LA PARTIDA SE JUEGA EN OTRO TABLERO

MIENTRAS LA ARGENTINA CONSUME ENERGÍA POLÍTICA EN DISPUTAS IDEOLÓGICAS QUE MIRAN HACIA ATRÁS, EL ORDEN GLOBAL SE REORGANIZA A UNA VELOCIDAD SIN PRECEDENTES: LA MANUFACTURA AVANZA CON AUTOMATIZACIÓN E INTELIGENCIA ARTIFICIAL, LAS CADENAS DE VALOR SE FRAGMENTAN Y RELOCALIZAN, Y LAS POTENCIAS EMERGENTES CONSTRUYEN BLOQUES QUE NO ESPERAN CONSENSO DE NADIE. EL DEBATE DOMÉSTICO SOBRE EL PASADO NO ES INOCENTE: TIENE UN COSTO DE OPORTUNIDAD QUE SE PAGA EN PRESENTE Y SE COBRA EN FUTURO.

POR ANTONIO MUÑIZ

En 1978, cuando China inició su apertura económica bajo las reformas de Deng Xiaoping, producía menos del 3% de la manufactura mundial. Hoy concentra el 30% de ese total —casi el doble de lo que genera la economía estadounidense—. En menos de cincuenta años superó a las naciones más industrializadas en sectores completos: construcción naval, energías renovables, vehículos eléctricos, baterías e inteligencia artificial.

Este ascenso de China a potencia política y económica no es un dato más de la macroeconomía global: es la evidencia más contundente de que el mundo ya no funciona con las reglas que moldearon la segunda mitad del siglo pasado.

Lo que está en marcha es un reequilibrio hegemónico del poder geopolítico con consecuencias directas sobre el margen de maniobra de todos los países. La historia muestra que muchas veces esta lucha por la hegemonía global, empieza con conflictos políticos y comerciales, pero puede terminar, como ocurre hoy, en guerras localizadas, que a su vez, pueden escalar a contiendas globales.

Esto es lo que necesitas saber sobre la extensión de la tregua comercial entre EE.UU. y China

Pero, más allá de los peligros de la situación, para quienes saben leerlo, el nuevo mapa ofrece oportunidades inéditas. Para quienes lo ignoran —o lo niegan— acumula costos que se pagarán durante generaciones.

LA FÁBRICA DEL MUNDO Y LA REVOLUCIÓN VERDE

La construcción naval ilustra el vuelco con precisión quirúrgica: hace apenas diez o quince años, Corea del Sur era el mayor productor de barcos del mundo; hoy China produce el doble. En energías renovables, el liderazgo es aplastante: en 2024 instaló más capacidad fotovoltaica que los nueve países siguientes del ranking combinados, alcanzó 315 gigavatios anuales y cumplió su objetivo de 1.200 gigavatios de energía solar y eólica seis años antes de lo previsto. El impacto sobre los precios mundiales es determinante: los módulos fotovoltaicos cayeron más de un 80% en siete años —de 0,55 a menos de 0,10 euros por vatio-pico entre 2017 y 2024—. La energía solar se convirtió en la fuente de generación eléctrica más barata del mundo. La transición verde dejó de ser un privilegio del Norte Global: China la convirtió en un bien de consumo masivo para economías con recursos moderados.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: LA DISRUPCIÓN DENTRO DE LA DISRUPCIÓN

Sobre ese reordenamiento manufacturero opera una segunda transformación, todavía más profunda en sus consecuencias sociales: la irrupción de la inteligencia artificial como factor productivo de primera magnitud. La IA no es una tecnología más que se suma al arsenal industrial existente; es una tecnología de propósito general —como lo fue la electricidad o el motor a vapor— que está rediseñando la lógica misma de la producción, el trabajo y la organización económica.

La paradoja es brutal. China es el principal socio comercial de Argentina desde hace más de una década. Los ingresos del agro —la base de las reservas del Banco Central— dependen en proporción determinante de la demanda china. El swap con el Banco Popular de China, que Milei renovó a pesar de su retórica, financia parte de las reservas internacionales.

La política exterior privilegió el gesto ideológico por sobre cualquier evaluación objetiva del interés nacional. Y alinearse sin condiciones tampoco garantiza previsibilidad: los intereses estratégicos de Estados Unidos bajo el trumpismo se colocan por encima de cualquier compromiso previo, sin excluir el uso directo de la fuerza. Hasta el momento, las políticas de Donald Trump, han mostrado un carácter errático, que van llevando a EEUU a una pérdida de poder y prestigio.


Argentina rechazó los BRICS cuando ese bloque representaba el 39% del PBI mundial y cuando China era ya su principal socio comercial. La ideología se impuso sobre cualquier cálculo de interés nacional.


LA OPORTUNIDAD QUE NADIE APROVECHA

El problema estructural no es sólo el gobierno actual: ningún sector con capacidad de gobernar ofrece una visión estratégica sobre la inserción del país en el nuevo orden.

No hay debate serio sobre política industrial, sobre integración regional, sobre cadenas de valor en la transición energética ni sobre cómo capturar parte de la carrera global en inteligencia artificial. El país tiene los recursos para insertarse en el nuevo orden, minerales en el NOA, capacidades técnico – científicas en sectores claves, una base agroindustrial con potencial de valor agregado, energía en la Patagonia y una geografía que lo conecta con el Atlántico Sur y los corredores bioceánicos.

Brasil, India y Turquía, por ejemplo, ejecutan políticas de inserción autónoma que diversifican alianzas sin subordinarse a ningún bloque. Argentina, en cambio, se alinea acríticamente con EEUU e Israel, aislándose cada vez más del mundo, enfrascado en la batalla ideológica marginal.


China concentra el 30% de la manufactura global, la energía solar es hoy la más barata de la historia, la inteligencia artificial remodela la faz productiva y laboral de todas las economías y los BRICS superan al G7 en peso económico.


El mundo que viene estará dominado por la política industrial de la transición energética, el control de las rutas logísticas, la carrera en inteligencia artificial, las nuevas tecnologías y la restructuración de cadenas de valor en torno a quienes controlen los recursos estratégicos, los datos, los algoritmos y la infraestructura de cómputo.

Ninguno de esos ejes aparece como prioridad central en el debate político argentino. Esa ausencia no es inocente. Es la marca más precisa del fracaso de toda una clase dirigente — política, empresaria, gremial, social, intelectual, etc – que sigue disputando sobre los paradigmas del siglo XX mientras el XXI avanza aceleradamente. Esta orfandad intelectual tiene costos: costos que no paga la dirigencia, sino la sociedad entera y sobre todo las generaciones futuras.

FUENTES:
OIT / NASK, ‘Generative AI and Jobs: A Refined Global Index of Occupational Exposure’ (mayo 2025). UNCTAD, Informe sobre Tecnología e Innovación 2025. Oficina Nacional de Estadísticas de China (enero 2025). SolarEurope / Infobae (mayo 2025). IEA-PVPS / Autosolar (abril 2026). Studia Politicae, Laporte & Corigliano (2025). Friedrich Ebert Stiftung / Esteban Actis (septiembre 2025). Council on Foreign Relations (2025). Radio Gráfica / Treber (octubre 2025). CEBRI-Revista. El Cronista (enero 2026). Ha-Joon Chang, University of Cambridge.


Deja un comentario