LAS LIBRERIAS DE VIEJO DE ROSARIO

LIBRERIA “BALCARCE”, UN TIEMPO ANTES DE SU CIERRE DEFINITIVO EN 2013 (SAN NICOLAS N° 650 -ROSARIO)

POR FABIAN ARIEL GEMELOTTI

Rosario supo tener muchísimas librerías de viejo, viejas librerías polvorientas, cuevas del tiempo donde se encontraba todo. Librerías emblemáticas, que marcaron un tiempo único, una época ya pasada y que nunca volverá.

Me puse a pensar hoy cuál fue la más emblemática, por muchos motivos: polvo, atención y esa variedad de objetos más allá del libro. Hubo librerías solamente de libros y otras de miles de objetos de colección. Siempre me gustaron las cuevas raras, esas librerías donde podías encontrar de todo, desde un boleto de colectivo hasta un soldadito de plástico de los setenta o una revista de cine muy vieja. Revolver, meterse en el polvo y encontrar lo que estabas buscando pero no sabías lo que estabas buscando.

Esa arqueología de librería, algo muy urbano y de curioso y buscador de rarezas. Y me dije que la Librería “Balcarce” fue un emblema del coleccionismo, del que busca todo y todo colecciona. La vieja librería de don José Ochoa en 1955 se instala en Balcarce 472, y tiempo después se muda a España 566. Después pasa a San Lorenzo 1620 y al tiempo se muda a una cuadra al 1576. Y finalmente se muda enfrente de la Terminal de Ómnibus, San Nicolás 650. La librería de José fue única en la ciudad y me animo a decir que en el país.

He viajado mucho y visto miles de librerías de viejo, pero la de José era única. Uno entraba ahí y se sumergía en el polvo, el olor a libro viejo y se podía quedar horas revisando. Cuando estaba en calle San Lorenzo iba a buscar revistas políticas. José nunca me molestaba, me dejaba revisar tranquilo. Después le decía: “¿cuánto todo?”, siempre barato. Nunca abusaba. Tipo afable, leído y muy ordenado en su desorden. Después los últimos años se mudan a La Terminal, ahí iba también muy seguido. Una casa muy grande, de cinco habitaciones con libros. Al final estaban los gráficos y revistas diversas y diarios. Y una pieza para postales y libros en inglés e italiano. El salón era enorme, con tres mesas llenas de revistas y libros. Una vitrina adelante con autitos y soldaditos. Ahí en la librería podías encontrar discos de lo que busques. Una vez encontré la tapa de un disco con una dedicatoria mía a una novia hacía miles de años. Le pregunto a José cómo llegó eso ahí. Me dice que era un lote que compró de alguien que se mudó. Me regaló el disco al decirle que era mi letra. Y se reía. Un día de 2011 llego a la librería y me dicen que José murió. Me sentí muy mal, y me fui a tomar un café a La Terminal.

Después los nietos y parientes liquidaron todo. Fui un par de veces a comprar en esos remates de libros. Me daba mucha tristeza. Recuerdo que el día que anunciaron por TV que se remataba todo la cola para entrar a la librería era de una cuadra y la gente salía con bolsas con libros como se saldría del supermercado. Después hicieron remates de lotes. Y un día todo estaba liquidado. El 13 de abril de 2013 no quedaba nada. Los 57 años de librería se esfumaron en dos meses. Miles y miles de libros. Todo rematado por monedas, daba lástima eso. Fue un sacrilegio a la ciudad. Pero a nadie le interesa. Así van muriendo las librerías de viejo, una tras otra van cayendo.


