A 180 AÑOS DE LA VUELTA DE OBLIGADO: LA SOBERANÍA HOY ES CONTINENTAL

POR RAMIRO CAGGIANO BLANCO (*)

EL ECO DE LOS CAÑONES

La neblina matinal se levantaba lentamente sobre el Paraná, ese “Río Marrón” que serpentea el corazón de la Confederación. Era el amanecer del 20 de Noviembre de 1845. En un recodo angosto del río, cerca de la localidad de Obligado, el silencio era una tensa calma antes de la tormenta. Al mando del general Lucio Mansilla, soldados, milicianos y pueblos originarios esperaban. No era una batalla convencional: era una declaración de principios hecha con cadenas a buques de guerra y barcos mercantes cargados de mercancías que buscaban forzar el «Libre Comercio», imponiendo a cañonazos un dogma que ahogaría en la cuna cualquier atisbo de industria nacional.

Hoy, 180 años después, conmemoramos esa gesta como un feriado nacional. Resulta una paradoja fundacional que la piedra angular de nuestra soberanía sea una derrota táctica elevada a la categoría de triunfo estratégico. Pero la Vuelta de Obligado no fue un hecho aislado, un simple y heroico error militar. Fue el episodio más sangriento y simbólico de una larga Guerra Económica que se extendió por cinco años, donde la Confederación Argentina, gobernada por Juan Manuel de Rosas, le plantó cara a las dos potencias más formidables de su tiempo: Francia y el Imperio Británico.

El eco de aquellos cañones no se ha apagado. Solo ha cambiado de timbre. Los actores han mutado: el Imperio Británico cedió su lugar al Norteamericano; las escuadras de guerra se han transformado en fondos buitre y doctrinas del «Libre Mercado»; las cadenas que cruzaban el río son hoy las ataduras de una deuda externa asfixiante y tratados de inversión lesivos para los intereses nacionales. La batalla, sin embargo, es la misma: el control de los recursos, la definición de un proyecto de país y la autodeterminación de los pueblos. La lección que emerge, urgente e ineludible, es que la Soberanía ya no se defiende en el recodo de un río, sino en la Unidad Continental. La soberanía, hoy, es continental o no es.

PARTE I: LA BATALLA DEL PARANÁ. SOBERANÍA O LIBRE COMERCIO

EL CONTEXTO: LA CONFEDERACIÓN CONTRA EL MUNDO

A mediados del siglo XIX, Argentina no era un país unificado en los términos modernos. Era la Confederación Argentina, un conjunto de provincias que, bajo el liderazgo de Juan Manuel de Rosas –quien acumulaba el título de Gobernador de Buenos Aires y de las Relaciones Exteriores de la Confederación–, enfrentaba un aislamiento feroz. Las potencias europeas, Inglaterra y Francia, la bloqueaban, no reconocían su autoridad y financiaban activamente a sus enemigos internos: los unitarios exiliados en Montevideo, que soñaban con un puerto libre y un interior subordinado, convertido en simple productor de materias primas.

El proyecto rosista era, ante todo, un proyecto de soberanía nacional. No era un nacionalismo abstracto, sino concreto, territorial y económico. Se basaba en la defensa a ultranza de un espacio geográfico y de la capacidad de decidir qué entraba y qué salía de él. Frente a este proyecto, la oligarquía porteña, nacida del contrabando con los ingleses en la época colonial, ahora con el ropaje político de ocasión llamado “unitarismo”, proponía un modelo liberal y cosmopolita, que veía en la apertura indiscriminada al comercio exterior la llave del «progreso», un progreso que, invariablemente, beneficiaba a los puertos y a las metrópolis extranjeras, empobreciendo y desindustrializando el interior.

LA LEY DE ADUANAS DE 1835: EL VERDADERO CAMPO DE BATALLA

Para comprender la verdadera magnitud de la batalla de la Vuelta de Obligado, es necesario ir más allá de la épica de los cañones y adentrarse en la letra fría de una ley. La Ley de Aduanas de 1835, sancionada el 18 de Diciembre por el mismo Rosas, «el Restaurador de Leyes», es el auténtico núcleo del conflicto. Esta ley no era una mera tarifa; era un instrumento de política industrial y de planificación geopolítica.

