LAS ELECCIONES EN ECUADOR

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IMAGEN DEL EX-PRESIDENTE RAFAEL CORREA PIDIENDO EL VOTO POR ANDRES ARAUS, EN UN MITIN EN QUITO, ECUADOR, EL 26 DE ENERO DE 2021 © RODRIGO BUENDIA / AFP -FRANCE 24-

POR ALBERTO CORTES [1]

El domingo 7 de febrero se hicieron en Ecuador las elecciones presidenciales, parlamentarias y para el Parlamento Andino.

El país está hoy marcado sin duda por los gobiernos de Rafael Correa, entre 2007 y 2017. Correa ha sido el único ecuatoriano en presidir su país por un tiempo tan extenso en forma continua y en ganar tres elecciones presidenciales consecutivas: La primera en segunda vuelta (tras haber obtenido menos del 23% en primer turno), pero las dos siguientes por amplia mayoría en primera.

Su gobierno se alineó con los gobiernos progresistas o de izquierda de América Latina, integrando a Ecuador en el ALBA-TCP y jugando un rol importante en la construcción de la UNASUR y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), que en la primera década del siglo conformaron instituciones que buscaron agrupar a todas las naciones de Sudamérica y de Latinoamérica y el Caribe, respectivamente, sin la presencia – y el predominio – de EEUU. Correa no renovó la presencia norteamericana en la estratégica base de Manta, lo que significó su expulsión del país.

Desarrolló un conjunto de obras viales y de infraestructura en general, sin precedentes en la historia de Ecuador, conectando regiones antes pobremente o nada comunicadas, y logró un descenso de la pobreza del 37 al 22%; disminuyó la desigualdad, duplicó la inversión social como porcentaje del PBI; incrementó sustancialmente la matrícula escolar en todos los niveles, especialmente la superior; y triplicó la inversión pública.

En 2017 la Alianza País, fuerza política por entonces del correísmo, impulsó como candidato a sucederlo a Lenin Moreno, que había sido vice de Correa en sus dos primeros mandatos y que luego había pasado a desempeñar un cargo de las Naciones Unidas sobre discapacidad en Ginebra. Acotemos que Moreno había perdido la movilidad de sus piernas tras un asalto violento en 1998.

Moreno ganó, en 2017, en segunda vuelta por tres puntos a Guillermo Lasso, presidente del Banco de Guayaquil –ciudad más poblada del país y bastión principal de la derecha neoliberal-, miembro del Opus Dei. Inmediatamente asumido, Moreno traicionó al correísmo, del cual era supuestamente la continuidad y con cuyos votos había ganado la elección; y comenzó una persecución y estigmatización de todos los cuadros que permanecían fieles al legado de la Revolución Ciudadana encabezada por Correa, basándose principalmente en acusaciones de corrupción, pero que fueron utilizadas – lawfare mediante – para revertir todas las principales políticas de la etapa anterior: Ecuador se retiró del ALBA-TCP y se integró al llamado Grupo de Lima – cartel cuya única función es hostigar al gobierno de Venezuela, por encargo de los EEUU -; también de la UNASUR, exigiéndole la restitución del edificio sede continental, ubicado cerca de Quito; entregó a las autoridades británicas – y por su intermedio, tal vez a las estadounidenses – a Julian Assange, refugiado político en su embajada en Londres; aplicó una política neoliberal, despidiendo miles de trabajadores de la salud, justo antes y durante la pandemia. Sus políticas neoliberales y el acuerdo con el FMI, avanzando aún más en el desmonte de la obra de la Revolución Ciudadana; provocaron las grandes movilizaciones populares en su contra, de octubre de 2019, encabezadas por la dirigencia indígena de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) y sectores sindicales. Moreno culpó al correísmo por ellas, acentuando aún más la persecución, los encarcelamientos y el cierre de medios de comunicación comunitarios.

El gran desprestigio de Moreno, no sólo por su pésima gestión económica, sino por la aún peor en el caso de la pandemia, que puso al Ecuador en el segundo mundial de muertes en exceso; lo dejaron sin la menor posibilidad de aspirar ni a la reelección ni a proponer un sucesor. Un ex ministro suyo se presentó y obtuvo menos del 1%. La candidata de su partido salió novena, con el 1,5%.

No obstante, el candidato más claramente ligado a la ideología morenista y exponente del neoliberalismo, ha sido Guillermo Lasso, dos veces antes candidato presidencial derrotado, pero cuyos legisladores, apoyaron en general las políticas de Lenin Moreno. Lasso no ocultó en el debate de la campaña, que EEUU es el país con el que tiene más interés en profundizar relaciones.

Las encuestas indicaban que podría no haber segunda vuelta, lo que constitucionalmente requería que el más votado – claramente Andrés Aráuz, apoyado por Correa, según todos los sondeos -, si no llegaba al 50%, al menos lo hiciera al 40% y superara por más de 10 puntos al segundo. Aráuz satisfizo esta última condición, pero no llegó al 40%. Habrá segunda vuelta el 11 de abril.

