LA MENTIRA TIENE PATAS CORTAS, A PESAR DE SER PROFUSAMENTE PROPALADA

POR RAMIRO CAGGIANO BLANCO

Al respecto del conflicto armado en Ucrania hay, tal vez como pocas veces visto, una diferencia abismal entre lo que se escucha en los medios hegemónicos europeos y de las 3 Américas, por un lado, y en los medios rusos, por otro. Con acusaciones de manipulación de la verdad de ambos lados.  Como dice el adagio popular “en la guerra la primera víctima es la verdad”, por ello lo discursivo es tan importante (muchas veces más importante) que lo realmente acontece en el teatro de operaciones. Eso obliga al lector a tamizar muy bien las informaciones e interpretarlas con la precaución de que tienen una intencionalidad según quien las difunda.

De esa forma, observando la comunicación oficial, lo que ocurre en Ucrania es relatado como “una operación especial contra el nazismo”  por los órganos de prensa de la coalición de Rusia y las Repúblicas Populares de Donesk y Lugansk, o como una lucha “contra el imperialismo ruso-antieuropeo que invadió el país” por parte del gobierno de Ucrania. La elección lexical no es arbitraria, por ello es entendible, por ejemplo, que los funcionarios de Kiev, ante las derrotas, utilicen eufemismos del tipo “reagrupamiento táctico de fuerzas” envés de retirada. Hay una finalidad real y legítima de preservar la moral de la tropa y de la población, hacer lo contrario podría hasta ser tildado de temerario.

Sin embargo, poniendo el foco en los medios hegemónicos “occidentales”, vemos que hay una práctica comunicacional muy semejante, absolutamente sesgada, que contradice aviesamente los principios de informar con veracidad  que ellos mismos pregonan a los 4 vientos realizar, respetar y hasta defender. Y la línea editorial se ajusta a lo que se denomina “data setting”, procedimiento por el que nos “direccionan” lo que ver o no ver, y cómo hacerlo. Veamos tres ejemplos de estricta actualidad:

1. Todos los medios de los llamados “mass media” occidentales (CNN, BBC, DW, El País, Clarín, O Globo, El Mercurio, etc.) desde el comienzo del conflicto nos vienen anunciando mañana, tarde y noche, por TV, radio y redes sociales, que el conflicto pronto puede acabar por el impacto que los 6 paquetes de sanciones impuestas a Rusia están produciendo en su economía al punto de que ya no podrá resistir más, o lo hará por poco tiempo. Sin embargo, a casi 6 meses del 24 de febrero, inicio del ingreso de las tropas rusas, su economía está más robusta en términos globales por una combinación de alza de los precios de los productos que exporta (principalmente el gas y el petróleo) y el cambio de compradores: ahora el comercio externo ruso se direcciona al sur, a India (triplicó las compras de hidrocarburos), Paquistán y China, entre otros. Este es un tema que, en “occidente”, sólo publicaciones especializadas divulgan para un selecto grupo de inversores.

Es lo que también acontece, por ejemplo, con la quiebra inminente de Ucrania, secreto escondido a siete llaves por los medios masivos, a pesar de que las agencias calificadoras de riesgo S&P (Standard & Poor’s) y Fitch dictaminaron que el país cayó en ‘default’ al haber pospuesto (“reperfilado” diría Macri) los pagos de su deuda externa por dos años.

En el mismo sentido, The Wall Street Journal “osó” develar que los impuestos que Ucrania recauda constituyen sólo el 40% del presupuesto nacional y que, de ese monto, un 60 % se destina específicamente a gastos militares, mientras la economía del país sufre un déficit de 5.000 millones de dólares mensuales. Y aún más, la publicación reveló que el Banco Central de Ucrania está imprimiendo dinero para que el Gobierno de Zelenski pueda pagar a los soldados, pese a que dicha medida debilita la moneda local y agrava la inflación.

En resumen, Rusia está poco a poco sobrellevando los efectos de las sanciones, no sin dificultades, mientras Ucrania es quien está virtualmente en quiebra por haber perdido su independencia financiera, no tener capacidad de cumplir sus obligaciones con los ciudadanos y, a gatas, “sobrevivir con el pulmotor” de los auxilios monetarios de Washington y Bruselas. Eso sin contar que los paquetes sancionatorios contra Rusia, en un efecto boomerang, hacen más mella en las economías de los diferentes países europeos “sancionadores”, y se hacen sentir en la calidad de vida de sus habitantes (encarecimiento de las tarifas de la energía eléctrica, del gas, etc.).