Su objetivo era claro: proteger las incipientes industrias del interior. Establecía aranceles a la importación de productos como tejidos, vajillas, herramientas y alimentos que ya se producían en las provincias. De la Rioja, Catamarca y Salta veían crecer sus telares; Córdoba y Mendoza potenciaban sus industrias textil y vitivinícola. La ley era un dique de contención contra el aluvión de mercancías británicas y francesas, de mejor calidad y menor precio, que de ingresar libremente, habrían barrido del mapa cualquier intento de desarrollo autónomo.

Por eso, la «libre navegación de los ríos» que pregonaban las potencias no era un principio humanitario o liberal. Era la llave maestra para quebrar ese proteccionismo. Controlar el Paraná y el Uruguay significaba poder inundar el Litoral, el Norte y el Paraguay con sus productos, estrangulando en su cuna la industria local y reconvirtiendo a las provincias en meros exportadores de cueros y lana. La batalla no era por un principio, era por un modelo de país: una nación industrialmente autónoma versus un archipiélago de factorías agro-ganaderas dependientes.

LA VUELTA DE OBLIGADO: MÁS QUE UNA BATALLA, UNA CAMPAÑA

La Vuelta de Obligado fue, en términos militares, una derrota. Las cadenas fueron rotas por la superioridad tecnológica de la flota anglo-francesa. Sin embargo, reducirla a eso es una mirada miope, heredada de la historiografía mitrista que necesitaba minimizar el triunfo de Rosas. La batalla fue un mensaje enviado al mundo: el acceso al corazón de Sudamérica tendría un costo altísimo.

La gesta soberana no terminó en Obligado. Duró cinco años y tuvo capítulos victoriosos que la historia oficial suele olvidar: el Combate de la Vuelta del Quebracho, donde la flota invasora fue diezmada; el Ataque de San Lorenzo y el Combate de Tonelero, que demostraron la tenacidad de la resistencia. Fue este desgaste constante, esta guerra de costos que se prolongaba sin una victoria clara para los invasores, lo que terminó por doblegar la voluntad de Londres y París.

El resultado final no fue una derrota, sino una victoria diplomática resonante. En 1849, Inglaterra, y en 1850, Francia, firmaron sendos tratados en los que reconocían la soberanía argentina sobre los ríos interiores, retiraban su flota y saludaban a Rosas con honores. La Confederación había vencido. Había demostrado que un país periférico podía, con unidad y firmeza, enfrentar a los colosos de la época y defender su proyecto nacional. Esta es la victoria que el mitrismo, heredero ideológico de los unitarios derrotados, se encargó de ocultar tras la máscara de una «derrota heroica».

PARTE II: EL NUEVO TABLERO GEOPOLÍTICO: EL IMPERIO DEL SIGLO XXI

DE LONDRES A WASHINGTON: EL CAMBIO DE GUARDIA IMPERIAL

El imperialismo del siglo XXI ya no viste con casacas rojas ni despliega veleros de guerra en los ríos. Ha perfeccionado sus métodos. El centro de gravedad del poder global migró de Londres a Washington, y con él, la estrategia de dominación sobre América del Sur. El imperialismo comercial británico, ávido de mercados para sus manufacturas, fue reemplazado por un imperialismo de seguridad y recursos, liderado por Estados Unidos, ávido de bienes estratégicos para sostener su hegemonía tecnológica y militar.

La Doctrina Monroe, ese «América para los americanos» que en el siglo XIX fue un baldón contra las potencias europeas, se ha reciclado en el siglo XXI como un «América para los intereses norteamericanos». El Comando Sur, con sus bases militares dispersas por el continente, es el brazo ejecutor de esta política, que ya no busca solo mercados, sino el control directo de los recursos naturales que son el nuevo campo de batalla de la geopolítica global.

LA CONFESIÓN DE LA GENERALA: GEOPOLÍTICA DEL DESPOJO

Hace poco más de un año, la comandante del Comando Sur de EE.UU., la generala Laura Richardson, ofreció una de las declaraciones de política exterior más crudas y reveladoras de los últimos tiempos. Con una sinceridad descarnada, enumeró los recursos que su país ve en América del Sur: «el triángulo del litio» (Argentina, Bolivia, Chile), el oro, el cobre, el petróleo, el agua dulce (el Acuífero Guaraní) y las llamadas ‘tierras raras’, minerales esenciales para la fabricación de teléfonos inteligentes, baterías de vehículos eléctricos, armamento de alta tecnología y sistemas de guiado.

