EL FRACASADO (RELATO)

ESCRIBE FABIÁN ARIEL GEMELOTTI

En una ciudad cualquiera y en una época cualquiera y en un país cualquiera vivía un hombre de unos 60 años. El hombre sufría hacía unos meses una gran depresión y esa depresión le impedía conectarse con la demás gente que vivía en esa ciudad cualquiera.

El hombre se levanta una mañana dispuesto a matarse. Primero va al baño y se sienta en el inodoro y al terminar sus quehaceres una mano automática lo limpia. La mano es firme y limpia mejor que el papel higiénico que ya no se usa más en esa ciudad. La mano se desliza suave por su trasero limpiando los pedacitos que pegados a los pelos si no se limpian bien se pegan a la ropa interior.

El hombre después prepara un desayuno y lo come rápido.
Está decidido a suicidarse.
Sale a la calle y camina mezclado con la gente que también camina. Todos caminan y algunos van a alguna parte y otros simplemente caminan.
El hombre lleva en su bolsillo una navaja y piensa abrirse las venas en alguna plaza de la ciudad.

Encuentra una plaza y ve un banco solitario abajo de un árbol grueso y viejo. Se sienta y saca de su bolsillo la navaja.
El hombre piensa suicidarse.

Una chica joven se arrima y se sienta a su lado. La chica es bella, de unos 19 años y el pelo rubio le llega a la cintura. El hombre la mira y le pregunta qué hace ahí. Ella le responde con una voz muy suave: «vengo a suicidarne».

El hombre le dice que él también quiere suicidarse.
Intercambian unas palabras y el hombre con la navaja en la mano juega como un niño jugaría con un juguete nuevo. La chica le toca la rodilla y le dice con firmeza: «hombre anciano mi novio se hizo mujer y me dejó por su mejor amigo que se enamoró y voy a suicidarne'».

El hombre la mira triste y le dice con firmeza:
«Mujer joven ahora que la veo me entraron ganas de hacer el amor».
El hombre agarra de las manos a la chica y empiezan a caminar. Llegan a la puerta de un telo y el hombre piensa para sí mismo: «una vez leí un libro sobre telos», e ingresan los dos agarrados de las manos a ese lugar de luces rojas donde los amantes van a gozar del sexo.

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