -o peor- pasó en Ucrania. Sólo que la potencia expansionista colonial, en el caso ucraniano, no es China o cualquier otro país hipotetico, sino los EE.UU.

La gota que rebalsó el vaso ahora fue la renovada intencionalidad de los EE.UU. de sumar a Ucrania a la OTAN, contra la opinión de Alemania y otros países europeos que percibían los riesgos, pero que además cuestionan la corrupción y las graves violaciones a los DD.HH. por parte de los últimos gobiernos ucranianos y de los grupos nazis que éstos han tolerado y en varios casos integrado. También las declaraciones de Zelenski sugiriendo que Ucrania, vecino de Rusia, podría anular los tratados que tiene firmados por los cuales renunció a ser potencia nuclear.

Tras más de dos meses de guerra, Rusia –a un elevado costo militar– ha alcanzado la mayoría de los objetivos que se propuso, en especial el control del sudeste ucraniano, pero es improbable que Zelenski, con los grupos nazis respirándole en la nuca, se vaya a quedar de brazos cruzados aceptando esa situación, en tanto y en cuanto tenga un flujo constante de armamento desde los EE.UU. y la OTAN.

Ninguna guerra es una buena noticia. Pero ésta sí lo es para algunos círculos: Se festeja –no públicamente, obvio– en la Casa Blanca. Se celebra también en los directorios de las empresas productoras de armamentos –las norteamericanas especialmente– y de las petroleras.

La Guerra ha servido para destruir –el tiempo dirá si temporal o definitivamente– gran parte de las relaciones comerciales entre dos vecinos próximos: Rusia y Europa, para poner a Europa más dependiente de fuentes energéticas alternativas a las rusas– de las cuales no puede prescindir totalmente a corto plazo, de todas maneras –entre ellas, el carísimo gas licuado norteamericano. También para hacer trepar velozmente las ganancias de las armamentistas. Lo que no pague durante muchísimo tiempo el pueblo ucraniano lo terminarán pagando de última los contribuyentes estadounidenses o europeos –. Las empresas energéticas, el otro ganador. Luego, vendrá otro negocio, como ya se vio en Irak: El de la reconstrucción de Ucrania.

Podría pensarse que la decisión norteamericana y europea de prescindir todo lo que puedan de los combustibles fósiles rusos sería una gran oportunidad para acelerar la descarbonización y frenar el cambio climático. Una buena noticia también para el ambiente.
No es así. En muchos aspectos, lo opuesto. Tal vez algo de ello ocurra en el mediano plazo, pero en lo inmediato, está pasando lo contrario: EE.UU. aumentó radicalmente su utilización del fracking –hipercontaminante– para tratar de remplazar parte del gas ruso. El Reino Unido comienza a discutir si no da marcha atrás en las pocas decisiones ambientalmente amigables que había tomado. Europa está considerando comprar en cantidad esos mismos hidrocarburos producidos con fracking que tiene prohibido en su propio territorio.
La potencia aún más poderosa a nivel mundial, no sólo está fogoneando la guerra, tratando de que se prolongue para desgastar a Rusia, armando a Ucrania hasta los dientes para que rusos y ucranianos se maten entre sí, al ritmo de la consigna “Animémosnos y vayan!”, sino que en los hechos está retrocediendo de los escasos gestos hacia la sustentabilidad que exhibía. Y eso, los demócratas que hoy gobiernan. Porque los republicanos, querrían hacer lo mismo, pero a toda velocidad!!!
La principal apuesta norteamericana para desgastar a Rusia, además de armar a Ucrania, es aislarla económicamente. La mayor perjudicada por ésto es Europa. Además no lo pueden hacer de golpe sin colapsar del todo la economía europea. Rusia venía preparándose desde hace tiempo, aumentando sus reservas de oro, y obviamente ha tomado muchas otras medidas para contrarrestar las “sanciones”. Al comenzar la guerra el rublo se desplomó frente al euro. Dos semanas después la tendencia cambió y hoy es el euro el que está bastante debajo. La utilización estadounidense del dólar y del sistema interbancario SWIFT como arma de guerra, ha acelerado el declive del dólar. Rusia y China, además de haber incrementado notablemente su comercio mutuo, cada vez usan menos el dólar. Lo mismo China-Arabia Saudita o Rusia-India. En África varios países usan crecientemente el yuan chino y en algunos es de curso legal. En nuestra patria grande, López Obrador ha comenzado a proponer una moneda común latinoamericana.

El verdadero enemigo que EE.UU. busca contener no es Rusia, sino China. “Enemigo” en la concepción norteamericana de que algún país tiene que ser su enemigo. No olvidar que en sólo 17 de sus 246 años, EE.UU. ha dejado de estar en guerra con alguien. Busca debilitar a Rusia como posible aliado de China o que se alejen entre sí. En esto último va para atrás.
China ya ha superado a EE.UU. en P.B.I. a paridad de poder adquisitivo y va en camino de superarlos en P.B.I. nominal. Los supera en algunas tecnologías como 5G y sistemas de posicionamiento satelital. Militarmente, en cambio, está muy por detrás, y es Rusia la que está más cercana, especialmente en armamento nuclear y armas hipersónicas.
No sería raro que en los próximos años o meses, EE.UU. promueva algún otro conflicto, esta vez en la frontera oriental de Eurasia. El reciente golpe de Estado parlamentario en Pakistán es, en el tablero de ajedrez mundial, un peón comido por EE.UU. a la nueva ruta de la Seda.

Lo que está en juego hoy en el mundo es si se acelera o se retrasa -eventualmente hasta podría impedirse -, el paso de un mundo unipolar gobernado por EE.UU. como única superpotencia, a un mundo multipolar con múltiples opciones. A los argentinos, claramente nos conviene más el nuevo tipo de planeta.

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