Esta no es la retórica diplomática de la «cooperación» o el «intercambio». Es el lenguaje frío del despojo. Richardson no habló de desarrollo conjunto o de transferencia tecnológica; habló de «acceso» y «seguridad de suministro». Para Washington, Sudamérica no es un conjunto de naciones soberanas, sino una gran reserva estratégica, un almacén de recursos que deben estar disponibles para su economía y su aparato militar, especialmente en un contexto de puja estratégica con China. La libre navegación del Paraná del siglo XIX es hoy el «libre acceso» a los commodities críticos del siglo XXI.

EL MOVIMIENTO DE PINZAS: ESTRATEGIA CONTINENTAL DE DOMINACIÓN

La ofensiva no es casual ni está desconectada. Es un movimiento de pinzas perfectamente orquestado para someter al continente, aprovechando sus puntos débiles y colocando piezas clave en el tablero.

Flanco Norte: Venezuela y Colombia soportan la presión bélica más directa con 50 asesinatos de supuestos narcotraficantes abatidos por misiles en el mar Caribe y en el océano Pacífico. Además, a Caracas se la asfixia con un bloqueo económico criminal, presentado como «sanciones», con el claro objetivo de un «cambio de régimen». Es la guerra híbrida en su máxima expresión, donde no se dispara un tiro, pero se socava la capacidad de un Estado para alimentar a su pueblo y mantener sus servicios básicos.

Flanco Sur: Aquí es donde la estrategia se vuelve más siniestra y efectiva, al operar a través de aliados locales que, por convicción o por interés, abren las puertas de la patria grande.

    Argentina (Milei): No se trata de un mero alineamiento geopolítico. Es un entreguismo ideológico y fanático. El presidente se autoproclama «anarcocapitalista» y «negador de la patria», un analfabeto geopolítico que desarma activamente los instrumentos de soberanía: promueve la dolarización, la venta de empresas estratégicas, el desmantelamiento de la industria nacional y un alineamiento automático con la agenda exterior de Washington. Es la antítesis de Rosas: en lugar de un Restaurador, un Desmantelador.

   Paraguay (Santiago Peña): Sigue siendo la base operativa más estable y confiable para los intereses estadounidenses en el Cono Sur, permitiendo la instalación tácita y explícita de presencia militar.

    Bolivia (Leandro Paz): El caso más delicado. Tras años de un proceso de cambio que nacionalizó los hidrocarburos y avanzó en la industrialización del litio, la llegada de Paz representa la «seducción» del poder blando. Se presenta un discurso de moderación y diálogo, mientras en los hechos se evalúa revertir las nacionalizaciones y entregar el litio, estratégico para la transición energética global, a corporaciones extranjeras.

    Chile (José Antonio Kast): La amenaza potencial. Un eventual triunfo de la ultraderecha en Chile completaría el cerco, aislando a los países que aún mantienen proyectos de relativa autonomía, como Brasil, y cerrando el movimiento de pinzas sobre el continente.

PARTE III: LA PATRIA DIVIDIDA Y LA DESMOVILIZACIÓN POPULAR

LA CASA ROSADA SIN RESTAURADOR: EL ANALFABETO GEOPOLÍTICO

El contraste no podría ser más brutal. Hace 180 años, la Casa Rosada era ocupada por un hombre que había forjado su liderazgo en la frontera, que conocía el valor de la tierra, el peso de la ley y la crudeza del poder internacional. Rosas era un soberanista práctico, no un teórico. Sabía que la soberanía se defiende con fusiles, con leyes aduaneras y con una diplomacia astuta y firme.

Hoy, el Palacio es habitado por un personaje que se jacta de su ignorancia histórica y geopolítica. Su visión del mundo es un maniqueísmo infantil: «libertad» (encarnada por EE.UU. y el capital financiero) vs. «comunismo» (un cajón de sastre donde mete a todo opositor). Esta lógica binaria le impide comprender las dinámicas reales del poder global. No ve un imperio que busca sus recursos; ve un aliado en una «cruzada» abstracta. Su fanatismo lo convierte en el peor enemigo de los intereses nacionales, porque cree estar sirviendo a un ideal mientras entrega, con fervor mesiánico, las llaves del reino.