Pero la manipulación de la información no se restringe a la economía. En los otros campos del conflicto también se censuran, además de medios de comunicación en sentido amplio (incluyendo canales de Telegram, cuentas de Twitter, Facebook, YouTube y otras redes sociales), a las noticias, informes y publicaciones en general que contradigan el relato “occidental”.

Así ocurrió con un documental de la cadena norteamericana de televisión CBS, Arming Ukraine («Armando a Ucrania»), en el que acusaba que sólo tres de cada diez piezas armamentísticas que el Departamento de Defensa estadunidense destinaba a Kiev conseguía llegar efectivamente a la línea del frente de batalla. El 70% restante era desviado al mercado negro (un avance del documental puede verse aquí: < https://twitter.com/i/status/1555966245719138306&gt;). Y, como era de esperar, ante las airosas quejas del gobierno ucraniano, la cadena televisiva lo levantó del aire porque, a pesar de coincidir con lo que analistas especializados en el tema ya prevenían desde marzo, “revieron” los datos ya que “encontraron inconsistencias”. Ahora fue publicado “más ajustado a la realidad actual”.

Suerte semejante tuvo el informe de Amnistía Internacional del 4 de agosto, coincidente con lo que denunciaban los medios “no occidentales”, que Ucrania establecía bases militares en escuelas y hospitales y lanzaba ataques desde zonas pobladas, lo que viola el derecho humanitario internacional.

El informe concluyó que esto significaba que, en algunos casos, las fuerzas rusas responderían a un ataque o atacarían áreas residenciales, poniendo en riesgo a los civiles y dañando la infraestructura civil.

“Hemos documentado un patrón en el que las fuerzas ucranianas ponen en peligro a los civiles y violan las leyes de la guerra cuando operan en zonas pobladas”, dijo Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional.

Los investigadores de Amnistía encontraron entre abril y julio, en las regiones ucranianas de Kharkiv, Donbas y Mykolaiv, 19 pueblos y ciudades desde donde las fuerzas ucranianas habían lanzado ataques, y 5 lugares donde los hospitales se utilizaban “de hecho” como bases, así como 22 escuelas que se habían utilizado como bases, de un total de 29 visitadas por la ONG.

Los resultados del informe, publicado tras una investigación de cuatro meses, pueden ser fácilmente corroborados por videos que circulan en redes sociales realizados con celulares por los propios combatientes ucranianos que se jactan de tales prácticas. En los medios rusos RT y Sputnik, así como en muchísimos canales de Telegram, abundan los relatos de los sobrevivientes ucranianos contando espontáneamente lo que refleja el informe de Amnistía.

Las críticas no se hicieron esperar. El propio presidente ucraniano Volodimir Zelenski acusó a la ONG de excusar al “Estado terrorista” de Rusia y poner en el mismo nivel a “la víctima y el agresor”.

Conclusión: el informe originó un pedido público de disculpas de Amnistía Internacional “por la angustia causada” ya que sirvió “involuntariamente a la propaganda rusa”, y, además, provocó la dimisión de Oksana Pokalchuk, responsable de la ONG en Ucrania, el 6 de agosto.

Sin embargo la realidad, siempre tozuda como sólo ella puede serlo, se las ingenia para asomarse a medida que el invierno se avecina. De hecho, como observa el medio británico The Spectator (https://www.spectator.co.uk/article/is-the-west-s-ukraine-response-about-to-fracture-), “al principio, el impacto de la guerra en suelo europeo unió a Occidente de una forma sin precedentes”. Así, cuando a causa de la primavera las facturas de la energía eran todavía bajas, una encuesta del Eurobarómetro de abril/mayo mostró que ocho de cada diez ciudadanos de la UE apoyaban las sanciones impuestas a Rusia. No obstante, este apoyo no se distribuyó de manera uniforme, “alcanzando solo el 57% en Eslovaquia, el 54% en Chipre y el 44% en Bulgaria”.

Ahora, la preocupación de los europeos por el encarecimiento de la luz y la electricidad Solo en Alemania el apoyo a las sanciones antirrusas llegaba a un abrumador 82 % en mayo: dos meses después, pese a la abrumadora propaganda mediática, el 47% por ciento opinó que “las sanciones están perjudicando más a su propio país”.

Y es que si, como dijimos al principio, la primera de las víctimas en una guerra es la verdad, en el conflicto de Ucrania los medios “occidentales” parece que van a seguir la misma suerte fatal, fruto del harakiri, pero sin honor, que están realizando con tanta y tan descarada manipulación de la información.

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