
ESCRIBE FABIÁN ARIEL GEMELOTTI
En un hormiguero una hormiga reina había ganado las elecciones y derrocado a las hormigas blancas. Las blancas pertenecían a la clase proletaria del hormiguero. Las hormigas que se impusieron empezaron a dar discursos de cambiar la situación del hormiguero: «desde ahora vamos a ajustar a toda la población del hormiguero y todas las hormigas van a trabajar. Ya no se va a subsidiar con hojas a las hormigas que tengan una patita rota ni a las hormigas embarazadas. Desde ahora no habrá más jubilaciones para las hormigas viejas. Todas las hormigas van a trabajar cargando hojas y llevarlas al depósito del reino. Prometemos que desde ahora van a cobrar en hojas verdes y en dos años todas las hormigas serán ricas».
El nuevo gobierno asumió aplaudido por casi todo el hormiguero. Las hormigas estaban ilusionadas en cobrar en hojas verdes. Pero con el tiempo fueron muriendo las hormigas viejas por la sobrecarga laboral de cargar y cargar hojas y el cansancio las fue matando. Las hormigas sin una patita fueron inutilizadas y olvidadas en un rincón del hormiguero y murieron de hambre porque la madre reina dijo que «quien no trabaja no come».
El hormiguero aplaudía las medidas porque estaba ilusionado que iban a ser ricos con el pago a futuro de hojas verdes. La población decía: «es verdad, antes manteníanos a las hormigas ancianas y a las sin patitas» «era necesario un ajuste en el hormiguero» «la hormiga madre es muy inteligente».
Pero con el tiempo las hormigas proletarias fueron ajustadas también: «desde ahora no van a recibir tres hojas como antes, una sola hoja y van a tener que hacer un esfuerzo para el bien del reinado». Mientras tanto los funcionarios del hormiguero hacían viajes a otros hormigueros y veraneaban en hormigueros de descanso. Una hormiga amiga de la reina se compró una tortuga que hacía el trabajo de mil hormigas y recogía hojas y hojas y se hizo rica. Pero las hormigas seguían diciendo: «lo gana trabajando. Hay que apoyar a la hormiga madre y hacer un esfuerzo».
La hormiga madre hacía fiestas y banquetes y viajaba mucho. Las hormigas proletarias se empezaban a morir por el hambre y por la subrecarga laboral.
Y llegaron los dos años y no recibieron hojas verdes. Y la hormiga madre dijo: «no pudimos hermanas hormigas, si me eligen nuevamente prometo hacerlas ricas’. Y fue elegida nuevamente.
Y se dispuso más ajuste: «desde ahora trabajarán 15 horas y no 10 y quienes no tengan fuerza serán eliminadas con fuego». Y así transcurrían los días. Las hormigas gobernantes se hicieron ricas y las proletarias fueron perdiendo fuerza. Era tanta la debilidad que ya no podían caminar con normalidad y trabajaban sin descanso y dormían y se hicieron lentas.
La madre hormiga y sus funcionarios cargaron tortugas con hojas verdes y huyeron del hormiguero y fueron a un hormiguero cerca de un templo judío. Y ahí fueron recibidas a cambio de hojas verdes.
Las hormigas proletarias estaban sin fuerza y empezaron a matarse entre ellas. Y con el tiempo desapareció ese hormiguero quemado en una guerra entre hormigas pobres.
Y colorín colorado este cuento ha terminado.

