LA LITERATURA COMO FUERZA DE LA VOLUNTAD

ESCRIBE FABIAN ARIEL GEMELOTTI

La «Conjura de los Necios» es un libro que me aburre. Nunca me gustó. Pero sí me gusta la historia que hay detrás de este libro. John Kennedy Toole fue un escritor torturado (o por lo menos eso dicen los que hicieron de su obra un gran negocio) que se suicidó a los 32 años (1969). La madre de Kennedy fue Thelma Toole, y cuando la obra en 1980 se publica usan el apellido de su madre para dar a conocer a este autor. El padre era John, y pasa a ser conocido el autor de La conjura… como John Kennedy Toole.
Su madre luchó años recorriendo editores para que publiquen la novela del hijo. Finalmente un editor cree estar frente a una obra única y se publica el libro. En 1981 gana el premio Pulitzer y la obra se inmortaliza. Pasa a ser de culto. Pero detrás de esta novela hay cosas que nunca me cerraron. El autor deja todo en cuadernos. La madre retoca mucho y los editores corrigen también. La novela es densa, en algunos pasajes aburrida y deja una extraña sensación de moral existencialista. No es una novela mala, es buena. Pero no es de mis preferidas.

LOUIS FERDINAND AUGUSTE DESTOUCHES -CELINE-

Me apasiona «Viaje al Fin de la Noche», es mi novela de culto. Con Céline me pasó que lo leí por primera vez a los 13 años, quedé fascinado. Fue un choque de cabezas lo que me dio vuelta todos los postulados de mi vida adolescente. Un profesor de Literatura del secundario un día me pregunta: «¿leyó a Céline alguna vez?», no sabía de qué me hablaba. Pero me fui a una librería y pregunté que podía leer de Céline y la vendedora me mostró «Viaje al Fin de la Noche». Lo leí en una noche sin respirar. Nunca había leído algo así. Nunca vi tanta violencia junta en un libro y tanta estética minimalista (no sabía que era el minimalismo). Me enamoré del libro. «Viaje… «después me fue llevando a otros libros. Descubro a Fante a los 17 años. Y descubrí a Salinger a los 18. A Cervantes lo leo a los 11 años, el Quijote en una edición resumida de Billiken. A los 15 lo leo completo en una adaptación (o mejor dicho traducción) de Vargas Llosa, una adaptación al castellano moderno. Después Vargas Llosa pública una edición aniversario hace unos pocos años, pero ya en los ochenta circulaba una edición de Gredo del Quijote adaptada (me gusta más traducida, porque el castellano del siglo 17 no es el castellano del siglo 20/21), por Vargas Llosa.

JORGE MARIO PEDRO VARGAS LLOSA

Me gusta Vargas Llosa, y el primer libro que leo de él es Pantaleón y las visitadoras. Siento devoción por Vargas Llosa, una devoción que me devoró el alma. Me fascina La ciudad y los perros y siento una locura muy grande por La Guerra del fin del mundo. Me gustó mucho Travesuras de la niña mala (2006) y El héroe discreto (2013) un autor con una pluma única, el más grande de América latina.

No me gusta Víctor Hugo. Los miserables me aburrió. Fue una tortura leerlo para una clase una vez. Creo que fue un castigo de los dioses. No me gusta Cortázar. Con Julio me pasa algo raro, no es que no me gusten sus textos. Me molesta lo que Cortázar significa para los lectores. Toda la gente que no lee libros cuando les pregunto qué leen me dicen que a Cortázar. Y eso me fue haciendo que le tomara bronca a sus textos. Si mucha gente lee a un autor es que el libro es malo. Es como el cine, no me gusta El padrino. No me cerró nunca ese filme tan amado por los críticos de cine.

Si Céline publica su obra maestra en 1932 en 1957 pública otro libro que también es una obra maestra, De un castillo a otro. Ferdinand fue colaboracionista del nazismo en Francia. Era nazi, de derecha, antisemita y racista. Pero escribía como los dioses, de corrido, sin respiro. Sus libros tienen pocas comas y no usa el punto y aparte con tanta estabilidad como usan todos los escritores. Su novela de 1957 es una denuncia a los aliados (escrita con violencia, odio y de corrido sin puntuación, sin comas, sin mayúsculas y todo mezclado como un vómito salvaje sobre el papel). Este libro cuenta la historia de su exilio en el castillo de Siegmaringen en 1944, entre oficiales nazis, artistas hambrientos y franceses nazis. El libro muestra otra cara de la guerra, donde los «malos» son humanos que sufren y los «buenos» tienen intereses económicos sobre los países liberados. Es un libro duro y violento. Pero el estilo y la estética que veo en ese libro no la vas a leer en ningún otro autor. Es vómito literario, esos libros que se escriben con la sangre y no con la moderación estúpida de la mayoría de los escritores.

La Literatura es un camino de tortura, no de placer. Hay libros de la tortura y libros del placer. Hay libros donde el sexo es la condición y ser explícito ahí hace jugosa la obra. Me gusta Bukowski, lo leía en los 90. Leí todos sus libros. Ya no lo leo más, pero ese estilo entre «fácil» y «vulgar» me gustaba. Me gustan los escritores que usan un lenguaje simple. Me molestan las personas que quieren hablar en difícil y para explicarte algo usan diez palabras difíciles y al final no dicen nada. Hay en Rosario dos libreros que cuando les pregunto por un libro me hablan con palabras «raras», nunca se les entiende qué quieren decir. Son «intelectuales de facultad», piensan que la literatura debe ser «difícil» y quien escribe «simple» no hace literatura.

ARTURO MARTIN JAURETCHE

Me gusta Jauretche, ese estilo tan crítico y que se atreve a hacer una crítica del peronismo desde el peronismo. El viejo siempre fue un destructor de la vulgaridad. Me gusta el Medio pelo. Me gusta Sarmiento y sobre todo su Facundo y Recuerdos de Provincia. Me gusta Carver y su prosa suave pero salvaje.

No me gusta Roberto Arlt, tengo que confesarlo. No me gustan Los siete locos, me parece un libro denso y muy sentimental. ¿Un rufián con sentimientos? Los rufianes deben ser salvajes y no tienen sentimientos. ¿Un anarquismo tan socialista? En Arlt todo es sentimental y claro. Leyó mucho a los rusos. Leyó mucho a Los románticos. No leyó a los norteamericanos.

El desierto de los tártaros es la novela que siempre quise escribir. Se me adelantó Buzzati y ahí está esa gran novela que me encanta. Mi abuela me regaló un ejemplar al cumplir 14 años y desde ese día el ejemplar está en mi mesita de luz.

Este fue un recorrido personal, así debe ser cuando se lee. La literatura es algo individual y como se dice vulgarmente «SOBRE GUSTOS NO HAY NADA ESCRITO».

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