«2033»

CUENTA UNA LEYENDA ARABE QUE EL HOMBRE DESCIENDE DE LAS RATAS, Y LAS MUJERES TAMBIEN.

ESCRIBE FABIAN ARIEL GEMELOTTI

Las ratas tienen una historia muy particular. Siempre hubo ratas, en la Biblia, en el Libro de los muertos egipcio y en textos de Mesopotamia y los chinos también hablan de ratas. Marco Polo en su brillante libro de viajes cuenta que las ratas en algunos lugares de China cumplían una depuración higiénica: comían los cadáveres depositados en fosas comunes. Quemar a un muerto en China y la India es sagrado, y de ricos. Los pobres son devorados por perros y ratas. La peste negra en la Edad Media es consecuencia de la rata, de una rata color negro que se traslada en los barcos mercantes escondida entre las cajas. Las ratas casi mata a toda Europa. Los conquistadores llevaron la rata a América. En Perú las ratas hicieron estragos. Cuentan cronistas que atacaban en banda a los indios dormidos y se los comían. En Honduras y México las ratas hicieron estragos en la población indígena. La rata gris, la rata de alcantarilla, en 1849 invadió París. Los ciudadanos salieron con escobas y hachas a combatirlas. Cinco millones de ratas quedaron en las calles. Su piel se vendió para abrigos y zapatos. 

La rata es peligrosa, sobre todo cuando andan de a muchas. La rata te puede atacar dormido y comerte lentamente.

En el año 2033 la comida escasea en un mundo donde las ratas andan de acá para allá buscando. ¿Cómo se llegó a este mundo de ratas y hambre? No lo sabemos y tampoco tiene mucha importancia porque en la década del treinta del Siglo XXI lo único que importa es sobrevivir. 

Los cadáveres están en las calles y en un mundo de cadáveres es sabroso comer su carne.

Marcos camina por las calles y ve desplomarse a un anciano. Marcos lleva su cuchillo en la cintura. Se arrima al anciano y se agacha y toca su pulso. El anciano todavía vive. Pero Marco le corta la garganta y bebe la sangre del anciano y después le saca el pantalón y hace un tajo en el cuerpo del hombre y corta un gran trozo de carne y lo guarda en una bolsa y se lo lleva a su casa. En su casa sus padres lo abrazan y besan. Hoy hay comida, hoy Marcos llevó el pan a su vivienda. Marcos tiene 14 años y sabe que sin comida no hay razón para seguir viviendo. A la mañana siguiente vaga por las calles en busca de cadáveres. Y caminando mirando para abajo tropieza con una chica de su edad. La chica también busca cadáveres. No hay tiempo para el amor cuando hay hambre. Se miran a los ojos, y el chico saca su cuchillo y se lo clava a la chica en el corazón. Es una muerte rápida y corta carne del cadáver y llena la bolsa. Carne fresca y sabrosa. Carne para toda la semana. Una patrulla policial pasa por el lugar y se detiene. Dos uniformados descienden y descuartizan a la joven y vuelven al patrullero con dos bolsas con carne. Y Marcos se arrepiente de no haber llevado la cabeza de la chica, esos ojos y pómulos rosas hubiesen sido el postre para su familia; pómulos que al descomponerse la carne largan el olor sabroso de los cadáveres. 

Las ratas vagan por las calles y comen la carroña de cadáveres. Los ancianos se desvanecen de hambre y son comida para los hambrientos. Las ratas están en todas partes, ratas humanas y ratas de rata que invaden la ciudad. 

Una rata está mordiendo a un niño y el niño grita y nadie acude a su salvación. Nadie acude porque no hay tiempo para salvar a nadie; cada cual se salva como puede. Y el niño se cae y la rata se sube en su cuerpo y camina y camina desesperada y muerde el rostro del niño y otras ratas acuden al banquete. El niño ya no grita, está muerto. Y miles de ratas devoran su cuerpo. 

Marcos pasa por la Casa Rosada y mira el balcón y recuerda a su abuelo que le contaba de ese balcón. Marcos ve a miles de ratas que se dirigen a La Rosada. Marcos observa con miedo. Y con armas lanzafuego las ratas son muertas. Armas que salen de La Rosada en manos de hombres barbudos y musculosos. Son los guardianes del Presidente. Marcos siente tristeza. La bolsa con la carne de la chica es apretada por Marcos. Y llega a su casa y sus padres lo besan. Marcos es un héroe en un país donde el hambre ha terminado con los actos heróicos. 

Marcos duerme y una rata se sube a su cuerpo. La rata muerde, muerde su pene y muerde sus testículos. Marcos siente un dolor que lo sacude. Alumbra con una linterna y ve a cinco ratas. Marcos no grita, porque gritar no sirve en un país donde las ratas son las dueñas de la vida y de la muerte.

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