EL HISTORICO TRIUNFO DE LULA

LUIZ INACIO LULA DA SILVA PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FEDERATIVA DEL BRASIL A PARTIR DEL 1° DE ENERO DE 2023

ESCRIBE ALBERTO CORTES

El Triunfo de Lula en la Segunda Vuelta de la Elección Presidencial en Brasil es sin duda una excelente noticia no solamente para los sectores populares de todos los países de América Latina y del mundo, sino también para un espectro más amplio: Todos los sectores políticos que alientan una perspectiva medianamente democrática de la sociedad, aún cuando lo hagan desde un punto de vista que incluya una defensa del orden económico social existente.

La elección de Bolsonaro en las elecciones de 2018 sólo fue posible por la proscripción de Lula (Lawfare mediante) y el apoyo, prácticamente unánime de las clases dominantes brasileñas al candidato de la ultraderecha, con lo que esto implica en términos de aparatos, recursos económicos y control de los medios de difusión, unificados frente a la posibilidad de un nuevo triunfo de la izquierda, a la que habían logrado desplazar después de un golpe parlamentario contra Dilma Russeff, pobre de argumentos como pocos.

Los cuatro años de gobierno de Bolsonaro, fueron aprovechados por éste para consolidar una base social de características fascistas, como se evidencia en las manifestaciones tras la derrota, sobre todo por sus características violentas, que hasta el propio Bolsonaro tuvo que salir a desalentar parcialmente, en las que no faltaron los saludos nazis; y también en los asesinatos de simpatizantes del PT, con Marielle Franco como su caso más notorio, que se sumaron a los históricos homicidios de militantes ecologistas y los de los escuadrones de la muerte y casos de gatillo fácil.

El desgobierno frente a la pandemia, el aislamiento internacional de Brasil, con peleas como la que tuvo con el presidente francés Macron, su afinidad con el trumpismo en momentos en que los EEUU están presididos por los demócratas; los pobres resultados en materia económica, sus choques con la prensa, debilitaron incluso el apoyo de las clases dominantes hacia Bolsonaro.

Sin embargo, la amplitud del apoyo de ciertos sectores evangelistas, y de clases medias, especialmente altas, y el desarrollo de su base fascistoide y fascista en base a estos elementos, determinaron un triunfo no tan amplio de Lula como muchos esperaban en base a encuestas.

Las cámaras legislativas y una buena parte de las gobernaciones han quedado en manos de la derecha. Esto era de esperarse y no es para desesperarse en cuanto al margen de maniobra que Lula tendrá para gobernar. El P.T. ha gobernado siempre con parlamentos adversos y sin embargo, especialmente en los gobiernos de Lula ha mostrado gran capacidad de llegar a acuerdos en el Congreso con fuerzas que no son afines.

De 513 miembros de la Cámara de Diputados, el partido de Bolsonaro –al cual se afilió recientemente– cuenta con 96 diputados y el PT y aliados llegan a 80. Pero la gran mayoría del cuerpo pertenece al Centrão, una constelación de partidos de centro derecha que se mueven principalmente por acuerdos de cargos y otras prebendas, antes que por consideraciones ideológicas. Para aproximarse a entender las particularidades del sistema político brasileño, muy distinto al argentino en cuanto a legitimar y hasta institucionalizar prácticas que aquí se dan, pero que son mal vistas; existe por ejemplo, un período al final de cada legislatura (marzo en este año), durante el cual los parlamentarios deciden si se quedan en el partido en que están o pasan a otro, principalmente en función de las posibilidades de reelección que éstos les ofrecen. Gerardo Alckmin, por ejemplo, el vice electo con Lula (de centro derecha), ya está en su noveno partido.

Las principales transformaciones que se plantea Lula, por otra parte, no son construir el socialismo (cosa que el P.T. no se planteó, ni mucho menos, como tarea de gobierno inmediata tampoco en ninguno de sus gobiernos anteriores). Son tareas mucho más modestas y factibles de permitir llegar a acuerdos con fuerzas bastante conservadoras. Retomar los programas sociales desmantelados por Bolsonaro para revertir el espectacular crecimiento del hambre de los últimos años será la primera prioridad.

Además, la naturaleza Presidencialista del Sistema Constitucional Brasileño, incluyendo el manejo de las relaciones exteriores, dan al nuevo presidente un margen de acción importante, más allá de la correlación de fuerzas que haya en el Congreso. Es de esperar el impulso a la integración de América Latina, incluyendo la rejerarquización del Mercosur, la CELAC y la UNASUR, mejorando sustancialmente las relaciones con Argentina y apoyando su ingreso al BRICS.

La ultraderecha fascista brasileña no se resigna aún a la pérdida del balotaje y golpea literalmente las puertas de los cuarteles. Pero a pesar de la obsecuencia de Bolsonaro con los EE.UU., a los cuales cedió el uso de la base aeroespacial de Alcántara y fue miembro entusiasta del malogrado Grupo de Lima para intentar promover un golpe de Estado en Venezuela bajo el obvio comando de Washington; la naturaleza trumpista de su régimen genera en el gobierno de Biden tanto o más desconfianza que el P.T., y varios ex secretarios de defensa y Jefes de Estado mayor norteamericanos suscribieron recientemente un documento sobre la subordinación de los mandos militares a las constituciones que significan una clara advertencia de que EE.UU. no avalará aventuras golpistas en Brasil.

JAIR BOLSONARO ACTUAL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FEDERATIVA DEL BRASIL

La reticencia de Bolsonaro a reconocer la derrota y su breve y tardío discurso poselectoral constituyeron probablemente intentos de tantear otros caminos no constitucionales primero , y después, de mostrar y mantener el poder que el voto le ha dejado –a pesar de la derrota en las presidenciales- a nivel de legisladores y gobernadores, e impedir –hasta donde pueda- la dilución de este poder a través de los múltiples acuerdos que Lula intentará, y seguramente conseguirá en muchos casos, con objetivos puntuales, con sectores del gran bloque de la derecha. El bolsonarista gobernador electo de San Pablo, el mayor estado del país, generador de un tercio del PBI, ya se mostró dispuesto al diálogo con Lula, por ejemplo.

La abstención, junto con Ucrania, por parte de Brasil en la votación en Naciones Unidas donde 185 países rechazaron, por trigésima vez, contra los únicos votos de EEUU e Israel, el bloqueo norteamericano a Cuba; constituye la carta de despedida del régimen bolsonarista que no quiere votar contra EEUU aún cuando toda la región e incluso prácticamente todo el planeta lo hagan.

Seguramente esta será la última vez que Brasil vote así en la ONU, pero además, y a pesar del considerable poder remanente del fascismo en Brasil, es probable que el país de mayor peso en Latinoamérica juegue en los próximos años un rol positivo en la región.

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