
POR DR. RICARDO LEDESMA (*)
En el panorama de la narrativa argentina contemporánea resulta cada vez más difícil encontrar novelas que posean una identidad estética reconocible desde sus primeras páginas. La homogeneización del lenguaje, la reiteración de fórmulas narrativas y la búsqueda permanente de aceptación comercial suelen diluir la personalidad de muchos autores. En ese contexto, Viaje al fin del día, de Fabián Ariel Gemelotti, constituye una obra singular.
Su propuesta se inscribe claramente dentro de la tradición del noir contemporáneo, aunque evita reproducir los esquemas clásicos del policial de investigación. Aquí no existe un detective destinado a restablecer el orden ni un enigma cuya resolución organice la estructura narrativa. Por el contrario, la violencia, la corrupción, el deseo y la marginalidad aparecen como condiciones normales de existencia dentro de una Rosario convertida en protagonista silenciosa de la novela.
Desde una perspectiva comparada, la obra dialoga con diversas tradiciones literarias. La crudeza del lenguaje recuerda por momentos a Louis-Ferdinand Céline; la naturalidad con que se incorporan el sexo y la derrota cotidiana encuentra puntos de contacto con Charles Bukowski; la construcción de personajes marginales remite inevitablemente a Roberto Arlt; mientras que la utilización de una primera persona autobiográfica posee afinidades con John Fante. Sin embargo, estas referencias nunca anulan la personalidad del autor. Gemelotti utiliza esas influencias como punto de partida para construir un universo profundamente rosarino.
Uno de los mayores aciertos técnicos reside en la construcción del narrador. La voz mantiene una coherencia absoluta durante toda la novela. No modifica su registro frente al amor, la política, el crimen o el sexo. Esa estabilidad produce una sensación de autenticidad poco frecuente en la narrativa actual.
La estructura también merece destacarse. Los capítulos breves generan una lectura dinámica, casi cinematográfica. El procedimiento recuerda al montaje audiovisual contemporáneo: escenas rápidas, cambios permanentes de situación y una progresión narrativa sostenida por la acumulación de episodios antes que por largas explicaciones psicológicas. Se trata de una novela que entiende los nuevos ritmos de lectura sin renunciar por ello a la construcción literaria.
Los personajes constituyen otro de sus puntos fuertes.
Nicolee representa el núcleo afectivo del relato. Su presencia introduce humanidad dentro de un universo dominado por la violencia, funcionando como el verdadero centro emocional de la obra.
Calipso, por su parte, sobresale como una de las creaciones más interesantes de la novela. Su complejidad narrativa evita toda caricatura. Inteligente, marginal, provocador y profundamente trágico, concentra buena parte de la riqueza simbólica del libro. Su desaparición modifica el equilibrio interno de la historia y marca el inicio de un proceso de aceleración dramática.
Gala funciona como elemento desestabilizador. Cada una de sus intervenciones altera el curso del relato y mantiene una tensión permanente entre deseo, peligro y traición.
El protagonista, lejos del héroe clásico del policial, aparece como un sujeto contradictorio, emocionalmente inestable y moralmente ambiguo. Esa condición lo acerca mucho más al antihéroe característico del noir moderno que a los modelos tradicionales de la novela policial.
Otro aspecto destacable consiste en el tratamiento del sexo y la violencia. Ambos elementos aparecen con notable frecuencia, pero no funcionan únicamente como recursos de provocación. Constituyen procedimientos narrativos mediante los cuales el autor describe relaciones de poder, desigualdad social y degradación institucional. En este sentido, la novela se aproxima más a ciertas formas extremas del realismo contemporáneo que a la literatura erótica convencional.
Desde el punto de vista estilístico, Gemelotti apuesta por una prosa directa, prácticamente despojada de ornamentación. No hay voluntad de embellecimiento. La escritura privilegia la eficacia narrativa sobre el virtuosismo formal. Esa decisión fortalece la identidad del texto y le otorga una velocidad poco habitual dentro de la narrativa argentina reciente.
Naturalmente, la novela no está destinada a todos los lectores. Su lenguaje explícito, su tratamiento frontal del sexo y la violencia y su permanente provocación ideológica la ubican dentro de una literatura de fuerte personalidad. Precisamente allí reside una de sus mayores virtudes editoriales: no intenta satisfacer expectativas ajenas sino desarrollar una estética propia.
En términos comerciales, Viaje al fin del día posee condiciones para consolidarse dentro del circuito de Lectores de Novela Negra, Realismo Urbano y Narrativa de Culto.
Su principal valor no radica en seguir tendencias editoriales sino en ofrecer una voz inmediatamente reconocible, condición indispensable para que un autor construya una obra perdurable.
EVALUACIÓN TÉCNICA
Originalidad: 9,5/10
Construcción de personajes: 9/10
Atmósfera noir: 9,5/10
Ritmo narrativo: 9/10
Calidad estilística: 9/10
Coherencia estructural: 8,8/10
Puntaje general
Calidad literaria: 9,1/10
Potencial editorial: 9/10
Potencial comercial: 8,8/10
VEREDICTO
Viaje al fin del día confirma a Fabián Ariel Gemelotti como una de las voces más personales del noir argentino contemporáneo. Su literatura puede generar adhesiones o rechazos intensos, pero difícilmente deje indiferente al lector. Esa capacidad de producir una identidad estética propia constituye, desde cualquier perspectiva crítica, uno de los rasgos más valiosos que puede exhibir una obra literaria.

(*) Crítico Literario y Ensayista.
