LA FIGURITA DE MESSI

ESCRIBE FABIAN ARIEL GEMELOTTI

Hay una «LOCURA» de desesperación por el Album de Qatar 2022, todos quieren ese Album pero está «agotado» y «avivado».  Todo ocurrió el domingo cuando algunos diarios del país con su edición regalaban el Album. A las ocho de la mañana ya se había «agotado» y los chicos y los grandes recorrían kioskos de revistas, kioskos de golosinas y cualquier lugar donde se podría encontrar un álbum. De doscientos cincuenta pesos que costaba el diario dominical quien poseía el álbum lo vendía entre tres mil y cinco mil pesos. Los chicos insistían a los padres y los padres pagaban lo que sea para calmar la «tristeza» de sus hijos. Fue la locura de las figus y como toda locura despertada por la desesperación de poseer lo que no «hay» hubo cosas risueñas y de las otras.

Un hombre en Salta cambió una moto por el álbum y tres paquetes de cigarrillos. En la misma provincia otro hombre entregó un televisor ultra moderno por dos álbumes y diez paquetes. En Córdoba asaltaron una distribuidora de golosinas donde se distribuyen álbumes y figus a kioskos, y se llevaron quinientos álbumes y dos mil paquetes de figuritas. 

Pero también ocurrieron cosas que solamente pueden ocurrir cuando está en juego las figuritas. En Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un muchacho hizo un trato con un amigo: una noche con su novia por un álbum de figuritas. Y en Mar del Plata un hombre ofrecía la virginidad de su hija por unos paquetes y un álbum. 

Un hombre en Santa Fé cedió un terreno a un vecino por cinco álbumes. Y una maestra de escuela primaria decomisó el lunes a la mañana álbumes y figus de sus alumnos. Después se descubrió que su marido es un aficionado al coleccionismo mundialista. Eran las figus para llenar el álbum de su esposo. 

Dicen que ya se llenó el primer álbum, y Panini que es la multinacional de figus a nivel mundial, le regaló entradas para el mundial al «afortunado». Se hizo todo un aparato publicitario de ese premio. Cuentan que el hombre que llenó el primer álbum compraba doscientas figus por día recorriendo lugares de ventas en bicicleta. 

Pero lo más risueño es lo que pasó en Rosario, una adolescente vendía besos en el recreo por una figurita. Dicen que la cola era de una cuadra y la chica se hizo con muchísimas figus para su hermanito. 

¿Es coleccionismo esta locura de desesperación? ¿Qué es coleccionar? El coleccionista es una persona pausada y medita lo que compra, solía decir Walter Benjamin (el marxista que coleccionaba libros) y un coleccionista compra y lo que compra adquiere valor económico e histórico en su biblioteca. Un objeto fuera de esa biblioteca, unitario y no en su conjunto, no tiene ningún valor como objeto. Benjamín decía que un libro roto, polvoriento y que nadie tiene en cuenta en los anaqueles de una librería es el mejor libro para una biblioteca. Ese libro solamente en una biblioteca privada adquiere identidad, pasa a adquirir un valor histórico como objeto individual pero en un conjunto de libros que forman una biblioteca. 

La figurita de Messi no es un objeto individual, es un producto fabricado para ser coleccionable y mediatizado para su venta. Ese objeto (la figu) está destinado a un mercado de consumo masivo. En 2022 ese objeto en sí mismo no tiene ningún valor histórico como objeto individual para un coleccionista; pero sí tiene un valor económico de cambio porque ese objeto está destinado a la venta masiva del momento presente. Quizás dentro de cincuentas años tenga su valor cuando alguien vaya por la calle y entre a un anticuario y vea la figurita de Messi. Nosotros lectores vamos a estar muertos y no lo sabremos, pero las generaciones futuras van a buscar ese objeto como un objeto individual para una colección. 

En resumidas cuentas algo es para una colección privada valioso cuando ese objeto es único, quedan pocos ejemplares como una primera edición o una figurita de béisbol de 1920; ahí el objeto es valioso para el coleccionista. Las multitudes, la masa amorfa y mediatizado no son coleccionistas, son consumidores de un objeto por el simple deseo de poseer ese objeto por el deseo que despierta la publicidad mediática. 

Y para finalizar este escrito (tengo que leer y no puedo perder tanto tiempo en este escrito) es interesante la historia que me contaron hoy. Dicen que un diariero de Rosario vendía La Capital sin el álbum. Cuando iban los clientes a reclamar el álbum que debería estar con el diario dominical, el diariero les decía,: ‘si querés el álbum son tres mil pesos más». Cuentan malas lenguas que un cliente le rompió la cara al diariero.

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