Cabe señalar que el gobierno de Moreno hizo hasta lo imposible, no sólo para perseguir, sino también para intentar proscribir en las elecciones 2021 al correísmo. Sus partidos originales fueron ilegalizados – sin contar el que ya le había robado Moreno -, la Comisión Nacional Electoral (CNE), además de ineficiente, mostró una parcialidad increíble en un órgano que se supone es la garantía de imparcialidad en una elección. El principal fake-diario de Argentina, el Clarín, publicó una “noticia” según la cual Aráuz ofrecía 250 u$s por voto. Como suele hacer este tipo de prensa, en algunas presentaciones decía ésto en el título y luego el texto tenía un contenido casi opuesto. Es decir la constante especulación sobre un gran número de personas que leen los titulares pero no las noticias completas. Por supuesto la prensa hegemónica ecuatoriana, como la colombiana, contribuyeron a la campaña sucia contra Aráuz.

Una de las sorpresas de la elección fue que Lasso – al igual que Aráuz – obtuvo un porcentaje menor que el que le daban los sondeos, y en cambio Yaku Pérez, del movimiento indigenista Pachakutik y  Xavier Hervas, de la Izquierda Democrática, socialdemócrata, porcentajes mayores. Lasso, inclusive, tuvo que pelear con Pérez de igual a igual, hasta último momento, quien sería el contendiente de Aráuz en abril. Las otras doce candidaturas presidenciales fueron intrascendentes. 

En la elección de miembros de la Asamblea Nacional, la derecha pura referenciada en Lasso tuvo una derrota aún peor.

La primera conclusión es que el 80% del país votó contra el neoliberalismo. Justamente la opción que hoy gobierna.

Sin embargo, hay otra divisoria de aguas, “grieta” le diríamos en Argentina, y es el enfrentamiento entre correístas y anticorreístas.

El Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik es un movimiento indigenista fundado en 1995, a partir de la CONAIE, que le precedió 9 años; y, que si bien surge como un movimiento de izquierda, ha tenido un devenir un tanto errático. Apoyó a Rafael Correa en sus primeros años, pero rompió con él un tiempo después de las elecciones de 2009, bajo acusaciones de extractivismo. La oposición a la minería, el desacuerdo con la ley de aguas y la creación de instituciones civiles indígenas y del magisterio pro gobierno, fueron las principales causas de la divergencia. Aunque la crítica de Pachakutik al correísmo es principalmente por izquierda, en el ballotage de 2017 apoyaron a Lasso y en el gobierno de Moreno sus asambleístas solían coincidir con el oficialismo. En algún caso hubo también cortocircuitos entre CONAIE y legisladores de Pachakutik, sobre el aborto y otros temas. La CONAIE es probablemente el organismo de masas con mayor capacidad de movilización de Ecuador. Los indígenas son en realidad sólo el 7%, pero el 72% de la población es mestiza.

Hubo una clara distribución territorial del voto. Ecuador suele dividirse en cuatro grandes regiones: Las Galápagos – de escaso peso demográfico y por tanto electoral-; la Costa; la Sierra y la Amazonía. Aráuz obtuvo sus mejores resultados en la Costa, pero le fue bien en el resto; Yaku Pérez en la mayor parte de la Sierra y la Amazonía y Lasso sólo en una provincia de la Sierra y Galápagos.

Para algunos analistas, la emergencia de Xavier Hervas, refleja el cansancio de una parte de la población con la grieta correísmo-anticorreísmo, ya que basó su campaña, sobre todo en redes, sobre la necesidad de una renovación de la política. Sin embargo, tras la primera vuelta, fue el primero en proponer un frente anticorreísta. Las encuestas le daban un 5% o menos, y sacó el 16, cercano al 19 y pico de Lasso y Pérez.

La gran incógnita es si estas dirigencias anticorreístas – y en los hechos claramente reaccionarias, a pesar de la vestimenta progresista de sus discursos y sus programas – serán capaces de orientar a una porción suficientemente importante de sus bases – que acaban de votar programas de izquierda – para que en abril voten al que es indubitablemente el más rancio candidato de la derecha, el neoliberalismo y los EEUU: Lasso. Es poco probable que lo logren, si es que terminan intentándolo.

Un hecho preocupante es el acuerdo, a puertas cerradas, entre Lasso y Yaku Pérez, con intervención de la corrupta OEA además, para revisar voto por voto gran parte de la elección, y avalado por el CNE, sin consultar a los demás candidatos y en particular al que salió primero.

En simultáneo continúan maniobras para embarrar a Aráuz, vinculándolo con el grupo guerrillero ELN colombiano.

La derecha perdió la elección, pero aún puede ganar la conspiración.

La izquierda ecuatoriana, tomada como un todo; en términos ideológicos parece como la gran triunfadora de esta elección; pero con divisiones internas que hasta podrían poner en riesgo su posibilidad de terminar definitivamente ganándola y gobernar después. Este es el mayor desafío que tiene por delante el dúo Andrés Aráuz–Carlos Rabascall, que se ha puesto ya el traje de estadista y está negociando a nivel mundial la llegada de vacunas contra la COVID y planificando revertir el desmantelamiento de la salud por el desastroso gobierno neoliberal actual. Todo esto, aún antes de haber ganado definitivamente la elección.

Pero también es una enseñanza para la izquierda latinoamericana que debe ser capaz de resolver la tensión entre desarrollo –con justicia social además, obviamente– y defensa del medio ambiente; levantando consecuentemente las banderas de la democratización en los movimientos de masas e incorporando también reivindicaciones del feminismo que en países como Ecuador, pero también muchísimos otros de América Latina y el Caribe, están aún mucho más pendientes que en Argentina.

[1] MILITANTE SOCIAL Y POLITICO – CONCEJAL MANDATO CUMPLIDO DE ROSARIO – ACTUAL PRESIDENTE DE “LIGA DE LOS PUEBLOS LIBRES”

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