LA TRAGEDIA DEL CAMPO NACIONAL Y POPULAR: LA INTERNA FRATICIDA

Frente a esta ofensiva perfecta, la respuesta del campo que históricamente encarnó la defensa de la soberanía es, cuando menos, trágica. Quienes deberían estar dando la batalla cultural e ideológica, uniendo al pueblo en un frente común, se encuentran enfrascados en una interna fratricida y desmovilizadora.

Las luchas por el poder, los personalismos, las rencillas históricas y la incapacidad de construir un proyecto plural y convocante han dejado al pueblo huérfano de liderazgos claros y de un relato esperanzador. Mientras el gobierno avanza con su agenda de desguace, la oposición se despedaza en disputas menores, perdiendo el foco en el enemigo principal. Esta desunión es el caldo de cultivo perfecto para el avance imperial. Un pueblo sin brújula y una dirigencia en guerra consigo misma no pueden oponer la resistencia organizada que el momento histórico exige.

PARTE IV: HACIA UNA SOBERANÍA CONTINENTAL

LECCIONES DE OBLIGADO: UNIDAD, FIRMEZA Y PROYECTO PROPIO

La epopeya de la Vuelta de Obligado nos deja tres lecciones fundamentales para el presente. Primero, la unidad de mando y acción. Rosas, con todos los matices que se le quieran dar, unificó el poder interno para enfrentar una amenaza externa. Segundo, la firmeza inquebrantable. La disposición a luchar, a imponer costos, a demostrar que la soberanía no es negociable. Y tercero, y más importante, la defensa de un proyecto económico nacional propio. Sin la Ley de Aduanas de 1835, la batalla en el Paraná no habría tenido sentido. Se defendía un modelo de desarrollo.

SOBERANÍA DEL SIGLO XXI: MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS NACIONALES

En un mundo interdependiente y globalizado, la defensa de la soberanía ya no puede ser un acto solitario. Un país aislado, por más firme que sea, está condenado a la asfixia. La única respuesta viable a la ofensiva imperial del Siglo XXI es la INTEGRACIÓN CONTINENTAL SOBERANA. No se trata de revivir retóricas vacías, sino de construir una integración pragmática y estratégica, basada en intereses comunes concretos:

Cadena de valor del litio sudamericano: Crear una organización de países productores (Argentina, Bolivia, Chile) que fije precios, controle la extracción y avance en la manufactura de baterías, evitando ser meros exportadores de materia prima barata.

Seguridad alimentaria y energética común: Planificar la producción de alimentos y energía como un bloque, garantizando el abastecimiento interno y ejerciendo poder de negociación en los mercados globales.

Moneda común para el comercio intrarregional:** Desdolarizar el comercio entre nosotros, creando un instrumento de pago propio que nos libere de la volatilidad y la presión financiera externa.

Consejo de Seguridad Sudamericano: Una fuerza de paz regional que disuada y prevenga conflictos, reemplazando la injerencia del Comando Sur y garantizando nuestra propia estabilidad.

CONCLUSIÓN: EL NUEVO LLAMADO A OBLIGADO

A 180 años de aquella mañana en el Paraná, el llamado a la Defensa de la Soberanía resuena con una urgencia renovada. Las cadenas que Mansilla hizo tender de costa a costa eran un símbolo de resistencia física, de la determinación de un pueblo de defender su territorio. La Nueva Vuelta de Obligado no se libra con cadenas de hierro, sino forjando LAS CADENAS DE LA UNIÓN SUDAMERICANA.

El enemigo es el mismo, con distinto nombre. La disputa es la misma: el control de nuestro destino. Ya no basta con mirar hacia adentro de las fronteras heredadas de la Colonia. La Patria, hoy, es el Continente. La Batalla es Cultural, Económica, Diplomática y, sobre todo, Integracionista. O entendemos que la Soberanía en el Siglo XXI es un Proyecto Colectivo de los Pueblos de Nuestra América, o seremos, una vez más, testigos del despojo sistemático de nuestra riqueza y de la claudicación de nuestro futuro. La Soberanía, hoy más que nunca, es Continental o No Es.

(*) NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA N° 24 – NOVIEMBRE DE 2025

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