SOCIEDAD ESTADOUNIDENSE-PERSA EN EL CRECIENTE FERTIL (MEDIO ORIENTE)

(3) REGION DE ANTAKIA Y KILIKIA OCUPADAS POR TURQUIA (4) REGION AL AHWAZ OCUPADA POR EL COLONIALISMO PERSA

ESCRIBE NESTOR ANTONIO SULEIMAN

La herencia colonial se enlaza con algunas de las trascendentes  crisis, que en diferentes épocas produjeron enfrentamientos entre las comunidades árabes.

Lamentablemente, muchos de los factores que inciden en el proceso de integración se han instalado como situaciones difíciles de superar, y en algunos escenarios se han establecido como problemáticas antagónicas. Es indispensable abordar las cuestiones traumáticas que se presentan en los procesos de unidad, que en ningún caso deben ser un intento de imponer un formato cultural o una estructura exclusiva de carácter ideológico. 

El proyecto geopolítico estadounidense viene profundizando su influencia en la región de Oriente Medio desde la guerra iraco-iraní de 1980. Para ello acudió tanto a los aliados transitorios, como permanentes.

En ese esquema, el régimen retardatario teocrático de Irán ha sido funcional a los intereses de EE.UU., al tiempo que se beneficiaba de las alianzas coyunturales con Washington.

La guerra iraco-iraní patrocinada por EE.UU., que duró más de ocho años, significó un desgaste grande para la revolución iraquí, situación que desenmascaró a la oligarquía religiosa persa abastecida militarmente por el Pentágono.

Estos hechos se conocieron en tiempos del famoso escándalo Irán-Contra, cuando salió a la luz que con los dividendos de la venta clandestina del parque militar estadounidense al régimen del ayatolá Ruholah Jomeini, se financiaba a la contra-revolución nicaragüense. 

Como detalle anecdótico de ese apoyo logístico estadounidense a la República Islámica de Irán, los envíos de material bélico partían de Israel hacia territorio iraní, utilizando un puente aéreo en Chipre. Ayuda militar hacia Irán desde el Estado sionista en plena guerra iraco-iraní, fue sorprendente para propios y extraños.

Irak y su otrora régimen baathista representaban una verdadera muralla, un escudo de contención a las pretensiones territoriales de la dirigencia persa. Eran tiempos en los que se advertían las intenciones expansionistas de Teherán y el accionar desestabilizador en regiones árabes, propósitos que siguen  vigentes . Basta para comprobarlo, una rápida mirada a los acontecimientos que sobrevinieron luego de la invasión a la Mesopotamia iraquí en el 2003, caracterizados por el alto grado de compromiso de la aristocracia religiosa chiíta que gobierna Teherán, y por la intromisión de la Guardia Revolucionaria de Irán en apoyo a los gobiernos títeres de Bagdad.

La operatividad de las columnas de agentes persas en la región del Creciente Fértil se esparce desde la Mesopotamia iraquí hacia las llanuras sirias, alcanzando su injerencia al de la península de Arabia, en Yemen, asistiendo militarmentea los huthies, unos de los grupos involucrados en la guerra civil en ese país. 

La Guardia Revolucionaria Islámica iraní alquiló para este propósito, durante mucho tiempo al gobierno eritreo de Esayas Afeworki, una isla del archipiélago dependiente de ese país situada en la región meridional del  Mar Rojo.

El arrendamiento de este espacio servía a los instructores militares persas, para preparar a los combatientes pertenecientes a la minoría huthi, de afinidades teológicas con el chiismo duodecimano.

En sintonía con el relato, EE.UU. e Irán tienen un acuerdo que llevan a la arena de combate en la Mesopotamia iraquí: la misión es extinguir cualquier foco insurreccional. Mientras tanto, en todos los tiempos,  los  sauditas mostraron sus tibias empatías con los grupos opositores a los gobiernos iraquíes que fueron guiando los retorcidos destinos desde la ocupación. 

Bajo el amparo de la oligarquía religiosa persa, los dirigentes iraquíes con un estilo  mixturado de perfiles pusilamines y genuflexos, recibieron en todos los segmentos de los últimos diecisiete años el beneplácito de EEUU.

En  las sociedades, sus integrantes  suelen tener diferencias, y en esa dirección los enfrentamientos esporádicos en la Mesopotamia iraquí, entre fuerzas adherentes a la oligarquía clerical persa y los estadounidenses, siempre ocurren cuando se impregna mucho más la hegemonía de Teherán. Es una situación que altera la hoja de ruta del Pentágono, pero las diferencias siempre se agotaron cuando ambos socios necesitaron enfrentar tanto la resistencia laica en los primeros años de la ocupación, como hace unos años  a los deterministas del Estado Islámico en el norte de Irak.

SIMETRIAS Y DIFERENCIAS EN LAS ALIANZAS

En el conflicto institucional egipcio, Qatar estaba alineado a la Hermandad Musulmana, en las antípodas  Arabia Saudita respaldaba al general Abdelfatah Sisi, representante de la oligarquía militarista. En síntesis, no existen simetrías entre los posicionamientos de los países monárquicos del Golfo Árabe en los conflictos emergentes en el Creciente Fértil, ni  tampoco en el resto del Mundo Árabe.

El régimen qatarí es el más cercano a Teherán, mientras que el emir de Bahrein desconfía de las intenciones de la dirigencia persa. Seguramente no le faltan motivos a la dinastía de los Al Jalifa, habida cuenta que sobran las “reivindicaciones territoriales” de la República Islámica de Irán sobre el pequeño emirato. Los argumentos  se “fundamentan” en cuestiones de seguridad en la antigüedad, cuando los soberanos de ese archipiélago pagaban al otrora imperio persa por los servicios de protección que le brindaban ante  las permanentes amenazas de los piratas de la región de Mascat en la entrada del Golfo Árabe.

En Libia el frente constituido por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, con la asistencia de grupos mercenarios rusos apoyan al mariscal Jalifa Jaftar, mientras que el frente turco- qatarí vuelca esfuerzos hacia el gobierno de Fayez Al  Sarraj.

Las diferencias entre las petromonarquias en los distintos conflictos, quitan veracidad  a las precarias  interpretaciones que abordan algunos analistas. Se trata de criterios que sostienen  la igualdad de concepciones y acciones en estos regímenes monárquicos.

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