Otra librería que siempre compré fue la de enfrente de la Iglesia Pompeya por Mendoza al 5300. Una librería muy particular, abierta en los años setenta por un marplatense que se traslada a Rosario. Librería de canje, la famosa Librería “Mar del Plata”, donde iba a canjear revistas de Condorito, las de Columba y de artes marciales. Dos revistas por una o una y unos pesos y te llevabas otra. Ahí encontraba esos libros que hicieron historia: Papillon, Expreso de Medianoche, Cujo, Apagón, Aeropuerto. Y los libros del policial negro, ediciones baratas y que descansan en un rincón de mi biblioteca. Después al morir el dueño su nieto achica la librería a la mitad e incorpora venta de útiles de escuela. Pero era muy especial, mantiene la vidriera con libros raros. Y una mesa en el medio con policiales y novelas de terror. Y al fondo libros políticos. Mucho Peronismo ahí, libros con la tapa donde Evita saludaba a los clientes que ingresaban al polvo de la librería. Y saludaba Evita porque hace dos años cerró y ahora una dietética reemplazó a los libros viejos.

Otra librería emblemática fue la de Pascual Rosas y Mendoza, la Librería de Ariel. Un viejo que siempre fue viejo. Yo tendría 17 años y era ya viejo. Eran dos hermanos, librería de anarquistas. Ahí encontraba todo lo que sea anarquismo y Antropología. El sobrino estudiaba Antropología y los tíos tenían miles de libros de Arqueología, Historia y Antropología. Ahí iba seguido a comprar textos escolares, y libros de Historia. Después muere uno de los hermanos y Ariel en los últimos años de su vida se muda a una casa vieja en Paraná y Mendoza. Ahí la humedad arruinó muchos libros, pero seguía con esa impronta propia de una librería de anarquistas. El viejo Ariel era osco, cara de malo. Siempre con dos gatos y te miraba con una mirada de miedo. Pero era tan inteligente y buen tipo que me quedaba horas hablando con él. Al morir Ariel hace unos diez años se cierra esa emblemática librería de Zona Oeste.

Librerías de viejo, polvo, suciedad, desorden, sabiduría y amor al libro. Librerías para gente que ama los objetos antiguos. Librerías del amor al libro y al saber. Hubo muchas y todavía quedan algunas emblemáticas. Por calle Montevideo antes de llegar a Avellaneda supo haber dos de canje de revistas. Muy lindas. Muy chiquitas. Se las comió el Menemismo. Desaparecieron y con ellas una parte de esa zona de Rosario. Hubo una también muy linda a cuatro cuadras de las cuatro plazas de Mendoza y Provincias Unidas. Variedad de novelas policiales y de amor. Atendida por una chica muy linda y muy afable y muy culta. Cerró hace unos diez años.

La Librería “Longo” es otra librería que cerró. La quise mucho. Abierta en 1908 por don Alfonso Longo, fue una librería donde también funcionó una imprenta. Ahí se imprimieron muchos libros gauchescos, y mucha literatura rosarina de escritores olvidados. Sarmiento 1173 fue emblemático, a unos pasos del teatro. Siempre que podía entraba, revisaba y me llevaba algo. Ahí me compré miles de novelas de Chase, mi escritor preferido del policial y el suspenso. Y me llevaba postales, estampitas de santos y revistas de Rosario. Me gustaba mucho, librería donde el culto al polvo hacía honor al libro de viejo. Hace unos meses cerró para siempre. Y un nuevo edificio crecerá para el olvido de la librería más vieja de la ciudad.

Dicen que en Rosario las primeras librerías eran ambulantes, vendedores con un carrito tirado por un caballo. Vendían libros y periódicos. Iban por las calles del Centro y algunos incursionaban en las periferias. Esas fueron las primeras librerías de Rosario.

Todavía quedan librerías muy lindas y de impronta de librerías de viejo. La que me gusta mucho es la del “Pez Volador” de Calle San Lorenzo. Viví nueve años en Sarmiento al 400, en un décimo piso. Tiempos de estudiante universitario e iba a ver libros al Pez Volador. Todavía sigo yendo a la de calle San Lorenzo. Me encanta. Me gusta la vidriera y los libros que eligen para poner frente al mostrador. Mucha psicología, y mucha Historia. Al fondo del local hay una pieza con libros viejos. Mantiene esa cosa de las librerías de viejo, te hacen descuentos por muchos libros que lleves. Librería muy linda. Muy pintoresca.

