

ESCRIBE JORGE RENDÓN VÁSQUEZ
Casi todos los días, a las 7 de la mañana, camino por un florido parque cercano a mi casa y, mientras escucho la música copiada en mi maravilloso MP3, pienso e imagino.
Muchas de mis ideas, que luego van a dar a mi compu y se truecan en realizaciones literarias, profesionales y de otro orden, surgen de esa combinación de paisaje, música y ebullición mental.
Un día reflexioné que esta es una experiencia personal (intuitu personae dirían los juristas) y, sin quererlo, me remonté a una enseñanza adquirida en mis años de estudiante de Letras que, en ese momento, no había comprendido bien. Era la famosa sentencia de Protágoras, un filósofo que vivió en Atenas entre los años 485 y 411 a.C.: «El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, y de las que no son en cuanto que no son.»
En otras palabras, cada ser humano es para sí el centro del universo, desde que tiene uso de razón hasta que muere, cuando termina el espectáculo y se apagan las luces de la sala.
Pero, al cabo de un momento, me surgió otra inquietud: por solitaria que sea la experiencia de la mente, esta no se forma en cada persona aislada de las demás. Cada concepto, juicio y hasta las emociones y las pasiones se aprenden de otros por imitación, repetición, intuición, educación y lecturas. El ser humano es un ser social. Aislado sería menos que un animal. Vive, piensa, crea, actúa, hace el bien o el mal en sociedad. No creo que Protágoras hubiera podido resolver la contradicción entre la experiencia personal de la existencia de cada persona, que puede llevarlo hasta las honduras del solipsismo o de su hermano malo el egoísmo, y la realidad social de la existencia humana.
Protágoras vivió en el siglo de Pericles, cuando uno podía cruzarse en las calles de Atenas con varios de los más grandes filósofos de la humanidad en ese tiempo y hablarles con la seguridad de recibir siempre una respuesta amable.
Gracias, amigos, por vuestra generosidad al leer mis comentos. Gracias también por los mensajes portadores de deseos de felicidad en el nuevo año, que muchos de ustedes me han enviado. Les deseo un nuevo año pleno de dicha, alegría, éxitos, salud y la convicción de que juntos podríamos cambiar muchas cosas malas.
