
POR MANUEL ROSSI [*]
Y cuando Milei no esté, qué? ¿Vamos a poner un “Nuevo Alberto” al poder? Cuando la tormenta pase, y el “enemigo” no esté o esté cansado, ¿seguirá erigida indemne esa falsa unidad de cuándo estamos todos en problemas? ¿Y cuando el libertarismo pase de moda, qué? Cuando la gente se canse de volver a creer en algo que los decepcionó, ¿vamos a esperar a que la gente vuelva a creer en las mismas cosas de antes de que apareciera la novedad?
¿Esperaremos con los brazos abiertos a los hijos pródigos como si nunca nada hubiéramos hecho para perderlos? ¿Vamos a creer que la gente simplemente se fue sin argumentos? ¿Vamos a creer que la gente dejó de confiar porque sí, sin argumentos? El después de la tormenta es más preocupante que la tormenta misma. ¿Qué pasará después de los cuatro años de mandato de Milei? ¿Qué pasará si gana una segunda elección presidencial? ¿Que pasara si no gana?
La ausencia de la tormenta dejará visible el paso de la misma, pero no los cambios internos en los votantes. Lo material, tarde o temprano se resuelve. Lo inmaterial, no. Los cambios inmateriales pueden ser irreversibles. Uno puede reconstruir lo perdido o solventar momentáneamente mediante finanzas hábiles hasta la recuperación de los bienes. Pero la ética, no se puede comprar. La confianza, no se puede pegar con el pegamento barato comprado en la ferretería del barrio, ni la palabra no cumplida puede soldarse como un fierro roto. Cuando Milei no esté, ya no estarán sus amenazas, ni sus berrinches, ni sus ataques. Pero sí estarán en pie todas las cosas que hicieron que su camino a la gloria esté pavimentada de descuidos, traiciones, decepciones, abandonos, hipocresías, delitos, de aquellos que embanderaron valores y principios que no entendieron nunca ni les importó.
Cuando Milei no esté, se volverán a ver las caras los pésimos líderes que chocaron la Ferrari que otros construyeron y resquebrajaron desde adentro el éxito de principios de siglo que logró convertir con aciertos y errores la debacle total de un país con todos los números para ganar en una macabra rifa los títulos de estado fallido y guerra civil en un país que ganaba la confianza de los capitales internacionales a uno y otro lado de la grieta mundial del mapa geopolitico post globalización de los ’90s y post crisis de wall street del 2008. Un país que ponía satélites en órbita y negociaba sin miedo con los mismísimos Estados Unidos de América, que solventaba vínculos con BRICS y formaba un bloque de asociaciones local, la UNASUR.
Pero, como todos pudimos ver, un picasso es un Picasso solo en manos de un museo, y un Renoir o un Velazquez en manos de una Bestia es una extensión de la misma Bestia. Al igual que una herramienta es una extensión del propio cuerpo como algunos genios pueden explicar, todo lo que toca una bestia es extensión de la Bestia. Y entonces apareció la salvación de las Bestias: el ascenso de Mauricio Macri, la primer gran excusa de la incompetencia de quienes chocaron la Ferrari. Y luego la pandemia. Y luego Milei. Pero jamas las Bestias se hicieron cargo del desastre que causaron al recibir como chanchos las margaritas de quienes hicieron un milagro entre milagros.
Me preocupa el después. No me preocupa Milei. Me preocupa lo que harán las Bestias cuando no haya excusas donde desviar la atención. Milei es un chivo expiatorio para los de un lado de la “grieta” y un títere para los del otro lado. No me preocupa Milei. Es pasajero. Una nube pasajera. Una nube oscura, de una tormenta peligrosa. Pero no me preocupa. Me preocupa mas, las raices de plantas parásitas que matan la buena tierra fértil de un campo que resiste lluvias, tormentas y cualquier otra tempestad porque está bien enraizada, es buena y sana hierba, da frutos y da de comer, y todo el ecosistema se beneficia de esa buena tierra y esa sana vegetación. Un poco de clima tumultuoso solo peina lo verdoso de la vegetación. Y a veces ofrece refresco.
Pero las plantas parásitas, las plantas que dañan la tierra, las plantas que comen y no dan, las plantas malignas, que no dejan crecer, son mucho más peligrosas que una simple tormenta, que al fin y al cabo, son parte de este mundo. Me preocupa más que después de la tormenta, esas plantas malas sigan arruinando la tierra, nuestra tierra, que tanto nos costó que diera frutos.
La tormenta es pasajera.
Las malas hierbas… ¿Nunca mueren? Ojalá el viejo refrán esté equivocado.
[*] NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA N° 4 – MARZO DE 2024

