Pero voy a hablar para terminar de una librería que adoro. La librería enfrente del Patio de la Madera. Esa librería tan pero tan rara. Los sábados de tarde abre solamente, de cuatro de la tarde a ocho de la noche. Ahí uno entra y ve de todo, todo amontonado en una mesa gigante. A los costados armarios con cajones donde hay etiquetas de cigarrillos, estampillas, monedas, relojes, figuritas, chapitas. Y arriba una habitación con discos y de todo lo que busques. Estuvo cerrada muchos años y volvió a abrir hace unos años. El vendedor es un personaje único, un tipo que habla y habla. Te cuenta historias muy divertidas de clientes y de libros. Ahí conseguí miles de afiches de cine, uno mejor que el otro. Y libros de secundario, esos libros de los años 50 con tapas de cartón duro y dibujos inocentes. Me gusta esa librería. Cada tanto voy. El vendedor siempre me dice al pagar: “son dos mil pesos, lleves lo que lleves muchacho”. Me da un canasto y lo lleno y pago. Un método hermoso, porque ahí pongo de todo.

Hay muchas librerías más y no quiero ser injusto. La Librería de Zinni, esa librería de la esquina de Juan Manuel de Rosas. Ahí conseguí una Ley Orgánica del Poder Judicial de 1887, y se la regalé a un juez muy amigo. Fue un regalo a alguien que murió hace años y que fue una persona de la cual aprendí mucho. Se puso muy contento. Amaba los libros viejos.

La librería “El Pez Volador” de calle San Luis, a la vuelta del Cine Monumental. Voy siempre a comprar revistas y mirar y me gusta la vitrina del fondo con libros muy viejos. La libreria “El Pez Volador” de calle San Juan, ahora en un local en la Peatonal Córdoba. Ahí hay buen material para bibliófilos. La Librería de la Galería “Alberdi”, ahí es dueño el ex dueño de la Librería “Mar del Plata” de Zona Oeste. La Librería de la cortada Marcos Paz y San Nicolás. La Librería “Leo”, un local muy chico, atesorando muchos libros, muy buenos y mucha historieta argentina y norteamericana. La Librería de Urquiza y Santiago, donde el orden es una impronta de un librero con clase.

La Librería enfrente de la Plaza del “Che Guevara”, cerrada hace unos años. Y miles más que todavía resisten y están ahí para disfrute de los lectores. El Mercado Retro, donde voy a comprar figuritas y soldaditos antiguos. Ahí consigo libros raros y revistas a montones. Y los libreros de Rosario, Waldo, Jorge, Kongre libros y muchos otros que venden por internet y tienen excelente material.

Rosario es una ciudad de librerías. Las ferias diversas, los manteros. El hombre muy alto y muy amable, ese mantero que los sábados tiende una manta y pone libros en Córdoba y San Martín. Uno se detiene y te dice: “levante sin compromiso”. Le compro siempre, tiene libros muy buenos. Y la Librería de La Terminal, la de adentro. Siempre una mesa con saldos y libros muy buenos. Es una excusa ir a La Terminal y tomar un café y arrimarse y entrar a ver libros ahí.

Miles de librerías. Sería eterno enumerar las que ya no están y las que resisten el trajinar cotidiano de la voracidad del tiempo.

Librerías de viejo, donde el polvo es sabiduría y donde el tiempo se detiene para que todo amante de los libros disfrute de la pasión de ver y comprar libros.

LIBRERIA “LONGO” -FOTOGRAFIA: ROSARIO3.COM-
LIBRERIA “LONGO” UBICADA EN CALLE SARMIENTO N° 1173 DE LA CIUDAD DE ROSARIO

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